Cultura

OPINIÓN

La poesía está en la calle: ¿arte o militancia?

Una reflexión sobre las perfomances artísticas tras los ataques de la Iglesia al movimiento de mujeres en Tucumán luego del 8 de marzo.

Miércoles 12 de abril | Edición del día

Fotografía: Lautaro Gutierrez Vazquez

Como participante de la perfo TRESCIENTAS desde el espacio Escritores en Marcha y como militante de Pan y Rosas quisiera expresar mi parecer respecto de la nota escrita por Fabricio Jiménez Osorio, en la revista La Cascotiada “La Belleza es política” del 31/03/2017.

Esta nota-análisis sobre el contexto político-social que dio origen a la performance TRESCIENTAS y que evalúa la acción misma, incurre, desde mi análisis crítico y fraternal, en varias llamativas aseveraciones que aparentemente parten del prejuicio hacia la política partidaria en general y de izquierda en particular con respecto al arte, cuando incluso denosta algunas formas de organización, protesta, resistencia y lucha propias de la clase trabajadora.

La nota es sumamente interesante y valiosa porque abre el debate con varios argumentos, ideas y sentimientos que desde los sectores independientes se sostienen y acarrean pesadamente con respecto a la postura que, se supone, la izquierda organizada tiene con respecto al ámbito artístico y de la cultura en el escenario politico-social.

En primer lugar afirma que “lo ocurrido el 8M a las compañeras de Socorro Rosa fue un fenómeno inesperado e inevitable que puso en crisis a la comunidad”.

Debo destacar que, en el transcurso de mi experiencia militante y como participante en estas masivas demostraciones de fuerza (marchas) pude notar, sin mucho esfuerzo, que en estos contextos es previsible y para nada inesperado ver manifestaciones artísticas de contenido contracultural contra las normas y la política dominante que intenta socavar la lucha por el avance de las mujeres y el colectivo LGTBIQP. Puedo incluso aseverar que ya son una forma destacable como método y completamente incorporado a la lucha desde las filas de la izquierda, y no por ello dejan de ser sujetas a crítica como cualquier otro método.

Aunque las afirmaciones de la nota no sean, del todo, cuestionables, quisiera formular y fundamentar que todos los años desde hace más de treinta años, en el marco de los masivos Encuentros Nacionales de Mujeres (ENM), se produce arte performática y de distintos tipos en las calles.

Es habitual ver este tipo de manifestación en las plazas, durante los talleres fuera de las escuelas, en la marcha y actos de apertura y cierre del ENM como en las marchas de organizaciones de mujeres e incluso las marchas #NiUnaMenos. Participé en varias acciones artísticas acertadas y en otras que no lograron transmitir lo buscado o no fueron entendidas y por tanto estuvieron “flojas” y vi cientos, algunas excelentes e impactantes; otras simples, directas, perturbadoras pero cuyo contenido era clarísimo y otras muy difíciles de apreciar por su vaguedad o contenido “intelectualoide”.

En una de estas acciones, durante el Encuentro Nacional de Mujeres en Salta, éramos siete u ocho mujeres de Pan y Rosas e independientes crucificadas con consignas de denuncia y exigencias colgadas a modo de “INRI”, y culminaba con la compañera Cecilia Villafañe “descrucificándose” y cantando Maldigo en una genial adaptación de la composición de Violeta Parra. Me embarga la emoción al recordar esa en particular.

Sin ir mucho atrás en la reciente marcha del 24M agrupaciones docentes como La Marrón y Dignidad Docente, ligadas a la docencia de plástica, colmaron de emoción la marcha con su arte laburante cargando sus “delantales desaparecidos” como tambien Arte a la Izquierda se hizo presente con rostros vacios de López para fotografiarse denunciando su aparición con vida y al gobierno de Scioli politicamente responsable de dormir la causa. Estas y muchas otras manifestaciones artísticas estuvieron presentes e hicieron mucho más visibles y contundentes las expresiones imprescindibles para avanzar.

Con toda mi anterior exposición quiero expresar mi desconcierto al leer que la nota en cuestión caracteriza al Movimiento de Mujeres como “grupo” “aparentemente perjudicado” en el escenario del 8M y como protagonistas del mismo a las Socorro Rosa.

