Cultura

OPINIÓN

La sociedad Azteca en debate: Estado, clases y estamentos

Debate con la cátedra de Historia de América 1 (Precolombina) en la Facultad de Filosofía y Letras (UBA) sobre el carácter de la sociedad Azteca como una sociedad de estamentos o de clases.

Agustín Grubisíc

Estudiante de Historia UBA

Martes 24 de julio | Edición del día

El siguiente escrito tiene como finalidad abrir puntos de debate que se desarrollaron en un práctico de Historia de América 1 (precolombina) en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. El disparador de tal discusión fue si debíamos considerar a la sociedad Azteca como una sociedad de estamentos o una sociedad de clases. Ante la posición de la cátedra de analizar a los aztecas como una sociedad de estamentos, sostendremos que presenta aspectos combinados, es decir es tanto una sociedad de clases como estamental.

¿Poder político vs clases?

En 1984 se publican los estudios del antropólogo norteamericano Elman Service [1] quien discute abiertamente contra la idea de Engels en El origen de la familia, la propiedad privada y el estado del surgimiento del Estado por la necesidad de un aparato represivo por parte de la clase dominante. Service entiende que para comprender el surgimiento del Estado se debe poner el foco en las estructuras políticas y no en las económicas. Así, clasifica a las sociedades sin Estado según el grado de estratificación e institucionalización del poder político. De esta forma, la cátedra hereda la concepción de Service manifestada en una sobre atención respecto a las estructuras políticas desligadas de las relaciones sociales de producción y de la reproducción de los estamentos particulares.

Con respecto a la teoría de Service, lo que debemos cuestionarnos es la disociación entre poder político y económico. De hecho es bastante llamativo en tanto y en cuanto, la organización política tiene como objetivo último la reproducción de la comunidad. Esto implica tanto el orden simbólico como material. En el primer plano podemos ubicar las funciones religiosas, rituales e ideológicas del linaje dominante y, en el otro, la administración de los recursos y la regulación del acceso a los medios de producción. Lo interesante del asunto es que este accionar sigue las lógicas comunitarias, pero al mismo tiempo puede implicar una fina fisura con la misma.

Siguiendo los planteos de Engels en el Anti-dhuring [2]: "En la comunidad tribal o campesina con propiedad común de la tierra, (…) resulta obviamente natural una distribución bastante homogénea de los productos; cuando aparece una desigualdad ya considerable en la distribución entre los miembros, esa desigualdad constituye al mismo tiempo un signo de la incipiente disolución de dichas comunidades".

De esta manera, debemos concebir que la existencia de una recaudación de excedentes permita que ese pequeño sector de la sociedad, dedicado a su cobro y distribución, desarrolle una conciencia diferenciada sobre sus intereses en relación al resto de la población. Este proceso no se da per se, la organización de la distribución y del trabajo comunitario como de la organización militar, por parte de un sector o determinados individuos, es necesario para la pervivencia y desarrollo de la propia comunidad. Pero este poder que emerge de su función social tiende a independizarse de tal manera que pueda desarrollarse como poder sobre la sociedad, es decir, poder de explotación, la capacidad de extracción de excedentes para fines y reproducción propia. Más adelante Engels afirma: “Pero con la diferencia en la distribución aparecen las diferencias de clase. La sociedad se divide en clases privilegiadas y perjudicadas, explotadoras y explotadas, dominantes y dominadas, y el Estado —que al principio no había sido sino el ulterior desarrollo de los grupos naturales de comunidades étnicamente homogéneas, con objeto de servir a intereses comunes (por ejemplo, en Oriente, la organización del riego) y de protegerse frente al exterior— asume a partir de ese momento, con la misma intensidad, la tarea de mantener coercitivamente las condiciones vitales y de dominio de la clase dominante respecto de la dominada.”

Esto no supone un proceso libre de contradicciones, entre las lógicas de la economía familiar basadas en la redistribución y desarrollo de intereses particulares. Más bien debemos pensar un desarrollo dinámico, envuelto en estas contradicciones. El derecho al poder político tarde o temprano puede desarrollarse en su correlato económico, es decir aspectos diferenciados en la forma producción y reproducción de cada estamento en virtud de su relación con los medios de producción. Esto no significa una mirada evolucionista de la formación del Estado, por el contrario, su concreción está determinada en última instancia por el desarrollo de dichas contradicciones como posibilidad contingente que se habilita por el acceso diferenciado a los recursos. Como reflexiona Marshall Shalins [3], un allegado a Service, resulta un proceso complejo para el estamento superior imponer sus objetivos al conjunto en la medida que se presentan fuerte contratendencias al autoritarismo. Este proceso no puede ser pensado solo con el ejercicio de la violencia (real o simbólica) sino también con la capacidad del jefe de presentarse como portador del interés general de la comunidad: “parte de su trabajo excedente pertenece a la comunidad, que en definitiva aparece como una persona. Este trabajo excedente se efectúa al mismo tiempo como tributo y como trabajo común para la gloria de la unidad, en parte para la del déspota, en parte para la de la entidad tribal imaginaria del dios” [4].

En definitiva, la visión de Service sobre las nociones de Engels en la formación del Estado como un mero aparato represivo, es una caricaturización, consciente o no, sobre la complejidad explicativa del marxismo extraída de dos párrafos de El origen de la familia, la propiedad privada y el estado.

