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La izquierda y el referéndum catalán: cinco preguntas y tres respuestas

Entrevistamos a María José Lecha (CUP), Luis Blanco (IAC) y Marta Clar (CRT) a pocos días de la Diada. ¿Cómo encara la izquierda catalana el 1O y las próximas semanas?

Sábado 9 de septiembre | Edición del día

A pocos días de la Diada y recién convocado oficialmente el referéndum del 1O, desde Izquierda Diario conversamos por separado con María José Lecha, regidora de la CUP-CapgiremBCN, Luis Blanco, responsable de movimientos social de la Intersindical Alternativa de Catalunya (IAC), y Marta Clar, dirigente de la Corriente Revolucionaria de Trabajadores y Trabajadoras (CRT). El referéndum del 1O, cómo defenderlo, la pelea por procesos constituyentes y el rol de la dirección burguesa del procés examinados desde concepciones políticas y estratégicas distintas.

ID - En estos días se han aprobado las Leyes de Referéndum y Transitoriedad y se ha oficializado la convocatoria del referéndum del 1 de Octubre ¿Podríais explicarnos que significado tienen para vosotros todos estos pasos?

María José Lecha (CUP-CapgirmemBCN) - El 1O es un paso que no se puede mirar de forma aislada. El referéndum, su preparación y el día después implican un acto de desobediencia y de ruptura. Tanto la gente que vaya a votar sí como la que vaya a votar no, estará rompiendo el sistema demofóbico del Estado español. Esto es importantísimo. En este sentido los mecanismos concretos, en relación al reglamento que ha utilizado el Parlament, son algo secundario. A pesar de todos los obstáculos que está poniendo el Estado central, incluso tratando de aprovechar los atentados, a pesar de las cloacas del Estado... la gente va a ir a votar. Será un gran acto de desobediencia ligado a un acto de soberanía, un ejercicio de democracia, votes lo que votes. Un acto que rompe con una legalidad impuesta, heredada del Franquismo, con una Monarquía paternalista y expoliadora. Votar ya implicará una gran movilización social. Y creo que esto se ve así desde muchos sectores de la izquierda y los movimientos sociales, incluidos muchos que no son independentistas.

Luis Blanco (IAC) – Para nosotros, como sindicato soberanista que creemos que los pueblos tienen derecho a decidir, el 1O es una fecha de esperanza en la que el pueblo de Catalunya puede decidir su futuro. Las leyes recién aprobadas en el Parlament nos parecen pues necesarias y adecuadas. No es posible en estos momentos que un derecho como este se pueda ejercer sin un conflicto político, ya que el gobierno del Estado está en manos de la derecha más radical, que roza con el fascismo, y que no admitirá jamás que España no es la vieja España imperial, sino un conjunto de pueblos y naciones que en su momento eran soberanas y que luego formaron parte de un estado unitario a la fuerza y no por una decisión voluntaria.

Marta Clar (CRT) – Desde la CRT nos hemos posicionado desde el primer momento en defensa del 1O contra todos los ataques del Estado español y llamamos a participar. Pero para que el 1O se convierta en un referéndum de autodeterminación, no depende de las “garantías” que piden “los comunes” o el reconocimiento de la comunidad internacional al que aspira el bloque soberanista, sino de si es conquistado por medio de una gran movilización social o no. Y esto es algo a lo que ni la ley de Referéndum ni la hoja de ruta de Puigdemont apuntan. Nuestra posición ante la pelea por un derecho democrático como éste es que de la mano de la burguesía es imposible alcanzarlo, es necesaria la lucha independiente de los trabajadores y sectores populares, aliados con los del resto del Estado, para poder imponerlo sobre las ruinas de este régimen. Nosotros no somos independentistas y por lo tanto nuestro proyecto no es luchar por la República catalana, menos por una república burguesa fundada de la mano de los herederos del pujolismo que quieren tapar con ella su legado de ajustes neoliberales y corrupción. Nuestra estrategia es internacionalista y socialista, y por ello peleamos en la perspectiva de conquistar una Federación de Repúblicas Obreras de la Península Ibérica. Creemos que la pelea desde la independencia de clase y con los métodos de lucha de la clase obrera por el derecho de autodeterminación podría ayudar a fortalecer esta perspectiva, forjar la unidad de la clase obrera de todo el Estado en la pelea por gobiernos de trabajadores y no de los patrones, sean españoles, vascos o catalanes.

