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La idea de un lago

Hablamos con Milagros Mumenthaler, directora de “La idea de un lago”, película que se estrena este jueves en salas porteñas, del conurbano, Rosario y Córdoba.

Jueves 2 de febrero de 2017 | Edición del día

“La posteridad no se regala a nadie. Algún día retrocederá a buscarnos” dice un personaje de Roa Bastos en una de sus novelas. El tiempo, que en la escuela se obstinaron en enseñarnos como algo lineal, tiene su propia forma donde pasado, presente y futuro se relacionan de maneras impensadas.

En “La idea de un lago”, última película de Milagros Mumenthaler, estos tiempos parecen coexistir. El film trabaja sobre el ejercicio de la memoria. De cómo convivir con la ausencia de un padre desaparecido por la dictadura. De las huellas. De la búsqueda de esa imagen, ideal muchas veces, que lo pueda reconstituir, que pueda permitir que ese pasado vuelva y que Inés, protagonista del film, pueda reencontrarse para jugar, sonreír o escucharlo cantar.

La película elige un acercamiento sensible donde lo importante no es saber cómo “cayó” el padre o acercarnos a sus ideas, sino más bien acompañar a la protagonista en su proceso de construcción de la memoria, donde a veces una foto juntos es tan importante como el auto de su infancia o el bosque donde pasaron las vacaciones.

Inés, como Guadalupe Gaona autora del libro que dio origen al film, está escribiendo un libro de poemas y fotos donde intenta reencontrarse con su padre. Aquí la memoria se construye en su sentido más íntimo, otra vez Roa Bastos: “Se escribe cuando ya no se puede obrar. Renunciar al beneficio del olvido. Cavar el pozo que uno mismo es. Arrancar del fondo lo que a fuerza de tanto tiempo allí está sepultado.” La película entonces nos introduce en un proceso interno constituyendo una obra donde la realidad se ensancha y deja de ser sólo aquello que vemos para ser, principalmente, aquello que sentimos.

¿Por qué decidiste adaptar este libro?

Había algo que me parecía interesante en los poemas: si bien en el texto introductorio queda claro que ella es hija de desaparecidos, lo que le imprime una atmósfera particular, los poemas en sí tienen más que ver con la relación materno filial. Y también con cosas más íntimas, de cómo se vive un cotidiano sin la presencia paterna. Los poemas en sí no refieren directamente a los hechos políticos de por qué el padre desapareció. Me sentí muy cercana a eso y me despertaron ideas visuales que no eran ilustraciones, sino que tenían que ver con cómo me atravesaban, cómo repercutían en mí.

Por otro lado sentía que entre mis cortos y mi primer largo había algo pendiente. Yo tenía una inquietud respecto al trabajo sensorial de las imágenes, de lo que puedan expresar a nivel sensitivo más allá del marco de una narración. Es decir, de la imagen en sí. Siempre era algo que me había inquietado pero cada vez que iba desarrollando un proyecto, lo narrativo y los personajes tomaban un peso que dilataban esta pulsión.

De hecho en la película hay una presencia narrativa (concluye con la toma de una decisión y el saldo de ésta), sin embargo no es esto lo que sostiene la expectativa que uno tiene como espectador. El relato, como el texto que da origen, tiene más que ver con la poesía que con la prosa…

Intenté encontrar un equilibrio. Había un punto de partida que era el libro, pero también una manera de ser fiel a ese libro: ¿Dónde me coloco yo como directora frente a la adaptación de un libro autobiográfico que cuenta una historia trágica? Para mí la manera más fiel era, por un lado, respetar mucho lo que era el libro: algunos elementos que tienen que ver con el mundo documental y lo documentado. Todas las fotos que están en la película son reproducciones con actores de las que están en el libro. Y por otro lado están esas imágenes que a mí me habían venido a la cabeza en mi primer momento de lectura y que quería preservar.

Cuando uno empieza a acercarse al equipo argentino de antropología forense, por ejemplo, se te arman un montón de cosas que decís: “qué interesante trabajar”. Pero tenía que contenerme y ser fiel a ese primer gesto que tuve al leer el libro.

Hay algo bastante complejo en el cine, y que en tu película funciona muy bien, que son esas imágenes, no sé si llamarlas oníricas o fantásticas. Me preguntaba cómo habías trabajado esas escenas como la del baile del auto o la de las linternas para que sean tan orgánicas al relato.

