Economía

PANORAMA

La “normalización económica” de Marcos Peña: ¿qué pasará después de octubre?

Algunas ramas económicas alcanzaron el piso en su derrumbe. El consumo sigue en caída libre por la depresión salarial. Un nuevo ajuste en carpeta.

Pablo Anino

@PabloAnino

Jueves 8 de junio | Edición del día

"Hemos empezado a crecer y empiezan a verse los frutos de la normalización económica", sentenció el jefe de Gabinete, Marcos Peña, durante una reunión de gabinete ampliado con el intendente de Tres de Febrero, Diego Valenzuela.

Fiel al espíritu PRO el evento tuvo lugar en la sede del Club de Emprendedores en la localidad de Caseros. ¿Hay motivos para el entusiasmo de Peña? No muchos.

El macrismo parece respirar tranquilo luego del cimbronazo que vivió semanas atrás por el salto en la crisis brasileña cuando la corrupción “tocó” a la puerta de Michel Temer: la economía argentina atravesó días de incertidumbre cambiaria con la suba del dólar.

Nada es para siempre. Los Trump, los Brexit, un nuevo salto en la crisis del vecino país y tantos otros “cisnes negros” que proliferan en una economía mundial que no termina de encontrar solución a sus grandes problemas pueden traer malas noticias en cualquier momento.

La contingente y relativa estabilidad que atraviesa la economía local no significa que haya llegado "al final del túnel". Y depende, en gran medida, del parcial impase del ajuste al que Cambiemos se ve obligado por la agenda electoral.

Probablemente en los meses próximos algunas (no todas) variables económicas dejen de empeorar con cada nuevo registro estadístico dado a conocer. Pero el árbol no puede tapar el bosque.

Profundos desequilibrios económicos siguen latentes desde hace años: déficit fiscal, déficit corriente externo, alta inflación y atraso cambiario, entre los más notorios.

El macrismo hizo su aporte a generar nuevos desequilibrios con la escalada de la deuda externa y la emisión descontrolada de Lebac del Banco Central que alimentan las ganancias de los especuladores financieros.

El estado de salud de la economía lo describió con precisión de “cirujano” el exfuncionario de Cambiemos, Carlos Melconian: “Ojo que se puede ir todo a la mierda”, advirtió. El elevado gasto fiscal financiado con deuda externa está en el fondo del llamado de atención.

No hubo lluvia de inversiones. Muy por el contrario, en 2016 las inversiones extranjeras directas cayeron a la mitad. Mientras las empresas multinacionales fugaron ganancias a gran escala gracias al levantamiento del “cepo”.

Esa falta de entusiasmo del capital más concentrado se debe a que el “gradualismo” del ajuste es tolerado, pero a condición de que en algún momento se pise el acelerador. "El círculo rojo nos critica por no hacer un ajuste más violento”, se sinceró el ministro de Finanzas, Luis Caputo.

La “reactivación” y la agenda electoral

Los negocios agrarios se están reactivando genuinamente: este año se espera una cosecha récord. Ese milagro tiene lugar gracias a la devaluación de 2015 en simultáneo con una quita (o baja en el caso de la soja) de retenciones que engordó las ganancias del sector.

El “derrame” sobre el resto del aparato productivo no llega más que a través de las compras de pick up y maquinaria agrícola. El resto del país sigue sumergido en el barro del estancamiento económico.

Lo que ocurre con la industria automotriz es demostrativo de la ambivalencia de la situación actual. En mayo exhibió una mejora importante (+13,8 % interanual), no obstante la producción acumulada en los primeros cinco meses del año se encuentra 4,6 % debajo del mismo período de 2016 (es decir, la comparación es poco significativa porque se realiza contra el lapso más recesivo del año pasado).

Además, los niveles de producción automotriz están ¡más de 40 % debajo de su máximo histórico de 2011! Por tal motivo, más del 50 % de la capacidad productiva está sin utilizarse. En paralelo, las ventas de concesionarios crecen con autos importados de Brasil.

Luego de un enorme derrumbe en 2016 la construcción avanza a gran velocidad con el empuje de las iniciativas del Gobierno hacia las elecciones: como la furiosa agenda de inauguración de estaciones de Metrobus (aunque muchas no estén terminadas).

El consumo de asfalto ¡creció 95 % interanual en el acumulado entre enero y abril! Evidentemente, no son los emprendedores privados los que están detrás de la reactivación de la construcción.

Aun con esos “motores”, la economía de conjunto no termina de arrancar. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE) cambió su pronóstico de crecimiento de este año hacia la baja: de 2,9 % a 2,5 %.

Cada nueva proyección que realiza un analista o un organismo internacional ubica la posible recuperación en escalón más abajo que el pronóstico previo, tanto que puede llegar a ocurrir que ni siquiera alcance para compensar lo perdido en 2016.

Los que siempre pierden

El economista ortodoxo Daniel Artana evalúo que “hay algunos brotes verdes en algunos sectores, pero no en comercio. En lo que resta del año hay alguna perspectiva de que el consumo mejore y también las inversiones”. El famoso “segundo semestre” pide pista para volver al ruedo.

El piso que encontraron a su derrumbe algunas ramas de la economía no parece existir para el consumo que sigue en caída libre. Según la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), las ventas minoristas de las Pyme retrocedieron 2,3 % en mayo, acumulando una caída de 3,4 % en los primeros cinco meses del año.

A causa del fracaso (auto infligido) en reactivar el consumo, el presidente del Banco Central podrá mostrar una relativa desaceleración de la inflación durante mayo.

De todos modos, la meta del 17 % anual de Federico Sturzenegger constituye un relato de ficción bien alejado de una realidad donde la inflación oscilará entre el 25 y el 30 %.

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Con paritarias cerrando alrededor del 21 % es una obviedad que el consumo no se recuperará o sólo lo hará muy parcialmente en los meses que entran los aumentos salariales para luego volver a caer.

En 2016 el salario real cayó 6 % promedio entre los trabajadores del sector privado que están registrados (en “blanco”). Pero ese promedio oculta grandes desigualdades, donde algunas ramas perdieron por encima del 10 %.

Entre los estatales la pérdida es mayor: fue estimada por ATE Indec en 15,1 % desde la asunción de Cambiemos hasta abril de este año. Entre los trabajadores no registrados (en “negro”) huelga decir que la pérdida del poder adquisitivo debe haber sido de una proporción mayor.

Este año la brecha entre inflación y paritarias se encamina a ser algo menor que el año pasado, pero sigue siendo desfavorable para los trabajadores.

El ajuste, considerado “gradual” por los funcionarios del Gobierno y el establishment económico, es brutal para el pueblo trabajador.

Los números dados a conocer estos días por la Universidad Católica Argentina (UCA), si bien no son una novedad, no dejan de alarmar: 6 millones de personas sufren hambre y 8,5 millones padecen pobreza extrema.

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Cuando en lugar de medir la pobreza por condiciones estructurales, se la mide por ingresos resulta que las políticas de ajuste generaron 1,5 millón de nuevos pobres y 600 mil indigentes desde la asunción de Cambiemos.

En la elección de octubre el macrismo intentará reunir capital político para volver a encender la “maquina de crear pobreza”. Es lo que discutió en su reunión de gabinete del martes.

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No se trata de elegir el “mal menor” del Frente para la Victoria o el Frente Renovador que votaron las leyes principales del ajuste. El Frente de Izquierda es la única fuerza que se planta a favor de los intereses de la mayoría del pueblo trabajador.






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