Sociedad

ANIVERSARIO

La virgen de San Nicolás y la privatización de SOMISA

Hace 34 años Gladys Motta anunció la "aparición" de la virgen del rosario en San Nicolás. La ciudad pasó de ser la "Ciudad del Acero" a ser la "Ciudad de la Virgen". María Julia Alzogaray, fallecida ayer lo logró gracias a la privatización de SOMISA.

Hugo Sivori

Trabajador Siderar

Lunes 25 de septiembre | Edición del día

Ya por entonces la voz comenzaba circular: "a una mujer se le aparece la virgen". No tardó demasiado la iglesia de hacerse eco del "fenómeno sobrenatural" y en un corto tiempo no sólo serían apariciones sino que además la virgen le comenzaría a dar indicaciones. Es así que a diario Gladys distribuía a los que se acercaban a su ya famoso domicilio unos papeles con los mensajes, entre ellos el de la construcción de un santuario y posteriormente las dimensiones y el número de columnas. Y sí, había que buscarle un lugar.

A pocos metros de la casa de "la elegida" se encontraba el "lugar elegido": un amplísimo terreno sobre las barrancas del Paraná, que otrora fuera una populosa Villa miseria. Si señores, topadoras y desalojos durante la dictadura, a la par que anunciaban que "la Villa en pleno centro de la ciudad no va más". Villa Pulmón se había convertido en un terreno inmejorable para un proyecto faraónico como la construcción de un santuario.

La peregrinación de fieles no se hacía esperar y comenzaban a desfilar fieles locales y de los alrededores. Anticipaba un cambio cultural para la ciudad; comenzaba a hacer falta una nueva esperanza para lo que se vendría después y a lo que nos referiremos más adelante.

Ya asegurado el inicio del "fenómeno religioso" se forma lo que se dio a llamar el "movimiento mariano" que se encargaría por intermedio del obispo de la organización para la construcción del templo, entre ello la elaboración de medallas -unos de los pedidos de la virgen en sus apariciones- con su imagen y tres estrellas del otro lado, que significaría la santísima Trinidad. La fe comenzaba a mover montañas, pero de dinero: el mercado religioso en los alrededores, medallas vendidas por kilos y el proyecto más audaz, la construcción del santuario; ya a esa altura el cielo cambiaba de color, y el aire perfumaba a rosas, ante la salida de la inmaculada. No se hicieron esperar las donaciones: cientos de miles de millones comenzaban a correr y se abría la licitación para la construcción del templo. Demoraba unos años la tan enorme cúpula y demandaba muchos millones, ya que el mensaje de la virgen era que debía ser de cobre. A la par que sobraban motivos para que las damas de alta sociedad salvaran sus pecados, las empresas constructoras comenzaban el festín.

Mientras comenzaba a tejerse otra historia. Bajo el Gobierno de Alfonsín, allá por el 85, el gasto público asediaba la economía y las empresas públicas, como el caso de SOMISA, deberían sufrir un ajuste: de los 11.600 empleados sólo quedarían unos 5.000, mientras se impulsaba la reforma a la ley de Convenios Colectivos de Trabajo a convenio por empresa. El repudio y el rechazo a la ofensiva no tardó en hacerse escuchar: una gran movilización de obreros y familiares, encabezada por Saúl Ubaldini, el entonteces secretario de la CGT, y la UOM local de la mano de Naldo Brunelli. Los cimientos de la ciudad vibraban en un acontecimiento sin precedentes y marcaban una sola premisa: No a la privatización. El primer intento del gobierno radical había fracasado y por ese entonces se imprimían miles de ejemplares con los "mensajes de la inmaculada" y todo el arco político apoyaba aceleradamente el proyecto faraónico de la construcción del templo

Ni bien asume Menem al frente del gobierno no tardó en descubrirse que el intento privatizador radical había sido solo un primer paso. Nuevamente el rumor comenzaba circular: SOMISA tiene excedente de personal y el estado ya no puede hacerse cargo del déficit. El mismísimo Menem, el riojano peronista, el de patillas grandes y poncho en el hombro que hablaba con tonada del interior en su campaña había visitado la planta de la mano de Brunelli diciendo que de ninguna manera se podía privatizar y que iban a sacar acero hasta del horno de las panaderías.

