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La respuesta de las “calles” al giro a la derecha de los “gobiernos progresistas”

De Buenos Aires a Brasilia (pasando también por Caracas, La Paz o Quito) los llamados “gobiernos progresistas” están profundizando su giro a derecha buscando “sintonizar” con la clase dominante que reclama más “orden” para retomar el camino del “crecimiento”.

Diego Sacchi

@sac_diego

Sábado 18 de abril de 2015 | Edición del día

Foto: Movilizaciones en Brasil

Estos procesos no se dan todos por igual. El gobierno de Dilma atraviesa una crisis política y económica que está transformando a Brasil en el eslabón débil de Latinoamérica. Su nuevo mandato, marcado por las Jornadas de Junio del 2013, le han dado una debilidad de “nacimiento” para aplicar el ajuste.

Maduro logró retomar la iniciativa luego del ataque que significaron las sanciones norteamericanas, pero la situación en Venezuela continúa lejos de estabilizarse.

Sumado a que las perspectivas de crecimiento apenas del 1% para la región dan poco margen y hasta el intento tardío de desvío mediante un discurso progresista con Bachelet en Chile ya comienza a estar en crisis. Seguramente los altos índices de aprobación que mantienen CFK, aprovechando que la crisis no ha golpeado de lleno en la economía argentina y dejando el ajuste para el próximo gobierno, son la envidia de sus colegas.

El fin de la bonanza, el ajuste vía inflación y recorte a los derechos conquistados durante los últimos años han hecho crecer el descontento en amplios sectores.

Hemos visto a la oposición de derecha patronal buscando canalizar esta “disidencia” mediante las movilizaciones callejeras en Argentina alrededor de la muerte del fiscal Nisman, en Brasil reclamando el impeachment de la presidente Dilma o en Venezuela aprovechando la crisis económica. Esta agenda marcada por la derecha permitió que los defensores del relato oficial plantearan el peligro de una “restauración conservadora” como antítesis a los gobiernos progresistas y sus “transformaciones”.

En las últimas semanas ha surgido un proceso novedoso. El paro del 31 de marzo en Argentina y las movilizaciones contra la reforma laboral en Brasil han sido grandes pronunciamientos obreros, a los que podemos sumar la movilización estudiantil en Chile, que comienzan a mostrar en las calles, con las diferencias entre cada país y todavía de forma intermitente, la ruptura política de los sectores que durante años fueron la base sobre la que se apoyaron los gobiernos progresistas. Estas acciones impusieron en la política nacional una “agenda social” marcada por los reclamos obreros y los sectores populares.

En Argentina y Brasil, sabiendo las muchas diferencias entre lo que sucede en ambos países, hay puntos de contacto en este proceso de movilización que se viene profundizando especialmente en el movimiento obrero. La situación económica más crítica en Brasil aceleró los ataques del gobierno contra los trabajadores, mientras que en Argentina el reclamo contra el “impuesto al salario” ha servido como catalizador de la bronca contra la inflación y la precarización laboral. Los paros y movilizaciones llamados en uno y otro país son una respuesta a la creciente bronca y descontento de amplios sectores del movimiento obrero que se niegan a perder las conquistas de los últimos años. La acción de la burocracia sindical es la que impide el desarrollo de un proceso de movilización obrera en defensa de sus derechos.

Un año marcado por la disputa electoral en Argentina y con el gobierno sin necesidad en lo inmediato de avanzar sobre las conquistas de los trabajadores, permiten a la burocracia sindical llamar a paros aislados y sin continuidad. Mientras intenta canalizar el descontento para llevarlo tras alguna de las variantes electorales patronales oficialistas u opositora. En Brasil la CUT intenta amortiguar el choque entre la insatisfacción popular y las crecientes luchas obreras con los ataques del gobierno del PT. En tierras brasileñas la clase obrera viene dando enormes manifestaciones luchan en los últimos años, la CUT no ha organizado ninguna medida para rodear las huelgas de solidaridad o desarrollar un gran movimiento nacional contra el ajustes implementados por el gobierno.

Lo novedoso que plantean, aún de forma inicial, los paros en Argentina y Brasil, es la posibilidad de que la clase obrera aparezca como sujeto frente a la crisis y en un momento donde el cambio de signo del ciclo económico preanuncia mayores ataques. La recuperación de las fuerzas del movimiento obrero en la última década no es menor y comienza a aparecer, a diferencia de la crisis que llevó al fin de los gobiernos neoliberales, como un importante sujeto político.

Las grandes acciones obreras en Brasil y Argentina, junto a la intervención del movimiento estudiantil chileno que parece retomar la experiencia del 2011, muestran que frente a la crisis del "progresismo" no solo hay respuestas "republicanas" como intenta imponer la oposición de derecha. El movimiento obrero y "sus aliados" comienzan a aparecer en escena y configurar un escenario diferente.

Es al calor de este proceso que se inicia, que se abre la necesidad y la posibilidad para la izquierda, de dar batalla por una salida política independiente y por recuperar las organizaciones obreras de las manos de la burocracia sindical.








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