Cultura

DEL 7 AL 13 DE ENERO DE 1919

Ante un nuevo aniversario de La Semana Trágica

En la semana del 7 al 13 de enero de 1919, la clase obrera en Argentina escribirá en sus páginas uno de los capítulos más heroicos y sangrientos de la historia. “Creo que el pánico cundió más entre la clase burguesa que entre los obreros. Porque los obreros ponían el pecho, los otros estaban todos resguardados”. Así nos relata Vicente Francomano, protagonista de aquellas jornadas. En este audio-informe del programa radial Pateando el Tablero compartimos su relato y el del escritor e historiador Osvaldo Bayer*.

Pateando el Tablero

@pateandotv

Sábado 9 de enero de 2016 | Edición del día

Cuando los obreros se atrevieron

La marcha de las revoluciones en el continente europeo, con la Revolución Rusa a la cabeza, tuvo su resonancia también en la Argentina. El país desde 1916 estaba gobernado por Hipólito Yrigoyen, de la Unión Cívica Radical, primer presidente elegido por el sufragio universal masculino.

Una huelga general, con epicentro en la Capital Federal, que se extenderá a parte del territorio argentino, infundirá temor a las clases dominantes y su personal político. Desde hacía más de un mes los trabajadores de los talleres metalúrgicos Pedro Vasena se hallaban en huelga. Sus demandas eran la reducción de la jornada laboral de 11 a 8 horas, aumento salarial, la vigencia del descanso dominical y la reincorporación de los obreros despedidos al iniciarse la huelga.

La empresa era una de las más importantes del país, empleaba cerca de 2.500 obreros metalúrgicos. La mayor parte del paquete accionario estaba en manos de capitales británicos. Los talleres estaban ubicados en el barrio de San Cristóbal de la Capital Federal, entre las calles Cochabamba y La Rioja, donde hoy se encuentra la plaza Martín Fierro.

El escarmiento

El 7 de enero de 1919 la huelga continúa firme. Un grupo de carneros se trasladan desde los depósitos de la empresa, ubicados entre las calles Pepirí y Santo Domingo, cerca del Riachuelo, hacia las oficinas centrales, llevando materia prima a los talleres. La policía los custodiaba. Un grupo de trabajadores en huelga, acompañados por mujeres y niños, intentan detener a los rompe-huelgas. Pero éstos no se detienen y junto a la policía y los bomberos deciden darles un escarmiento a los huelguistas. Los fusiles máuseres, pistolas y carabinas son dirigidas contra los trabajadores. El empedrado de las calles se tiñe de sangre. La refriega deja un saldo de cuatro muertos, incluso uno de ellos de un sablazo en la cabeza.

Durante la noche de ese 7 de enero la indignación hace que miles de obreros concurran a los locales donde se velaban a los trabajadores asesinados. El movimiento obrero estaba organizado en dos centrales sindicales. La FORA IX Congreso y la FORA V Congreso. Así lo explica el escritor e historiador Osvaldo Bayer: “La central obrera se había divido en dos partes, bastante años antes. En la FORA del V Congreso que tenía como principio, como carta fundamental, los principios del comunismo anárquico, es decir, anarquistas. Mientras que la FORA IX Congreso eran los denominados socialistas libres, perdón, sindicalistas libres, también llamados revolucionarios aunque eran muy pocos revolucionarios”. La FORA IX Congreso, durante todas estas jornadas, actuó en común con el Partido Socialista, conciliando con el gobierno de Yrigoyen y evitando por todos los medios el avance de la clase obrera hacia la lucha política.

Cuando la chispa enciende la mecha

El sindicato metalúrgico llama a la huelga de todo el gremio. El 8 de enero en los talleres y en los establecimientos de toda la ciudad se palpita la solidaridad con los metalúrgicos. Las dos centrales obreras decretan el paro general.

El 9 de enero, día del entierro de los trabajadores caídos, Buenos Aires queda paralizada. Así lo relata Francomano: “En Boedo, en Constitución, Barracas, La Boca, todo eso estaba convulsionado. Así se inicio la gran huelga. Esto fue a la mañana, a la tarde ya estaba todo paralizado”. Desde temprano los trabajadores se lanzan a las calles para garantizar el paro. En distintas zonas se organizan actos callejeros. El paro general logra una magnitud extraordinaria. Los huelguistas rodearon la empresa Vasena. En el interior se encontraban representantes de la FORA IX Congreso reunidos con la patronal para negociar las condiciones para un acuerdo. El directorio de la empresa estaba custodiado por matones.

