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La juventud desocupada y empobrecida enfrenta la represión en Túnez

Desde el pasado sábado 16 de enero hay fuertes enfrentamientos en distintas ciudades del país entre miles de jóvenes y la policía antimotines. El movimiento ya es uno de los más fuertes desde el alzamiento de 2011 que echó al dictador Ben Alí y desató la ‘primavera árabe’.

Viernes 22 de enero | Edición del día

Fotografía : EFE

Las protestas son contra la desocupación y la carestía de la vida y se generalizaron este sábado tras la muerte de un joven que protestaba desesperado por haber sido eliminado de un listado de posibles puestos de trabajo. Ridha Yahyaoui terminó electrocutado tras subirse a un poste de luz durante la manifestación en la ciudad de Kasrine. Un hecho dudoso de suicidio que potenció la indignación popular en cuya memoria aún vive la acción desesperada que cinco años atrás llevó al joven Mohammed Bouazzizi a quemarse a lo bonzo como forma de protesta. Aquél trágico hecho fue la gota que derramó el vaso y desató la lucha contra la dictadura que se contagió rápidamente a Egipto y casi todo el mundo árabe.

Desde el primer momento el gobierno respondió con represión. Gases, balas de goma y palos dejan decenas de heridos todos los días y desde el martes se impuso un toque de queda desde las seis de la tarde hasta las cinco de la mañana en toda la región. Pero las protestas y la indignación popular continuaron. Los jóvenes siguen saliendo a las calles y resistiendo los ataques de las fuerzas represivas.

Lejos de aplacarse, los movimientos de protesta se ampliaron a otras ciudades y provincias como la emblemática Sidi Buzid, donde se inició en 2011 la lucha contra la dictadura de Ben Alí. En las localidades de Sfax, Susa, Jamduba, Beja, Skira, Regueb, Meknasi, Menzel Buzaiyan y Mazuna, y en algunos barrios de la capital, también hubo marchas y enfrentamientos. “La gente en el centro del país tiene un espíritu rebelde. Las revueltas siempre se inician aquí. Por eso, fue especialmente castigada por el régimen de Ben Alí”, cuenta Lamine Buazizi, un investigador de Sidi Buzid (El País, 21/1).

Al no poder ahogar el movimiento con represión, este jueves el gobierno anunció la creación de 6.000 puestos de trabajo en la ciudad de Kasrine (epicentro de la protesta), entre otras promesas de impulso a la deprimida economía local que tiene un 30% de desocupación (el doble que el promedio nacional) y donde la mitad de la población no tiene agua potable.

Al grito de "¡Trabajo, libertad y dignidad nacional!", decenas de personas se manifestaron en la sede de la central obrera nacional UGTT, en la capital. "No se han satisfecho las principales demandas de la revolución, y no solo en lo que respecto a las oportunidades de trabajo, sino también en la cuestión de la justicia social", se queja Haizam Benzit, vice presidente de un sindicato estudiantil (El País, 21/1).

Como consecuencia de la bronca contra la represión con la que el gobierno pretende frenar la lucha popular, un joven policía murió linchado por manifestantes durante uno de los enfrentamientos en la ciudad de Feriana, en la región de Kaserín, fronteriza con Argelia, según informó el ministerio de Interior en un comunicado.




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