Géneros y Sexualidades

TEORÍA E HISTORIA

La tradición del feminismo socialista

En el último periodo el movimiento de mujeres se ha masificado en distintas partes del mundo, a raíz del panorama que enfrentan diariamente las mujeres, quienes son oprimidas por el machismo que promueve el sistema capitalista. Es necesario volver a retomar las lecciones de la historia que apuntan a la emancipación de las mujeres como protagonistas de su propia lucha, y la de toda una clase explotada.

Melissa Navea V

Psicóloga

Sábado 17 de junio | 16:13

Feminismo y marxismo

Cuando a comienzos del siglo XX la socialista y revolucionaria Clara Zetkin, retomaba las primeras ideas sobre la emancipación femenina que profundizó Engels en el manifiesto comunista, puso al centro que las condiciones de las mujeres vienen determinadas en primera instancia por el modelo económico(productivo), y las transformaciones que puedan darse en él. Es decir, solo en otro tipo de Sociedad distinta a la sostenida por el capital y la propiedad privada, las mujeres podrían alcanzar la verdadera emancipación.

En aquella época Clara era testigo del cambio en la vida de las mujeres con el paso de la producción doméstica, a la industrial.

Un claro ejemplo de que las condiciones económicas determinan el papel que debe cumplir la mujer en la Sociedad, lo encontramos en las conquistas de la Revolución Rusa antes de la degeneración stalinista, y los avances en los derechos que la sucedieron luego de la toma del poder por el partido bolchevique ruso, dirigido por grandes mujeres y hombres que iban en busca de un nuevo tipo de Sociedad sin opresión. Fue este punto en donde la conquista de los derechos de las mujeres alcanzó su mayor grado de avance, como en ningún otro momento en la historia.

Si nos basamos en la concepción bolchevique, la emancipación de las mujeres se asienta en cuatro pilares fundamentales: La unión libre, la liberación femenina con su entrada al mundo del trabajo, la socialización de las labores domésticas y la extinción de la familia.

Esta última por ningún motivo pretendían ser un impedimento para que las personas pudiesen estar con sus seres queridos si así lo querían, sino más bien constaba en mostrar que los problemas de la familia que frecuentemente cargaban las mujeres, podían ser resueltos de manera colectiva.

Estos eran los pilares estructurales para un cambio en las relaciones sociales basadas en otro tipo de relaciones de producción, como lo define Marx.

Feminismo y estrategia

Si analizamos la lucha de las mujeres a lo largo de los últimos años, a modo de síntesis podemos señalar que hasta la década de los 70’, el movimiento de mujeres -feministas radicales y socialistas- tenía como horizonte estratégico cambiar el sistema de raíz.

Pero con la llegada del neoliberalismo y la derrota de los estados obreros y socialistas en búsqueda de su liberación, la clase obrera se divide del movimiento de mujeres, el cual fue golpeado desde el centro de su organización, generando una división que el día de hoy es expresión de algunas corrientes del feminismo que han dejado de aspirar que el movimiento sea masivo. En vez de eso han reducido la lucha de las mujeres a pelear por reformas dentro del sistema capitalista patriarcal, abandonando el horizonte revolucionario y planteándose tan solo desde la resistencia, hasta llegar a concebir incluso, la emancipación de las mujeres, en contraposición a la de los hombres o la diversidad sexual, aun siendo explotados y oprimidos, en diferentes grados y formas, pero por un mismo sistema.


Imagen: marcha 8 de marzo

Construcción de un partido revolucionario para vencer

La concepción de Zetkin partía de la convicción de que la emancipación de la mujer solo sería posible mediante la victoria del Socialismo, la cual a su vez, sería imposible sin la unidad de las filas de los trabajadores y trabajadoras para golpear con un solo puño.

Es por eso que el ideal del feminismo socialista que abraza la tradición de Clara Zetkin y las grandes mujeres dirigentes de la clase obrera mundial que fueron las protagonistas de las revueltas de su época, pone al centro qué alianzas son las que nos llevarán a la verdadera emancipación de las mujeres y también del resto de los sectores oprimidos de la Sociedad.

Ante el triunfo del neoliberalismo, se produjo una ruptura entre feminismo y marxismo, los desafíos hoy apuntan a volver a construir un movimiento feminista que se proponga levantar las banderas de la emancipación no solo de las mujeres, sino que también de toda la humanidad en la búsqueda de una alianza que pueda apuntar no solo a conseguir una ampliación de derechos dentro de las democracias burguesas, si no que terminar con todo un régimen de opresión.

Sin embargo, este ideal implica también una lucha contra la ideología capitalista que divide a hombres y mujeres de una misma clase explotada para evitar esta alianza que puede hacer temblar nuevamente la estabilidad del régimen, el mismo que hoy se enfrenta al ascenso del movimiento de mujeres con plena asunción de Trump y su misoginia, los casos de femicidios como fenómeno mundial, y la arremetida de sectores conservadores contra el aborto y la educación no sexista.

Ante las conquistas parciales para el movimiento de mujeres en manos de los gobiernos neoliberales que toman nuestras demandas, pero que no darán salida estructural a la situación de las mujeres, solo queda retomar la tradición de lucha revolucionaria que emprendieron hace un siglo atrás, hombres y mujeres en conjunto, organizados en un partido bolchevique que con ímpetu revolucionario se propuso cambiar las condiciones estructurales para dar paso a una nueva sociedad libre de opresión.

Es por eso que esta lucha además de promover la organización de mujeres, también debe reunir a la juventud, a los pueblos indígenas, a la diversidad sexual y al resto de sectores explotados y oprimidos, en la construcción de un partido con dirigentes y dirigentas que lideren la lucha por un nuevo camino hacia la liberación de todas las cadenas que hoy no solo nos oprimen, sino que también nos dividen para no triunfar.






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