Sociedad

EDUCACIÓN

La “mala” educación (2da parte)*

*Nota publicada en la revista Ideas de Izquierda Nº10

Nicolás Paulotsky

Politólogo (UBA) y Docente de Lomas de Zamora

Jueves 2 de octubre de 2014 | Edición del día

II. LOS “NI-NI” Y LA FÁBRICA DE MANO DE OBRA BARATA

El discurso gubernamental, junto a la promesa de un “modelo” de país con inclusión social, hizo suyo en el campo educativo el ideal liberal de la escuela como instrumento promotor de “igualdad de oportunidades” hacia la inserción laboral y el ascenso social, garantizada por la ampliación de la obligatoriedad y el aumento del presupuesto educativo.

La primera falencia de esta promesa es su premisa inicial. La retórica de movilidad social del discurso K oculta que las relaciones educativas son expresión de relaciones sociales determinadas más allá de las aulas. Por tanto, si no es posible hablar de “igualdad de oportunidades” educativas en sociedades estructuralmente desiguales, mucho menos lo es en nuestro país que aún en un contexto económico internacional favorable de casi diez años mantuvo su economía sometida al capital extranjero, sin cambiar los nudos estructurales de la dependencia, ni muestra un descenso sustantivo en los índices de desigualdad comparados a los niveles de prosperidad que mostraron las ganancias capitalistas.

En el ámbito social, las “innovaciones” educativas K no lograron ni siquiera mejorar las condiciones del empleo juvenil para un amplio sector de la población que se mantiene en la precariedad y que el gobierno, a pesar del crecimiento económico, no ha querido resolver. Una condición necesaria aunque no suficiente para acceder a empleos con niveles de ingresos que alejen de la pobreza y la vulnerabilidad es poseer estudios secundarios completos. De acuerdo al Censo 2010 del total de la población, el 72,2 % corresponde a mayores de 14 años, de los cuales 3.000.000 poseen como mayor grado educativo la escuela primaria incompleta, y 17.115.000 tienen como máximo nivel educativo alcanzado el de secundaria incompleta. Estos valores de la década K reflejan, desde lo educativo, formas de reproducción de la pobreza.

Como señala el sociólogo kirchnerista Artemio López, esta

…privación extensa y muy profunda garantiza a futuro, de no alterarse generacionalmente esta frecuencia (y no está sucediendo), un tipo de inserción laboral y nivel de ingresos con un perfil muy precario (…) Es inexorable entonces la persistencia de trabajadores pobres, con empleos de muy baja calificación y salarios que no permitan al hogar superar la situación de pobreza, en este contexto de notable empobrecimiento educativo, aún sin reversión a la vista [1].

Situación agravada si tenemos en cuenta que en los últimos 10 años aumentó casi un millón el número de argentinos entre 15 y 24 años que no estudian, no trabajan, ni están buscando un empleo. Según otras consultoras,

…entre 2003 y 2012 el peso de los “ni-ni” en la franja de 15 a 24 años aumentó de 8 a 10 % (…) Esta suba se dio pese al crecimiento de la economía, la mejora en el mercado de trabajo (incluyendo la baja del desempleo juvenil) y el aumento del presupuesto educativo (…) Según el Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa), en el tercer trimestre de 2012 había 850.000 “ni-ni” en el país, es decir, el 13,2 % de los jóvenes de entre 15 y 24 años (…) Sin olvidar que 2/3 partes de los “ni-ni, son mujeres, muchas de las cuales realizan tareas domésticas en sus propios hogares [2].

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En el mismo sentido, según Unicef:

…los datos a 2012 indican que hay un 13,9 % de adolescentes que no estudian, no trabajan y no buscan empleo, con disparidades socioeconómicas: en el 30 % de los hogares más desfavorecidos, el indicador alcanza el 16 % (frente al 4,1 % en el 40 % de familias con renta más elevada). También se observan marcadas diferencias entre las provincias en esta condición: en Resistencia, Chaco, el porcentaje de adolescentes y jóvenes alcanza el 29 %; mientras que en la Ciudad de Buenos Aires, al 9 % [3].

Las pasantías educativas: fraude y precarización laboral

En segundo lugar, la obligatoriedad escolar en el proyecto K, despojada de toda retórica progresista, se inscribe sencillamente en un modelo diferenciador del acceso al conocimiento orientado según las categorías del mundo del trabajo, característico de la escuela burguesa. Como plantea Virginia Macarae:

En las instituciones educativas, el saber, patrimonio de toda ‘la humanidad’ que es creado en definitiva gracias a la actividad de los trabajadores, es ‘robado’ y devuelto parcelado, en una educación ‘segmentada’ que diferencia entre conocimientos de primer nivel, cuyo monopolio tratan de conservar las clases dirigentes, y conocimientos de diversos grados de calidad destinados a la formación de los obreros y sus hijos [4].

