Política Chile

TRIBUNA ABIERTA

La tragedia de Valparaíso: causas profundas y reacción ciudadana

Publicamos este artículo escrito hace tres años por el historiador Sergio Grez Toso a propósito del incendio que está ocurriendo Valparaíso.

Martes 3 de enero | 09:06

por Sergio Grez Toso (1)

El gigantesco incendio del sábado 12 de abril de 2014 que arrasó barrios enteros en algunos de los cerros más pobres de Valparaíso y, sobre todo, sus terribles consecuencias para la población más desvalida, tiene como causas estructurales la pobreza, la gigantesca desigualdad social imperante en Chile, el capitalismo dependiente, el modelo neoliberal y el desinterés real de quienes han gobernado el país durante las últimas cuatro décadas por disminuir la desigualdad social y por adoptar medidas eficaces que reviertan la profunda decadencia en que se encuentra el otrora principal puerto del país.

Valparaíso, ciudad que siempre ha abrigado una población mayoritariamente pobre, ha visto acentuar su pobreza en las últimas décadas. Su base productiva fue destruida por la dictadura: la desindustrialización, además de la posterior modernización y privatización del puerto, junto al conjunto de transformaciones neoliberales, acarrearon terribles secuelas de cesantía, trabajo precario, miseria, delincuencia y destrucción de su tejido social(2). Gran parte de los porteños vive en condiciones de extrema fragilidad económica, social y cultural. Muchos son los indicadores que lo reflejan de manera irrefutable.

A modo de ejemplo, basta recordar que el 22,6% de sus habitantes es considerado pobre; el 7,76% es indigente; el 71% de los trabajadores no tiene contrato laboral; el 80% de los jefes de hogar no accedió a la educación superior; el 71,4% de los egresados de la educación municipal no alcanza los 450 puntos en la Prueba de Selección Universitaria (PSU) y el 75% de las personas se atiende en los centros de salud primaria y en el único hospital público de que dispone la ciudad.

Valparaíso es la capital regional con la segunda peor calidad de vida en Chile -después de Puerto Montt- según un estudio realizado por la Pontificia Universidad Católica de Chile en 2012 (3) . Panorama que ha llevado a algunos analistas a emitir juicios lapidarios sobre el porvenir de la ciudad: "Valparaíso naufragó como ciudad y el mosaico que resulta es inmanejable desde una racionalidad urbana integrada y equitable. Valparaíso dejó de ser viable hace mucho tiempo" (4) .

Como consecuencia de ello, han proliferado las construcciones precarias, de material ligero, incluso de deshechos, levantadas en lugares no aptos para el hábitat humano (como son las laderas de ciertas quebradas), donde no llegan servicios básicos (agua, electricidad, alcantarillado, remoción de basuras, alumbrado público, calles ni escaleras) en la forma adecuada, sino precariamente, y lo que es peor aún, a menudo de manera "salvaje", solo por iniciativa de los propios pobladores, por ende, con medios materiales inadecuados.

Esto redunda en hacinamiento humano, habitaciones insalubres amén de precarias, además de acumulación de grandes cantidades de basura en las quebradas, lo que en caso de incendio, se convierte en combustible que acrecienta el área y las consecuencias del siniestro. Se debe agregar también, el grave riesgo que generan las plantaciones de especies exóticas -pinos, eucaliptus y acacias- que rodean la ciudad, material altamente inflamable que, además, secan las tierras y succionan las napas subterráneas, reduciendo dramáticamente las reservas de agua que se necesitan para enfrentar los incendios que periódicamente asolan los cerros de Valparaíso.

La culpa principal de situaciones como esta, recae en el Estado y en el municipio. En el Estado, en tanto no ha atendido con grandes obras de infraestructura las necesidades más urgentes de Valparaíso, ni tampoco ha establecido un plan maestro destinado a salvar la ciudad de su, hasta ahora, imparable decadencia. Asimismo, es responsabilidad del Estado y de la casta política que lo administra, la nula adopción de medidas eficaces tendientes a revertir el monstruoso proceso de centralización en torno a la capital, en desmedro de las regiones y de ciudades como Valparaíso.

Igualmente, han faltado gravemente a sus deberes los distintos gobiernos municipales (tanto de la Alianza o coalición de la derecha clásica, como de la Concertación), quienes se han sucedido alternadamente a la cabeza de la administración local durante el último cuarto de siglo, por no haber administrado de manera eficiente y proba los recursos disponibles, también por no haber implementado plan alguno destinado a solucionar de raíz los males de su ciudad. La situación ha ido empeorando, sin que los poderes públicos adoptaran las medidas mínimas para poner freno a desgracias que ya se han vuelto crónicas.