ID - El Estado español, con el PP y el TC a la cabeza, pero con el apoyo del PSOE, Cs y la Corona, han anunciado que no permitirán que los catalanes y las catalanas voten el 1O ¿Crees que el Govern está tomando las medidas necesarias para evitarlo? ¿Qué crees que se debería hacer para evitar que una prohibición se lleve a término o impida la implementación del resultado?

MJL (CUP-CapgirmemBCN) - La situación que hemos tenido hasta ahora la entendemos como “excepcional”, evidentemente nuestro ámbito lógico no es acompañados de Junts pel Sí, el PDCat o ERC. Siempre hemos repetido que o se daban pasos hacia esta ruptura o para nosotros este acompañamiento no tenía sentido. Pero lo que también es cierto es que durante todo este proceso, y a pesar incluso de resoluciones como la del 9N en la que se negaban a aceptar las sentencias del TC, ha seguido habiendo un importante acatamiento de la Generalitat a las leyes del Estado español.

Por eso la clave es que el pueblo continúe haciéndose suyo el proceso, ya que se abre una oportunidad para Catalunya y los Països Catalans y en general los pueblos de la península. La movilización es la clave. Desde el momento que se convoca el referéndum tenemos que estar en la calle, el día 1 también y el día después también. De la presión que podamos hacer y las movilizaciones depende que el Govern no acate las presiones del Estado español, que se visualice a nivel internacional la voluntad del pueblo y que el día después la gente tome en sus manos el proceso constituyente.

LB (IAC) – La historia nos ha demostrado que hay una diferencia entre la legalidad y la legitimidad. La legalidad en estos momentos, fruto de los pactos entreguistas y traidores de la Transición, avalados por toda la izquierda estatal y que mantuvieron a los sectores franquistas en el poder, juega en contra de los derechos de los pueblos y los trabajadores. Por tanto, esta legalidad la van a usar en contra del derecho a decidir. No hay más que ver como usan el Constitucional, que debería ser teóricamente un tribunal independiente e interpretativo, pero aquí Rajoy lo ha convertido en un tribunal que puede tomar medidas ejecutivas, algo inaudito. La respuesta que debemos dar a la interpretación antidemocrática, centralista y autoritaria de la legislación, la única respuesta que podemos dar desde Catalunya es en la calle, la movilización ciudadana para poder decidir nuestro futuro.

MC (CRT) – Me parece que en estos días hemos visto el techo al que puede llegar el Govern, la desobediencia institucional en el Parlament. Ahora la maquinaria del Estado español se va a poner en marcha, de la mano de jueces, fiscales y policías, incluidos los Mossos. Puigdemont y Junqueras, como representantes de los partidos históricos de la burguesía catalana, no van a poner los medios para frenar esta ofensiva. ¿Porqué? Porque la única manera es desarrollar una gran movilización social, y no hablo solo de manifestaciones en las calles. Sino de paros en las empresas, asambleas, formación de comités de trabajadores en defensa del referéndum, en las facultades, los barrios... la única manera de que las resoluciones judiciales queden en papel mojado y que se pueda plantar cara a las comitivas judiciales y diferentes policías que vengan a quitar urnas o cerrar colegios. Un movimiento así espanta mucho más a quienes no han dejado de ser los representantes de las grandes familias del Principado, que el TC o la Guardia Civil. Por eso quienes deberían impulsarlo son las organizaciones políticas de la izquierda, los sindicatos y los movimientos sociales que apoyan el derecho a decidir, pero lamentablemente también aquí hay una gran subordinación a la estrategia de la dirección del procés, y por tanto una gran confianza en la vía de la desobediencia institucional, acompañada de alguna movilización ciudadana, como suficiente para derrotar la ofensiva del Estado.

ID - ¿Qué opinas de quienes sostienen que no hay que apoyar el 1O oponiéndole la apuesta por un referéndum acordado con el Estado en los marcos de la Constitución?

