HISTORIA DE MUJERES

Las Madres de Plaza de Mayo y los Encuentros Nacionales de Mujeres

Los pañuelos verdes presentes en cada marcha por el derecho al aborto encontraron su inspiración en ellas. La confluencia de dos luchas que marcaron la historia de los Encuentros desde 1986.

Martes 4 de octubre de 2016 | Edición del día

1986: el primer Encuentro

Tan solo tres años habían transcurrido desde la caída del régimen cívico-militar. Las mujeres, con quienes la dictadura había desplegado un particular ensañamiento, no encontraban mayores cambios en su status civil: la patria potestad seguía siendo del varón, las casadas eran consideradas legalmente “incapaces de hecho relativas” y aún no estaba aprobado el divorcio. La violencia sexual, que había constituido una forma sistemática de tortura a largo de los setenta, no era integrada a la figura de genocidio con lo cual se naturalizaba aquel verdadero “disciplinamiento de género”. Hilda Nava de Cuesta, secuestrada por el terrorismo de Estado, permanecía en el penal de Ezeiza erigiéndose como la última presa política de esos años.

En este marco, se desarrolló el primer Encuentro Nacional de Mujeres en Buenos Aires donde los pañuelos blancos convergieron con las intelectuales y activistas por los derechos de las mujeres.

Como señala Nora Cortiñas en el texto de Diana Maffía, Cómo se gestó el Primer Encuentro Nacional de Mujeres, las Madres de Mayo fueron invitadas a participar como referentes de la pelea por los Derechos Humanos y participaron a título individual (ya que no todas confluían en estos reclamos particularmente el del aborto). Éstas habían tenido algún contacto con las feministas en el pasado. Dora Coledesky contaba que durante su exilio en Francia, las estudiantes universitarias reivindicaban la lucha de las Madres por lo cual durante un 8 de marzo reemplazaron el cartel de la rue Bonaparte por uno que decía: Les Folles de la Place de Mai. Además en 1984, bajo la presidencia de Alfonsín, determinadas Madres se hicieron presentes en un acto organizado por diversas organizaciones y partidos políticos con motivo del Día Internacional de las Mujeres.

De todas formas, estos episodios habían sido esporádicos. El Encuentro de 1986 marcaría un quiebre para algunas de ellas.

“Nos costó mucho compartir ese espacio de resistencia con las feministas. Ellas comenzaron a venir a principios de los 80’. (…) Nos resultaba muy difícil descubrir el carácter patriarcal de la maternidad, teniendo en cuenta que nuestra identidad como movimiento partía de ese rol tradicional”, reflexiona Nora (Bellucci: 2014). Efectivamente, las Madres no se habían propuesto cuestionar el papel doméstico de la mujer. No obstante, al enfrentarse al régimen militar y apropiándose del espacio público, subvirtieron los roles tradicionales que la dictadura se había empeñado tanto en imponer. No casualmente las tildarían de “locas”.

“Pasar de la vida privada a la vida pública me costó mucho en mi vida privada. Para mi marido fue un doble golpe: lo despojaron del hijo y de la mujer. (…) Yo no me di cuenta todo lo que yo había cambiado. Las Madres salimos por una actitud visceral, que se transformó en política porque el hecho era político”, asegura la integrante de Madres-Línea Fundadora (Alma, Lorenzo: 2009). Aunque acota que al principio el feminismo la “asustaba”, nunca dudó de ser parte del Encuentro fundacional y lo hizo en calidad de sujeto político; para transmitir sus experiencias de lucha y su historia (que no era la misma que divulgaba el radicalismo).

Algunos de los talleres que se organizaron en aquel Encuentro fueron “Mujer y participación”; La mujer y la violencia doméstica”; “Identidad”; “Iglesia y mujer”; y “Por la libertad de Hilda Nava de Cuesta”. Risueña, Nora recuerda que fue entonces cuando escuchó por primera vez un debate sobre sexualidad. Comenta que se puso tan nerviosa que se sacó su pañuelo. Horas más tarde se lo volvió a colocar y con él recorrería talleres a través de los casi treinta Encuentros a los que asistió en su vida.

2003: nuevos “encuentros”

Con la eclosión de los modelos “neoliberales” a fines del siglo XX y principios del siglo XXI, surgieron nuevos movimientos sociales con los cuales el feminismo dialogó de diversas maneras. En Argentina, con un clima asambleario aún fresco luego de las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001, comenzó a tomar forma un renovado movimiento de mujeres decidido a pelear por sus derechos.

Dos años más tarde, en el Encuentro Nacional de Mujeres en Rosario, se conformó la Asamblea por el Derecho al Aborto donde confluyeron feministas, travestis, transexuales, piqueteras, obreras de fábricas recuperadas, estudiantes y militantes de partidos de izquierda. Todas ellas se organizaron y votaron por primera vez un plan de lucha. Algunas integrantes de Madres fueron parte de este proceso.

Fue en aquel Encuentro, el número XIX, cuando las Católicas por el Derecho a Decidir eligieron distribuir pañuelos de color verde durante la marcha de cierre con las consignas: “derecho a decidir” y “despenalización del aborto”. Como afirma Marta Alanis, integrante de la CDD, la idea de utilizar pañuelos partía de un homenaje a las valientes mujeres que habían enfrentado la dictadura y la impunidad.

Durante los años posteriores a este Encuentro, distintos procesos actuaron sobre el movimiento de mujeres. Con la llegada del kirchnerismo, se profundizó un fuerte proceso de “oenegización” y de incorporación de los movimientos sociales a las academias y las instituciones del Estado. Esto tuvo un fuerte impacto sobre ciertos referentes del feminismo y de los Derechos Humanos, que fueron crecientemente fragmentados y cooptados. Un importante sector de la Campaña por el Derecho al Aborto así como de las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo optaron por ligar sus demandas al Estado, relegando la lucha en las calles que había caracterizado a estos organismos.

Nora (que perteneció independiente de los gobiernos) relata que no todas las Madres-Línea Fundadora apoyaban, en un principio, la exigencia por el aborto libre, seguro y gratuito: comenzaron a adherir como organización hace algunos años cuando firmaron una solicitada apoyando el proyecto de ley de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto. Entonces discutieron que era “una medida para evitar que se mueran centenares de mujeres por año porque son pobres, porque no tienen posibilidades o porque no hay suficiente información”. Actualmente, al igual que la Asociación de Madres de Plaza de Mayo, suscriben al proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo. Esta confluencia no se dio sencillamente ni libre de contradicciones.

2016: redoblemos la lucha

Exactamente treinta años han pasado desde el primer Encuentro de Mujeres. Si bien hemos experimentado avances innegables, muchas de las demandas históricas de los movimientos sociales y de mujeres aún esperan ser conquistadas.

Después de doce años de un gobierno que se pretendía de los “Derechos Humanos” continúa la impunidad de ayer y hoy -que ahora el macrismo, sin tapujos, va a seguir sosteniendo-. Tampoco fue legalizado el aborto lo cual resulta en la muerte de más de 300 mujeres anualmente por este verdadero femicidio estatal.

Como demuestra la experiencia reciente, no podemos esperar que nadie nos regale nada “desde arriba”. La historia de las mujeres, los jóvenes y los trabajadores, enseña que sólo la lucha conjunta de los explotados y los sectores más oprimidos es capaz de arrancarle a este sistema nuestros derechos. Ésa es la bandera que llevaremos al próximo Encuentro Nacional de Mujeres que nuevamente nos espera en Rosario, listo para escuchar el grito de las desobedientes.






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