Neustadt era el periodista estrella y ya reclamaba la entrega de "las joyas de la abuela". Las intervenciones se sucedían en las asambleas de 10.000 trabajadores, la angustia ya se comenzaba a notar en los que podían quedar sin su fuente de trabajo y lo que podía pasar en San Nicolás, con el impacto económico que representaba.

El gobierno peronista, el que “defiende los intereses de los trabajadores”, traza un plan en común con la UCD: María Julia Alzogaray pedía desprenderse de 8.000 trabajadores y la privatización. En una asamblea obrera se plantea la disyuntiva de tomar la fábrica o viajar a Buenos Aires; Brunelli jugaba todas sus fichas para que la decisión fuera la segunda. ¿Quién encabezaría la movilización obrera? Así es; la mismísima virgen del rosario, la de "el Campito", que hacía su aparición en un conflicto obrero. Cientos de micros con miles de obreros partían a Buenos Aires, mientras a su vez la fábrica era ocupada... por gendarmería. Hicimos una gran movilización al congreso y al regresar encontramos la fábrica militarizada. El acampe era la única salida, las carpas y un santuario enclavado en la mismísima Portería; el rezo y el rosario eran diarios, los obreros ya estábamos en manos de dios.

La intervención de Jorge Triaca anuncia que se detiene la producción de uno de los Altos Hornos y desde el palco algunos obreros piden entrar y enfrentarse a los milicos. Brunelli con lágrimas en los ojos, pidió que no se nos ocurra, que estos tipos tiran a matar: "Menem no vale una gota de sangre de todos ustedes"; "entraré yo con seis o siete delegados y por favor no me crucen el portón”. Y no pudo faltar un pedido: dirigiendo su mirada a la virgen que se encontraba a un costado del palco, nos dice “recen por nosotros”.

Se abría paso una nueva negociación con participación accionaria, los retiros voluntarios ya eran en un hecho. 8.000 trabajadores quedan literalmente en la calle, destrucción de sectores productivos. A muchos no les queda otra salida que recibir el retiro y ponerse un quiosco, un remís, una pollería o -como no podía faltar- un puestito en el campito.

Ciudad del Acero hasta ese momento, San Nicolás pasaría automáticamente a llamarse Ciudad de la Virgen. La desazón, la pérdida de familias y el hundimiento económico son las primeras secuelas de la privatización. Barrios obreros arrasados por la miseria, quiebras y suicidios eran las noticias a diario. La venta de lo poco queda y el exilio marcaban el pulso de una ciudad que recibía "la bendición". Vender rosarios y estampitas podía ser una salvación y los miles de fieles colmaban e intentaban fríamente suplantar lo que había sido una de las ciudades más pujantes y de crecimiento poblacional más importante de la provincia. Los miles de obreros que habían encontrado una salida a las derruidas economías y miserias en las provincias y ciudades lejanas trabajando en SOMISA, ahora debían emprender el regreso a su lugar de origen, mientras los hijos de los obreros comenzaban a conocer el hambre y la desesperación.

Hoy esas secuelas estructurales que produjeron la privatización de SOMISA y los que aún nos dirigen y gobiernan, lejos están de haber sido revertidas.

Esta nota no trata de herir la susceptibilidad de los creyentes; sólo reflejar los dos más importantes acontecimientos que marcaron a fuego la cultura y dinámica de una ciudad y cuánto tuvieron en común, lo que indudablemente fueron dos fenómenos que marcaron una historia negra y que aún se sufren sus consecuencias. Ni la virgen pudo, la privatización ya había sido bendecida.






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