Mundo Obrero

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La represión vista desde la Panamericana

Jueves 23 de octubre de 2014 | 18:00

Son las 18.15 en la carpa de Lear. El ruido de los bombos y redoblantes retumban parejo en esta 12º jornada de lucha. Retumban con la misma persistencia y tenacidad de estos obreros que ya llevan más de 150 días de lucha. Lo hacen sin amedrentarse ante el mismo operativo de seguridad que jornada tras jornada se repite inmutable. El repique monótono de redobles y la dureza anunciada de un conflicto que no se detiene.

Entre los gendarmes está la antesala de la carpa y un desfiladero infernal de vehículos. La Panamericana, punto sensible para el gobierno y escenario ya histórico de la lucha de clases de esta década. Un escenario que el gobierno se empeñó en propiciar porque su voluntad para resolver positivamente es te conflicto es diametralmente opuesta a la de los obreros.

Cae la tarde los obreros se acercan al guardarail de la Panamericana. Llevan unas pancartas que dicen “Lear, empresa yanqui deja familias en la calle”. Otra obrera tiene una pancarta con la cara de Luciano Arruga que dice “Presente”. Los gendarmes se ponen los cascos. De pronto en la Panamericana los autos se detienen. Bajan los estudiantes y los trabajadores solidarios con esta lucha. La arteria se llena de gente de a pie, las manos se agitan y los bombos también, todo retumba en el kilómetro 30.
Los gendarmes hacen un cerco. Lenta pero persistentemente se preparan y ya están listos. Siempre los manifestantes dejaron los dos carriles libres. Ilegalmente, sin previo aviso, los gendarmes comienzan a revolear sus palos y empiezan a encerrar a los manifestantes contra el guardarail. Ahí a quemarropa disparan balas de goma a mansalva. Queda clara cuál es la voluntad del gobierno. Nuevamente vuelve a demostrar su alianza con la empresa norteamericana.

El diputado nacional Nicolás del Caño recibe impactos de balas de goma en los brazos. Están heridos, además, José Montes, dirigente histórico del Astillero Río Santiago y dirigente nacional del PTS, Camilo Mones de la Comisión Interna de Pepsico, René Córdoba, delegado de la empresa Madygraf recuperada bajo control obrero. El brazo y la espalda de René están al rojo vivo llena de sangre muestra los agujeros del precio que parecería que hay que pagar por apoyar una causa justa: Familias en la calle Nunca Más. Hay compañeros detenidos y varios autos acarreados por la gendarmeria. La pelea sigue por su libertad.

Los trabajadores de Lear siguen y seguirán, indomables en pie de lucha, hasta lograr la reincorporación de los despedidos.







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