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I CONGRESO CRT

La nueva etapa de la situación mundial y nuestro internacionalismo

El primer punto en el orden del día del Congreso de la CRT fue el debate sobre el documento internacional. En esta nota resumimos los puntos centrales del informe sobre las principales tendencias de la situación mundial.

Josefina L. Martínez

Historiadora | Madrid

Martes 9 de mayo | 20:11

“La política es economía concentrada”: la definición es de Lenin, y permite pensar las grandes contradicciones y la dinámica de una nueva etapa en la situación internacional. Hoy estamos presenciando fenómenos políticos nuevos, algunos aberrantes, que son expresión política derivada de la crisis económica capitalista abierta hace casi una década. Y son, sobre todo, expresión del modo en que los capitalistas gestionaron esa crisis, con ataques generalizados al movimiento de masas y con una mayor intervención estatal para evitar un crack abierto, que solo postergó la crisis hacia adelante. Esto dio paso a un estancamiento prolongado de la economía, una crisis profunda y lacerante, que fue horadando las bases de dominio de los regímenes democrático burgueses en varios países. El fenómeno Trump, el ascenso de Le Pen, y, por izquierda, el ascenso de los neorreformismos, no pueden entenderse sino en este marco.


Foto: ID / Antonio Litov

1. El caso francés

El caso francés concentra gran parte de las contradicciones de la situación mundial: la crisis de los partidos tradicionales, los nuevos fenómenos políticos, la emergencia de la lucha de clases y la importancia de una política revolucionaria en esta situación.

Lo que estamos viendo es la agudización de una crisis orgánica del capitalismo francés, una crisis de la V república. (…) La xenófoba y reaccionaria Marine Le Pen y el neoliberal Macron son, cada uno a su manera, dos outsiders al establishment, aunque Macron ha sido rápidamente asimilado por el frente republicano, porque es un hombre las finanzas y del neoliberalismo europeísta.

El alto porcentaje de abstención y voto nulo cuestiona los intentos de recrear un “frente republicano” anti Le Pen como sucedió en 2002. (…) La consigna “Ni le Pen ni Macron” tuvo una significación política profunda. Así como la tuvo antes la candidatura de Poutou, expresión de una perspectiva de independencia de clase. (…)

Lo más importante, es que Francia atravesó recientemente importantes eventos de la lucha de clases, lo que muestra una recomposición de la subjetividad de la clase trabajadora y la juventud por izquierda. Frente a un gobierno de Macron que será profundamente antipopular, con mucha polarización, se puede reactivar el desarrollo de una vanguardia combativa y anticapitalista. En este sentido tiene un valor específico la política de nuestros camaradas de la CCR dentro del NPA, que dieron la pelea por una candidatura anticapitalista con un contenido de independencia de clase, contra la propia dirección del NPA.

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2. El gobierno de Trump

En Estados Unidos, aquello que se consideraba “impensable”, se volvió realidad: el gobierno de Trump cumplió esta semana 100 días. (…) Sobre su gobierno, hemos hecho una definición, que es un bonapartismo débil. Bonapartismo, porque Trump intenta arbitrar entre diferentes fracciones; débil, como se ha mostrado en sus primeros 100 días de gobierno, porque no está asentado y no logra apoyarse en una base sólida para sus políticas, ni entre sectores burgueses ni en el propio partido republicano, que le ha bloqueado varias iniciativas. La última semana ha logrado aprobar en el congreso la reforma al sistema de salud, para liquidar el Obamacare, pero después de haber sufrido una primera derrota en el Congreso, donde su propio partido lo había rechazado. Ahora todavía debe aprobarse en el senado, donde puede volver a bloquearse. (…)

Por otro lado, es importante señalar que el nacionalismo económico de Trump no quiere decir un repliegue nacional sino, políticas imperialista agresivas en el terreno comercial y militar, como muestra su ofensiva militarista en Corea y Siria, lo que puede llevar a una mayor desestabilización a nivel mundial. (…) La realidad es que, aunque no vino el “caos” y la “catástrofe total” que anunciaban los demócratas a una elección de Trump, creemos que su gobierno significa un cambio profundo no solo en la política norteamericana sino en la situación mundial, donde se está abriendo una nueva etapa.

