Géneros y Sexualidades

PRECARIEDAD LABORAL

La ratificación del convenio 189 de la OIT: ¿acabará con la precariedad de las empleadas del hogar?

El Estado Español sigue sin ratificar el Convenio 189 de la OIT, que establece unos derechos mínimos para las trabajadoras del hogar y del cuidado. Sin embargo, las medidas que supone el mismo son limitadas ante las condiciones de extrema precariedad que sufren en este sector.

Àngels Vilaseca

Barcelona / Pan y Rosas, empleada doméstica

Anaid D.T.

Barcelona / Pan y Rosas

Martes 22 de mayo | 16:23

FOTO: César Martínez López

A día de hoy, el empleo del hogar y del cuidado sigue siendo un sector completamente marginal y desvalorizado que recae sustancialmente en la economía sumergida, formado principalmente por mujeres (entre un 90% y 95%) muchas de ellas inmigrantes que son las que sufren las peores condiciones.

Según los datos oficiales, en el Estado Español actualmente hay alrededor de unas 700.000 empleadas del hogar y del cuidado. Un 30% sigue sin tener ninguna cobertura social, aunque seguramente son muchísimas más las que trabajan en negro y no aparecen en las estadísticas.

La última reforma legal del año 2011, el RD 16/2011 establecida durante el Gobierno de Zapatero en acuerdo con las burocracias sindicales de CCOO y UGT, se vendió como un gran avance para las trabajadoras. Es cierto que supuso unas determinadas mejoras, lo que no era difícil teniendo en cuenta que antes no tenían casi ninguna garantía.

La más importante es que mediante la nueva ley se pretendía que entraran paulatinamente al Régimen General de la Seguridad Social. No obstante, esto se sigue dando, precisamente, “dentro de un Régimen Especial” por el cual a día de hoy las empleadas del hogar y del cuidado siguen sin tener derecho a la prestación por desempleo, tienen dificultades para acceder a una pensión por jubilación o si tienen suerte obtendrán una pensión que ni llegará a los 500 euros mensuales.

A la vez aún se legitima el pago en especies (comida o alojamiento), te puedan despedir libremente cuando quieran y las jornadas de las trabajadoras puedan llegar a ser de 10 o 12 horas al día. Si es que no están obligadas a vivir y a trabajar las 24 horas en la casa de sus jefes para cuidar de personas dependientes, en el caso de las trabajadoras “internas”.

Ante ello varios colectivos, sindicatos y organizaciones de mujeres inmigrantes y trabajadoras del hogar están realizando distintas campañas para la inmediata ratificación del Convenio 189 de la OIT por parte del Gobierno español. Aprobado por la Organización Internacional del Trabajo en el año 2011. este convenio establece un marco internacional de “normas y garantías mínimas” en las condiciones laborales de las empleadas del hogar, con el objetivo de equipararse al mismo trato que el resto de personas asalariadas.

En el Estado Español la ratificación de dicho convenio supuestamente obligaría a que se aplicaran ciertas mejoras, sobre todo en materia de cobertura a la seguridad social y la posibilidad de acceder, nada más y nada menos, que a un derecho tan básico como es la prestación por desempleo. Así como otras medidas de salud laboral o una mayor inspección del trabajo. No obstante, son medidas aún insuficientes ante las condiciones prácticamente esclavas que sufren muchas mujeres, a la vez que la ratificación del convenio, tampoco supondría de por sí la aplicación del mismo.

Las limitaciones del Convenio 189 de la OIT

A pesar de las mejoras antes nombradas, el convenio 189 deja mucho que desear en otras cuestiones, y en los hechos hay derechos que ya se recogen en la misma legislación española, aunque estos no suelen cumplirse. Continúa legitimando otros abusos como por ejemplo, que una parte del salario pueda ser pagado en especies (artículo 12 C.189), o no especifica que los contratos de trabajo tengan que ser necesariamente por escrito (artículo 7 C.189).

Tampoco especifica ninguna medida para prevenir las jornadas de trabajo de más de 10 o 12 horas diarias sin descansos a las que se ven sometidas muchas mujeres. La ley RD 1620/2011 considera que las 40 horas que figuran en el contrato laboral son “trabajo efectivo”, pero para el resto de horas extras utiliza el tramposo concepto de “horas de presencia”, aunque las trabajadoras están obligadas a permanecer en el lugar de trabajo y por tanto, siguen prestando un servicio, porque no pueden dejar de atender a las personas dependientes que estás cuidando, ya sean niños, personas mayores o con alguna enfermedad.

Si bien en el artículo 10 del Convenio 189 nombra que “ todo miembro deberá adoptar medidas con miras a asegurar la igualdad de trato entre los trabajadores domésticos y los trabajadores en general en relación a las horas normales de trabajo, la compensación de las horas extraordinarias, los períodos de descanso diarios y semanales y las vacaciones anuales pagadas”, también dice que esto se va a dar “en conformidad con la legislación nacional o con convenios colectivos, teniendo en cuenta las características especiales del trabajo doméstico”.

Es decir, se adaptaría a la legislación actual (nacional) y no supondría ningún cambio para aquellas mujeres que trabajan en jornadas de 60 horas a la semana o más.

