POLÉMICA

¿La policía puede detener las deportaciones? Polémica con Kshama Sawant

Kshama Sawant, la concejal socialista de la ciudad de Seattle, ha hecho un llamado al alcalde para desplegar a la policía para detener las deportaciones.

Wladek Flakin

Berlín

Miércoles 22 de marzo | 22:00

La siguiente es una traducción de un artículo originalmente escrito para Left Voice, la sección en inglés de La Izquierda Diario.

Trump está exacerbando la máquina de deportación estadounidense. Obama deportó a 2.4 millones de personas —un número que rompió récord. Pero Trump quiere separar muchas más familias. Los agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), la infame “migra”, están barriendo y arrestando a cualquiera al que le puedan poner las manos encima. Según algunos reportes, tienen una “moral muy alta” e incluso se “están divirtiendo” mientras sacan a la fuerza a gente de sus casas por el “crimen” de no tener los documentos adecuados.

Los inmigrantes indocumentados y sus familias están experimentando una terrible incertidumbre y miedo profundo. ¿Cómo resistir al aparato asesino de la migra? Debemos usar cualquier medio necesario, y hay muestras prometedoras de resistencia, en especial el “Día Sin Inmigrantes” (#DayWithoutImmigrants) que han estado surgiendo en todo el país.
Kshama Sawant, miembro socialista del concejo de la ciudad de Seattle, en un mitin contra la deportación de los llamados Dreamers el 17 de febrero pasado, tuvo una sugerencia inusual: la policía debería de detener las redadas. Kshama Sawant dijo:
“Le estoy pidiendo al alcalde Murray –si es que esta es una “ciudad santuario”– que no use a la policía de Seattle contra manifestantes pacíficos.

Que despliegue a la policía de Seattle para impedir que el ICE atrape inmigrantes”.
El alcalde respondió en una declaración que esta demanda no sólo era imposible, sino que era también deshonesta:
"El Departamento de Policía de Seattle y la ciudad no pueden detener al ICE o a cualquier otra autoridad federal de hacer redadas en nuestra ciudad. [...] Ser deshonestos con las comunidades en nuestra ciudad, que ha sido un blanco de la administración de Trump, es irresponsable y peligroso cuando nuestra ciudad está haciendo todo lo que puede para apoyarlas."

Pero el Demócrata Murray es quien está siendo deshonesto: la administración de la ciudad no está haciendo “todo lo que puede” para apoyar a los inmigrantes si está permitiendo que continúen las deportaciones. Pero hay una razón por la cual la policía no ayuda a los inmigrantes: no tiene nada que ver con la ley, pero sí con el papel fundamental de la policía en la sociedad capitalista.

Divisiones en el estado

Los planes de Trump de deportar a millones de personas han llevado a divisiones profundas en la clase dominante estadounidense, incluso dentro de su aparato estatal. Los capitalistasen el sector agricultor de California —que abiertamente votaron por Trump— están ahora preocupados de que su fuerza laboral, compuesta exclusivamente de trabajadores ilegales, sea removida por la fuerza y expulsada del país. ¿Quién más querría recoger fresas por salarios miserables?

Sectores enteros de la economía estadounidense como las plantas empacadoras de carne y restaurantes dependen de trabajadores a los cuales se les niegan incluso los derechos legales más básicos. Esto explica por qué muchos políticos capitalistas —quienes nunca se pronunciaron contra las millones de deportaciones de Obama- ahora hablan de “ciudades santuario”. Estas divisiones son visibles en cada nivel del estado. En Milwaukee, el sheriff quiere que sus oficiales sean autorizados por el ICE para que puedan llevar a cabo deportaciones, pero los administradores de la ciudad y el jefe de la policía se oponen a esto.

¿Qué significa realmente una “ciudad santuario”?