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3. Una etapa caracterizada por una profundización de las tendencias a las crisis orgánicas

La llegada de Trump a la Casa Blanca no es un fenómeno aislado. Para explicarlo, estamos utilizando una categoría que tomamos de Gramsci, “crisis orgánicas”, que vemos profundizarse como tendencias en varios países centrales y en forma abierta en países semicoloniales importantes como Brasil, o en potencias regionales como Turquía, donde hubo “salidas de fuerza” por parte de la burguesía.

Nos referimos a crisis estructurales de conjunto, que abren un período de escisión de sectores importantes de las clases explotadas con los partidos tradicionales, crisis profundas de los regímenes políticos y la emergencia de nuevos fenómenos. En el contexto de una situación donde no hay enfrentamientos abiertos entre revolución y contrarrevolución, la categoría de “crisis orgánica” nos permite analizar la profundidad de las contradicciones en curso.

4. Una nueva etapa de la situación internacional

¿Qué significa una nueva etapa de la situación internacional? Cuando nos referimos a etapas, estamos hablando de períodos largos, que pueden durar varias décadas, donde se impone una determinada relación de fuerzas entre las clases, en las relaciones entre los estados y en la economía capitalista. (…) La etapa de la restauración neoliberal comenzó con la derrota de Thatcher a los mineros ingleses y el gobierno de Reagan en Estados Unidos, a principio de los años 80, imponiendo ataques muy duros a la clase obrera. La restauración neoliberal incluyó el colapso de la URSS, mientras que, en el caso de China, el avance del capitalismo la transformó en el nuevo “taller del mundo” con bajos salarios y peores condiciones de trabajo. En Europa, la etapa de restauración neoliberal coincidió con la consolidación del proyecto imperialista reaccionario de la Unión Europea, que, aunque ya era un proyecto desde la posguerra, tomó forma más concreta.

Desde principios del nuevo milenio hubo fuertes cuestionamientos a este orden neoliberal, expresados en resistencias, recomposición de la lucha de clases, huelgas obreras y fenómenos antiglobal, pero después del estallido de la crisis mundial en 2008, pudimos ver más claramente los contornos del fin de esta etapa de la globalización neoliberal.

La crisis capitalista que se ha transformado en un estancamiento prolongado de las principales economías capitalistas, las agudas crisis políticas de los regímenes, la emergencia de nuevos fenómenos por derecha y por izquierda, una mayor polarización, las mayores tensiones geopolíticas, y las tendencias al nacionalismo, junto con la incipiente pero persistente emergencia de nuevos fenómenos de la lucha de clases, están delineando los contornos de esta nueva etapa de la situación internacional, una etapa donde reaparecen elementos más clásicos, y puede preparar una reemergencia de la lucha de clases.

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5. Elementos de recomposición política del movimiento obrero

Con la elección de Trump se produjo un gran debate en la intelectualidad, sobre la clase obrera y los llamados populismos de derecha. En relación con esto, es importante señalar que, si bien sectores de la clase obrera han votado por Trump o a Le Pen, también hay importantes sectores del movimiento obrero que expresan una recomposición política por izquierda. Estos son fenómenos de primer orden para los revolucionarios.

Esta recomposición se ve no solo en el caso de Francia, sino también en el caso español, o en Brasil, donde venimos de una huelga general en el proletariado continental más grande de América Latina. Y también en Argentina, con el paro general contra Macri y el apoyo de miles de trabajadores al FIT. (…) Otro fenómeno novedoso es la emergencia de un gran movimiento de mujeres a nivel internacional, que además puede estar actuando como caja de resonancia de los malestares de los sectores oprimidos y explotados. (…) Actualmente se estima que hay nada menos que 3.200 millones de personas que se ven obligadas a vivir de la venta de su fuerza de trabajo, una clase obrera más extendida mundialmente, más feminizada y multirracial, que puede actuar como sujeto hegemónico, tomando las demandas de todos los sectores oprimidos, como parte de un programa revolucionario.

