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La Revolución cubana contada en primera persona

El 9 de octubre se cumplieron 53 años del asesinato del Che. Elegimos “Pasajes de la guerra revolucionaria”, el intento de Guevara por plasmar, a partir de su experiencia, una historia de la revolución cubana.

Facundo Aguirre

IG: @hardever // Twitter: @facuaguirre1917

Martes 13 de octubre | 00:00

Fotomontaje: Ana Laura Caruso

La primera edición de Pasajes de la guerra revolucionaria data de 1963. Sin embargo, fue viendo a luz bajo la forma de diferentes artículos entre los años 59 y 61, en las publicaciones O’Cruceiro de Brasil y Verde Olivo y Revolución de Cuba.

De entrada, Guevara describe que la base estructural de la revolución y los motivos que lo empujaron a unirse al Movimiento 26 de Julio (M26) están dados por la acción del imperialismo y las oligarquías nativas: “Esta marea, este fluir y refluir del oleaje imperial, se marca por las caídas de gobiernos democráticos o por el surgimiento de nuevos gobiernos ante el empuje incontenible de las multitudes. La historia tiene características parecidas en toda América Latina: los gobiernos dictatoriales representan una pequeña minoría y suben por un golpe de estado; los gobiernos democráticos de amplia base popular ascienden laboriosamente y, muchas veces, antes de asumir el poder, ya están estigmatizados por la serie de concesiones previas que han debido hacer para mantenerse”.

El Che vivirá el fracaso de los experimentos democráticos, en particular el de Jacobo Arbenz en Guatemala, donde participa de la Alianza de la Juventud Democrática, organización juvenil del estalinista Partido Guatemalteco del Trabajo, sosteniendo que es necesario armar al pueblo para enfrentar un intento de golpe patrocinado por la CIA en 1954. La victoria del golpe y la capitulación de Arbenz dieron la razón al planteo del futuro líder guerrillero y se puede generalizar al conjunto de América Latina. En Argentina, en 1955, la Revolución Libertadora va a triunfar frente a la capitulación de Juan Domingo Perón, quien antes de armar a los trabajadores que le exigían armas para resistir, huye en una cañonera paraguaya aportada por el dictador Alfredo Stroessner. Años más tarde la revolución cubana va a mostrar por la positiva que solo el armamento generalizado de la población puede derrotar los ataques de la reacción y el imperialismo.

Los barbudos de Sierra Maestra

En Pasajes de la guerra revolucionaria se entrecruzan, las vivencias y recuerdos personales del Che, el relato de las peripecias y desventuras de los guerrilleros en la Sierra Maestra. El hilo conductor es señalar que el origen de la revolución está en la decisión de combate de los guerrilleros. Una posición que se va a transformar en teoría a posteriori de la revolución cuando sostenga que el foco puede crear las condiciones revolucionarias. El papel de las masas solo es apreciado como el de una fuerza auxiliar de la guerrilla.

En el texto se van esbozando los diferentes momentos de la lucha guerrillera en la Sierra y cómo los guerrilleros se van asentando y cambiando su fisonomía: “La idea de la reforma agraria se hizo nítida y la comunión con el pueblo dejó de ser teoría para convertirse en parte definitiva de nuestro ser. La guerrilla y el campesinado se iban fundiendo en una sola masa, sin que nadie pueda decir en qué momento del largo camino se produjo, en qué momento se hizo íntimamente verídico lo proclamado y fuimos parte del campesinado”.

En 1957 van a producirse cambios que dan fuerza al proyecto del M26. En el Llano se producen intentos de lucha armada urbana y hay estallidos en las ciudades. En marzo de 1957 las fuerzas del Directorio Revolucionario Estudiantil atacan el Palacio presidencial con el objetivo de asesinar a Batista. En julio se produce el asesinato del dirigente urbano del M26, Frank Pais, provocando una huelga general que va a ser sofocada pero que despierta la activa oposición social contra la dictadura. En septiembre se levanta la Base Naval de Cienfuegos bajo el auspicio del imperialismo yanqui, ya enfrentado a Batista. Todo este cuadro habla de la existencia de una gran crisis y descomposición de la dictadura, que es el trasfondo de porque la guerrilla logra subsistir en la Sierra.

