Política

A 36 AÑOS

La rendición en Malvinas y sus consecuencias

Después de anunciar su rendición en Malvinas, las FFAA comenzaron un proceso que llegó a la falta de gobierno. La Multipartidaria vino a salvarlas. La derrota frente al imperialismo tuvo graves consecuencias para los trabajadores.

Gabriela Liszt

@gaby_liszt

Lunes 2 de abril | Edición del día

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Foto: la rendición de Menéndez al imperialismo inglés

El 15 de junio Galtieri, como jefe de la Junta Militar anunciaba por cadena nacional la negociación entre el “gobernador” de Malvinas, Mario Benjamín Menéndez y el jefe de las tropas británicas (firmada el 14). Habló del retiro de las tropas argentinas de Puerto Argentino, sin nombrar lo que realmente fue, una rendición incondicional. Así, los militares terminaban de demostrar que la ocupación de las islas era una mera maniobra distractiva para la población que acababa de movilizarse contra ella el 30 de marzo del 82. Ningún “ideal nacionalista” los llevó a realizar esta acción que en otro contexto, con una real preparación y medidas que enfrentaran al imperialismo hubiera podido llevar al triunfo la que era una justa reivindicación nacional.

El primero en rendirse fue el genocida Astiz, a cargo de tomar las islas Georgias y que sin tirar un solo tiro ya a fines de abril firmó la rendición.

La iglesia intervino directamente a través del Papa Juan Pablo II (que dio varias misas por la “paz” entre el 10 y el 13 de junio), a la que asistieron miles de personas y los militares, cuatro días antes de su rendición. Este fue el rol “pacificador” del Papa en la semicolonial Argentina, a diferencia de su apoyo a la monarquía inglesa. Juan Pablo II fue parte del trío, junto a Ronald Reagan y Margaret Thatcher que impusieron con distintos métodos, el neoliberalismo tanto en los países imperialistas como en las semicolonias.

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La Multipartidaria (PJ, UCR, MID, PDC y PI) junto al Partido Comunista, creada en 1981 frente a la crisis que se evidenciaba en el régimen militar, así como las dos CGT (Brasil y Azopardo) llamaron a concurrir a estos actos masivamente. El único partido que no asistió a las misas del Papa fue el viejo MAS.

Los partidos y la iglesia utilizaron el pacifismo de amplios sectores de la clase media. Sobre todo de los artistas y profesionales que se inclinaban mayoritariamente por el alfonsinismo y renegaban de la guerra y el antiimperialismo de las masas porque supuestamente fortalecía al régimen militar.

El mismo 15 de junio, la población fue convocada a escuchar el discurso desde el balcón de Galtieri, pero éste decidió no salir. Evidentemente nadie lo iba a aplaudir. La gente fue a protestar a Plaza de Mayo, volviendo a gritar ¡Se va a acabar, se va acabar, la dictadura militar! La batalla fue campal. Se incendiaron colectivos. La policía salió con los carros para echar a la gente de la Plaza y vallarla.

Represión Plaza de Mayo

Dimisión de Galtieri

Comienzan las deliberaciones entre militares y políticos patronales para intentar salvar el régimen. El 18 de junio renuncia Galtieri. A partir del 18 hay deliberaciones y desacuerdos entre los altos mandos lo que creó un cierto “vacío de poder” durante una semana (no se sabía quién gobernaba). Pero la Multipartidaria y los sindicatos impidieron cualquier intervención del movimiento de masas y acordaron, por fuera de la decisión de éstas, designar el 30 de junio al recién fallecido gral. Bignone (genocida probado) como presidente durante quince meses más, mientras se llamaba a elecciones en octubre de 1983. Este período les permitía desembarazarse de todo lo que los ligara a la dictadura (aunque muchos de ellos luego de 1983 siguieron en sus cargos) y renovarse para ser elegidos por las masas.

El PJ fue el que menos se renovó, abonando el triunfo de Alfonsín que aparecía como el adalid de la democracia. La movilización de la Multipartidaria del 16 de diciembre, llamada la “Marcha por la vida” (aunque cayó muerto Dalmiro Flores por una bala policial sin darle ninguna relevancia) quedó en el imaginario como la marcha que le daba el golpe de gracia a la dictadura y abría la etapa de la democracia. Como ya estaba pactado, el objetivo no era tirar a Bignone (que se había convertido en una especie de “militar democrático” o que no tenía ninguna incidencia en la política nacional. O sea, la Mutipartidaria le arrebató un posible triunfo los trabajadores y el pueblo de imponer una Asamblea Constituyente Libre y soberana para dar una salida al país a su favor después de haber logrado la caída de Galtieri. Bignone quedó como un gobierno débil, con continuas contradicciones entre los militares, los partidos y las reivindicaciones de las masas. Apenas asumió anunció un aumento a estatales y jubilados. Al mismo tiempo Dagnino Pastori el ministro de economía trataba de estalibilizar el descalabro.

Apenas asumió Bignone comenzaron las reuniones con los partidos, la burocracia sindical y la UIA. En las FFAA Bignone representaba el sector más dialoguista; otros como Lami Dozo o Nicolaides querían volver a recomponer la Junta Militar. También se barajó que el vicepresidente fuera un civil. Pero esto no convenció a los militares o ningún civil quería quedar pegado al viejo poder.

En diciembre del 1983, Bignone terminó entregando el cetro presidencial a Alfonsín. Los que se escondían detrás de esta transición eran los grandes empresarios que habían llamado al golpe en el 76 y ahora veían que tenían que dominar “por otros medios”.

Los levantamientos militares encabezados por genocidas como Rico y Seineldín, no fueron intentos golpistas, sino presiones para lograr mayores concesiones del gobierno de Alfonsín, en los obtuvieron la "obediencia debida" y el "punto final".

Es decir, el proceso revolucionario que había comenzado con el objetivo de tirar a la dictadura y luego se centró en el antiimperialismo frente a la Guerra de Malvinas fue desviado hacia la democracia burguesa (a favor de los ricos) y derrotado frente al imperialismo. Derrota que ostentaron Reagan y Thatcher (mientras derrotaban a sus propios trabajadores) frente a las semicolonias para someterlas y obligarlas a aceptar planes de ajuste neoliberales como los dirigidos por el FMI.







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