Cultura

MÚSICA

La música coral de la Unión Soviética

Una descripción sobre la música tradicional rusa. Sus orígenes, su carácter revolucionario y el surgimiento de los coros proletarios hasta la formación del Coro del Ejercito Rojo.

Miércoles 16 de noviembre | Edición del día

Dentro de los diversos desarrollos musicales que se produjeron a partir de la Revolución de Octubre, quizás el más conocido, junto a los compositores Prokofiev y Shostakovich, es el Ensamble Aleksandrov (también llamado Coro del Ejército Rojo).

Con una particular puesta en escena, y con un repertorio que abarca una buena parte de la música popular rusa, este coro fue reconocido mundialmente, hasta el punto que para muchos es posible identificar su sonido con la totalidad de la música del país.

Por supuesto, esto no es así, dado que existieron muy diversas y distintas tendencias musicales en la Unión Soviética, muchas veces en oposición unas con otras, y algunas que se remontan hasta tiempos previos a la Revolución. La música coral, en este sentido, puede inscribirse dentro de una tradición bastante antigua en ciertos sentidos, que recibió una particular atención por parte de los bolcheviques.

Música Gitana

Antes de la Revolución, la música popular por excelencia era lo que se conocía como “música gitana”. A pesar de su nombre, este estilo no tenía necesariamente mucho que ver con verdaderos gitanos, sino que más bien era un término general que se usaba para muchos estilos distintos, como tango, ragtime, o música popular no-rusa.

De hecho, muchos de los principales intérpretes de esta música eran miembros de minorías étnicas: georgianos, kazajos, o azeríes, que habían abandonado su tierra natal para probar suerte en Moscú o San Petersburgo. Si la música que interpretaban era en general ecléctica, las letras se concentraban en un par de elementos comunes, principalmente historias de amor o desamor, y con un fuerte énfasis en la sensualidad y una actitud contracultural.

Junto a este movimiento existía otro, llamado “canción cruel” o “romance urbano” que tenía un estilo más ruso, y se caracterizaba por las letras trágicas, cantadas por un hombre solo, que acompañaba la interpretación con mucho énfasis en lo gestual. Su público fue cierto sector de la pequeñoburguesìa, profesionales e intelectuales, en contraste con la música gitana que era de carácter más popular.

En base a estos dos estilos se generó la música revolucionaria de la época. Como sucede hoy en día con las hinchadas de fútbol y los partidos políticos (y es parte integral de la música popular).

En esos años previos a la Revolución de Octubre decenas de compositores con tendencias radicales adaptaron temas de música gitana y romance urbano, tomando las melodías y cambiando las letras para expresar el rechazo al gobierno del Zar. Un caso será el del romance “Acacia Blanca”, que fue transformado en el tema Valientemente a la batalla por el poder soviético.

Los coros proletarios

Canciones de este segundo tipo fueron una parte importante de la cultura proletaria revolucionaria entre las dos revoluciones, y a partir de Octubre se convirtieron en el corazón de la cultura popular rusa.

De acuerdo a Richard States en su artículo The ways of Russian popular music to 1953, “Las canciones revolucionarias que se oían en los primeros años soviéticos llenaron a cientos de miles de euforia y fueron celebradas por estos hasta el fin de sus días. Miles de coros florecieron en clubes obreros, a lo largo de todo el país, en los que se cantaban las viejas canciones radicales”

Estos verdaderos coros proletarios, muchas veces coros de fábricas, fueron una de las primeras formas culturales autónomas de la Unión Soviética, y a diferencia de otros estilos como el Jazz, rara vez enfrentaron de forma general la represión estalinista (aunque sí en forma selectiva). Era tal el interés por fomentar estas formas musicales que durante muchos años a partir de 1928 existieron las llamadas Olimpiadas, que eran competencias provinciales y nacionales de las diversas artes.

En un artículo sobre música amateur en la URSS de los años ´30, Robin LaPasha relata cómo funcionaban estas competencias en la provincia de Ivanovo. Se caracterizaban por su combinación de población rural e industrial. De acuerdo al autor, decenas de coros se habían formado en los años ‘20 en las fábricas textiles, y en algunos casos estos habían alcanzado grandes tamaños, superando los 600 miembros.

A partir de los años ‘30, y una vez que se hubo estabilizado un poco la situación económica después de la colectivización, estos coros empezaron a competir en las Olimpiadas de forma masiva. Varios de estos ensambles alcanzaron un nivel casi profesional, y miles se acercaban de provincias cercanas para presenciar sus competiciones. Las canciones que interpretaban incluían música tradicional como Vniz’ por matushke po Volge.

El Ensamble Aleksandrov

En el contexto recién descripto es que va a tener lugar la formación del Coro del Ejército Rojo. En 1928, este ensamble de doce miembros pertenecientes a las Fuerzas Armadas de la Unión soviética se presentó por primera vez, bajo la dirección de Aleksandrov, un compositor y director de familia campesina.

Originalmente su repertorio se encontraba basado en canciones radicales y militares, pero el avance del stalinismo con su mensaje de regreso a la tradición favoreció la inclusión de música tradicional, que reflejaba la idea de un campesinado adaptado a la colectivización.

Fue a partir de la guerra que el ensamble empezaría a ganar fama mundial. Con más de 1500 presentaciones en el frente, sus interpretaciones empezaron a hacerse conocidas de forma más amplia, hasta convertirse en la imagen de la cultura popular soviética.

Las voces del pueblo

El camino de la música popular se encuentra atravesado por la cuestión de la diferencia y la repetición. Es notable cómo el caso de la música coral rusa del siglo XX muestra una evolución constante, con nuevas formas y modos de presentarse.

Esto se va a encontrar casi siempre relacionado con la transición entre el Zarismo y la URSS, y con los sucesivos cambios del “pluralismo ligeramente controlado” de los años ‘20 al “pluralismo fuertemente controlado” de los años ‘30.

Pero al mismo tiempo, la tradición de las viejas canciones, tanto revolucionarias como populares, se mantuvo constante, y las melodías de siempre sonaron una y otra vez en las voces de los coros obreros y campesinos, sin perder nunca su fuerza.




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