6. La lucha contra el reformismo

La disputa con el reformismo es una de los grandes combates del momento político. (…) Con los sectores que intervienen en el frente Anti Trump, para llevarlo a una nueva política de tipo frente populista y reconstituir al partido demócrata. Con los sectores que intervienen el movimiento de mujeres para llevarlo detrás de las políticas reformistas. Con los sectores reformistas en Brasil, que quieren canalizar la oposición al gobierno de Temer hacia una vuelta electoral del lulismo, en vez de desarrollar las tendencias al frente único obrero, la lucha de clases y a la huelga general, como plantean nuestros compañeros del MRT.Con los sectores que en el Estado español y en Europa plantean una “internacional reformista 2.0” frente a la crisis de la UE, y se diluyen dentro de todos los fenómenos reformistas, como Anticapitalistas y el SU en Podemos, Momentum, Die Linke, etc. En esta disputa con el reformismo es clave un programa transicional, anticapitalista, de clase, como parte de la lucha por gobiernos de trabajadores y por los Estados Unidos Socialistas de Europa.

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7. Nacionalismo e Internacionalismo

La nueva etapa histórica en la que entramos reactualiza la necesidad del Internacionalismo revolucionario. El internacionalismo tiene un fundamento profundo en las contradicciones del capitalismo: la socialización creciente de la producción capitalista, mientras un puñado de grandes grupos económicos y millonarios se apropian de las riquezas sociales. El choque, que señaló Marx, entre el desarrollo de las fuerzas productivas, y la existencia de las fronteras nacionales. El internacionalismo tiene su fundamento también en el carácter internacional de la clase trabajadora, cada vez más extendida e internacionalizada internamente.
Para nosotros el internacionalismo no es una declaración abstracta, sino una cuestión estratégica, porque no es posible pensar la lucha por el comunismo y por superar al capitalismo sino a escala internacional. Como parte de esa lucha estratégica, se encuentra en primer lugar la tarea de construir partidos revolucionarios, como parte de un partido mundial de la revolución socialista. El internacionalismo separa a reformistas y revolucionarios, porque solo desde una estrategia de la revolución mundial es posible pensar una superación del capitalismo, sin internacionalismo solo queda adaptarse a programas de humanización del “capitalino nacional”. Por eso rechazamos todo intento de salir de la crisis actual con el regreso a cualquier tipo de nacionalismo o soberanismo, aunque sea por izquierda, con la ilusión en algún tipo de capitalismo nacional progresivo, con las apelaciones a la ‘patria’ francesa de Mélenchon o la ‘patria’ española de pablo iglesias, soberanismos que son doblemente reaccionarios en países imperialistas que ejercen su opresión sobre las semicolonias. (…)

El internacionalismo es concreto, y por eso jerarquizamos la lucha por construir un partido mundial de la revolución socialista, no en base a 4 puntos abstractos (como hizo el PO de Argentina con el PCL italiano en la fracasada CRCI), sino en base a lecciones concretas de la lucha de clases y un programa revolucionario internacional. El internacionalismo es concreto, y por eso estamos en contra de relaciones internacionales formales o diplomáticas para “quedar bien” y dar un marco internacional a las tácticas nacionales, sino que empezamos por lo internacional, y priorizamos el debate y la experiencia común con grupos o militantes de la izquierda que quieran avanzar en la misma perspectiva.

El internacionalismo es concreto, y por eso impulsamos una red de diarios en 11 países y 5 idiomas, para formar cuadros revolucionarios internacionalistas que se propongan conocer los secretos de la política internacional y formarse como marxistas. El internacionalismo es concreto, y por eso desde la FT lanzamos y reactualizamos el manifiesto por un partido mundial de la revolución, que proponemos discutir a diferentes grupos y militantes a nivel internacional.

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