Como lo señala correctamente el alcalde Murray, no hay forma legal de que las autoridades de la ciudad detengan a los agentes del ICE, la única posibilidad es de obstruir su trabajo físicamente. ¿Podemos esperar que los oficiales de policía municipales vayan a entrelazar los brazos para impedir el paso de La Migra, como lo sugiere Kshama Sawant? La historia de los EE.UU. está llena de batallas desbalanceadas entre las clases. Durante siglos, los trabajadores inmigrantes han peleado mediante huelgas y manifestaciones por sus derechos. No tenemos conocimiento de un solo incidente donde la policía haya peleado contra otra parte del aparato estatal para defender los derechos de los más oprimidos.

Esto no es coincidencia; el marxismo explica que el estado es, en el último análisis, nada más que cuerpos especiales de hombres armados que protegen los intereses de la clase dominante. El aparato de estado moderno —el ejército, la burocracia, las cortes, la policía, etc. — existen para proteger a los capitalistas y su propiedad. Lenin explicaba esto a detalle en El Estado y la Revolución: "El ejército permanente y la policía son los instrumentos fundamentales de la fuerza del Poder del Estado. ¿Pero puede acaso ser de otro modo?"1

Los capitalistas estadounidenses y sus políticos están actualmente debatiendo cómo explotar de la mejor manera a los inmigrantes indocumentados en los EE.UU. ¿Tendrían entonces qué ofrecer una perspectiva de que algunos tengan la ciudadanía o tendrían que apretar más la tuerca? Ambas alas de la clase capitalista, y todo el aparato estatal, están interesadas en mantener a un sector de trabajadores súper-explotados sin derechos. Por eso es que la policía jamás, y bajo ninguna circunstancia, será amiga de los migrantes.

Un debate necesario

Por estas razones, parece deshonesto que una política socialista como Kshama Sawant proponga que la policía ofrezca asistencia. La policía siempre serán los opositores más consistentes a los trabajadores y los oprimidos; cualquier esperanza en ellos está fuera de lugar.

Durante los primeros años de la década de 1930s, los socialdemócratas esperaban que la policía detuviera el terror creciente de Nazis en Alemania. El revolucionario ruso León Trotsky explicaba qué tan peligroso era esto:

“En caso de peligro real, la socialdemocracia no pone sus esperanzas en el ’Frente de Hierro’, sino en la policía prusiana. ¡Mal cálculo! El hecho de que los policías hayan sido elegidos en una parte importante entre los obreros socialdemócratas no quiere decirlo todo. Aquí, una vez más, es la existencia la que determina la conciencia. El obrero, convertido en policía al servicio del Estado capitalista, es un policía burgués y no un obrero. En el curso de los últimos años, estos policías han debido enfrentarse mucho más a menudo a los obreros revolucionarios que a los estudiantes nacionalsocialistas. Por semejante escuela no se pasa sin quedar marcado. Y lo esencial es que todo policía sabe que los gobiernos pasan, pero la policía continúa.”2

¿Pero acaso —argumentarán algunos— una revolución socialista —como la Revolución de Octubre en Rusia— no se basa en separar a las fuerzas armadas de la clase dominante y ganar al menos a una parte significante de ellos para el socialismo? ¿No deberíamos de al menos intentar ganar a los oficiales de policía a nuestro lado? ¿No son acaso trabajadores que también venden su fuerza de trabajo?

Necesitamos diferenciar entre los soldados y la policía. Durante la Revolución Rusa, millones de soldados rasos formaron consejos (denominados “Sóviets”) y pelearon por ponerle fin a la guerra en la que estaba inmersa Rusia. Estos Soviets de Diputados Soldados se unieron a los consejos obreros y campesinos para derrocar al gobierno provisional (capitalista) y poner en pie un nuevo gobierno socialista basando en los Sóviets. Para cuando llegó la Insurrección de Octubre, prácticamente la guarnición entera de la capital había declarado que solo seguiría órdenes del Comité Militar Revolucionario.

El antiguo gobierno no tenía fuerzas armadas con qué defenderse —la insurrección en la capital fue exitosa con apenas algunos tiros disparados.
Pero estos eran soldados, es decir, hijos de obreros y campesinos que habían sido temporalmente obligados a cumplir el servicio militar en el ejército imperialista. Estaban sirviendo por algunos años con el conocimiento de que si sobrevivían hasta el final de la Guerra, regresarían nuevamente a las clases trabajadoras. Ejércitos de conscriptos de este tipo son notoriamente poco confiables cuando se trata de reprimir protestas de masas: cada soldado debe de preguntarse si no tiene amigos o familiares del otro lado de las barricadas.

