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La idea de racismo en Aníbal Quijano: una mirada crítica desde el marxismo

Debido al impacto desigual que tiene la actual crisis y el ataque represivo en los sectores racializados, principalmente en Estados Unidos, la noción de racismo volvió a cobrar relevancia en la agenda mediática y académica. En el presente artículo se tratará de abordar críticamente dicha concepción en el desarrollo de la teoría decolonial y en uno de sus principales referentes, Aníbal Quijano.

Tomás Giusti

Estudiante de Sociología - UBA

Martes 4 de agosto | Edición del día

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En las últimas semanas, tuvieron lugar masivas protestas y movilizaciones que sacudieron a Estados Unidos y parte de Europa en contra de la brutal represión policial que sufre la población negra y latina en el actual contexto de crisis económica y social, poniendo en evidencia una desigualdad estructural, siendo el sector más golpeado por el Covid-19. Al calor de los acontecimientos, volvieron a entrar en escena debates en torno al concepto de raza y principalmente a la noción de racismo. En este sentido, este artículo pretende traer a discusión un aspecto central del pensamiento de Quijano, uno de los exponentes de las teorías decoloniales que piensan, entre otros elementos, la relación entre el capitalismo, la esclavitud y la explotación, principalmente, en América. De tal modo, teniendo en cuenta la amplitud de temas y el viraje intelectual y político que realiza Quijano a través de los años, trataré de detenerme, particularmente, en el análisis sobre la concepción de racismo y el lugar central que ocupa éste en el desarrollo teórico del autor, para poder caracterizar la consolidación y expansión del capitalismo y su especificidad en el continente.

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Modernidad, colonialidad y raza

La teoría de la colonialidad del poder, formulada principalmente por Quijano, apunta a explicar y caracterizar las relaciones de dominación propias del sistema-mundo [1]moderno y capitalista originado con el colonialismo europeo en el siglo XVI. Según Quijano, el desarrollo de la modernidad trajo consigo un nuevo patrón de poder mundial, que implicó cierta convergencia entre la consolidación del capitalismo y sus relaciones productivas específicas y el ordenamiento de sociedades coloniales a partir de la conquista de América. Advirtiendo que la primera identidad geocultural moderna y mundial fue Europa, y que esta se constituyó como consecuencia de América.

“El concepto de modernidad da cuenta, igualmente, de los cambios en la dimensión material de las relaciones sociales. Es decir, los cambios ocurren en todos los ámbitos de la existencia social de los pueblos y, por tanto de sus miembros individuales, lo mismo en la dimensión material que en la dimensión subjetiva de esas relaciones. Y puesto que se trata de procesos que se inician con la constitución de América, de un nuevo patrón de poder mundial y de la integración de los pueblos de todo el mundo en ese proceso, de un entero y complejo sistema-mundo, es también imprescindible admitir que se trata de todo un período histórico. En otros términos, a partir de América un nuevo espacio/tiempo se constituye, material y subjetivamente: eso es lo que cimienta el concepto de modernidad”. [2]

En este sentido es posible, según Quijano, asociar la explotación capitalista con uno de los principales elementos de la colonialidad: la distinción de grupos humanos según raza, es decir la clasificación de la población según criterios étnicos -respaldados en supuestos biológicos- en función de la dominación, que en un principio, se presentaba entre conquistadores y conquistados. [3]De tal forma la idea de raza asumiría un rol central en el proceso de legitimación de las relaciones de dominación que se construyeron a partir de la conquista de América.

Quijano define a la colonialidad del poder como un conjunto de patrones de dominación, entre ellos, la idea de raza y con ella el complejo ideológico del racismo que impregna todos y cada uno de los ámbitos de la existencia, constituyendo una eficaz forma de dominación material e intersubjetiva:

“Con la formación de América se establece una categoría mental nueva, la idea de raza. Desde el inicio de la conquista, los vencedores inician una discusión históricamente fundamental para las posteriores relaciones entre las gentes de este mundo, y en especial entre europeos y no-europeos, sobre si los aborígenes de América tiene alma o no; en definitiva si tienen o no naturaleza humana[...]. Estas ideas han configurado profunda y duraderamente todo un complejo cultural, una matriz de ideas, de imágenes, de valores, de actitudes, de prácticas sociales, que no cesa de estar implicado en las relaciones entre las gentes, inclusive cuando las relaciones políticas coloniales ya han sido canceladas. Ese complejo es lo que conocemos como racismo”. [4]

En esta definición de racismo es central el elemento cultural, ideológico, “mental” que nos lleva indudablemente a preguntarnos qué lugar ocupa el mismo, y por lo tanto, sobre el lugar de la esclavitud como forma de explotación que se manifestó en los orígenes del capitalismo en América ¿Puede pensarse el racismo únicamente desde un plano cultural o bien hay que dar cuenta de la necesidad material del capital como relación social? Y en cuanto a la esclavitud como necesidad histórica y material ¿Se vale del racismo como justificación ideológica para continuar su expansión y reproducción? Una vez presentado estos interrogantes trataré de desarrollar, brevemente, la necesidad histórica de la relación entre el capital y el racismo.

