OPINIÓN

La legión española aún canta “Soy el novio de la muerte”… también a niños con cáncer

El pasado lunes una unidad de la legión española, cuerpo militar fundado por el fascista Millán-Astray, visitó una unidad de oncología infantil en Málaga e insólitamente cantó a los niños enfermos de cáncer su himno, “Soy el novio de la muerte”.

Martes 11 de abril | 18:17

Foto: La Opinión de Málaga

Este lunes, la legión española decidió hacer una visita a los niños de la planta de oncología en el Hospital Materno de Málaga o, según sus términos, llevar a cabo la “misión hospitalaria teniente Remón”. ¿Cuál era el objetivo de la misión? Regalarles unas camisetas, peluches con el borrego de la legión, desfilar y… cantarles la archiconocida canción “Soy el novio de la muerte”.

Algunos pensaréis que se trata de una canción poco apropiada para una unidad infantil de oncología, en la que la pelea con la muerte forma parte del día a día sin necesidad de que venga una unidad militar a cortejarla. Eso mismo pensaron cientos de internautas que, tras subir a Youtube el vídeo donde se puede ver el número musical, convirtieron #Legionarioscantando en el hashtag del día.

La unidad militar apareció dirigida por el General Juan Jesús Martin Cabrero, que tiene en su haber la participación en misiones militares internacionales del ejército imperialista español en Afganistán, Líbano, Kosovo, Bosnia y Angola, legionario de tradición familiar (en su familia se cuentan 17 legionarios) y, por mencionar un detalle, fue el encargado de colocar una condecoración al vicepresidente de la Fundación Francisco Franco, Iñigo Susaeta, el pasado noviembre. Pero no fueron solos, la Congregación de Mena también quiso formar parte del acto. Se trata de una cofradía, cuyo nombre oficial es “Pontificia y Real Congregación del Santísimo Cristo de la Buena Muerte y Ánimas y Nuestra Señora de la Soledad Coronada” y que, según relataron algunos de sus miembros a la prensa, tenía como intención "acercar la Semana Santa y el Cristo de la Buena Muerte a los niños". Algo que tampoco no ha terminado de parecerle apropiado a la comunidad tuitera.

Tal vez estaban ensayando para el jueves santo, 13 de abril, fecha en la que la legión desembarcará en el puerto de Málaga, la máxima autoridad militar o civil que preside el acto pasará revista, trasladará a hombros al Cristo de la Buena Muerte hasta la casa de la citada hermandad con un balanceo al ritmo del himno nacional y, al fin, en la plaza que cierra el recorrido, cantarán “Soy el novio de la muerte”, tras lo cual el sacerdote de rigor leerá una oración. Aunque cueste creerlo, se trata de una tradición repetida cada año que parece no ponerse en cuestión.

Así pues, la cuestión va más allá de lo desafortunado de la letra del desagradable himno en un entorno como es la unidad de oncología infantil de un hospital -muy desafortunado, sin duda. Y va más allá también de la misma presencia en el hospital. Lo intolerable es la propia existencia en una supuesta democracia de una unidad militar rancia como la legión española, fundada en 1920 por el fascista Millán-Astray – sí, aquel del “Muera la Inteligencia, viva la muerte”-, marcada de sangre y terror, que adorna con fotografías de Franco sus locales, en una clara línea de continuismo que la Transición no quiso turbar, en la que fascistas y neonazis -según muestran en sus tatuajes- son bienvenidos, en connivencia con las autoridades que les ceden espacios y con un gran entendimiento con la Iglesia y su jerarquía como parte de su esencia.

En días como estos, la herencia de estructuras franquistas -conatos de “Transición” aparte-, el continuismo con los “valores” completamente reaccionarios de la dictadura, las redes clientelares entre autoridades políticas, el ejército y la Iglesia, se hacen tan evidentes que escuece.






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