¿Pero qué hay de la policía? Se acomidan al servicio del estado capitalista hasta su retiro —no conocen otro trabajo productivo de cualquier índole. Su sustento depende en fielmente llevar a cabo las órdenes de reprimir a los obreros. Trotsky, que no era solo un dirigente, sino un historiador de la Revolución Rusa, señaló los papeles fundamentales de los soldados y la policía:

“Durante todo el día la muchedumbre se volcaba de unos barrios en otros. Se veía dispersada por la policía, contenida y rechazada por las fuerzas de Caballería y algunos destacamentos de Infantería. Con el grito de ‘¡Abajo la policía!’, alternaban cada vez con más frecuencia los hurras a los cosacos.

Era un detalle significativo. La multitud exteriorizaba un odio furioso contra la policía. La policía montada era acogida con silbidos, piedras, pedazos de hierro. Muy distinta era la actitud de los obreros respecto de los soldados. En los alrededores de los cuarteles, cerca de los centinelas y las patrullas, se veían grupos de obreros y obreras que charlaban amistosamente con ellos. Era una nueva etapa que tomaban las huelgas en su desarrollo y un fruto del hecho de poner frente a frente al ejército y a las masas obreras. Esta etapa, inevitable en toda revolución, parece siempre nueva, y la verdad es que cada vez se plantea de un modo distinto. Los que han leído y escrito sobre ella no la reconocen. [...]

La policía no tardó en desaparecer completamente del mapa; es decir, se ocultó y empezó a maniobrar por debajo de cuerda. Vienen los soldados a ocupar su puesto, fusil al brazo. Los obreros les interrogan, inquietos: ‘¿Es posible, compañeros, que vengan en auxilio de los gendarmes?’ Como respuesta, un grosero ‘¡Sigue tu camino!’. Una nueva tentativa de aproximación termina del mismo modo. Los soldados están sombríos; un gusano les roe por dentro y se irritan cuando la pregunta da en el clavo de sus propias inquietudes.

Entretanto, el desarme de los ‘faraones’ [la policía] se convierte en la divisa general. los gendarmes son el enemigo cruel, irreconciliable, odiado. No hay ni que pensar en ganarlos para la causa. No hay más remedio que azotarlos o matarlos. El ejército ya es otra cosa. La multitud rehúye con todas sus fuerzas los choques hostiles con ellos, busca el modo de ganarlo, de persuadirlo, de fundirlo con el pueblo."3

Trotsky presenta una versión extremadamente simplificada de su programa para con la policía: “golpearlos y matarlos”. Para ser más específicos: el aparato de la policía debe de romperse, aunque esto no significa liquidar físicamente a todos y cada uno de los oficiales de policía. Son por supuesto bienvenidos al abandonar sus puestos y convertirse en trabajadores, pero a diferencia de un ejército de conscriptos, la revolución socialista no usa sus “habilidades” de reprimir manifestaciones y asesinar gente pobre.

Esta observación se puede hacer en cada situación revolucionaria en toda la historia del capitalismo. Incluso en algo tan reciente como las revueltas egipcias de 2011 pudimos ser testigos de cómo los soldados conscriptos se rehusaban a disparar a las multitudes e incluso se unían a las manifestaciones. La policía egipcia, en cambio, se mantuvo fiel al estado —o en dado caso se asustaron demasiado, se quitaron el uniforme y desaparecieron. Insistimos: no hemos visto ni un solo incidente de que la policía haya cambiado de bando y se haya unido a la revolución de un modo significativo.

Profundamente equivocados

Por estas razones es que consideramos que la propuesta de Kshama Sawant’s está profundamente equivocada. Kshama Sawant es quizá la socialista más prominente en los EE.UU. (ya que Bernie Sanders apoya una versión reformada del capitalismo y a lo mucho se le puede considerar un socialdemócrata). Tiene una responsabilidad increíble para explicar las ideas marxistas a una audiencia más amplia.