Así, desde el Ministerio de Educación se definen los “aprendizajes” en función de las necesidades “instrumentales, laborales, económicas” de cada espacio o región, funcionales a las necesidades empresariales y promoviendo la injerencia privada en los proyectos curriculares. Una de las leyes centrales en este ámbito ha sido la Ley de Educación Técnico-Profesional, que habilita la intromisión directa de las cámaras empresariales en la educación pública o programas como Jóvenes con Más y Mejor Trabajo que proporcionan mano de obra gratuita y son, en última instancia, un factor de presión a la baja salarial.

Las pasantías menemistas bajo los K no solo no han desaparecido sino que se han perfeccionado. A partir de 2011, el empresariado (la UIA, la Confederación Argentina de la Mediana Empresa y la Asociación de Empresarios Argentinos) impuso un nuevo marco legal que habilita a un piso de 400.000 alumnas/os a partir de los 16 años que cursan los dos últimos años del secundario, a realizar pasantías sin modificar la clave del negocio patronal: no reciben ningún tipo de remuneración y, como sostiene cínicamente el ministro Sileoni, “las pasantías están muy resguardadas; no hay modo de que detrás de ellas se esconda trabajo ilegal (…) Tienen todos los derechos que tiene un trabajador, menos el salarial” [5].

Nos oponemos a que el conocimiento esté subordinado a las necesidades de las empresas que buscan lucrar con la educación y asegurar mano de obra barata. Promovemos que lo que aprendamos en la escuela y nuestra práctica cotidiana pueda vincularse pero a través de pasantías educativas regidas por el convenio de la rama laboral con plenos derechos, salarios al nivel de la canasta familiar para los estudiantes que allí trabajen y becas y plenas condiciones de cursada que aseguren el acceso a la educación a los jóvenes que trabajan. Es necesario defender que la educación se vincule al trabajo como parte de un plan que defina y discuta los contenidos entre docentes, trabajadores, sindicatos y jóvenes, en función de las necesidades de la inmensa mayoría y no del negocio privado, garantizando el acceso a la cultura y lo más avanzado del conocimiento científico a la población laboriosa.

Subsidios a la escuela privada, desfinanciamiento de la pública

Si la Ley Federal del menemismo consagraba a la educación pública como un sistema con dos tipos de gestiones (privada y estatal), habilitando que cualquier entidad privada pueda ofrecer servicios educativos y ser subvencionada por el Estado utilizando fondos públicos, esta definición no solo se mantiene con los K sino que todos los índices señalan el crecimiento histórico del mercado educativo privado y especialmente confesional, demostrando que se ha convertido en un “excelente negocio”.

A través del subsidio a las escuelas confesionales, los K han preservado el papel retrógrado de la Iglesia como agente educador y a la religión como parte del currículum pedagógico. Según el relevamiento oficial de 2010, la Nación, las provincias y la ciudad de Buenos Aires aportaron a 3.500 establecimientos educacionales católicos, la suma de 4.200 millones de pesos. Actualizando esos montos las transferencias para la educación católica rondarían en 2013 entre 5.100 y 6.300 millones de pesos [6].

El avance del “negocio educativo” revela otro aspecto: la dualización socioeducativa, es decir, escuelas “para pobres y no pobres”. Aunque la presidenta exalta en sus discursos que “No hay nada más democratizador, nada más igualador, nada más nivelador que la educación gratuita en todos los niveles”, la escuela pública viene perdiendo terreno frente a la privada.

Ante la crisis de la escuela pública, muchos padres deciden enviar a sus hijos a las privadas subsidiadas por el Estado, donde el costo de la matrícula resulta, en base al sacrificio familiar, accesible para un sector menos rezagado de la población y un negocio asegurado para los empresarios educativos, incluyendo a la curia, acentuando la estigmatización y clasificación de las escuelas según el origen social de los alumnos.

En términos estadísticos, aproximadamente más de 300.000 alumnos se fueron de las primarias estatales en la década K. Los datos oficiales confirman “una tendencia que se mantiene firme desde 2003: la escuela primaria estatal perdió 333.274 alumnos en estos diez años, lo que supone una caída del 8,9 %. En ese mismo período, las privadas ganaron 218.086 estudiantes: aumentaron su matrícula en un 22,5 % (…) En total, el nivel medio incorporó 428.618 alumnos entre 2003 y 2012, aunque el crecimiento fue mayor en las privadas (16,7 %) que en las públicas (11,2 %)” [7].

