Política

OPINIÓN

La polarización y el combate por la agenda política

Un nuevo momento político y un cambio en el contenido del debate público. Las banderas de la oposición de derecha para la construcción de un relato. La aparición de Duhalde sobre el trasfondo de una gran crisis. El Gobierno oficializó el comienzo de un peligroso viaje hacia el FMI. El desafío de luchar por otra agenda frente a la profundidad de la crisis.

Fernando Scolnik

@FernandoScolnik

Jueves 27 de agosto | 21:53

La creciente polarización política ha cambiado el escenario nacional, y con ello la agenda de debate público.

La foto actual es bien distinta de aquella que se observaba unos meses atrás. El clima de unidad nacional fomentado por el peronismo y la oposición de derecha al comienzo de la cuarentena, dio paso, al calor de la crisis, a un creciente enfrentamiento retórico y callejero que reconfiguró el escenario político.

Al cierre de esta nota, el Senado se preparaba para darle media sanción a la reforma judicial (que no es verdadera, según la vicepresidenta).

Sin embargo, la disputa real sobre la cual se concentrarán todas las miradas se dará en diputados, donde el oficialismo de momento no cuenta con los votos necesarios para aprobar la norma. La votación de esta norma se ha convertido en una importante pulseada política.

Cabe decir de todos modos, que el nivel del enfrentamiento político alrededor de este tema excede por mucho al contenido de la ley en discusión, que de aprobarse dejaría esencialmente inalterados los rasgos de casta privilegiada del Poder Judicial de la cual se vale cada gobierno de turno. Más de fondo, el hecho es que la cuestión se ha transformado en una bandera que ha encontrado la oposición de Juntos por el Cambio para aglutinar y movilizar a su base social contra el Gobierno del Frente de Todos.

Esta disputa, junto con la saga de Vicentín y la declaración de las telecomunicaciones como servicios públicos, está siendo utilizada por sectores de la derecha para construir un relato de oposición al Frente de Todos y reavivar en el imaginario de sus votantes las banderas de la lucha contra la corrupción kirchnerista (omitiendo hablar de la macrista) y de la pelea contra los supuestos atropellos a las libertades. Las libertades a las que se refieren son, por supuesto, las de la propiedad privada de los grandes grupos económicos y la de prensa para los oligopolios de la información.

Desde algunas miradas, el Gobierno y la oposición practican este juego al borde de la cornisa. Por eso, la irrupción violenta de Eduardo Duhalde en la escena, con su mensaje cuasi mafioso refiriéndose a la posibilidad de un golpe de Estado, juega el rol de advertirle al conjunto del régimen político de la necesidad de unificarse alrededor de un proyecto moderado si no quieren que la profundidad de la crisis económica y social vaya abriendo camino a un 2001. Al fin y al cabo, en ese análisis prima la idea de que todavía no existen diferencias fuertes de programa entre los distintos sectores de las clases dominantes. Por ejemplo, oficialistas y macristas festejaron a la par el acuerdo por la deuda con los bonistas privados.

El ex ministro macrista Rogelio Frigerio, con más elegancia y menos petardismo, también advirtió en los últimos días que "estamos cerca del ’que se vayan todos’ si la política no se pone a la altura de las circunstancias".

Aunque exageradas o prematuras, estas afirmaciones tienen detrás el sustrato de una crisis histórica y una gran incertidumbre respecto del futuro próximo.

El Gobierno polariza y emprende un peligroso viaje hacia el FMI

Lo cierto es que la derecha no actúa en el vacío, sino que, como venimos analizando en columnas anteriores, el Gobierno ha alimentado su crecimiento por la vía de ceder a sus presiones en casos como Vicentín o el cajoneado derecho al aborto, entre otros. Cada una de esas “conquistas” le dio a ese espacio más moral para convocar a nuevos banderazos, cada vez mayores. Ahora levantaron la apuesta, jugándose a voltear la reforma judicial.

Aunque esa misma ubicación del oficialismo ha generado rispideces dentro de la coalición oficialista (como con el affaire Zaiat o las declaraciones recientes de CFK sobre los límites de la reforma que se trata en el Congreso), lo cierto es que este espacio, de conjunto, hace utilización de la existencia de la derecha para promover el malmenorismo.