El racismo como un elemento propio del capitalismo

En las sociedades precapitalistas, el racismo no existía como justificación ideológica de la dominación, la esclavitud antigua se basaba en la explotación del trabajo forzado -no asalariado- y el esclavo quedaba reducido a la mera categoría de ganado, de instrumento. El esclavo era fuerza de trabajo y medio de producción simultáneamente. En el feudalismo el campesino, aunque gozara de ciertos derechos y control sobre su tierra, estaba sujeto al poderío militar y jurídico del feudo, por lo tanto, era obligado a trabajar forzosamente y entregar gran parte de su trabajo. La naturaleza de la explotación en dichas sociedades tenía como norma una organización jerárquica y visiblemente desigual, que se sustentaba en la justificación religiosa, o estamental.

En la sociedades capitalistas la relación de explotación tiene características distintas, debido a que esta se basa en el trabajo libre asalariado [5], el trabajador y el capitalista se encuentran “en igualdad” ante el mercado, sin embargo, esa igualdad formal pronunciada en los triunfos de las revoluciones burguesas [6], se contrasta con una desigualdad real, una división de clase. La paradoja se encuentra en que el capitalismo, en sus orígenes, necesitó materialmente de la esclavitud, a pesar de ser una de las formas “viejas de explotación” que en el terreno de la conciencia trataba de dejar atrás.

El racismo, como lo conocemos actualmente, se desarrolló en un periodo clave de la expansión del capitalismo como el modo de producción dominante en el mundo, con el establecimiento durante los siglos XVII y XVIII de las enormes plantaciones coloniales en América que necesitaban mano de obra esclava proveniente de África para producir materias primas. Por lo tanto, en un momento de saqueo del continente africano en su conjunto, colonizado por distintas potencias, los capitalistas, con el fin de ampliar la capacidad productiva y por ende la tasa de ganancia, necesitan contar con la cantidad suficiente de mano de obra y se ven obligados a buscarla fuera de las fronteras de su propio Estados. Es decir, explotar trabajadores de diferentes partes del mundo, demostrando la necesidad material del capital de valerse de la esclavitud como forma de explotación.

Sin embargo, con el advenimiento de la revolución industrial, la relación del capitalismo con la esclavitud se convirtió en algo que necesitaba ser explicado ideológicamente, o en términos de Quijano, la imposición de una categoría mental, intersubjetiva, desde Europa hacia el “Nuevo mundo”. De esta manera, Quijano, sitúa al capitalismo como un horizonte civilizatorio de impresiones ideológicas que configuran identidades oprimidas y no como un sistema económico y social determinado.

Alcances y límites de la “colonialidad del poder”

Si bien los estudios de Quijano se centraron, particularmente, en latinoamérica, el alcance de su desarrollo teórico incumbe a todo el continente americano, y en última instancia al resto de los continentes, incluso, denota un problema histórico y epistémico, ya que alude a toda crítica a los procesos cognitivos eurocéntricos que se conforman a partir del ingreso de América a la órbita europea, y desde ahí la conformación del sistema mundo capitalista. En uno de sus artículos [7] define a la idea de raza como el instrumento de dominación social más eficaz inventado en los últimos 500 años, en el tránsito del siglo XV al XVI, y que en los siglos siguientes fue impuesta sobre toda la población del planeta como parte de la dominación colonial de Europa.

De todos modos, este énfasis en “todo nace en América”, nos lleva a pensar una serie de sesgos importantes. La intención de reemplazar un universalismo- eurocentrismo- con otro que ponga el acento en la América colonial, desmerece la historia de pillaje, saqueo, explotación y matanza sistemática que sufrió el continente africano. En palabras del propio Quijano:

“América Latina es, sin duda, el caso extremo de la colonización cultural por Europa (…) En el África, la destrucción cultural fue sin duda mucho más intensa que en el Asia; pero menor que en América. Los europeos no lograron tampoco allí la destrucción completa de los patrones expresivos, en particular de objetivación y formalización visual. Lo que hicieron fue despojarles de legitimidad y de reconocimiento en el orden cultural mundial dominado por los patrones europeos”. [8]

En este sentido, no se puede desconocer que en el siglo XVIII es cuando se produce un incremento exponencial de la trata de negros y, posteriormente en el siglo XIX durante la etapa imperialista de consolidación del capitalismo, la colonización del continente africano, y sus poblaciones [9]. Si el énfasis está puesto en la idea de raza en América, es una postura política que invisibiliza este proceso. No solo américa ha sido oprimida por el capitalismo a lo largo de la historia, también lo ha sido África, Asia, Oceanía y hasta sectores de la misma Europa.

