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La pobreza estructural: una “pesada herencia” que ningún Gobierno resuelve

En menos de un mes, Macri será historia. Pero dejará varios problemas a resolver. Entre ellos, una pobreza, que según la UCA podría superar el 38% a fin de año, y que desde hace 30 años no baja del 20 % y castiga en mayor medida a niñas, niños y adolescentes.

Martes 19 de noviembre | 16:10

Según estimó Agustín Salvia, director del Observatorio de Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), la pobreza para fin de año en nuestro país será del 38 %. “El 5 de diciembre vamos a presentar nuestro informe de pobreza, siempre da un poquito por arriba de los datos oficiales que en el segundo trimestre de 2019 ya estábamos cerca del 37%. Seguramente estemos en el 38%”, dijo Salvia en declaraciones a radio Futurock.

La pobreza golpea más fuerte a las niñas, niños y adolescentes. Según los últimos datos de la UCA, la pobreza infantil es de más del 51%. Es decir que en nuestro país son más los pibes que tienen hambre que los que no. A esto hay que agregar que según datos de Unicef, cada año unas 2.500 niñas de menos de 15 años se convierten en niñas madres, producto de situaciones de abuso y violencia.

Es verdad que el aceleramiento de la pobreza con Macri pegó un salto enorme. En apenas un año, sus políticas de ajuste, delineadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) provocaron 4 millones de nuevos pobres. Es verdad que para salirse con la suya y convertir en ley las “geniales ideas” de los ajustadores neoliberales recibió ayuda de parte del peronismo, del mismo que hoy forma parte del Frente de Todos, como sucedió con la reforma previsional. Y también es verdad, que en Argentina hace tres décadas que la pobreza no desciende del 20 %, salvo en el año 2011, convirtiéndose así en un problema estructural no resuelto por ningún gobierno en estos años, sea quien sea.

A esto hay que sumarle que en algunas provincias gobernadas desde hace años por el peronismo, como Formosa (Gildo Insfrán), Tucumán (Juan Manzur) o Chaco (Domingo Peppo) la pobreza supera el promedio nacional y llega hasta el 40 % en algunos casos.

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Alberto Fernández, y varios de los referentes del Frente de Todos como Daniel Arroyo, vienen haciendo hincapié en que uno de sus principales ejes de su gobierno será la lucha contra el hambre y la pobreza. En ese marco, el presidente electo puso en marcha el Consejo Federal Argentina Contra el Hambre que ya tuvo su primer reunión, de cuya primer reunión participaron Arroyo y figuras de distinta índole, desde Marcelo Tinelli hasta representantes de empresarios como Funes de Rioja, los mismos que no paran de aumentar los precios de productos alimenticios básicos.

Hasta el momento se conocen solo algunos de los detalles de ese plan. Entre ellos figura una tarjeta alimentaria a la que podrán acceder dos millones de personas y que les permitirá comprar alimentos.

La tarjeta, que no se podrá usar para retirar dinero, será emitida por un banco público y comenzará a ser distribuido primero entre madres de chicos menores de seis años y los organizadores y trabajadores de comedores sociales.

Además de la tarjeta, hay versiones que indican que el próximo gobierno impulsará la creación de una ley de góndolas y la del programa de Precios Cuidados.

Un problema estructural, que requiere soluciones estructurales

Sin duda, medidas como estas ayuden a descomprimir la precaria situación de los sectores hoy alcanzados por la pobreza. Pero es difícil pensar que resuelvan de fondo una condición estructural que afecta a millones de personas, en muchos casos heredada de generación en generación.

Hablamos de hogares que no tienen cubiertas necesidades mínimas, como el acceso a luz, gas y agua potable. Hogares que están obligados a sobrevivir con ingresos miserables porque sus integrantes son jubilados, trabajadores en negro o directamente desocupados o madres solas.

Macri se va. Pero nos deja la pobreza y la subordinación al FMI que impedirá resolver de manera seria y profunda el drama del hambre y la pobreza porque seguir pagando la deuda y continuar bajo el mando del FMI implicará más ajustes con el objetivo de favorecer a los mismos de siempre: los especuladores, los banqueros y grupos empresarios.

La prioridad tiene que ser satisfacer el hambre y las necesidades sociales (como el acceso a la salud, a la educación, a vivienda digna, a servicios básicos) de las mayorías populares y no la de especuladores y empresarios. Cualquier plan que no contemple está perspectiva será un paliativo momentáneo pero que seguirá condenando a la pobreza estructural a millones de argentinos.







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