Quisiera una aclaración o explicación ya que considero errado llamar “grupo” a un inmenso e internacional Movimiento como también considero un error caracterizar como protagonistas a las, ahora si “grupo” o agrupación parte del Movimiento de Mujeres, Socorro Rosa.

¿Desde qué lugar se considera que una performance de un grupo puede ser “la” “protagonista” de un contexto heterogéneo y diverso como la marcha y paro internacional de mujeres del 8M? ¿Hay quienes “protagonizan” estos escenarios de lucha producto de la organización en frentes únicos para golpear con un solo puño?

No cabe duda que la acción de las Socorras desató polémicas y un ataque brutal y deplorable hacia ellas. Con todos los límites que se pueda señalarle al Colectivo Niunamenos o al movimiento de mujeres, cuando se los enuncie deben ser concretos y particulares para abordarlos en su complejidad, no solo un recuento de aseveraciones como provenientes de un mismo ente: “el” Colectivo o “el” Movimiento, particularizando la procedencia partidaria, personal o de agrupación para ser rigurosos en el análisis y que no quede como un mero dicho que alguien indefinido dijo.

Otro error de análisis, desde mi entender, es endilgarle al debate entre organizaciones del Movimiento de Mujeres junto a lo desatado en Facebook, la responsabilidad por las manifestaciones misóginas, violentas, reaccionarias e instigadoras de Zecca. Esto por dos razones:

1- La iglesia de Zecca vienen socavando y atacando al Movimiento de Mujeres desde mucho antes que existieran agrupaciones de mujeres y LGTBIQP que se manifiestan performáticamente en nuestra provincia, por lo que esto era parte de su agenda, solo esperaba un “chivo expiatorio” que pudo haber sido cualquier otro grupo, organización o activista individual u otro suceso en el marco de una jornada poblada de un sinfín de manifestaciones de todo tipo contra el patriarcado. No se las atacó por ser ellas mismas ni por la particular osadía de la acción en sí; si no hubieran sido ellxs se las habrían ingeniado para conseguir otra “foto” (Este tema es crucial para el debate).

2-¿Realmente la derecha clerical quiso atacar la libertad de expresión en abstracto y en general? Es un derecho al que ellos mismos apelan para colgar bebotes de plástico de los balcones o para perforar cráneos de fotos de bebés caucásicos sonrientes en sus “perfos” por la “vida”.

La agrupación Socorro Rosa, como parte integrante del Movimiento de Mujeres y LGTBIQP, es y será posible blanco de ataques por parte de grupos antagónicos misóginos ultraderechistas, como todas las organizaciones (Más o menos numerosas y más o menos vulnerables desde su forma de organización) Con esto no intento quitarle peso a lo que sufren pero si recalcar, porque así lo creo, que no fueron atacadas por ser ellas en específico. En esto coincido con Fabricio cuando asegura que “Zecca instigó a asesinar y violar a las compañeras como maniobra amedrentadora y disciplinadora” (no dirigida a Socorro Rosa solamente) “hacia el Movimiento de Mujeres”.

Es bajo esta perspectiva que desacuerdo cuando, admitiendo esto, igualmente ironiza o pone en duda que el Movimiento de Mujeres fue perjudicado o quiso ser perjudicado. Las Socorro Rosa son parte de un Gran Movimiento, con acuerdos y desacuerdos entre organizaciones más o menos afines con su entender de la política de la mujer y LGTBIQP como también con diferencias respecto a los métodos de manifestación y lucha. No es casual que se manifestaran ese día en el marco de la marcha aunque lo hagan en otros momentos y lugares.

Acuerdo en que ellas tuvieron y tienen que soportar y resistir por verse expuestas, demonizadas y amenazadas, en particular debido a la forma que los medios masivos comunicaron y mostraron su accionar y por las declaraciones de monseñor Torquemada Zecca, quien luego redobló la apuesta al minimizar y relativizar los femicidios y asegurar que en un país musulmán estarían muertas.

Con estas reflexiones me permito preguntar si acaso el hecho de ver perjudicadas a las compañeras minimiza o borra el que también fue un golpe asestado contra la organización que las contiene. No se entiende el relativizar el que fuera golpeado, también, el Movimiento de Mujeres, de eso no hay dudas, ninguna organización permaneció indiferente y todas respondieron al golpe.