MJL (CUP-CapgirmemBCN) - La Constitución española, la de 1978, franquista y elaborada en un despacho bajo las amenazas de un golpe de Estado. Cuando en sectores de la izquierda mantienen que ha de ser un referéndum acordado y por tanto con garantías legales y que se podría llegar a conseguir, se me plantean muchas preguntas que hacer a todas las personas que configuran el espacio de los “comunes”, que por otra parte todas sabemos tienen posiciones muy diversas. No hay que olvidar que la primera gran manifestación independentista donde ya se contabilizaron alrededor de 1 millón de persones fue la del 2010, cuando el TC dictó sentencia contra un Estatut avalado por el Parlament y el Congreso. Todos los intentos dentro de los marcos constitucionales han fracasado y los ataques por parte del Estado español contra las competencias autonómicas, incluso el desprecio a la lengua y a la cultura son fragrantes.

Sorprende de gran parte de la izquierda institucional que defienda la autodeterminación de los pueblos en genérico y nieguen este derecho al pueblo catalán y cuestionen el referéndum. Las garantías no las va a facilitar el Estado español, será el govern de la Generalitat. La movilización popular y por tanto la masiva participación aquí, la solidaridad que recibimos de organizaciones de Andalucía, Castilla, Galicia, Euskalerria y el reconocimiento internacional por medio de los observadores.

Aquí, en Barcelona, el Ayuntamiento, el govern municipal, tiene que tomar una decisión y ser consecuente a sus propios discursos sobre la soberanía del pueblo, el 1O tendrían que abrir los colegios, facilitar el máximo posible la participación y el compromiso a reconocer el resultado. Otra cosa dejará patente en qué lado quieren situarse.

LB (IAC) –
No estamos de acuerdo con esas posiciones, ya que mientras las mayorías políticas en el Estado sean las que son, y no es previsible que cambien en el medio plazo, no vemos posibilidad de un referéndum consensuado. Como mayorías no me refiero solo al PP y Cs, también al PSOE, que en este punto opina igual, y habría que ver que haría en su momento Podemos. Como en otros momentos de la historia los derechos se consiguen a partir de la lucha, y por tanto el referéndum unilateral es la única vía que el Estado español nos deja. No basta con defender formalmente el derecho de autodeterminación y cuando éste se puede concretar se diga: “no, no nos vale, porque no hay consenso”. Pero ¿con quién tenemos que llegar a un consenso? Si el PSOE que defendía a principios de la Transición el derecho de autodeterminación, después fue cómplice de los pactos del 77 y 78, renunciando a acabar con un régimen que es el que cierra la puerta a conquistar estos derechos. La única forma de conquistarlo es pues como se está haciendo en Catalunya.

MC (CRT) – Creo que la cuestión catalana y el referéndum del 1O en particular está convirtiéndose en la “prueba del algodón” para Podemos, IU y los “comunes”. Decir que el derecho a decidir debe conquistarse por medio de un acuerdo con el Estado hijo de la Transición del 78 es tanto como negarlo en los hechos, que es lo que están haciendo. Me recuerda mucho a aquella Transición y aquello de Suárez, que Carrillo y González aceptaron al dedillo, de que los cambios tenían que hacerse de la ley a la ley. Aquello garantizó la continuidad del régimen franquista en la democracia coronada. Pablo Iglesias, junto a Garzón o Colau, creo que han dejado claro que de aquello de abrir los candados del 78 han pasado a “conformarse” con ser socios de gobierno con la pata izquierda del Régimen, el PSOE. Lo vimos en las negociaciones después del 20D y el 26J, ahora en el acuerdo de gobierno de Castilla la Mancha o en el Ayuntamiento de Barcelona. Y claro, para ganarse esos socios hay que hacer puntos, demostrar que en las cuestiones fundamentales no sacan los pies del plato. El “cambio” ha pasado a encarnar una propuesta de restauración del Régimen del 78 cambiando todavía menos que lo que cambió la transición pactada del 78: un barniz de regeneracionismo, algo de discurso de “cambio” y las viejas políticas de gestión de lo posible del PSOE o gobiernos como el Tripartit. Creo que Iglesias en Catalunya quiere escenificar y demostrar al establishment que él, su espacio político, puede encarnar una “alternativa amable” al PP en este tema: ofrecer una salida a las demandas del pueblo catalán que sea un fraude, es decir que siga encerrando bajo siete llaves el derecho a decidir por otras cuatro décadas.