El fracaso de la huelga general del 9 de abril de 1958 planificada por el Ejército Rebelde y su brazo sindical el Frente Obrero Nacional, convence a Batista de lanzar una contraofensiva sobre la Sierra que será derrotada a pesar de la asimetría de fuerzas debido no solo a la resistencia de los guerrilleros sino a la extensión y profundidad de la oposición urbana a la dictadura (ver, “Revolución cubana: el fracaso de la huelga general del 9 de abril de 1958”). En agosto de 1958 el Ejército Rebelde inicia la contraofensiva que va a culminar en las batallas de Las Villas y Santa Clara donde una combinación de lucha guerrillera e insurgencia popular asestará los golpes decisivos que terminen de quebrar a las FFAA e indiquen el inicio de la marcha hacia La Habana y la toma del poder.

La Sierra y el Llano

Pasajes de la guerra revolucionaria ofrece un panorama general de la división política dentro del M26 entre la Sierra y el Llano, entre la dirección de Fidel y la dirección urbana del movimiento, entre las tendencias que expresan la ligazón del movimiento con una revolución agraria y las tendencias conciliadoras con los partidos de la oposición.

Para el Che la discusión se centra sobre el epicentro de la lucha y los términos de la constitución del frente común contra Batista. Guevara piensa que la clave de la lucha está en la Sierra porque allí se encuentran las mejores condiciones geográficas y sociales para enfrentar militarmente al Ejército y considera impotentes los intentos de insurrección urbana, “Las grandes matanzas de civiles, los fracasos repetidos y los asesinatos cometidos por la dictadura en distintos aspectos de la lucha que se han analizado indicaba que la acción guerrillera en terrenos favorables era la expresión más acabada de la técnica de la lucha popular frente a un gobierno despótico y fuerte todavía, y la menos dolorosa para los hijos del pueblo”.

La huelga general de la ciudad de Santiago tras la muerte de Frank Pais, empuja al M26 a tomar en cuenta el papel de la clase obrera. El Che, en el texto Proyecciones sociales del Ejército Rebelde, sostiene que este movimiento “… sirvió para que nos diésemos cuenta que era necesario incorporar a la lucha por la liberación de Cuba al factor social de los trabajadores, inmediatamente comenzaron las labores clandestinas en los centros obreros para preparar una huelga general que ayudara al Ejército Rebelde a conquistar el poder”. La ausencia de una política obrera quizó ser superada intentando una huelga general con métodos artificiales el 9 de abril de 1958. El Che nos relata que “El 9 de abril fue un sonado fracaso que en ningún momento puso en peligro la estabilidad del régimen. No tan sólo eso: después de esta fecha trágica, el gobierno pudo sacar tropas e ir poniéndolas gradualmente en Oriente y llevando a la Sierra Maestra la destrucción”. La falta de una política de autodeterminación de la clase obrera llevará a la alianza con los estalinistas del Partido Socialista Popular que habían participado apenas una década atrás en los gabinetes de Batista. Consolidada la revolución, esta alianza resultará funesta para el desarrollo de una democracia de obreros y campesinos y será la base de la consolidación de una burocracia gobernante.

