Internacional

SIRIA - ANÁLISIS

La suspensión del diálogo sobre Siria y las tensiones entre EE.UU. y Rusia

En medio de las acusaciones entre Estados Unidos y Rusia, el régimen de Assad continúa los bombardeos y ataques sobre la ciudad de Alepo. La avanzada rusa y la crisis estadounidense.

Juan Andrés Gallardo

@juanagallardo1

Martes 4 de octubre | 15:53

Washington confirmó este martes que daba por finalizado el diálogo con Rusia para buscar las vías que le permitieran mantener un alto al fuego en Siria. El anuncio es una formalidad ya que la continuidad de las conversaciones no eran más que una ficción diplomática. La tregua que habían pactado los cancilleres de EEUU y Rusia, Kerry y Lavrov, a mediados de septiembre se desplomó a menos de una semana de haber sido puesta en práctica y en medio de acusaciones cruzadas entre ambas potencias por haber sido los responsables de su fracaso.

Desde que el acuerdo cayó, quince días atrás, el secretario de Estado estadounidense John Kerry anunció que mantenía abiertos los canales para intentar llegar a una nueva tregua. Sin embargo nadie creía posible que algo así sucediera. El cese al fuego se terminó cuando aviones de la coalición dirigida por Estados Unidos bombardearon "por error" a tropas del Ejército sirio, matando a 60 de ellos. Por su parte Estados Unidos acusó a Rusia y Assad de bombardear un convoy de la cruz roja con ayuda humanitaria. Esos dos hechos fueron suficientes para acabar con una semana de tregua. Desde ese momento las tropas de Assad, con la ayuda de Rusia han estado bombardeando y atacando posiciones de la oposición Siria en el este de Alepo, incluyendo hospitales y depósitos de agua.

¿Qué hay detrás del fracaso de la tregua?

El fin del diálogo para llegar a una tregua en Siria tiene como telón de fondo los propios intereses de Estados Unidos y Rusia, como así también de otros actores regionales, que parecen hacer inviable un acuerdo que pueda satisfacer a todos.

Rusia le reclama a Estados Unidos su falta de voluntad para separar al islamista ex Frente Al Nusra del resto de las milicias opositoras al régimen de Assad. El Frente Al Nusra que tiene lazos históricos con Al Qaeda, rompió hace unos meses con esa organización internacional con el argumento de centrarse en la lucha dentro de Siria, y cambió su nombre por el de Frente de la Conquista. Sus motivos parecían tener más que ver con una operación de propaganda para lavar su imagen y reciclarse como una oposición moderada, ya que como filial siria de Al Qaeda estaba catalogada como organización terrorista (junto al Estado Islámico) por las potencias que intervienen en el conflicto. La situación es compleja porque el Frente de la Conquista es una de las organizaciones que había mostrado mayor poder ofensivo contra las fuerzas de Assad y pelean dentro del llamado Ejercito de la Conquista con otras fracciones islamistas como así también con milicias de la oposición moderada, que son apoyadas abiertamente por Estados Unidos. Esto hace dificil que grupos opositores acepten los reclamos del régimen de Assad y de Rusia para dividir sus fuerzas, lo que los debilitaría en extremo en la ya desigual batalla por Alepo.

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Estados Unidos por su parte tiene también divisiones internas sobre la forma de llevar adelante la guerra en Siria entre la cúpula militar, Obama y el Pentágono. El Pentágono había rechazado de plano cualquier posibilidad de compartir información confidencial con las fuerzas armadas rusas, lo que hubiese ocurrido en caso de que la tregua se hubiera mantenido en pié (y hace dudar del "error" de Estados Unidos al atacar a las tropas de Assad dos semanas atrás). Las divisiones también alcanzan a la acción propia del imperialismo en la guerra Siria, con divergencias sobre la utilización o no de soporte de tropas terrestres, la intervención militar o la eficacia del entrenamiento de milicias opositoras. Estas divergencias también son notorias entre Obama y la candidata demócrata Hillary Clinton, que responde más claramente al ala más guerrerista del establishment estadounidense, que ven en la inacción de Estados Unidos la razón por la que Rusia terminó ganando un poder desproporcionado en la guerra Siria, que usa para expandir su influencia a nivel internacional.

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Kerry, por su parte, justificó la caída del diálogo por la intransigencia de Rusia para frenar los ataques sobre Alepo y evitar utilizar sus bombarderos en las operaciones que lleva adelante Assad. Estas exigencias de Estados Unidos fueron ninguneadas por Putin, que percibe la crisis de hegemonía norteamericana, y el empantanamiento en que se encuentra en Siria, y busca sacar provecho de ella.

Una escalada de dimensiones internacionales

Tras la ruptura del diálogo, tanto Kerry como Lavrov se lamentaron cinicamente y dijeron por separado que buscarían nuevas formas de acercamiento. Ninguno de los dos quiere quedar como el responsable del fracaso, pero ambos defienden los intereses de sus países, lo que garantiza la continuidad de la guerra en Siria. Estados Unidos no parece dispuesto a cambiar su política a pocos meses de las elecciones presidenciales y Rusia entiende las señales de debilidad estadounidense como una oportunidad para avanzar en sus ambiciones de potencia internacional.

Para ilustrar el momento basta con ver las declaraciones de Rusia, que anunció el lunes la suspensión del acuerdo que mantiene con Estados Unidos para la eliminación de plutonio de uso militar. Putin ya había anunciado en abril que Estados Unidos estaba incumpliendo con el acuerdo para la destrucción de plutonio, y que la forma en que lo hacían les permitía reutilizarlo para armamento nuclear. Pero el lunes dio un salto al presentar un proyecto de ley que suspendía el acuerdo y que dejaba sujeto su restablecimiento a dos condiciones previas. Dos condiciones que se parecen bastante a una provocación para Estados Unidos: en primer lugar se exige "la reducción de la infraestructura militar de Estados Unidos y las tropas en los países que se incorporaron a la OTAN en 2000"; y en segundo lugar "el levantamiento de todas las sanciones de Estados Unidos contra Rusia y la indemnización por el daño que han causado".

Más allá del grado de simbolismo que pueda tener, el anuncio de Putin expresa un aumento acelerado de las fricciones entre Estados Unidos y Rusia, que se entienden en el marco de un agudizamiento de las tensiones internacionales con otras potencias, donde la guerra de Siria es una de las aristas de un escenario geopolítico que se vuelve más complejo entre la crisis de hegemonía estadounidense y la escalada provocada por una crisis económica rastrera que ha venido derivando en una serie de "guerras comerciales" (como la reciente ofensiva sobre el Deutsche Bank por parte de Estados Unidos y de Apple por parte de Europa).

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En el suelo sirio, mientras tanto, las consecuencias de la intervención de estas potencias imperialistas y regionales tiene números concretos. Más de 400.000 muertos, la mitad de la población desplazada y millones de refugiados viviendo en la indigencia o en campos de concentración en países limítrofes.

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