Tomemos dos casos relevantes: en la Ciudad de Buenos Aires el retroceso de la escuela primaria estatal fue el mayor (17,2 %) a nivel nacional [8] y en la provincia de Bs. As., que representa casi el 40 % del total de alumnos del país y es una zona de alta concentración demográfica con niveles de pobreza e indigencia elevada, la cantidad de alumnos en escuelas estatales de todos los niveles pasó, entre 2003 y 2012, de 2.506.562 a 2.590.751 alumnos, es decir que la matrícula aumentó un 3,4 %. Mientras que en las escuelas privadas se incrementó de 1.095.899 a 1.424.405 alumnos, casi diez veces más que la pública [9]. Esta relación se repite en todos los niveles educativos (Inicial y Secundario) de la provincia, salvo en la educación primaria, donde la matrícula estatal disminuyó en un 5 %, es decir, que perdió a casi 55.000 alumnos, mientras que la privada aumentó en un 34 % (153.000 alumnos más) [10].

Más que nunca se reactualiza la lucha por el quite de subsidios a la educación privada, tal como fue presentado como proyecto de ley por el diputado provincial por Neuquén Raúl Godoy, miembro del PTS, en el Frente de Izquierda. El mismo plantea que:

…el objetivo del proyecto es poner fin a todo tipo de subsidio a las escuelas privadas, que significan una sangría del presupuesto que debería ir a financiar la educación pública y hoy es utilizado para mantener lo que es un verdadero negocio de la educación privada (…) el dinero que se utilizaba para subsidiar las escuelas privadas que sea utilizado exclusivamente para la construcción o refacción de edificios escolares [11].

A propósito de la obligatoriedad: barriendo el fracaso escolar bajo la alfombra

A diferencia del paradigma “universalista” del nivel primario que acompañó el proceso de formación del Estado en el siglo XIX, los proyectos de masificación progresiva de la escuela secundaria implementados a lo largo de la historia nacional se dieron en contextos de cambios sociales y políticos que exigieron –desafiando el carácter selectivo de sus orígenes– innovaciones en las posibilidades de acceso de los sectores populares. El kirchnerismo como parte del relato “nacional y popular” hizo suya la promesa de realización efectiva de universalización del secundario. Sin embargo, como veremos, la clave no es el tiempo que se pasa en la escuela sino qué ocurre dentro de las aulas.

En 2011 el total de alumnos corresponde a 11.916.081 [12]. El incremento de la matrícula entre 2006 y 2011 representa un 8 %, concentrado especialmente por la expansión del 17 % para el nivel inicial (mayormente en Mendoza, Santa Cruz, Chubut y CABA ) y 8 % para el secundario en provincias de baja densidad poblacional como Santa Cruz, San Luis, Tucumán y Misiones [13].

La expansión de la matrícula del nivel secundario, que se intenta presentar como el mayor logro, no ha logrado evitar el gran problema que se busca ocultar: el fracaso escolar. Si bien hay más alumnos dentro del sistema educativo, no se ha logrado retenerlos. La realidad es que bajo el gobierno K hay más chicos que repiten en la secundaria y es muy alto el número de los que abandonan condicionados por su situación social. Según las últimas cifras oficiales a nivel nacional, en 2012 empezaron la secundaria 808.580 alumnos, con 285.699 egresados. Si se suman los casos de abandono y repitencia, menos del 50 % de los estudiantes terminan la escuela en tiempo y forma [14]. Justamente uno de los índices que expresan las condiciones de desigualdad social y pobreza es la deserción escolar, siendo en la escuela secundaria entre 2 y 3 veces más elevada que en el primario, especialmente en los últimos años de la cursada que impactan negativamente en el egreso.

Frente a los problemas sociales estructurales que el gobierno preservó de la herencia menemista, como el trabajo precario y “en negro” que alcanzan a casi el 35 % de los asalariados, la mitad del total de ocupados cobra menos de $ 4.040, y el 25 % de los ocupados (4 millones de personas) gana menos de $ 2.500 mensuales, la obligatoriedad de la educación es una formalidad y esconde el rol que le asignan a la escuela como amortiguador de los efectos de la segmentación y pobreza social. En última instancia, como plantea G. Tiramonti: “Se le da a la escuela una identidad más relacionada con un dispositivo de control social, y se deja de lado la potencialidad de ser una escuela de iniciación cultural para los jóvenes” [15], transformando el espacio escolar en un ámbito de resguardo de la marginalidad juvenil. Escuelas para pobres, donde los chicos no llegarán nunca a la universidad o no completarán ni siquiera el colegio secundario, de población escolar en condiciones de violencia y precarización social y económica, donde no importa cómo o si se aprende –en la bajada política oficial– “está escrito” que los chicos tienen “que aprobar”.