Este no es solo un desafortunado giro discursivo; la organización de Sawant, Socialist Alternative (SAlt), y su corriente internacional, el Comité por una Internacional Obrera (CIO), tienen un largo historial de adaptarse a la policía. Hacen un llamado a un control democrático de los golpeadores del capitalismo y los consideran “obreros con uniforme” que merecen derechos sindicales.

Pero hoy en EE.UU., el odio por la policía es más alto de lo que ha sido en décadas, y está absolutamente justificado para los oprimidos el no sólo no confiar, sino en apasionadamente odiar a estos porros en uniforme. Los liberales defenderán el impulsar reformas tímidas como “cámaras corporales” o “juntas vecinales”, pero éstas sólo sirven para disipar el odio de los oprimidos mientras se mantiene la institución represiva.

Los socialistas, por el contrario, pelean por la destrucción del estado de los capitalistas. Como en la Revolución Rusa, necesitamos establecer nuestro propio gobierno basado en organismos de autoorganización de los trabajadores. Queremos una sociedad socialista sin ningún cuerpo especializado de hombres armados —el socialismo implica que los trabajadores administren todos los aspectos de nuestra vida de forma democrática.

A modo de contrapropuesta

Casi no ha habido un mejor momento en los EE.UU. para abiertamente exigir la abolición de la policía. Esto se conecta con la experiencia de sectores crecientes de la vanguardia que han experimentado el papel reaccionario de la policía de primera mano. Por eso nos parece lamentable que Kshama Sawant y Socialist Alternative en cambio quieran que dirijamos nuestra energía hacia reformas imposibles del aparato represivo. Uno de los descubrimientos de Marx fue que los trabajadores no pueden reformar el aparato existente del estado, sino que debemos destruirlo.

Algunos por lo tanto dirán que esta posición podría ser correcta en teoría, pero que Sawant, para poder ganar un lugar en el consejo de la ciudad, necesitó tomar una línea más “rebajada” y aparecer menos “radical”. Ante ello responderíamos con un ejemplo práctico: el PTS en Argentina es una de las tres organizaciones en el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT). Nicolás del Caño, dirigente del PTS, fue el candidato presidencial del FIT en la última elección en ese país.

El PTS es hostil y sin remordimientos a la policía y exige su abolición, a la vez que tiene diversos concejales a lo largo del país. Mientras Kshama Sawant obtuvo 90,000 votos con su posición, Nicolás del Caño obtuvo 1.2 millones de votos con la suya. También podemos añadir que Nicolás del Caño nunca ha apoyado a ningún político capitalista, mientras que Sawant ha apoyado a varios candidatos del Partido Demócrata.

Si no podemos poner la más mínima esperanza en la policía, ¿entonces qué? Creemos que Kshama Sawant y Socialist Alternative deberían exigir la formación de comités de autodefensa de obreros —con y sin papeles—, jóvenes, mujeres y de la comunidad sexodiversa para desarrollar planes para detener las redadas de la migra. Esto parece mucho más “realista” que el esperar que la policía defienda, por primera vez en la historia, los derechos de los oprimidos. Podemos ligar esto a una campaña para desarmar, desmantelar y abolir a la policía racista de los capitalistas. Necesitamos una campaña masiva para bloquear las redadas de la migra y las deportaciones. Tal campaña solo puede estar basada en los trabajadores, no en la policía.

Notas:
1. Lenin, V.I. (1917), El Estado y la Revolución, cap.1: “La sociedad de clases y el Estado”. Buenos Aires: Ediciones IPS-CEIP, Obras Selectas, Tomo II.
2. Trotsky, L. (1934), La Lucha Contra el Fascismo en Alemania, “¿Y ahora? Problemas vitales del proletariado alemán”. Buenos Aires: Ediciones IPS-CEIP, Obras Escogidas, Vol.3, pág. 106.
3. Trotsky, L. Historia de la Revolución Rusa, cap. 7.

Traducción: Oscar Fernandez






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