Sociedad

A 100 AÑOS REVOLUCIÓN RUSA

La revolución rusa y la relación de fuerzas internacional entre el capital y el trabajo

La revolución rusa constituye el acontecimiento político más importante del siglo XX. La fuerza de las ideas de la revolución de octubre obligó al imperialismo a redefinir sus estrategias de dominación política y social.

Vicente Mellado

Licenciado en Historia U.Chile, y Director del Centro de Estudios de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (CEFECh)

Jueves 9 de marzo

La revolución rusa de 1917 constituye el acontecimiento y proceso político más importante del siglo XX. Como afirmó Eric Hobsbawm, “la revolución de octubre originó el movimiento revolucionario de mayor alcance que ha conocido la historia moderna” (Historia del siglo XX, p. 63).

Su fuerza reside en el enorme potencial político de la estrategia de emancipación de los explotados y oprimidos surgida en las calles de Petrogrado en 1917. Desde ese momento, en diversos grados, toda la política de los Estados capitalistas hacia las “clases no propietarias” se vio modificada. El principal cambio fue en torno a la relación con los trabajadores y sectores populares urbanos: el capital tuvo que redefinir sus estrategias de control social.

Teniendo en cuenta lo anterior, resulta evidente que a 100 años de este proceso histórico los intelectuales burgueses de distinto tipo —de sensibilidad conservadora, liberal o socialdemócrata— hayan iniciado una fuerte ofensiva contra las lecciones de la revolución rusa.

Queremos ser enfáticos en esto y lo repetiremos una y otra vez en los artículos que sigan: no hay nada más peligroso y horroroso para los empresarios y sus intelectuales que los trabajadores y oprimidos del mundo construyan nuevas estrategias de emancipación tomando como lección o referencia la gran revolución de 1917.

Lo podemos observar en toda la prensa de los países imperialistas como semicoloniales. Chile no ha sido la excepción. La ofensiva “anti revolución rusa” y “anti bolchevique” de las intelligentsias neoliberal y socialdemócrata la veremos todo el año 2017.

Por esto, desde la Izquierda Diario ya iniciamos una gran ofensiva desde el marxismo reivindicando la revolución rusa para los explotados y oprimidos del mundo. Para cumplir este objetivo inauguramos un sitio web dedicado a la revolución. Se puede acceder al sitio en este link: http://www.laizquierdadiario.com/revolucion-rusa/.

La modificación de la relación de fuerzas internacional entre el capital y el trabajo

Durante el periodo de 1917 a 1923, la revolución rusa tuvo una tremenda repercusión en el mundo. Logró dotar de nuevas ideas a los batallones proletarios de los cinco continentes, pero no pudo expandirse pasando la posta a nuevas revoluciones socialistas triunfantes. No importa si eran anarquistas o socialistas. La simpatía con la hazaña de los bolcheviques en octubre fue universal. La oleada revolucionaria se sintió con gran fuerza en los países centrales, ya fuese en revoluciones o huelgas de masas semi insurreccionales: Alemania en 1918, Seattle en 1919, Italia en 1920, España entre 1917 y 1919. En la periferia se produjeron alzamientos estudiantiles de masas, en países tan diferentes como China (Beijing en 1919) y Argentina (Cordobazo de 1918). En América, desde las minas de Minnesota en Estados Unidos hasta el árido desierto de Atacama en Chile, miles de obreros se convirtieron al comunismo. Por su parte, la respuesta de los estados capitalistas, en particular el imperialismo norteamericano, fue rápida y parcialmente efectiva.

Más allá de la respuesta coercitiva del imperialismo contra las huelgas y alzamientos populares, merece gran atención la creación de una nueva estrategia de neutralización y contención de movimientos revolucionarios que pusieran en peligro el derecho de propiedad privada de los medios de producción. Esta pudo verse plasmada en dos instituciones de gran relevancia: la creación de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la fundación de la República de Weimar en Alemania. Ambas en 1919. En pleno proceso de cercamiento militar de la revolución rusa por parte del imperialismo norteamericano y europeo.

La importancia estratégica de la OIT y Weimar es evidente. La primera reconoció los derechos laborales como derechos universales de la humanidad. La segunda, junto a la revolución mexicana de 1910-1917, fue el primer experimento de desarrollo de un “Estado de derechos sociales”, antecedente del Welfare State.

La constitución de Weimar contempló por primera vez el reconocimiento al derecho al trabajo y su protección, así como la obligación del Estado de garantizar un sistema de seguridad social y asistencia en salud. A partir de ese momento todos los gobiernos regidos por sistemas políticos liberal parlamentarios introdujeron estos principios en sus constituciones. No solo los países centrales, sino que también la periferia capitalista los adoptaron—uno de los aspectos fundantes de la Constitución política de Chile de 1925 fueron los derechos sociales consagrados en Weimar.

Sin embargo, mientras la garantía del ejercicio del derecho de propiedad privada de los medios de producción sea el principio orientador del constitucionalismo, los antagonismos sociales son inevitables. Por ello, la otra cara de la moneda de la Constitución de Weimar fue asegurar el más vigoroso autoritarismo presidencial en caso de que los trabajadores cuestionaran el derecho de propiedad. El Presidente de la República tuvo pleno derecho de vetar leyes emanadas del Parlamento y decretar Estado de sitio si así lo estimara necesario (art 48). No podía ser de otro modo.

El constitucionalismo social surgido de la revolución mexicana y de Weimar tuvo por objetivo armonizar el reconocimiento de derechos sociales y democráticos con el derecho de propiedad privada de las empresas, es decir, con el derecho de explotar fuerza de trabajo. Esto produjo un equilibrio inestable entre el capital y trabajo en los regímenes democráticos, el que estuvo a punto de quebrarse en favor de los trabajadores con los procesos revolucionarios de entre guerras (caso de España) y de la posguerra (Chile en 1973).

De este modo, el proceso revolucionario ruso modificó en términos parciales la relación de fuerzas internacional entre el capital y el trabajo. La Rusia soviética se convirtió en una posición de avanzada de los explotados y oprimidos a nivel mundial. El trabajo estuvo en una mejor relación de fuerza para enfrentar al capital. De allí en adelante, ningún movimiento laboral y campesino en cualquier parte del mundo sería abordado del mismo modo por los gobiernos y los empresarios. Como dijo Göran Therborn, "el siglo XX fue el siglo de la clase obrera". Por lo menos hasta la década de 1980.






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