La degradación de la ciudad ha continuado, sucediéndose incendios, explosiones de gas, derrumbes e inundaciones que cobran vidas humanas, destruyen edificios públicos, casas y barrios enteros. La basura, suciedad y malos olores se acumulan en calles y quebradas, los espacios públicos se deterioran, los característicos ascensores, tan necesarios como pintorescos, se encuentran abandonados, haciendo más precaria y desagradable la vida de sus habitantes, además de afear una ciudad que, por su entorno natural, debería ser una de las más bellas de Chile. Cada año Valparaíso pierde valiosos edificios patrimoniales sin que nadie detenga esta pérdida de historia, memoria y cultura.

El incendio de abril de 2014 no fue sino la repetición a escala ampliada –verdaderamente dantesca-de una serie de sucesos del mismo tipo que vienen acaeciendo desde hace bastante tiempo. En abril de 2013, un siniestro originado en el sector El Vergel, en la quebrada que une los cerros La Cruz y Mariposas, devastó cuarenta hectáreas y destruyó treinta y cinco viviendas, provocando la evacuación de ciento cincuenta personas. Poco antes, el 12 de febrero de 2013, cerca de trescientas viviendas fueron arrasadas por el fuego en sector Rodelillo y en el Cerro Placeres, dejando mil doscientas personas damnificadas. En 2008, otro incendio causó la muerte de cuatro personas y destruyó cien casas en el cerro La Cruz, esto es, en el mismo lugar por donde ingresó el fuego al área urbana desde el camino La Pólvora en abril de 2014.

Las autoridades municipales, regionales y nacionales no han llevado a cabo acción alguna tendiente a prevenir nuevos desastres de este tipo. El urbanista Iván Poduje cuenta que en febrero de 2013 visitó la zona donde se había producido el último incendio, constatando que ninguna de las recomendaciones formuladas por los expertos había sido cumplida. El cerro La Cruz y sus vecinos Virgen y Monjas tenían "campamentos y poblaciones en zonas de riesgo, quebradas repletas de basura sin cortafuegos y pésimos accesos para llegar a poblaciones que suelen quemarse y que los vecinos conocen perfectamente" (5).

A pesar de las advertencias de urbanistas, especialistas en prevención de riesgos, organizaciones sociales y ciudadanos "de a pie", la Municipalidad no fue capaz de implementar planes destinados a impedir la repetición de estos desgraciados sucesos. Las autoridades comunales estaban perfectamente al tanto de los riesgos, tal como consta en el Acta de la Primera Sesión Ordinaria del Consejo Municipal de Valparaíso del 12 de diciembre de 2012, ocasión en la que el jefe de Emergencias de la Municipalidad, alertó detalladamente a los ediles acerca de los principales riesgos, especialmente incendios, señalando que, dada la patética falta de recursos y el carácter de "ciudad frágil" de Valparaíso, todas las emergencias se traducían en desastres. Un viento fuerte, aseveró, basta para provocar la caída de una muralla y unas gotas de agua provocan aluviones, sin considerar terremotos y otros hechos más graves (6).

La corrupción, anidada en los distintos gobiernos regionales y locales, ha sido otro factor que ha contribuido a agravar los problemas, acelerando la degradación y decadencia de la ciudad-puerto. Como es sabido, Valparaíso y su región han sido el escenario de varios de los más bullados casos de tráfico de influencias, malversaciones y "triangulaciones" ilegítimas entre representantes de los poderes públicos, miembros de la casta política y empresarios, ocurridos en las últimas décadas. Desde el famoso "desmalezado brujo" de terrenos de la Refinería de la Compañía de Petróleos de Concón en 1993, en el que se vieron involucrados el senador demócrata cristiano Juan Hamilton y su correligionario Aldo Cornejo, entonces diputado y más tarde alcalde de Valparaíso, hasta el caso de malversación de más de $1.000 millones en la Intendencia de Valparaíso -conducida por la Democracia Cristiana- durante el primer gobierno de Bachelet.

Grandes sumas de dinero que hubieran permitido satisfacer algunas de las necesidades más urgentes de la maltrecha ciudad portuaria, se han desvanecido como resultado de hechos ilícitos. Según cifras entregadas en un reportaje del Centro de Investigación Periodística (CIPER), realizado por Alberto Arellano y Boris Bezama, tres de los cuatro mayores casos de corrupción en la región en los últimos veinte años, suman más de $2.389 millones.