Quizás lo que expresa o intenta expresar la nota, de forma muy indefinida, es un reclamo de mayor apoyo, de mayor visibilidad del caso, de cosas que debieron haberse hecho y no se hicieron y, en todo caso ¿Cuáles son esas medidas o ese respaldo insuficiente y por parte de qué fuerzas? Ser específicos y concretos en este punto es crucial y reviste seriedad. Es gravísima la situación de ellas como militantes activistas y es valorable que debido a esto se organice una performance diversa, numerosa y visualmente bellísima como Trescientas. Un hecho artístico cultural y político valiente, cuidado, que conjuga varias artes donde destaca la fotografía y la organización en el escenario real de una puesta teatral de gran envergadura y contenido. En esto es cierto que es destacable que se gestara la intervención artística Trescientas.

Esto es necesario recalcarlo porque fui parte junto a muchas compañeras partidarias tanto de Pan y Rosas como de Plenario de Trabajadoras, por lo que quien no fue parte del evento como participante puede llegar a creer que Trescientas contó con el apoyo de todas las corrientes o que no contó con apoyo de corriente alguna, como se sugiere en la nota, cuando no fue así.

No clarificar estos aspectos es incurrir en una vaga e inespecífica delimitación política, en mi opinión. Solo se menciona que “el objetivo fue el amontonamiento de la resistencia de diversos ámbitos (sin decir cuáles) plegados por la defensa del movimiento de mujeres y LGTB, la libertad de expresión y el derecho a la protesta”.

Acuerdo críticamente con la nota en que “ni la perfo de las socorristas impidió la absolución de Belén, ni Trescientas desató una persecución masiva” Lo considero así porque las acciones artísticas por si solas nunca alcanzaron ni alcanzarán, para las transformaciones de la sociedad, pero si pueden contribuir y ser parte y fuerza al igual que otras formas de manifestación de resistencia y lucha, uno de tantos frentes de lucha, no el mejor, ni el más destacado, ni el principal o el privilegiado, ni el secundario, ni el peor, ni el útil en todo momento ni el prescindible. El arte es un frente más.

Lo que me queda claro es que el arte tiene FUERZA y cuando se propone acompañar y reforzar la lucha es imponente, aunque no siempre sea efectivo, esto debemos entender y aceptar para avanzar. Porque el arte no es un don sobrenatural ni una expresión incuestionable, todo lo contrario. Esa forma de entender el arte no debiera contaminar al arte de protesta ya que proviene de concepciones elitistas. Por tanto ambas perfos (la de socorras como Trescientas) deben ser sometidas a la crítica político-artística y lo propongo formalmente.

Esto lo creo necesario para construirnos, por vislumbrar una creciente corriente que considera a la manifestación artística como algo superlativo de la manifestación política en contraste con formas populares, partidarias o de tradición obrera consideradas “burdas o insuficientes”? Expresado esto por algunxs compañerxs independientes del arte y la cultura con los que no acuerdo y en estas líneas de Fabricio, de la nota en cuestión, refiriéndose a las perfo aludidas: (y a decir verdad, mucho más política que los tradicionales mezasos, volanteadas, cortes de calle con predominancia de machirulos “que le ponen huevo” a la lucha, y todas esas clásicas formas de manifestación provenientes de organizaciones militantes que demuestran a fuerza de subestimación, estar a años luz de reflexionar acerca del poder y la fuerza de la acción artística como método legítimo de visibilidad y denuncia).

Planteo las siguientes preguntas en base a estas líneas:

a) ¿Cuándo, cómo, dónde y desde quiénes se considera que una perfo es más o menos política que un mezaso, corte o volanteada?

b) ¿El corte de una calle es propio de “machirulos”?

c) ¿Las organizaciones militantes (¿cuáles?) a fuerza de subestimación (¿por quiénes?) están a años luz de reflexionar acerca del poder y la fuerza de la acción artística como método legítimo de visibilidad y denuncia?

d) ¿Por qué se plantea la comparación o se “compite” en lugar de plantearse cooperar, sumarse y aportarle la fuerza innegable del arte a las tradiciones probadamente efectivas de lucha?






Temas relacionados

Tucumán   /    Cultura

Comentarios

DEJAR COMENTARIO