El caso Azteca

Analizar la formación del Estado mexicano implica una dificultad, en la medida que no involucra la conformación de un Estado primitivo, ya que la tribu mexica, anteriormente nómada, se asienta en un mapa político de distintos altépetl (ciudad-estado). En este sentido podríamos pensar como hipótesis que la inserción en esa coyuntura de los mexicas como subsidiarios de los tepanecas, aceleró el proceso de diferenciación estamental, permitiendo la conformación de clases.

Siguiendo los estudios de Pedro Carrasco [5], podemos distinguir dos principales clases estamentales [6]: Existen pipiltin (nobles) y macehuales (plebeyos). El tlatoani (rey) tiene tierras propias trabajadas por macehuales los cuales le tributan. A la vez el tlatoani le asigna tierras a los pipilitin y con ellas también macehuales para que las trabajen y tributen. Esto significa una ruptura con la lógica anterior de acceso a la tierra, el calpulli (antigua organización comunitaria) ya no es propietario de la tierra sino más bien poseedor de la misma. Hay una diferencia cualitativa, aunque no se modifique la estructura interna de organización del trabajo del calpulli. Este ya no tributa para el común sino para un sector aristocrático por fuera de la antigua lógica de parentesco, inclusive desplazando las formas de organización democrática primigenias, sin que ello signifique la disolución de la comunidad. De esta forma, es importante recuperar la noción de clase, no solo de estamento, para pensar a la organización mexica. El acceso a los medios de producción, se encuentra ligado a una relación de explotación de la clase que ejerce el control político y económico. La nueva sociedad de clases resignifica la capacidad productiva de la antigua comunidad aprovechándola y negándola al mismo tiempo. A la par se desarrolla un proceso de centralización in crescendo con la configuración de, por ejemplo, la burocracia estatal. Desde mi punto de vista, estudios sobre la diferenciación, funciones y privilegios de los sectores guerreros de la sociedad mexica desde la entronización del primer tlatoani, serían beneficiosos para comprender de forma más acabada el surgimiento de clases en la civilización azteca.

A modo de conclusión

Este artículo no pretende resolver el debate historiográfico sobre el surgimiento del Estado precapitalista, sino reintroducir la dificultad que acarrea el abandono del concepto de clase. El primer problema emana del abordaje de las estructuras políticas sin considerar en estas las relaciones sociales de producción. De allí se desprenden dos nuevos inconvenientes: Por un lado una aparición abrupta cuasi mágica de las clases con el Estado y por otro, prescindir de ellas en los estudios históricos o, aun peor, negar su existencia. El no considerar a las sociedades precapitalistas como sociedades de clase nos llevaría al absurdo de pensar que la única sociedad de clases en la historia de la humanidad es la sociedad capitalista. Esta confusión se puede deber al carácter único de la conformación del modo de producción capitalista que destruye los lazos comunitarios [7], separando a los sujetos de los medios de producción. En el capitalismo, por primera vez, se constituyen las clases en forma económica pura. Por ello, buscar clases íntegras [8] antes del capitalismo acarreara un trabajo infructuoso.

Por otra parte, como hemos mencionado, la consideración mecánica del Estado como un instrumento de coacción física de una clase dominante sobre otra es analíticamente limitada y no da cuenta de la complejidad de las relaciones sociales que cada pueblo en un momento dado. Debido a esto, el planteo del surgimiento del Estado con la finalidad de blindar posiciones políticas nos puede llevar un paso al vacío. ¿Que disputan los que disputan el poder? ¿El poder mismo? Por el contrario ¿no podríamos entender el proceso como conflictos entre facciones de clases en formación que se disputan, a su vez, la capacidad de extracción de trabajo excedente a otros sectores de la población? Esto no quiere decir que las elites actúen con motivaciones puramente económicas. De nuevo, están constituidas también en lo estamental, sus privilegios están ligados a concepciones del ordenamiento social que al menos en un primer momento comparten dominantes y dominados, y por tal no deben desmerecerse. Inclusive porque estas cosmovisiones contribuyen a legitimar las separaciones estamentales-clasistas, y su contenido de explotación, en sociedades donde la extracción de excedentes no posee un carácter tan oculto como en el modo de producción capitalista. De esta forma, lo estamental constituye un atributo de las clases: el privilegio, la preeminencia y la superioridad no son meros elementos simbólicos sino que hacen a su posición dentro de las relaciones de explotación: es en esos elementos en los cuales se funde su capacidad de extraer excedente de la masa de productores no privilegiados. De aquí que podamos comprender al Estado en su carácter de clase.



[1Service, Elman, 1990. “Los orígenes del Estado y la civilización. El proceso de la evolución cultural.” Madrid: Alianza Editorial.

[2Engels, Friederich, 1878 “la revolución de la ciencia de Eungenio Dühring (Anti-Dühring)” disponible en: https://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/anti-duhring/index.ht

[3Ver Sahlins, Marshall. 1979. “Hombre pobre, hombre rico, gran hombre, jefe:tipos políticos de Melanesia y Polinesia”. En Antropología Política, J. R. Llobera (comp.), 267-288, Barcelona: Anagrama.

[4Marx, Karl 1974 “Formaciones económicas precapitalistas” Buenos Aires, Editorial Polémica pág. 10

[5Carrasco, Pedro, 1978. "La economía prehispánica de México." En Ensayos sobre el desarrollo económico de México y América Latina, 1500-1975, Enrique Florescano (comp.) México: FCE

[6El autor no utiliza el concepto de clase estamentaria.

[7Ver Luchia, Corina (2018) Marx, la comunidad y la historia, IdZ Nº 43 (Junio-Julio 2018)

[8En el sentido, de entenderlas no solo como relación de producción sino con la potencial capacidad subjetiva de desarrollar conciencia sobre su situación.







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