En caso de llegar a celebrarse el referéndum ¿Crees que eso abriría las puertas a un proceso constituyente realmente libre y soberano?

MJL (CUP-CapgirmemBCN) - El proceso constituyente está ligado a la Ley de Transitoriedad, que abre un año para la elaboración de la constitución de una nueva república. La lucha que tenemos planteada es construir una sociedad que sea la antítesis del Estado español. Y es este objetivo la oportunidad y la responsabilidad que tenemos todas.

En primer lugar, que sea una constitución hecha desde abajo, no como la española de 1978. Y en segundo lugar definir que sociedad queremos. No queremos una república donde un 60% de la sanidad pública sea concertada; o el presupuesto de educación vaya a centros privados o que segregan por sexo; o la vivienda sea un producto de mercado. Queremos una república donde los servicios públicos tengan una gestión 100% pública; un territorio que no esté abierto a la especulación de los grandes capitales financieros; se combata la pobreza y el patriarcado; se den plenos derechos a todos independientemente de su origen y no estén condenados a la ilegalidad como ocurre ahora con la Ley de Extranjería... Necesitamos un país con otras estructuras, ya que las actuales han sido el sostén de las políticas neoliberales y la corrupción generalizada, muchas veces vinculada a la gestión privada de los servicios públicos. Un Estado al servicio del pueblo porque haya sido él quien haya hecho su constitución, que además sea el principio de una relación fraternal, solidaria con los pueblos del Mediterráneo que están siendo especialmente golpeados por la crisis.

LB (IAC) – Desde la IAC discrepamos con el Govern cuando dice que independientemente de la participación, si el resultado es “sí” se aplicará la Ley de Transitoriedad. Nuestro trabajo de aquí al 1O es por una gran participación, porque si no se logra no será un resultado legitimado para proclamar la independencia. Además, dadas nuestras grandes diferencias respecto al modelo social y económico con el PDCat y ERC, trabajaremos para que en ese proceso constituyente haya una participación colectiva y ciudadana amplia para conseguir un Estado -sea independiente o no, en esto no nos definimos como sindicato- que garantice la justicia y la igualdad de todos. Donde la propiedad privada de los grandes medios de producción esté condicionada por los derechos colectivos del pueblo.

MC (CRT) – Creo que estamos muy muy lejos de eso. La Ley de Transitoriedad es funcional a cómo entienden el proceso constituyente PDCat y ERC. Una receta para establecer una república catalana burguesa, bien parecida en lo sustantivo a la Monarquía del 78. Parafraseando a Marx, será el consejo de administración de las grandes empresas catalanas, con su blindaje de la propiedad privada, su monopolio de la fuerza... Creo que en ese proceso no tenemos nada que ganar los trabajadores. Nosotros peleamos por un proceso realmente libre y soberano, que solamente se puede conquistar por medio de la más amplia organización y lucha de la clase trabajadora y los sectores populares. Un proceso en que podamos barrer el Estado capitalista, con medidas como que la Judicatura sea electa por sufragio universal, que todo cargo público cobre el salario medio de un trabajador, que los cargos sean revocables... Y donde podamos aprobar un programa de independencia de clase que haga pagar la crisis a los capitalistas, con medidas el reparto de horas sin reducción salarial, la nacionalización del sistema financiero y las grandes empresas bajo control obrero, altos impuestos a las grandes fortunas, la expropiación del suelo y las viviendas de los especuladores... Y que sea un proceso no aislado en Catalunya, sino que teja la alianza con el resto de trabajadores y sectores populares del Estado para que se abran procesos similares que sean la tumba del Régimen del 78. Un proceso así no es posible con PDCat y ERC como compañeros de viaje, solo es posible si se asume la lucha por el derecho a decidir y por el proceso constituyente desde la total independencia política de la clase trabajadora y los sectores populares, es decir si se impone por medio de la lucha de clases, con la clase trabajadora organizada en sus propios organismos de autodeterminación, como fueron los soviets en Rusia o los comités revolucionarios en la revolución española.

