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La situación de las Ferias Populares en Mendoza

Estas ferias nacieron con la crisis del 2001 y llegaron para quedarse

Martes 19 de mayo | 08:00

Las ferias populares que nacieron con las crisis del 2001, y se fueron instalando en cada barrio del país a lo largo de estas dos décadas, hoy están “cerradas” por la cuarentena. Esto afecta directamente a las economías de las familias de esos barrios. En algunos casos hay temor que se aproveche la situación para cerrarlas definitivamente. Es por eso, que desde La Izquierda Diario charlamos con dos feriantes. Fabiana, vecina e integrante de la Feria El Zarcillo del barrio Yapeyú, Las Heras y con Kalia, que forma parte de la ”Feria Paseo a Cielo Abierto” en el barrio La Gloria de Godoy Cruz.

Feria El Zarcillo de Las Heras

“Somos una feria popular de emprendedores y emprendedoras que queremos construir otra forma de comprar y vender”

La feria nació a fines del 2015, por iniciativa de un grupo de mujeres que, hasta ese momento, estaban al frente de Radio comunitaria Los Sueños, ubicada en el CAE Garabatos del Barrio Yapeyú, Las Heras. Esos sueños de radio, terminaron al año siguiente, cuando en el 2016 sufren el robo completo de los equipos, se quedan sin sueños, y sin un lugar para juntarse. Pero ese hecho no les quitó la fortaleza y la inquietud de seguir pensando como reconstruir el espacio. Necesitaban seguir juntas así que tomaron un equipo viejo de la radio que funcionó por 10 años y lo hicieron resucitar. Al principio hacían radio abierta, y luego con un presupuesto de un proyecto articulado con la empresa Holcim, armaron la radio.

Mientras esto sucedía, las charlas rondaban muchas veces sobre la crisis económica, y resolvieron que además de hacer radio, necesitaban trabajar. Fabiana siempre les contaba que el trueque fue una posible salida para la economía familiar, que lo viene haciendo hace 20 años en el trueque de la Bombal. Así las chicas un día se animaron, cortaron la calle y cada una aportó lo que tenía en desuso, que por lo general es ropa.

El primer escollo fue el prejuicio que tuvieron que afrontar: mostrarse ante su propia comunidad. Según ellas tuvieron que demostrar que no eran “traperas” (así las llamaron) y lo que querían además de vender ropa u ofrecer una buena comida de elaboración propia. El miedo al rechazo de su propia gente no fue fácil. Exponerse en cuerpo y alma, sacar algo tuyo que no uses y venderlo a tu vecino o vecina fue un tema que se trabajó mucho en largas charlas, pero que sirvieron y se fueron sumando más mujeres.

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“En un principio éramos tres o cuatros, y después de un tiempo llegamos a ser más de 23”. Esto las fortaleció para armar proyectos y poder comprar mesas, gazebos, sillas y así equipar los puestos. En un principio eran una feria ambulante, se movían para ver qué lugar resultaba mejor las ventas. Además, cuentan, recibieron colaboración de pasantes de la UNCuyo que iban al CAE. Esta participación se acordaba mediante reunión previa.

Se resolvió no cobrar nada por el puesto, pero si cada feriante tenía que poner una mercadería cada sábado y esa caja se sorteaba al final de la jornada.

La feria además cumple otra función, que es la recreación con les niñes. Muchas mujeres no podían feriar porque no tenían con quien dejar les mas pequeñes. Así que se creó un espacio de juegos, desayuno, y si había que dejar de feriar para atender a les mas chiques, se dejaba encargado el puesto a otra compañera.

En el 2018 la feria empezó a decaer, en sintonía con la crisis. Muchas mujeres empezaron a emigrar a otras ferias que les daba más resultado. Eso lo comprendieron perfectamente, y hubo muchos momentos en que se acompañaron. Visitaban las ferias del barrio Algarrobal, del barrio Cano, Panquehua, Cinco mil Lotes, pero siempre con la identidad de “Feria El Zarcillito” aunque fueran dos o tres.

Hoy que no están funcionando. Las mujeres están recurriendo a la ayuda de familiares, o realizan comida en sus casas para vender, hacen por trueque o planchan para otras familias en sus casas, porque la policía vigila. Reconocen que a pesar del “aislamiento obligatorio” siguen siendo feriantes.

Consideran que el impacto económico fue y es muy fuerte en esta cuarentena. Pero no quieren dejar de mencionar el impacto social que las crisis generan. Muchas no tienen pareja, o son sostén de familias, o madres solteras muy jóvenes. Dicen que esta comunidad siempre se caracterizó porque las mujeres van al frente. Cuenta que en la feria nunca hubo un varón, por ejemplo. A pesar de todo, estas mujeres se organizan para estar en cada lucha. Estuvieron siempre presentes en las marchas de Ni una Menos, el 8 de Marzo o en la defensa de la 7722.