El pecado de la revolución

La otra discusión es el acuerdo con los partidos conciliadores, o, mejor dicho, los términos de dicha alianza, ya que la misma es impulsada por Fidel y se expresa en dos documentos: “El manifiesto de la Sierra Maestra” y el “Pacto de Caracas”. El primer documento citado en el libro señala que “Unir es lo único patriótico en esta hora. Unir en lo que tienen de común todos los sectores políticos, revolucionarios y sociales que combaten la dictadura. ¿Y qué tienen de común todos los partidos políticos de oposición, los sectores revolucionarios y las instituciones cívicas? El deseo de poner fin al régimen de fuerza, las violaciones a los derechos individuales, los crímenes infames y buscar la paz que todos anhelamos por el único camino posible, que es el encauzamiento democrático y constitucional del país”. En el mismo texto hacen una declaración de sus intenciones tibiamente nacionalistas al plantear que “el Frente Cívico Revolucionario no invoca ni acepta la mediación e intervención alguna de otra nación de los asuntos internos de Cuba. (...) y pide al gobierno de los Estados Unidos que en tanto persista el actual régimen de terror y de dictadura, suspenda todos los envíos de armas a Cuba”. Según cuenta el Che, Fidel le comentó que insistió, sin éxito aparente, que se planteara el tema de la reforma agraria. En 1958, el M26 firma el Pacto de Caracas con las fuerzas de oposición en términos similares al Manifiesto de la Sierra Maestra. Como se puede observar un planteo democrático anti-dictatorial, cuyo sujeto era la burguesía y la pequeña burguesía cubana.

En las discusiones sobre los documentos con las fuerzas opositoras se acuerda que el hombre llamado a ocupar la presidencia provisional de Cuba era el ex juez Manuel Urrutía, a quien la revolución invita como presidente para que poco después se pase al campo del imperialismo. También se estipulaba que la base de las nuevas FFAA serían las fuerzas del Ejército Rebelde. A este periodo de búsqueda de alianzas con quienes resultarán enemigos de la revolución. el Che lo describirá de la siguiente manera: “se plantearon divergencias serias que culminaron a veces en cambios de palabras violentos; pero siempre nuestra aparente cordura revolucionaria primaba y cedíamos en bien de la unidad. Manteníamos el principio. No permitíamos robar ni dábamos puestos claves a quienes sabíamos aspirantes a traidores; pero no los eliminábamos, ni dábamos todo en beneficio de una unidad que no estaba totalmente comprendida. Ese fue un pecado de la Revolución”.

La revolución de contragolpe

Pasajes de la guerra revolucionaria es un texto para conocer el desarrollo de la lucha en la Sierra Maestra y para comprender los límites originales del M26, su programa democrático-burgués y la alianza con los partidos de la burguesía. No es un intento de reconstrucción teórica de la revolución cubana, aunque se pueden apreciar los primeros rudimentos de la concepción guerrillerista del Che.

Su lectura permite comprender cuáles son las fuerzas que empujaron adelante el proceso revolucionario cubano, cuyo enfrentamiento se repite en el conjunto de América Latina. Por un lado, la brutal opresión imperialista y de las oligarquías criollas y, por el otro, la revolución agraria y la huelga general revolucionaria, unificadas en la insurrección popular que permiten la derrota de las FFAA y con ella la liberación de la energía revolucionaria de las masas.

El texto del Che no se concibe como una interpretación teórica de la lucha revolucionaria. La razón hay que buscarla en que la misma no fue preparada como una revolución socialista consciente, sino concebida como una revolución política democrática que por el enfrentamiento de fuerzas hostiles entre sí se radicalizó y avanzó a la expropiación de la burguesía. Esta dinámica tiempo después Guevara la definirá como una"revolución de contragolpe. El concepto sirve para entender no solo la excepcionalidad de una dirección pequeñoburguesa va a superar su programa democrático original, sino también para comprender los límites por los cuales el nuevo Estado no dio lugar a la democracia de obreros y campesinos, sino a una burocracia basada en el partido único.

En Pasajes de la guerra revolucionaria Guevara rescata la pasión y entrega de los combatientes cubanos que protagonizaron la lucha del pueblo cubano. Fundamental para comprender una revolución que marca un antes y un después en la historia de América Latina, señalando el camino de la revolución socialista para derrotar al imperialismo. (ver, “La revolución permanente en Cuba”).







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