Internacional

FRANCIA

La islamofobia y la defensa de los “valores europeos”

El repudio masivo al atentado de París contra el semanario satírico “Charlie Hebdo”, un ataque brutal y reaccionario, está siendo utilizado por los gobiernos europeos y los grandes medios de comunicación para consolidar la idea de una “civilización occidental democrática” enfrentada al “islam fundamentalista”. Hoy, la islamofobia y la xenofobia campan a sus anchas en la vieja Europa.

Josefina L. Martínez

Historiadora | Madrid

Diego Lotito

Madrid | @diegolotito

Viernes 9 de enero de 2015 | Edición del día

Fotografía : EFE

Al cierre de esta edición, mientras 90 mil uniformados se expanden por París sin dar aún con los autores del atentado, el ministro de interior francés, Bernard Cazeneuve, anunció que convoca a una “cumbre antiterrorista europea” para el próximo domingo.
"He tomado la iniciativa de invitar a París el próximo domingo a mis colegas de los países europeos más afectados por el terrorismo, al comisario europeo Dimitris Avramopoulos, al coordinador antiterrorista de la UE, Gilles de Kerchove, así como a Eric Holder, ministro de Justicia de Estados Unidos, y del Interior, Jeh Johnson", señaló.

Como hemos señalado desde La Izquierda Diario, el brutal atentado está siendo utilizados por los estados imperialistas para reforzar la reaccionaria política de “guerra contra el terrorismo” ideada por la potencia norteamericana.

En su discurso del miércoles por la tarde, el presidente francés François Hollande, dijo que “Francia fue atacada en su corazón” y se pronunció por la “defensa de Francia” y la “libertad”.

Este jueves, un artículo editorial conjunto de los periódicos Le Monde, The Guardian, Süddeutsche Zeitung, La Stampa, Gazeta Wyborcza y El País, planteaba que el atentado “no es solo un ataque contra la libertad de prensa y la libertad de opinión. Es además un ataque contra los valores fundamentales de nuestras sociedades democráticas europeas.”

Se construye así un relato hegemónico, que abarca desde socialdemócratas a liberales, conservadores y la extrema derecha, basado en la defensa de la “democracia” y los “valores europeos”. Detrás de estas definiciones abstractas se cultiva una ideología racista, xenófoba e islamófoba en toda Europa.

En Francia, la islamofobia y la xenofobia se han visto canalizadas con el auge del Frente Nacional de Marine Le Pen y la publicación de varios libros que agitan el fantasma del islam como amenaza contra la “libertad” francesa. Uno de ellos es la última novela de Michel Houellebecq, llamada “Sumisión”, cuya historia se basa en la idea ficcional de que un partido islamista gana las elecciones del 2021 e impone la Ley islámica en territorio galo.

En Alemania, el movimiento islamófobo Pegida hace doce semanas que se moviliza en la ciudad de Dresde, alcanzando la cifra de 18.000 manifestantes el último lunes. La última semana de diciembre del 2014, Suecia fue escenario de atentados contra dos mezquitas, donde se produjeron varios heridos.

En toda Europa se fortalecen tendencias de extrema derecha, con discursos xenófobos, racistas, homófobos y nacionalistas.

La crisis económica, junto con la profunda crisis de los regímenes políticos, han sido caldo de cultivo para el crecimiento de partidos y fuerzas por izquierda y por derecha de los “centros” políticos tradicionales. En las últimas elecciones al parlamento europeo, del 25 mayo de 2014, fuerzas de extrema derecha resultaron ganadoras en importantes países como Francia, Reino Unido y Dinamarca.

Pero la islamofobia no se encuentra solo en los discursos y proclamas de las fuerzas de la extrema derecha europea, sino que uno de los pilares ideológicos de las políticas imperiales de las democracias occidentales.

Democracia imperialista e islamofobia

La islamofobia es la identificación del islam, del mundo musulmán y la población de los países árabes (como si fuera un todo homogéneo) con los grupo y milicias que practican el terrorismo fundamentalista.

Identifica terrorismo e islam, en contraposición a los supuestos “valores democráticos” de occidente. Una ideología que cobró fuerza después del 11S y el 11M español y pegó un salto con la crisis económica. De este modo “occidente” se construyó, nuevamente, un “enemigo” a su medida.