En otros aspectos, incluso los derechos que presupone están por debajo de la ley española. En el mismo artículo 10 del C189 no solo sigue legitimando un trabajo tan esclavo como el de interna, sino que establece un descanso semanal menor (24 horas consecutivas ) al que presupone el RD 1620/2011 (36 horas consecutivas).

A parte, si en España los pocos derechos que tienen las trabajadoras del hogar no se cumplen, como los descansos irrisorios establecidos por ley o la gran cantidad de mujeres que aún siguen trabajando en negro, ¿cómo se garantizaría que con la ratificación del convenio de la OIT se llegaran a llevar a cabo las medidas que éste establece?

Bajo las leyes el “criadazgo” y la explotación descarnada

Actualmente el C189 ha sido ratificado sólo en 25 Estados como por ejemplo Alemania, Bélgica, Suiza, Portugal, Irlanda, Finlandia y fuera de Europa en otros países como Guinea, Sudáfrica, Argentina, Chile, Bolivia o Paraguay. No obstante, en alguno de estos países las condiciones son incluso peores que las que sufren las mujeres en el Estado Español.

Así nos lo cuenta Diana, trabajadora inmigrante de Pan y Rosas, “ Aunque en mi país, Paraguay, se ratificó este convenio en el año 2013, los tratos que reciben las empleadas del hogar allí son realmente denigrantes, a las internas se les llama criadas y la mayoría trabaja solo a cambio de comida o para poder estudiar. Además muchas son menores de edad, que trabajan forzosamente para familias acomodadas. Es el fenómeno que se llama “criadazgo”, por el cual muchas familias pobres que no se pueden hacer cargo de la crianza de sus hijos, se ven obligados a entregarlos a familias ricas para que puedan tener un techo donde vivir, qué comer y puedan ir a la escuela".

Sin embargo, la cruda realidad es que estos niños y niñas son esclavizados con largas jornadas, y muchas veces maltratados por parte de sus empleadores. Hace aproximadamente un año salió a la luz el caso de una adolescente de 14 años que murió a causa de los golpes que le daba su patrón, así como hay tantos casos de tortura y abuso sexual “.

El artículo 3 del C189 habla de la necesidad de abolir el trabajo infantil y de la eliminación de toda forma de trabajo forzoso, a su vez dentro de la OIT existe un convenio específico por “La prohibición de las peores formas trabajo infantil “ (el Convenio 182), que Paraguay también ratificó. Sin embargo, la misma realidad muestra como es mero papel mojado.

Nuestra lucha por acabar con el "régimen especial", las leyes de extranjería y el trabajo de interna

Es que poco podemos esperar de la Organización Internacional del Trabajo, un organismo que en el fondo fue creado para pacificar la lucha de clases, por eso mismo confluyen en el mismo organizaciones de trabajadores con la patronal y los gobiernos de los Estados capitalistas. Actualmente la OIT es parte de las Naciones Unidas, una institución al servicio de las potencias imperialistas que lejos está de los intereses reales de la clase trabajadora.

Tampoco podemos confiar con los gobiernos de los Estados capitalistas, como es el caso del Estado Español dónde el gobierno del PP no sólo se ha negado varias veces a ratificar el mismo convenio 189, sino que con los recortes y las consecutivas reformas laborales (también del PSOE) precariza más fuertemente y ataca de lleno a las mujeres trabajadoras.

Eso junto a las políticas racistas y reaccionarias leyes de extranjería que someten a las mujeres inmigrantes a peores condiciones aún. Y sin obviar que los gobiernos previos del PSOE precedieron estas políticas, aunque quieran mostrar un rostro más amable cuando piden la ratificación del convenio para las empleadas del hogar.

Las mujeres trabajadoras e inmigrantes de Pan y Rosas somos conscientes de que la situación de extrema precariedad que sufren las empleadas del hogar y del cuidado no es una realidad aislada, sino que es una consecuencia más del capitalismo y de las múltiples cadenas de opresión y explotación a las que se ven sometidas las mujeres, que son aún más destructivas para las mujeres inmigrantes.

Luchamos por acabar con el “Régimen especial” de las empleadas del hogar y por la abolición de un trabajo tan esclavo como es el de interna. Y para ello también batallamos por acabar contra las políticas xenófobas de los Estados imperialistas, exigimos la derogación de la ley de extranjería y ¡Papeles para todas y todos sin contrato! Porque los papeles no pueden ser usados como un arma de chantaje de mayor explotación.

A la vez queremos combatir al Estado capitalista y patriarcal que no sólo nos condena a la explotación y la miseria, sino que también mientras se ahorra de las tareas de cuidado y de reproducción, esclaviza a las mujeres en sus hogares. Peleamos por la socialización de las tareas de cuidados, para que el Estado garantice guarderías, residencias y otros recursos que sean gratuitos y de calidad. Y no estén garantizados por el trabajo precario en negro o por empresas externalizadas o de multiservicios. Porque mientras el Estado recorta en políticas sociales, somos las mujeres trabajadoras quienes gratuitamente suplimos esas tareas en una doble jornada laboral, o las empleadas del hogar y del cuidado quienes lo hacen como mano de obra barata, precaria y sobreexplotada.






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