Por su parte, la deuda municipal ha aumentado de manera prácticamente exponencial: a fines de diciembre de 2002 el déficit era de $1.600 millones, en junio de 2003 alcanzaba los $4.100 millones y en la actualidad (2014) llega a $35.000 millones (7). Lamentablemente, esto no es todo, otra investigación del CIPER, revela que la Contraloría General de la República detectó que cerca de $1.300 millones provenientes del fondo de Subvención Especial para Uso Educativo (SEP) fueron utilizados para fines distintos a la educación de los niños de sectores más pobres, como el arreglo de la sala municipal del Cine Condell (8) .

A estos casos, en los que existe certeza acerca de actos de corrupción y malversación de recursos públicos, se agrega la duda sobre el destino de los fondos aportados por la UNESCO a partir de la declaratoria de una parte importante de esa urbe como "Patrimonio de la Humanidad", ya que además de la pintura de algunas fachadas y la restauración de un número limitado de obras arquitectónicas, no se percibe un efecto claro de la llegada de esos recursos.

En este contexto, la intervención de bomberos combatiendo los incendios, especialmente el último, ha tenido ribetes heroicos. Como es sabido, en Chile este cuerpo lo integran únicamente voluntarios no remunerados (lo que es un orgullo nacional) y, aunque el Estado y las municipalidades les entregan algunos recursos, estos son absolutamente insuficientes para hacer frente a todas las necesidades de un país que, por su alta concentración urbana, sus desigualdades sociales, la condición de pobreza de una parte muy importante de su población, el maltrato empresarial a la naturaleza, su clima y geografía, presenta en algunos lugares, condiciones particularmente favorables para la propagación de incendios. Los bomberos deben realizar frecuentes colectas públicas para remediar, parcialmente, sus carencias.

Similares faltas de recursos sufren las brigadas que combaten incendios forestales. Motivos suficientes para afirmar que la máxima responsabilidad de la falta de medios para luchar más rápida y eficientemente contra estos siniestros, los que, invariablemente, afectan casi exclusivamente a los sectores más pobres y desprotegidos de la población, recae sobre las autoridades estatales y municipales.

Otro punto positivo a destacar es la reacción solidaria que se gestó espontáneamente a nivel nacional. Grandes cantidades de alimentos, medicamentos y vestuario fueron recolectadas y encaminadas al lugar de la tragedia por organizaciones sociales y humanitarias de diverso tipo; por su parte, miles de jóvenes voluntarios acudieron desde distintos puntos del país a participar en las labores de remoción de escombros y de ayuda a los damnificados.

Diversas organizaciones sociales, centros comunitarios y culturales de la propia ciudad siniestrada se convirtieron en "estados mayores", independientemente de la acción de la Municipalidad y del Gobierno Regional, desde los cuales se organizó el trabajo y la distribución de la ayuda solidaria. Ello debe ser, sin duda, destacado, pero no utilizado para ocultar la incapacidad del Estado y de los poderes públicos para hacer frente a situaciones de emergencia como la vivida por el siniestro ocurrida en el "patio trasero" de Valparaíso (9) .

Podemos concluir, entonces, que la desgracia de Valparaíso no es producto de una fatalidad histórica ni geográfica, sino el resultado de una estructura social profundamente polarizada, de una odiosa distribución de la riqueza y de la abulia e inepcia de la casta política cuyo norte no es el servicio público, como afirma de manera majadera en sus discursos, más bien, el usufructo personal y colectivo de los beneficios derivados de su rol de administradora del modelo de economía y sociedad instalado por la dictadura.

La reacción solidaria de la ciudadanía, tiene, probablemente, un componente humanitario "tradicional", siempre presente en circunstancias como esta, pero también puede ser el reflejo de una creciente desconfianza en las capacidades de acción y solución provenientes del Estado subsidiario neoliberal. Esa fue, precisamente, la motivación que llevó a la Coordinación de Voluntarios por Valparaíso a convocar una manifestación de protesta el 24 de abril, la "marcha de las palas", ante "el abandono de Valparaíso por años, la inoperancia de los alcaldes que han pasado por el Municipio y con esto la negligencia total de la institucionalidad hacia el pueblo y hacia la región", recalcando que "la institucionalidad no da abasto y que la organización, el trabajo conjunto de pobladores y estudiantes está dando el ejemplo de solidaridad" (10).