A la tarde, el cortejo fúnebre parte de Nueva Pompeya hacia Chacarita acompañado por una multitud. Algunos estiman que los participantes llegan a las 200 mil personas. “En las calles Corrientes y Gascón se asalta una armería. Pero sin control ninguno, uno se llevaba la escopeta, otro cartucho, uno el revólver y otro la bala”, nos cuenta Francomano.

La policía y los bomberos contaron con la colaboración infaltable de la Iglesia. Al llegar a la esquina de Corrientes y Yatay los trabajadores responden a la provocación del cura de la iglesia ubicada en ese lugar. Una vez más Francomano nos relata: “Entonces se quiere entrar a la iglesia y los compañeros vieron que allí un cura con un revólver mata a un chico. Vienen los bomberos y dicen ‘venimos por el incendio’ pero debajo de la manguera y demás traían los máuseres”.

A las 17 hs el cortejo llega a la Chacarita. Mientras salen delegados de la FORA IX Congreso la policía y los bomberos armados atrincherados en los murallones balearon impunemente a la multitud. A pesar de su inferioridad en armamento los trabajadores intentan defenderse. El entierro terminó en una verdadera masacre obrera.

¿Quién es el dueño de casa?

La represión desató la ira y la combatividad de los trabajadores. Al alejarse de la Chacarita los trabajadores se enfrentan a las fuerzas de la represión disparando contra la policía y tomando comisarías. Al conocerse los hechos en la fábrica Vasena, comienza un gran tiroteo entre los huelguistas y las fuerzas represivas. Sobrepasada la policía interviene el ejército. La intervención del ejército estaba prevista por el presidente Hipólito Yrigoyen. Ese mismo 9 de enero Yrigoyen nombra al general Luis Dellepiane comandante militar de la Capital Federal. Asimismo, el Partido Conservador exigirá que el gobierno actué de manera firme. La huelga general se extenderá y con ello el temor de las clases dominantes.

El 10 de enero la ciudad amanece totalmente paralizada. La huelga y la combatividad obrera se van extendiendo en diversos puntos del país. La represión también se hará presente. En este caso por orden del gobierno se despliegan además de la policía alrededor de 30 mil efectivos del ejército y dos mil de la marina. También se hará presente la recientemente formada organización fascista llamada “Defensores del Orden”, nombre inicial que tomara la conocida Liga Patriótica. La base de esta organización estaba conformada por los niños “bien”: jóvenes de las clases pudientes. Se sumaron radicales, liberales, conservadores y clericales. La fundación de esta banda paramilitar fue el 10 de enero en el centro naval dirigido por el almirante Domecq García, para colaborar estrechamente con la Policía, el Ejército y la Iglesia. Y así lo hicieron, matando a obreros a sangre fría y, sobre todo, tenían una particular saña contra la comunidad judía, formando verdaderos pogromos en la Argentina de aquellos años.

El régimen se rearma y asesta su golpe

La huelga continuaba y ante el peligro de que se extendiera aún más, el Gobierno de Yrigoyen se reunió con el embajador inglés y con Pedro Vasena para pedirle que accediera al reclamo de los trabajadores. Finalmente Vasena accedió. Más tarde el Gobierno se reúne con la FORA IX Congreso y el Partido Socialista para levantar el paro. Estos aceptan la propuesta.

Pero el clima entre los trabajadores era muy distinto. Era el momento para conseguir sus reivindicaciones y por eso continúan con el paro. Coinciden con el llamado de la FORA V Congreso. La huelga continúa los días siguientes, pero con el correr de los días va perdiendo fuerza. Divididas sus organizaciones, con la conducción de la FORA V Congreso en la clandestinidad y sin tener objetivos claros, la represión se va adueñando de las calles. Yrigoyen declara el estado de sitio. El 13 de enero la mayoría de los trabajadores vuelve a sus puestos. Algunas fuentes sostienen que en el transcurso del movimiento fueron asesinadas entre 700 y dos mil personas, heridas más de cuatro mil y detenidas unas 55 mil en todo el país. La isla Martín García fue la antesala de la deportación para de los extranjeros, mientras que a los argentinos los reclutaron en el penal de Ushuaia. Nunca pudo saberse con certeza el número de trabajadores muertos, ya que la bancada radical en el Congreso -aliada a los conservadores- obstaculizó toda la investigación sobre la represión. Culminaba así lo que luego se llamó “La Semana Trágica”, hechos que quedaron marcados en la combatividad y la tradición de la clase obrera en nuestro país.

* Este artículo fue publicado el 9 de enero de 2015.







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