TRIBUNA ABIERTA

La lucha por la educación del pueblo

En el desarrollo del capitalismo se pueden distinguir determinadas características que se relacionan con el ajuste a la educación pública.

Martes 8 de mayo | 11:06

La sociedad capitalista se caracteriza por como la planificación de la producción social está basada en intereses ajenos a la mayoría de individuos que son la clase social que produce en la sociedad. Tal es así que en función del enriquecimiento y la dominación de una clase social minoritaria se establecen determinadas condiciones en las relaciones sociales de trabajo y producción, que derivan en crisis económicas y sociales.

El Estado, la educación pública, y el modo de producción

La educación del pueblo se vincula a la producción social en tanto a la generación y transmisión del conocimiento técnico y científico, y al desarrollo del pensamiento operativo, deductivo y lógico. En parte a través de la educación se reproducen las características que hacen a las fuerzas productivas de la sociedad. Además de estimular el desarrollo de la creatividad y las expresiones físicas, intelectuales y artísticas.

La educación está integrada al modo de producción dado en un determinado periodo histórico, y por eso al contrario de estar aislada del modo de producción capitalista, la educación es un área de la producción social en la cual impactan los intereses capitalistas y las crisis económicas y financieras propias en el desarrollo del capitalismo, a la vez que se tensionan en la sociedad las relaciones de fuerzas entre las clases sociales antagónicas.

En las crisis del desarrollo capitalista las clases dominantes atacan el salario de los trabajadores, las libertades democráticas y destruyen fuerzas productivas, con cierre de fabricas y perdida masiva de puestos de trabajo, hasta el punto en el que se mantiene la proporción entre la “inversión”, el salario de los trabajadores y la ganancia capitalista en relación a la situación anterior a la crisis. Con esta formula económica y política, los capitalistas y el estado precarizan la vida de los trabajadores como causa y consecuencia de su dominación material, política e ideológica sobre la clase productora.

En este mismo sentido en las crisis del desarrollo capitalista se pueden distinguir determinadas características inherentes al capitalismo que se relacionan directamente con la educación, como por ejemplo, bajos presupuestos, ajustes y recortes de todo tipo, salarios a la baja, ceses de cargos, vaciamiento e incluso despidos y cierres de cursos, de escuelas y de institutos educativos y de formación docente, es decir destrucción de fuerzas productivas.

Teniendo esto en cuenta no podría haber crisis educativa con cierres de escuelas sin que antes tuviera lugar la precarización de las relaciones laborales en la educación publica, de la mano del vaciamiento material de los espacios educativos. Y se mantuviesen a lo largo de la historia las estructuras capitalistas del estado y como parte de la educación; como consecuencia del carácter de clase del estado y su administración por parte de los distintos gobiernos capitalistas. Todo esto constituye al hilo conductor que enlaza históricamente a un gobierno de la burguesía nacional con otro y estos a su vez con el estado capitalista durante el desarrollo del capitalismo y sus crisis. De esta forma el sistema educativo también está condicionado por los márgenes del estado y su carácter de clase.

En este proceso de desarrollo del capitalismo, el estado también infiere en los contornos de los planes educativos a la vez que lo hace sobre las relaciones sociales de producción y en los lugares de trabajo. De esta manera en los períodos de crisis los capitalistas se proponen desarrollar un sistema educativo productivista que tiene sustento en la continuidad del modo capitalista de la educación publica del estado y la injerencia imperialista.

Este productivismo es un esquema economicista de la educación y se configura entorno a las características sistémicas del capitalismo, como las jerarquías, la autoridad del estado y sus agentes, la meritocracia, el individualismo, y la preparación de unidades productivas para la explotación.

Por otra parte la injerencia imperialista en la educación pública tiene su correlato en las políticas educativa aplicada por los distintos gobiernos según las etapas del desarrollo capitalista. En ese sentido, por ejemplo, las empresas transnacionales como las mineras y las agroquímicas han tenido espacio en las editoriales educativas y la propaganda de los distintos gobiernos donde se pretendía legitimar la expoliación de la tierra y los recursos naturales.

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En esta misma dirección las reformas educativas impulsadas en muchos países en consonancia a las reformas antiobreras, están hechas a la medida de los intereses imperialistas, con las cuales se pretende formar y reproducir un perfil especifico de educadores y de mano de obra que se ajusten a las exigencias de los gobiernos y el imperialismo para esta etapa del desarrollo capitalista.

La lucha de estudiantes y trabajadores y las relaciones de fuerzas

Así como las clases dominantes infieren en la educación publica a través del aparato estatal y las condiciones materiales en las relaciones sociales de la educación, los docentes y estudiantes también imponen una relación de fuerzas mediante la lucha organizada desde los centros de estudiantes, cuerpos de delegados y sindicatos combativos.

En este sentido la unidad en la lucha entre estudiantes y docentes marca el camino de como enfrentar el ajuste en defensa de la educación pública y sus conquistas.

Los trabajadores de la educación impulsan junto al conjunto del movimiento obrero la lucha histórica por los derechos laborales y políticos desde los sindicatos y comisiones internas y junto a las organizaciones obreras disputan el doble poder sobre los lugares de trabajo.

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En este sentido frente a la crisis y la barbarie capitalista, es necesaria la coordinación del pueblo trabajador y el desarrollo de sus organismos de autorganización, que estén en función de la lucha contra el ajuste de los capitalistas, teniendo como perspectiva la conquista del poder político por parte de la clase trabajadora. De la dinámica entre la lucha política, sindical e ideológica puede surgir la relación de fuerzas necesaria para generar, por la vía revolucionaria, la transformación estructural de la sociedad.








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