La “construcción” de ese enemigo no sólo ha sido simbólica, sino material. Estados Unidos financió durante la década de los ‘80 a diversos grupos islamistas para utilizarlos como parte de los últimos combates de la “guerra fría” contra la declinante influencia de la otrora Unión Soviética, para abandonarlos a su suerte cuando dejaron de responder directamente a sus objetivos geoestratégicos.

Pero ese fue sólo el preámbulo. El horror de masacres como las del 11S sirvió de pretexto para iniciar una ofensiva guerrerista criminal, cual “guerra santa”, contra el islam. Su ola de conquista y destrucción en África y Medio Oriente, sus tropas (regulares y paramilitares), sus bombardeos, sus cárceles fantasma, sus torturas. ¿Podía haber acaso un caldo de cultivo más propicio para la emergencia de grupos fundamentalistas reaccionarios como Boko Haram o las milicias del Estado Islámico?

La islamofobia está entre los fundamentos “ideológicos”, por así decirlo, de las guerras imperialistas que recorren buena parte del mundo. Eso sí, en nombre de la “democracia”, la “civilización”, y la “libertad de las mujeres.” Una tarea “civilizatoria” dispensada en forma de bombas y drones asesinos.

Cuando miles de palestinos mueren en una masacre organizada por el Estado de Israel, es considerado un “exceso”, pero no genera mayores consecuencias que algunas declaraciones “condenatorias” de “ambas partes” en el Parlamento Europeo.

No hemos visto las portadas de todos los diarios del mundo dedicadas a los niños palestinos asesinados por Israel, ni lamentando las víctimas en Irak. Cuando el ejército norteamericano invade Afganistán, lo hace en nombre de la “libertad”, al igual que el ejército francés en Mali, y solo hay “daños colaterales” en la defensa de “los valores occidentales”.

Xenofobia, islamofobia y “unidad nacional”

El “peligro” que acecha a las “democracias occidentales” se encuentra “latente”, en los millones de inmigrantes de origen árabe y en los que practican la religión musulmana.

Con este discurso se justifica la discriminación, la opresión y la represión a centenares de miles de inmigrantes dentro de los países europeos, considerados como no-ciudadanos, y por lo tanto no merecedores de los “beneficios” de la democracia occidental.

Son la mayoría de los que habitan la periferia de las grandes ciudades, acosados por la policía en los barrios pobres o “banlieu”, los que deben conformarse con los peores empleos, la precariedad o el paro. Los mismos que en los períodos de bonanza económica, los grandes capitales imperialistas –que hoy los sentencian como “el enemigo” de sus “valores”-, utilizaron para dividir y atacar las condiciones de vida de la clase obrera de sus respectivos países.

Son las mujeres musulmanas, las que en nombre de la “libertad” son objeto de la mayor opresión y discriminación laboral y social en los países europeos.

El discurso xenófobo (contra todos los extranjeros), de larga tradición dentro de las “democracias europeas”, hoy se sintetiza en la ola islamófoba que recorre el continente.

Pero la islamofobia y la xenofobia se completan con la idea de la “unidad nacional”, o en términos más amplios, la “unidad europea u occidental”, contra el enemigo común. Como si “Europa”, “Francia”, “Alemania” fueran entidades abstractas, con valores y características homogéneas, que compartieran todos sus habitantes. Salvo “los otros”.

Como si fuera igual la Europa de la Revolución francesa que la de las reaccionarias instituciones de la Unión Europea; la Europa de la Revolución española que la del fascismo; la de las huelgas generales, el otoño caliente italiano y el mayo francés, que la de Franco, De Gaulle y Churchill. La Europa que habitan millones de trabajadores –nativos e inmigrantes- que son la mayoría social explotada del continente, que la de los banqueros y los hombres más ricos del mundo.

El brutal atentado cometido en París, ha fortalecido esta idea de “unidad nacional”, cimentada en la xenofobia y la islamofobia. Los únicos ganadores de este abominable ataque son los reaccionarios de todo pelaje, en especial, los islamófobos y otros “defensores de los valores europeos”.








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