Sociedad

OPINIÓN

La lluvia que moja la realidad de las escuelas públicas

Luego de una fuerte tormenta, las escuelas de la ciudad de Mar del Plata amanecieron en una situación crítica. Una realidad que se vive en toda la provincia de Buenos Aires.

Rodrigo Garat

Agrupación Marrón Clasista

Miércoles 11 de abril | 18:14

Luego de cada temporal, al ingresar a la escuela, los trabajadores de la educación encontramos un panorama desolador: aulas tapadas de agua, pasillos inundados, paredes con filtraciones. Los barrios alejados son los más castigados, ya que la falta de asfalto hace casi imposible el normal tránsito. Los pibes hacen malabares para poder llegar. El camino se vuelve una carrera de obstáculos. Llegan embarrados, con capuchas que le tapan las caras. Los más chicos llegan acompañados de sus padres. En varios casos, la bicicleta se debe transformar en todo terreno. No queda otra.

Los auxiliares y docentes hacemos todo lo posible para ordenar esta situación. En muchos casos con pocas herramientas de trabajo, nos ponemos manos a la obra, aún poniendo en riesgo nuestra integridad física.

Una y otra vez, los gobiernos provinciales y municipales acuden a los datos estadísticos: esta vez, cayeron 100 milímetros de agua en 36 horas, afectando a más de 50 establecimientos. Es el caso de la secundaria 76 del barrio José Hernández, la primaria 33 del barrio 9 de Julio, el Anexo Agraria del Pasaje San Francisco entre la larga lista.

Ahora bien: ¿esta situación solo tiene una explicación natural? Por supuesto que no. Año tras año, reclamamos que se aumente el presupuesto para la educación y tenemos como respuesta todo lo contrario: los gobiernos lo bajan cada vez más, impactando directamente en las cuestiones edilicias. Son los verdaderos responsables de que los chicos pierdan días de clase.

La gobernadora María Eugenia Vidal vino a profundizar esta situación desastrosa que había dejado la gestión anterior. Está llevando adelante un nuevo ataque a la educación pública con salarios de pobreza y flexibilización de nuestro trabajo, entre otras cuestiones.

Cuando termina la jornada, la situación continúa igual: quizás haya parado de llover o no, pero las calles siguen imposibles. Ahí evaluamos estrategias para llegar a la parada donde pasa el bondi: ¿Salto a la piedra primero? ¿Meto el pie (aunque sea un poco) en el barro y de ahí pego el salto? De una u otra forma, lo logramos. Pese a la desidia de todos los gobiernos.







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