Cultura

80 ANIVERSARIO

Largo Caballero, presidente y estuquista de profesión

Se cumplen 80 años de la asunción de Largo Caballero en la presidencia durante la Segunda República. El único Presidente Obrero del Estado Español. Un presidente obrero y una estrategia reformista.

Guillermo Ferrari

Barcelona | @LLegui1968

Viernes 2 de septiembre de 2016 | 18:01

El día 4 de setiembre de 1936, Largo Caballero asumió la Presidencia de la Nación en medio de momentos convulsos provocados por el golpe fascista de los generales y la revolución obrera que lo enfrentó con gran valentía.

Largo Caballero tenía unos orígenes familiares muy humildes. Luego de trabajar desde pequeño logró aprender el oficio de estuquista en el gremio de la construcción. Llegó a presidir el PSOE (parece mentira, un obrero presidiendo el partido socialista, ¿no?) y la UGT durante 20 años.

La Segunda República estaba herida de muerte. Por un lado Franco y los generales iniciaron el golpe en julio llevándose casi toda la oficialidad y contando con el apoyo de la tropa mora de Marruecos. Por otro, la clase obrera se llevó a gran parte de las tropas con las cuales luchó en Madrid, Barcelona y otras ciudades contra los fascistas. El debilísimo Gobierno de Giral y el fracasado intento del Gobierno de Martínez Barrios demostraron la marginal incidencia de los partidos burgueses republicanos.

Los trabajadores habían combatido al golpe del ejército en las calles. Para ello habían formado comités de defensa, comités en las milicias, comités de las barricadas con las que defendían los barrios, comités en las fábricas que se habían apropiado y puesto a producir. Mientras el Gobierno de Giral no enfrentó a los regimientos que salieron a la calle para acabar con la República, los trabajadores sí lo hicieron. El poder del Gobierno republicano se trasladó inmediatamente a una miríada de comités revolucionarios.

Largo Caballero fue la figura que podía cambiar la situación de la República. Un líder respetado por las masas laboriosas. Un líder que encabezaba el ala izquierda del PSOE, que tantos militantes obreros nuevos había sumado en los últimos dos años. La República necesitaba de un líder fuerte para imponer su autoridad sobre la sociedad. Ese líder fue Largo Caballero.

Largo Caballero ya mostraba cuál iba a ser una prioridad gubernamental cuando en Claridad exponía: “… no pueden ser estos organismos más que estorbos de una labor que corresponde única y exclusivamente al Gobierno del Frente Popular…” (1) Un gobierno de un obrero socialista en coalición con partidos burgueses y reformistas a espaldas de los comités revolucionarios.

¿Para qué subió Largo Caballero?

El Gobierno de Largo Caballero fue una coalición de la cual formaban parte algunos partidos republicanos, el Partido Comunista y, por supuesto, el Partido Socialista. A la misma se sumaron dos meses después las anarquistas CNT y FAI.

El Gobierno predecesor de Giral apenas si gobernaba en su propia sede. De hecho, los decretos firmados por éste se pudieron llevar a cabo con el nuevo presidente, Largo Caballero. Un objetivo prioritario del “Lenin” español fue acabar con los comités revolucionarios, que eran “estorbos”. Los comités estaban siendo sustituidos por órganos regulares de administración, en que los elementos revolucionarios no eran la fuerza preponderante.

Lo primero que hizo el veterano líder socialista fue recomponer las fuerzas represivas. En pocos meses pasó de 15.000 efectivos a disponer de más de 45.000. Las patrullas obreras fueron disueltas y absorbidas bajo la autoridad de la nueva Guardia.

A finales de diciembre, el Gobierno central publicó un decreto para subordinar las milicias a la República. Primero comenzó por ahogarlas financieramente: “… los que se nieguen a transformarse de milicianos en soldados no cobrarán ninguna paga”(2). Este ahogo financiero también fue utilizado para acabar con los comités de las fábricas.

Es así que Caballero se fue adueñando de las riendas de todo el Estado español. Algo que las fuerzas republicanas solas no pudieron hacer. Éste rol benefició claramente a los poderosos. Caballero retrasaba o frenaba lo más posible la realización de las reformas sociales “…Primero ganar la guerra, y entonces, podremos hablar sobre la revolución” (3). Separar la lucha contra el golpe fascista de los objetivos sociales de la revolución, era la forma de defender la propiedad de los grandes terratenientes y empresarios.

El primer y único presidente obrero de la historia en el Estado español acabó su gobierno en mayo de 1937. El gran triunfo de Largo Caballero consistió en defender la propiedad privada de los medios de producción y en derrotar los comités revolucionarios. Para ello, el “Lenin” español consiguió el apoyo del Partido comunista estalinizado y del anarquismo.

Un dirigente obrero, una estrategia reformista

La acción del reformismo en tiempos de revolución es directamente contrarrevolucionaria. El PSOE tenía una fuerte historia de claudicaciones y una clara estrategia reformista. Largo Caballero había integrado el Consejo de Estado del dictador Primo de Rivera, había dejado sin organización ni dirección la huelga general revolucionaria de 1917 y había integrado un gobierno de coalición con la burguesía durante el llamado bienio reformista y luego ya como presidente.

Lamentablemente, la primera experiencia de un Presidente obrero, no fue acompañada de un Gobierno obrero. El Gobierno que presidió Largo Caballero, fue un gobierno de coalición de clases. Un Gobierno en el cual estaban las grandes corrientes reformistas españolas junto a la “sombra” de la burguesía, los doctorcillos que les defienden sus propiedades.

Durante la República se desarrolló una revolución obrera y popular. Esta revolución fue desarmada por el Gobierno republicano de Largo Caballero en colaboración con el Gobierno catalán de Companys. Paso previo indispensable a la furibunda represión que inició Negrín y que culminó en el fascismo con las matanzas y casi cuatro décadas de dictadura.

Se necesitaba una gran fuerza revolucionaria que, como en Rusia hicieron los bolcheviques dirigidos por Lenin, se apoye en los comités revolucionarios e inicie la expropiación de las fábricas y todas la reformas sociales para que obreros y campesinos luchen decididamente contra el fascismo. La falta de esa dirección fue la gran tragedia de la revolución española.

(1) Citado en Bolloten, Burnett. El gran engaño: las izquierdas y su lucha por el poder en la zona republicana. Caralt, Madrid, 1975. Pág. 179. Publicado en Claridad del 19 de febrero de 1937.
(2) Citado en Bolloten, Burnett. El gran engaño: las izquierdas y su lucha por el poder en la zona republicana. Caralt, Madrid, 1975. Pág. 276/7. Extraído de Verdad, del 9 de setiembre de 1936.
(3) Entrevista al Daily Express realizada el 30/10/36. Citado en Peirats, José. La CNT en la revolución española I. Cuchilla, Cali, 1988. Pág. 200.








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