La represión policial ejercida sobre los manifestantes de la "marcha de las palas" -por tratarse de una "manifestación no autorizada" (11) - pone de relieve, una vez más, el creciente abismo existente entre la casta política y un significativo sector de la ciudadanía que, desde hace algunos años, ha empezado a desarrollar procesos de empoderamiento social. La tragedia de Valparaíso, solo lo ha hecho más evidente.

(1) Historiador, académico de la Universidad de Chile. Correo electrónico: sergiogreztoso@gmail.com.

(2) Sobre la modernización neoliberal del puerto de Valparaíso, véase Pablo Aravena, Bernardo Cataldo, Nayadet Contreras y Alejandra Villanueva, Trabajo, memoria y experiencia. Fuentes para la historia de la modernización del puerto de Valparaíso, Valparaíso, Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (FONDART) - Universidad ARCIS sede Valparaíso - Centro de Estudios Interculturales y del Patrimonio (CEIP) de la Universidad de Valparaíso, 2006.

(3) Cifras citadas en Daniela López y Jorge Sharp, "Catástrofes, espejos de la desigualdad en Chile", en El Desconcierto, Santiago, 17 de abril de 2014: http://eldesconcierto.cl/catastrofes-espejos-de-la-desigualdad-en-chile/
Ángel Saldomando, "Cuando se quema la realidad", en G80, Santiago, 17 de abril de 2014: http://g80.cl/noticias/columna_completa.php?varid=19533.

(4) Ángel Saldomando, "Cuando se quema la realidad", en G80, Santiago, 17 de abril de 2014: http://g80.cl/noticias/columna_completa.php?varid=19533.

(5) Iván Poduje, "Valparaíso: una tragedia esperable", La Tercera, Santiago, 14 de abril de 2014. Versión electrónica:
http://voces.latercera.com/2014/04/14/ivan-poduje/valparaiso-una-tragedia-esperable/.

(6) Acta de la Primera Sesión Ordinaria del Consejo Municipal de Valparaíso del 12 de diciembre de 2012. Versión electrónica:
http://ciperchile.cl/pdfs/2014/04/incendio/Sesion_1_del_2012_Ricardo_Valdes.pdf.

(7) Alberto Arellano y Boris Bezama, "El historial de negligencia y corrupción que hizo arder a Valparaíso", en CIPER, Santiago, 16 de abril de 2014: http://ciperchile.cl/2014/04/16/el-historial-de-negligencia-y-corrupcion-que-hizo-arder-a-valparaiso/.

(8) Tabatha Guerra, Juan Andrés Guzmán, Pedro Ramírez, Gregorio Riquelme y Noemí Arcos, "Ley CEP: Ranking de las 20 municipalidades más cuestionadas por Contraloría", en CIPER, Santiago, 28 de mayo de 2012: http://ciperchile.cl/2012/05/28/ley-sep-ranking-de-la-20-municipalidades-mas-cuestionadas-por-contraloria/

(9) "Patio trasero de Valparaíso" fue la acertada expresión empleada en una entrevista por Verónica Cares, una joven voluntaria que acudió desde Talcahuano a ayudar a los damnificados del incendio del 12 de abril. "Voluntarios en Valparaíso: La organización y la unidad de los pobladores será fundamental", en Resumen. Informativo de la Región de Concepción, Concepción, 1 de mayo de 2014: http://resumen.cl/index.php?option=com_content&view=article&id=9187:voluntarios-en-valparaiso-la-organizacion-y-la-unidad-de-los-pobladores-sera-fundamental&catid=8:nacional&Itemid=52.

(10) "Por una reconstrucción justa: Marcha de las Palas", en RVF: http://www.radiovillafrancia.cl/en-valparaiso-convocan-para-este-jueves-a-la-marcha-de-las-palas-por-una-reconstruccion-digna-tras-incendio-en-los-cerros.

(11) "’Marcha de las Palas’ termina en incidentes con carabineros: Municipio desmiente petición de desalojo", en Universidad Católica de Valparaíso Radio, Valparaíso, 24 de abril de 2014: http://www.ucvradio.cl/bsite/2014/04/24/marcha-de-las-palas-termina-en-incidentes-con-carabineros-municipio-desmiente-peticion-de-desalojo/; Paula Campos, "Carabineros arremete contra marcha de voluntarios en Valparaíso", Radio Universidad de Chile, Santiago, 24 de abril de 2014: http://radio.uchile.cl/2014/04/24/carabineros-arremete-contra-marcha-de-voluntarios-en-valparaiso.




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