Política Venezuela

TRIBUNA ABIERTA

La república de los clones

Publicamos el artículo de Juan Carlos La Rosa Velazco, integrante de la Organización Indígena Intercultural Wainjirawa. En lengua wayunaiki, el nombre Wainjirawa se puede traducir rápidamente cómo: vamos a trabajar, hagamos, vamos a hacer.

Martes 8 de agosto

Una de las reivindicaciones históricas de la izquierda fue el reconocimiento de los sujetos sociales en su identidad, sin embargo en la consolidación de los estados del bloque oriental socialista, una de las 1eras cargas que hicieron estos estados fue cargarse las identidades nacionales que los integraban y comerse en los conflictos bélicos otras identidades.

Gobiernos y estados regidos por ideologías contrarias habían hecho esto también, después de todo colonizar es destruir la identidad del pueblo despojado de su territorio e imponer a un nuevo padre cultural.

La caída del bloque oriental, además de originada en la ineficiencia de enormes estados burocráticos orientados al control policial de su propia población, que falsearon la representación del poder en el discurso de las democracias obreras y las dictaduras proletarias. También tuvo su réquiem en la tenaz negación y en la opresión de las identidades originarias de los pueblos.

No sólo se cargó con las identidades nacionales o étnicas, sino que el despojo que comienza en el territorio se extiende de inmediato al conocimiento, que se reforma hasta destruirle sus elementos contextuales y raigales y hacerlo “universal” lo que siempre devino en una medicina y una tecnología que te cura o salva de algo, pero que te condena y te enferma de algo nuevo.

Este despojo etnofágico se extendió a los gremios, organizaciones dentro de las sociedades que pudieran representar un peligro contrario a el dominio.

En los años 60 la rebelión juvenil que cuestionó al socialismo real con una renovada rebeldía contra la dominación y la explotación dijo en las paredes de París una reivindicación de las identidades nacionales que el estado francés había sepultado en su conformación colonial, convocando a los alsacianos, bretones, vascos, argelinos y a todos los pueblos subyugados por La Francia a la rebelión.

Cuando La Francia dio su turno de gobernar a las izquierdas, Francois Miterrand convocó a las identidades nacionales dominadas a organizarse y presentar interlocutores propios ante el estado francés, queriendo mostrar en esto una distinción fundamental de un gobierno de izquierda verdadero, y esta política equivaldría todo el conjunto de acuerdos de gobernabilidad con las identidades sectoriales y territoriales de la Francia gobernada por la izquierda. Sin embargo esta propuesta aparentemente protagónica realmente se enunciaba así: no seas tu, sse ti ordenándote de tal forma que puedas conversar conmigo, agrémiate y abandona tu orden salvaje. Mi sastre cocerá tu traje cultural y yo, Francois, lo decretaré hermoso.

Ponemos estos referentes previos, no como ejemplo, sino como precedentes orientadores de lo que hemos denunciado desde La Guarura siempre: la política del chavismo, y la izquierda vencida que se sumó a el, fue la de negar sistemáticamente la identidad de los actores sociales verdaderos, de los sujetos de la lucha social, aún a costa de sacrificar a los que sinceramente los apoyaban, se procedió a negar y suprimir las identidades y “clonarlas”, creando un doble mediático tan asimilado y dócil como virtual.

Es requirió una gran inversión de recursos de la renta para posicionar a estos clones indígenas, campesinos, obreros, gremiales y sociales y criminalizar a los originarios y verdaderos.

Recurso invertidos en la coptación y desmantelamiento, en la implementación de programas de aislamiento de los esfuerzos de lucha, y en represión y criminalización de los rebeldes. Muchos de ellos, la mayoría de estos rebeldes, fueron asesinados para salirle al paso a quien quiera argumentar indolentemente que esta denuncia es un ejercicio ideológico o intelectual.

Ese presupuesto fue pequeño comparado con el invertido en una hegemonía mediática nada “socialista” a juzgar por el surgimiento de un nuevo empresariado comunicacional rojo que construye y trasmite estas narrativas de la invisibilización y la ausencia. Sin embargo la clonación se convierte en reciclaje verbal, se califica al conjunto de la política comunicacional oficial de “contrahegemónica” por algún intelectual decidido a aceptar el compromiso contractual de defender a la humanidad.

Cuando Sabino Romero es apresado y sometido a un aislamiento violento e ilegal, violando todos sus derechos, y quienes lo acompañábamos desde la lucha social dijimos que el gobierno ejecutaba un secuestro y un sicariato judicial contra un defensor de la Sierra de Perijá, en menos de 40 días varias “franquicias” capitalinas del movimiento social que habían creado lo que despectivamente calificamos como “oficinas de acompañamiento de la lucha yukpa”, convocaron a un evento y con los recursos necesarios trajeron a varios hermanos y hermanas barí y yukpa a Caracas para firmar un pronunciamiento que pedía justicia para Sabino y le juraba con la misma tinta lealtad al gobierno que lo había criminalizado y le había montado la trampa que justificaba mediaticamente su encarcelamiento en coincidencia con la oligarquía ganadera y para complacencia del silencioso capital transnacional minero.

Las “organizaciones” o “franquicias”, cómo escribió una vez un operador de ellas, que montaron esto que denunciamos entonces como “paralelo comunicacional” justificaban ya para entonces su existencia como vitrinas sociales del gobierno bolivariano. Aún siguen siendo así y son parte de la burbuja de la clase media capitalina chavista que tanto coincide en escenarios, alienación, miedos y en valores con la clase media opositora.

Después de ese episodio, que equivale a centenares de episodios similares en distintas luchas populares en Venezuela, ya que lo mismo le sucedió a trabajadores y sindicalistas, a campesinos en el Alto Apure y en Yaracuy, el esquema de clonación de actores sociales se convirtió en una sistemática y refinada como pocas política gubernamental, en una operatividad que evidencia que su inteligencia trasciende los límites mediocres de las fronteras burocráticas.

Vimos igualmente como nuestros aliados internacionales eran invitados, a giras y tentados por la generosidad contractual del estado venezolano, teniendo como interlocutores clubes de fans de sus discursos, mientras se reprimía y mataba a los yukpa en el Yaza, una voz cándida recibía a los intelectuales en Caracas y le hablaba de Sabino como si con el viviera, agregando unos toques discursivos de antiburocratismo para darle calor de autenticidad al penoso montaje. Vimos la especialización de las vitrinas de la “revolución bolivariana” y cómo lo que hoy se banaliza como “colectivos” también es un esquema de clonación y supresión de la lucha popular de los barrios de las ciudades.

Y así vamos viendo el desarrollo de este modelo, que camina sólo y seguro que el ser verdadero fue silenciado lo suficiente, se levanta ante el espejo de su habitación de hotel y se maquilla con pintura ancestral y traje rojo para el show del día.

El clón sabe que no debe polemizar, no lo desea, si debe fijar la polémica y demostrar cierta fiereza combativa, debe presentar siempre un petitorio que tenga tres requisitos: 1.-que no pida tierras sino materiales e insumos, 2.-que no pida poder sino asistencia, y 3.- que la escala de administración nunca esté a la altura de la comunidad para que alguien pueda convertir mi petitorio en un negocio.

Ese Show en el Valle de los Clones llamado Caracas va a legalizar una república soñada por la colonialidad en su propia Asamblea Constituyente, donde todos sonríen cómo monigotes dogmáticos en una revista Atalaya. Pero el sistema registra una falla: el paisaje tiene demasiadas tanquetas antimotines y el hambre apenas puede disimularse con banderas.






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