La cuadra del jardín maternal “El Piquillin”, del CAE Garabatos y del Cedrys sigue siendo el lugar de organización y encuentro y charlas con mates. Una cuadra conspirativa y peligrosa para este sistema que muele cada día las oportunidades. Una cuadra conspirativa y peligrosa para la casta política que se ve amenaza con su política mezquina y clientelar. Esperan que pase el peligro del Covid 19 para activar la feria, la solidaridad y la lucha de un puñado de mujeres luchadoras que no se dan por vencidas nunca. Quieren salir con más fuerza contra toda opresión.

En la cuadra sigue sonando la radio en cada una de ellas, en cada acción. La llaman la cuadra de los sueños…

Podes seguir a la Feria en su página de Facebook.

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Feria Paseo a Cielo Abierto de Godoy Cruz

En el barrio La Gloria hay dos ferias populares. Una arrancó meses antes de la crisis del 2001 cuando un vecino tuvo la necesidad e idea de sacar sus cosas usadas y venderlas en la esquina de la plaza principal del barrio. Un tiempo después otra vecina se suma con un puestito de verduras. Quien fue él o la fundadora de la Feria, el shopping, el paseo necesario de todos los fines semanas será parte de la historia. Lo cierto es que este paseo comercial y popular alberga cientos de vecines feriantes del barrio, de aledaños y de otros lados también.

En el año 2017 se armó otra feria, frente a la escuela primaria y al sur del barrio en la Plaza de Los Niños. Allí otros cientos de feriantes se fueron acercando con sus mercadería, comida, cosas y productos para ofrecer también a les vecines que por necesidad tienen que comprar más barato.

Ambas ferias concentran a cientos de familias cada fin de semana donde el barrio se convierte en un gran centro comercial que tiene en vilo a toda una gran comunidad de 10 a 15 hs. Hoy ese movimiento se ve paralizado por la cuarentena obligatoria.

La consecuencia es obvia: muchas familias feriantes no puedan contar con los ingresos de cada fin de semana que en algunos casos supera los 10.000 pesos. Pero tampoco está la opción para los y las vecines que necesitan comprar huevos, verduras, condimentos, mercadería o esa ropa de niñe a precios muchos más económicos que las cadenas de supermercados o tiendas del centro.

Una familia de la feria “Paseo a cielo Abierto” nos comenta que ésta paralización afecta muy fuerte su economía familiar. La venta de pasteles les genera ingresos importantes para palear la semana.

En la feria hay alrededor de 300 puestos, que hoy se ven afectados por la misma situación. Sumado a que el ingreso semanal por lo general es por changas de albañilería, otra actividad que estuvo frenada por varias semanas, aunque ahora de a poco se empieza a mover. El combo es de mucha preocupación cada día, es por eso que reclaman desesperados la habilitación de la feria.

Hay muchos que son constantes, otros van y vienen. La Comisión, que cumple un rol importante y se encarga de cobrar los 30 pesos por día (fondo que sirve para mantener la limpieza, los baños químicos, gastos o ayudas de emergencia para alguna situación especial) ve con mucha preocupación que después de la cuarentena quieran prohibir las ferias.

A pesar de todo, los feriantes se organizaron para hacer una olla popular. Por ejemplo, el sábado 9 de Mayo pudieron comprar pollo, fideos y junto a otras donaciones que recibieron realizaron esta actividad para les vecines. Van a seguir. Se está organizando otra para el próximo 25 de Mayo, que pretenden organizar un locro.

Las ferias resisten y se preparan ante la amenaza del gobierno, mientras éste beneficia a las grandes empresas con subsidios. El dinero del ANSES se va a los bolsillos de los empresarios mientras millones no tienen para comer.

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Además de la posibilidad económica que generan estas iniciativas en cada barrio, la amenaza de cerrarlas definitivamente está latente en sus preocupaciones. Una de las excusas por parte de algunos municipios es que en muchas ferias, el 40 % son feriantes de otros departamentos, o que en algunos casos llega hasta el 90 %.

Como cuenta Fabiana (feriante de barrio Yapeyú, que presentamos más arriba), muchos feriantes se mueven de feria en feria, por necesidad o por posibilidad de ventas. . Mientras que entre los propios trabajadores intentan ser solidarios/as, y que a la hora de decir “si pone tus cosas, no hay problema”, el Estado se desentiende de estas situaciones que no cambian si sos de un barrio o de otro.

Los feriantes siguen pensando y buscando estrategias para sostener las ferias, ahora más que nunca. Pero también, se preparan para cuando pase la cuarentena. Lo hacen porque son trabajadorxs, en muchos casos precarizadxs, de familias numerosas, o mujeres sostén de familias, o que tienen otros trabajos formales pero que no alcanzan para cubrir la canasta familiar. También hay muchos jubilados, artistas o artesanxs.

Estas ferias nacieron hace más de 20 años con la crisis del 2001, y llegaron para quedarse y resurgir en cada momento de crisis, sea con el gobierno que sea, que evidentemente no solucionaron nada económica ni socialmente. Las ferias van mutando en cada situación si es necesario. Generan niveles de organización, de lucha. Exigen reconocimiento. También se transforman en espacios de socialización, expresión, y contención, que difícilmente puedan “cerrar” sin resistencia.

Si sos parte o conoces alguien que integre otras ferias, contacte con nosotros y nosotras para compartir experiencias, historias o denuncias.







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