Yo creo que la película es entrar a la cabeza de Inés, la protagonista, y ver adonde nos lleva. Y entonces, en realidad, ese recorrido tiene que ver con su tránsito emocional. Esas escenas que uno puede llamar oníricas, en realidad, responden a una realidad pura y dura que tienen que ver con los deseos de ella. Cuando se encuentra con el auto es la necesidad y el deseo de encontrarse con su padre y reírse. Ese momento de felicidad que nunca tuvo. Cada escena responde a deseos o miedos del personaje. Lo mismo con la escena de las linternas: es un juego en el bosque, cuando ella ya es consciente de lo que le pasó al padre, y sabe que hay gente que puede venir y te puede llevar. Entonces, hay una situación en una nena que tuvo esa historia que torna un simple juego en algo inquietante. Esa secuencia de luces también, creo yo, tiene que ver con la memoria. De hecho, en la escena posterior, se lo relaciona a la ecografía de su embarazo porque todo ese pasado parte del presente y de los recuerdos de Inés ya adulta.

En la escena pos ecografía hay, para mí, otra cosa que lo relaciona con la escena del bosque. No sé si vos lo ves así. Cuando la vemos de chica jugando a la escondida ella se niega a salir del escondite, y ya de adulta tiene un diálogo con el padre de su hija donde él le dice: salimos dos segundos a la intemperie y nos empapamos. Como que hay algo del trabajo de la memoria que si bien la lleva adelante lo hace con dificultad. Pensaba, también, si de alguna manera ése no es el sentido de la película o, más en general, del arte: esa salida a la intemperie.

El texto puntual de la intemperie no lo pensé en ese sentido. Pero lo que intentamos siempre es pensar cómo uno hace memoria y cómo recuerda. De que uno más allá de que pueda tener una foto de una situación y uno se acuerde de muchas cosas que pasaron alrededor de esa situación, no quiere decir que se trate de un recuerdo real. Es algo que imaginamos porque vimos la foto. Pero quizás otro tiene otro relato a partir de esa foto. Eso me parecía interesante.

De hecho hay en la película una declaración de principios respecto a esto. Esa primera visión de Inés de pequeña está mediada por su acercamiento a cámara donde empaña la lente con su propio aliento, dejándonos en claro que su filtro va operar en esas imágenes.

Desde el principio la idea era instalar eso. Incluso lo vemos antes con Inés hablando a cámara: es una película, es ficción. Si bien hay elementos del documental, esa idea de ir directamente al espectador, de interpelarlo, es una declaración de principios de la película.

A la vez, hay otra escena donde Inés quiere acercarse a la foto de su padre para descubrir qué pensaría él pero que, finalmente, al aproximarse mucho, la imagen se pixela tanto que no logramos ver. Como si existiese también una imposibilidad de acceder. Me parece que esas dos escenas constituyen una reflexión sobre la memoria.

Para mí cuando ella pixela así la foto hay un intento de mirar. De encontrar respuestas a través de una foto. Tratar de ver cuál es su mirada pero no logra ver nada, sólo un ojo cerrado. Yo creo que el gran tema de la película es la memoria, el hacer memoria. Lo importante de esto como persona pero también como sociedad.

Sí, y también la ausencia. O cómo la memoria intenta reconstruir esa ausencia. Aunque se choque con imposibilidades como esa imagen de la que hablábamos recién. La memoria como un ejercicio.

Para mí es como un ejercicio, y si bien hay un límite está en constante cambio. Por ejemplo, cuando Inés tenga a su hijo probablemente le vayan a pasar otras cosas, se va a acordar de otras cosas. Yo ahora soy madre y a través de mi hijo accedí a cosas que no recordaba. La memoria nunca está estancada, está en constante movimiento.

La memoria parece conectarse también con los objetos o, más profundamente, con los lugares. El lago, por ejemplo, parece tener memoria, esos planos que hacés son muy pregnantes y sugestivos. O pienso en Inés que, de hecho, buscando recordar a su padre le saca fotografías al bosque.

Eso claramente es parte del libro. Para mí había algo importante que tenía que ver con la naturaleza. La conexión que cualquier persona pueda tener con ella no cambia a pesar del paso del tiempo. Seguramente hace doscientos años una persona que paseaba por ese bosque sintió lo mismo que lo que puede sentir uno. Como que hay algo fuerte que perdura. Y eso para mí se relaciona con la memoria. Más bien con el ejercicio de hacer memoria. Al pensar en la película nos parecía importante guardar eso sin explicar demasiado. Pienso que se relaciona directamente con el cine: que perdura.







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