Mundo Obrero

PANORAMA SINDICAL

La mentira de las paritarias libres

Los aceiteros, después de casi 20 días de lucha, acordaron un aumento salarial del 36%. Pero el gobierno no aprobó el acuerdo, porque supera el techo establecido del 27%. La mentira gubernamental de las paritarias libres. Es necesaria una lucha nacional para romper los techos salariales. Hoy paran los bancarios y se aproxima un nuevo paro nacional.

Fernando Scolnik

@FernandoScolnik

Martes 26 de mayo de 2015 | Edición del día

Entre los núcleos del relato kirchnerista, hay uno que señala que las paritarias libres son uno de los logros de la llamada “década ganada”, que habría permitido que la clase trabajadora avanzara en recuperar lo perdido tras los años ´90 y la crisis de 2001. Al igual que el discurso de la no represión, o el del desendeudamiento, es uno de los ejes del repertorio oficial que llega maltrecho al fin de ciclo.

Ya en los años iniciales del kirchnerismo hubo importantes huelgas que demostraron que las paritarias, tan libres, no eran. Peleas salariales como las de los trabajadores del subte o los telefónicos abrieron un camino que fue seguido por luchas como la de los trabajadores del Hospital Garrahan, que durante meses exigieron en el 2005 un salario igual a la canasta familiar, un atrevimiento que les valió duros ataques por parte de Néstor Kirchner y sus ministros de entonces. Ese mismo año, el gobierno nacional le pagó por adelantado, con reservas del Banco Central, 10 mil millones de dólares al FMI. Para eso había fondos.

Para que las discusiones salariales no se fueran de cauce, durante los años siguientes, un ex aliado de los Kirchner, Hugo Moyano, se ocupó de firmar desde el gremio de Camioneros los acuerdos “testigo” que imponían la pauta de aumentos para todos los sindicatos. Hoy ese rol lo juegan Antonio Caló de la UOM y otros dirigentes oficialistas, que han decidido que los trabajadores no precisan más que un 27% de aumento salarial en cómodas cuotas, por más que la inflación del año pasado haya alcanzado un 37% y la de este año se proyecte alrededor de un 30%.

Por estos días, la paritaria de los trabajadores aceiteros de Rosario está actuando como conflicto testigo que pone al desnudo que, contra todo el discurso oficial, las paritarias, una vez más, no son libres. Hace pocas semanas, el Jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, había afirmado que “las paritarias nacieron libres y seguirán siendo libres. Se tienen que definir entre ellos, entre las partes del empleador y los representantes de los trabajadores”.

Eso mismo era lo que pasaba entre los trabajadores aceiteros y las cámaras del sector, al menos en apariencia. Sólo que las paritarias “libres” dejaron de ser tales cuando el Ministerio de Trabajo se negó a aprobar el acuerdo alcanzado. Tras casi 20 días de paro, los trabajadores habían alcanzado un acuerdo que llevaba el salario inicial a $14.300, en un solo tramo, acercándose al monto de la canasta familiar. El aumento representaba, con los adicionales incluidos, un incremento del 36%, muy arriba del 27%, por lo cual no fue aprobado por el gobierno nacional.

Mediante un comunicado, los trabajadores aceiteros denunciaron que “las empresas condicionaron el acuerdo a un aval del Ministro de Trabajo que, consultado en ese momento, manifestó que no se aprobaría un convenio de estas características. Por tal motivo, hoy la huelga continúa, pero ya no sólo contra las patronales, sino también para que el Ministerio de Trabajo destrabe el acuerdo y garantice la vigencia de paritarias libres”.

Salario, ganancias, inflación

Cuando abandona el inverosímil discurso de que no hay techos a las paritarias, el libreto oficialista coquetea con otro argumento: que si aumentan mucho los salarios, sube la inflación. Desde La Izquierda Diario ya hemos polemizado contra esa falacia.

Los trabajadores aceiteros también rebaten ese argumento desde su caso particular cuando denuncian que la rentabilidad por tonelada de soja procesada se ha multiplicado por 25 en los últimos años, por lo cual “se trata de empresas que cuentan con superganancias. Cualquier aumento salarial puede y debe ser absorbido por ese margen, sin necesidad de ser trasladado a los precios”.

¿Cuál es entonces el argumento para no homologar acuerdos por más del 27%? Lo confesó Antonio Caló, el líder de la CGT oficialista, cuando explicó por estos días a un matutino porteño que en las paritarias, este año más que nunca, el gobierno y los empresarios “tuvieron una postura común, como encadenados”. El ajuste es para los salarios, las ganancias empresarias no se tocan.

Al paro nacional por paritarias libres y todas las demandas obreras

Como se desprende de la paritaria aceitera, es necesaria una lucha nacional por el salario. Ya no se trata solamente de peleas por sector, sino de derrotar una política oficial de no convalidar los acuerdos que superen el techo establecido.

El paro nacional del 9 de junio, convocado después de una larga tregua por las cúpulas de las centrales opositoras, es una oportunidad para salir a pelear contra los techos salariales y por todas las demandas de los trabajadores, contra el impuesto al salario, la precarización y por el apoyo a todas las luchas. Para que no sea un paro “dominguero”, la izquierda y el sindicalismo combativo proponen asambleas en todos los lugares de trabajo, por un paro activo con movilizaciones y piquetes que expresen la fuerza de los trabajadores contra el ajuste, de forma independiente de las cúpulas sindicales y los candidatos del ajuste.







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