A modo de cierre: algunas peleas estratégicas de los marxistas en la educación

La situación educativa tanto con respecto a la obligatoriedad y la inclusión, como al financiamiento, la infraestructura y los salarios docentes, que hemos abordado en este artículo, hablan de un “estado de situación” que reafirma lo que las luchas docentes y estudiantiles durante las últimas décadas han puesto en evidencia y denunciado: el ataque de las clases dominantes a la educación pública como una conquista social, iniciado desde la dictadura, profundizado por el menemismo y continuado por el kirchnerismo. La descentralización menemista, intacta en la actualidad, ha sido uno de los pilares centrales en el deterioro ininterrumpido de la escuela pública. No solo por la vía del desfinanciamiento presupuestario sino porque ha asegurado la disgregación del sistema educativo nacional y la desarticulación de la lucha en defensa de la escuela pública de calidad, que junto a estudiantes y padres hemos sostenido una y otra vez. Los docentes hemos demostrado en las últimas décadas que nuestros reclamos no son solo salariales, hay otra pelea de fondo.

Desde la Corriente Nacional 9 de Abril, defendemos la escuela pública como una verdadera conquista de la lucha obrera y popular frente a los permanentes ataques de los capitalistas, que incluyen la desfinanciación, la injerencia de las empresas (y hasta la Iglesia) en los planes de estudio o a través de los subsidios a la escuela privada a costa de vaciar la pública.

Luchamos por desterrar la fragmentación, descentralización y por el financiamiento estatal de la escuela pública en todo el territorio nacional y por la triplicación del presupuesto educativo en base al no pago de la deuda externa y el cobro de impuestos a las grandes fortunas. Sin embargo, nuestra pelea no se limita al logro de mayor financiamiento y expansión, pues sabemos que el sistema educativo actual no es neutral. Como planteara Marx en la Crítica al Programa de Gotha:

Eso de ‘educación popular a cargo del Estado’ es absolutamente inadmisible. ¡Una cosa es determinar, por medio de una ley general, los recursos de las escuelas públicas, las condiciones de capacidad del personal docente, las materias de enseñanza, y (…) velar por el cumplimiento de estas prescripciones legales mediante inspectores del Estado, y otra cosa completamente distinta es nombrar al Estado educador del pueblo.

El Estado debe asegurar el financiamiento sin injerencia en los contenidos, planificación y decisiones que deben estar en manos de la comunidad educativa, sindicatos, docentes y alumnos. Luchamos por un sistema educativo público, único, científico, gratuito y laico, íntegramente al servicio de los intereses de la clase obrera y los sectores populares. Sabemos que la pelea por la implementación de esta salida será resistida y que un proyecto como éste podrá materializarse hasta el final en una sociedad que rompa con las formas históricas capitalistas, en donde los medios de producción estén en manos de la clase trabajadora, la única clase creadora de riqueza social y que posee la capacidad de transformar de raíz la sociedad capitalista. Transformar la sociedad para cambiar la escuela, transformar la escuela para aportar en la lucha por otra sociedad sin explotación y opresión. Esa es nuestra pelea.

11. Por qué persiste la pobreza … el apagón educativo y el trabajador pobre, en rambletamble.blogspot.com.ar.

12. “Hay más jóvenes que no estudian ni trabajan que en 2003”, La Nación, 8-09-2013.

13. Informe anual de actividades. Argentina 2012, en www.unicef.org.ar.

14. Virginia Macarae, “Estado, educación y lucha de clases”, Revista Cuestionando desde el Marxismo 2, Bs. As., 2005.

15. “Las pasantías en la secundaria, un aprendizaje complementario”, La Nación, 22-09-2011.

16. “Los usos de la pobreza”, Página/12, 02-06-2013.

17. “Se mantiene la tendencia: la escuela pública sigue perdiendo estudiantes”, Clarín, 27-03-2014.

18. Ídem.

19. Ídem.

20. Información disponible en www.chequeado.com.

21. “Proyecto de ley para terminar con los subsidios a la educación privada”, en www.pts.org.ar.

22. Si bien la matrícula en el secundario puede ser alta para el continente, superada sólo por Chile y Brasil, los porcentajes de graduación son muy bajas e inferiores a las de otros países como Chile, Perú, Colombia, Bolivia, Ecuador y Paraguay.

23. Las cifras del sistema educativo, en nexos.cippec.org.

24. “Achicar el abandono en la secundaria es el gran desafío pendiente”, Clarín 08-05-2014.

25. “Guillermina Tiramonti: ‘El cambio en el secundario no debe ser sólo por la inclusión’”, La Capital, 17-07-2010.



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