Sobre el rol que viene jugando la antigua CDC hoy PDCAT al frente del “procés” ¿Qué balance tenéis de estos cinco años?

MJL (CUP-CapgirmemBCN) - En primer lugar, aclarar que el proceso no lleva 5 años, la izquierda independentista lleva luchando por la independencia dels Països Catalans más de 30. Justamente en el Plenario del Ayuntamiento de julio presentamos una resolución denunciando las torturas policiales de 1992 contra compañeros nuestros, el caso Garzón. A partir de 2010 hemos visto un gran auge en la movilización, se ha ido sumando gente. ¿Qué han hecho partidos como CDC que antes no era independentista? Lo cierto es que al sumarse y la propia alianza de Junts pel Sí la han sabido utilizar para hacer un lavado de cara. También es cierto que algunos sectores de esta coalición o la misma ANC, y esto es una opinión personal, ha asumido en el recorrido reivindicaciones de ámbito social. En 2011 los recortes fueron salvajes, al empezar este proceso CiU, ahora PDCAT, vieron que para poder ofrecer un nuevo futuro tenían que suavizar todo esto. Aunque sigan aprobando políticas que están a años luz de lo que nosotros pensamos. Creemos que si el movimiento popular ejerce la suficiente presión podemos conseguir una república y abrir un proceso constituyente. Y esto depende del pueblo, de la movilización, de todos nosotros, no del PDCat.

LB (IAC) – Te daré mi visión personal. Creo que fue una decisión de Mas que veía en peligro el predominio político de CDC en Catalunya y optó por una huida hacia adelante, poniéndose al frente de la Diada masiva del 2012. Creía que así iba a conseguir una mayoría absoluta apoyándole, aunque en esto fracaso, su representación parlamentaria bajó. También creo que intentaba evitar que la corrupción, en la que él había estado implicado en su etapa como conseller -aunque no se ha podido demostrar-, le barriese. Y se envolvió en la bandera independentista para tratar de frenar el desgaste a su gobierno y las políticas antisociales que estaba aplicando. Nosotros tenemos claro que el PDCat, como sustitutivo de CDC, sigue teniendo los mismo principios y vicios, y es por tanto el enemigo de la clase trabajadora, como el PP en el resto del Estado. Aunque ahora podamos hacer una parte del recorrido en la misma dirección, vamos en trenes distintos y en direcciones finales diferentes. Queremos una Catalunya -sea independiente, confederada o federada- igualitaria, democrática y sin gobiernos del PP ni del PDCat.

MC (CRT) – Creo que CDC por un lado ha sabido utilizar la cuestión catalana para seguir pasando la peor agenda de recortes de las últimas décadas y paliar los efectos de la crisis de representación que se abrió con el 15M para con su partido. Por otro lado, los representantes históricos de la burguesía catalana han sacado de las calles al movimiento y lo han conducido a una vía meramente institucional, y por lo tanto impotente. Los efectos de la dirección convergente en el movimiento, con la venia del resto del bloque soberanista, los vemos ahora, cuando el Estado español ataca con fuerza y no hay plan, no hay estrategia para hacerle frente. En este sentido no hemos compartido y hemos criticado la política de “mano extendida” que expuso ya David Fernández en 2012. Nos parece que los compañeros de la CUP aplican una estrategia etapista que consideramos errónea. En una primera etapa conciben que es necesaria la alianza con la burguesía catalana, o sus partidos, para conquistar una república burguesa independiente. La lucha anticapitalista o por el socialismo, queda en esta etapa como un discurso, y es pospuesta a una segunda etapa sine die. Lo cierto es que ni siquiera en la primera etapa estos aliados circunstanciales resultan un apoyo a la lucha por los derechos democráticos, pues en tanto y cuanto para conquistarlos es necesaria una fuerte movilización social se constituyen en un obstáculo. Para nosotros la única vía para conquistar esos derechos es la que se basa en la independencia política y la lucha de clases, y eso permite integrara en un todo la pelea democrática con la lucha por un programa anticapitalista y de clase, es una estrategia opuesta al etapismo, la de la revolución permanente.








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