Las declaraciones de Alberto Fernández contra Mauricio Macri de los últimos días, denunciando el contenido de una conversación privada entre ellos y comparando la gestión de uno y otro, deben ser interpretadas en este contexto: el desastroso Gobierno anterior es un enemigo fácil con el cual polarizar, lo cual resulta de una gran conveniencia para el Frente de Todos.

En este marco, este miércoles los ministros Guzmán y Kulfas han dirigido una carta a Kristalina Georgieva requiriendo “formalmente asistencia financiera bajo un Programa con el Fondo Monetario Internacional”.

En la misiva, los funcionarios anticipan que “planeamos establecer políticas consistentes de estabilidad financiera y macroeconómica y tomaremos cualquier medida adicional que se requiera a tal fin”. También afirman que “estamos determinados a recomenzar el proceso de implementación de un sendero fiscal consistente una vez que los efectos de la pandemia desaparezcan”.

Estas temerarias promesas de estabilización y ajuste fiscal para abrir la negociación con el organismo, aunque estén disimuladas con críticas al acuerdo anterior que Macri firmó con el FMI, imponen de entrada los límites a las medidas que, según algunas versiones, el Gobierno anunciará esta semana para reactivar la economía.

Un “sendero fiscal consistente” en un contexto con casi la mitad de la población bajo la línea de pobreza aparece como algo muy problemático para un Gobierno que no se propone atacar el problema por la vía de afectar seriamente los intereses de los poderosos.

Mientras que aún el coronavirus sigue pegando muy fuerte en Argentina, la realidad es que para la pospandemia no solo falta tiempo, sino que además cualquier acuerdo con el FMI, incluso la negociación más “dura”, implicará que la deuda eterna se seguirá pagando con sangre, sudor y lágrimas.

Los tiempos de crisis llegaron para quedarse por largo rato.

La pelea por otra agenda

Desde su nacimiento en 2014, La Izquierda Diario se propuso ser una herramienta para potenciar una voz contra las usinas políticas e ideológicas de las clases dominantes. Con nuestros nuevos contenidos multimedia, este año redoblamos la apuesta.

La crisis histórica que enfrentan la Argentina y el mundo no se puede afrontar con los pequeños paliativos que implementan distintos gobiernos a lo ancho y largo del globo. O, mejor dicho, si a eso se limita la respuesta, la profundidad de la crisis social no hará más que profundizarse, mientras un puñado de personas siguen concentrando las grandes fortunas del mundo.

En nuestro país, hoy la disputa entre el oficialismo y la derecha opositora limita el debate público a medidas que no dan respuesta a una pobreza y una desocupación que crecen dramáticamente.

Por eso, a la par de contestar sus discursos, desenmascarando las mentiras de los poderosos, es necesario instalar con fuerza otro programa por el cual pelear.

Desde el comienzo de la cuarentena, desde el PTS y el Frente de Izquierda hemos propuesto medidas de emergencia como un impuesto a los grandes grupos económicos y grandes fortunas para adquirir los recursos necesarios para la crisis sanitaria, pero también para que todo el que lo necesite pueda acceder a un IFE de $ 30.000.

Pero la crisis será larga y profunda. Por eso, junto a las medidas de emergencia, la organización de los sectores avanzados para pelear por sacar a las burocracias de su pasividad y el apoyo a cada lucha, es necesario luchar por construir una herramienta política que, lejos de la disputa entre los partidos dominantes, busque construir una fuerza en los lugares de trabajo, de estudio y en los barrios, para pelear por una salida de fondo.

Para eso es necesario romper con el FMI y sus exigencias, dejar de pagar la deuda externa con un rechazo soberano, nacionalizar los bancos y el comercio exterior y estatizar bajo control obrero los resortes estratégicos de la economía, entre otras medidas urgentes.

Ellos tienen su agenda. Lejos de su juego de polarización, nosotros necesitamos llegar con la nuestra a millones que hoy padecen la crisis.

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