Por otro lado, es necesario dar cuenta de la existencia de varios marxistas negros que ya apuntaban al hecho de que el racismo y la idea de raza no son simplemente una “superestructura” ideológica del capitalismo, sino que son un principio organizador y estructurante que está inherentemente vinculado con la explotación capitalista y la acumulacion de capital a nivel global, esto demostró, en un sentido, que la idea de la colonialidad no tiene orígenes mestizos latinoamericanos o es una idea original de Quijano como se suele pensar.

En relación a eso, el sociólogo Ramon Grosfoguel, que se define dentro del “giro decolonial”, plantea en un artículo [10] que la idea de que el racismo es un princpio organizador de la acumulacion del capital y propio de la modernidad fue desarrollado por marxistas negros mucho antes de que Quijano defina la colonialidad del poder y junto con ella al racismo en los años noventa. Por mencionar un ejemplo, Cedric J. Robinson [11] se anticipó a la idea de “la colonialidad del poder” sin utilizar dicho término, a principios de los ochenta dentro del concepto de “capitalismo racial”. Para este autor, el racismo es constitutivo y se presenta como un elemento organizador del capitalismo y del mundo moderno, afirma que el sistema mundo moderno y el capitalismo global, es racial desde su primer momento con la expansión colonial de Europa debido a que se trata de la expansión de una civilización donde ya existía racialismo, es decir, refiere a procesos intra-europeos como la conquista de Al-Andalus que se desarrollaron antes de la conquista de américa. Robinson, aclara que si bien el racialismo dentro de europa no se define por color de piel, sino por razones ideológicas, étnicas y religiosas, es un fenómeno importante para entender cómo se forjó el racismo y los sectores racializados después de 1492 en América y el resto del mundo.

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Ahora bien, siguiendo el planteo de Quijano, vemos cómo el capitalismo queda confinado a ser una parte más que afecta la vida cotidiana de la modernidad, junto a la colonialidad del poder y el eurocentrismo. Sin embargo, el capitalismo no es únicamente un sistema de explotación, de organización del trabajo, sino que también, es un modo de reproducción social que representa determinado sistema de valores, determinada forma de entender la realidad y la naturaleza, una episteme históricamente mediada y determinada por el capital como relación social.

La historiadora Barbara Fields explica cómo el racismo se impregnó, principalmente, en el sur de Estados Unidos, uno de los países donde el capitalismo, en pos de su desarrollo, se valió de la esclavitud como forma de explotación y acumulación.

“La “ideología racial” cuajó especialmente entre los “pequeños propietarios rurales blancos” de los Estados del sur, entre los pequeños granjeros y artesanos que representaban casi dos tercios de la población del Viejo Sur, que generalmente no poseían esclavos y que querían hacer valer su derecho a una independencia económica y política de los dueños de las plantaciones: La ideología racial proporcionó los medios de explicar la esclavitud a personas cuyo territorio era una república fundada sobre doctrinas radicales de libertad y derechos naturales; y, lo que es aún más importante, una república en la que dichas doctrinas parecían reflejar con exactitud el mundo en que todos, excepto una minoría, vivían. Sólo cuando la negación de la libertad apareció como un acontecimiento anormal hasta para los miembros menos observadores y reflexivos de la sociedad euro-americana, la ideología explicó sistemáticamente dicha anomalía”. [12]

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Es por esto que al racismo hay que comprenderlo como una necesidad histórica y determinada del capitalismo, en donde las diferencias raciales son una invención que emerge como parte de una relación histórica específica. El racismo es una empresa de la esclavitud y del imperialismo. Quijano en el intento, necesario, de incorporar el factor racial a la división social del trabajo deja en un segundo plano la dimensión material de la colonialidad en el funcionamiento global de extracción y acumulación de capital, ¿Cómo explicar la división internacional y transnacional del trabajo bajo la globalización a partir de la cuestión racial? Sin duda que el racismo sigue vigente, pero este es un factor más de la explotación capitalista y se complejiza aún más con la globalización.

Quijano plantea que la lucha contra la colonialidad del poder se da por medio, valga la redundancia, de la descolonización del poder que la define como la descolonización de todas las dimensiones de la conciencia, las más cruciales: la categoría de raza y su expresión por medio del racismo [13]. En cambio, el materialismo histórico le otorga a las relaciones sociales de producción -en este caso la esclavitud- la capacidad de abarcar la totalidad de la vida social, incluso, el terreno de las ideas -el racismo-. dicho de otra forma: las relaciones materiales de la sociedad son el “lenguaje de la vida real”.

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De esta forma, si comprendemos la relación intrínseca y material entre capitalismo y racismo, es pertinente preguntarse: ¿Cuál es el lugar que ocupa la clase? Cuestión que Quijano deja en un segundo plano, junto con la potencialidad revolucionaria que tiene la clase trabajadora dentro del capitalismo y al racismo como un aspecto ideológico utilizado históricamente por la burguesía con el fin de dividir hacia el interior al movimiento obrero. La propagación del capitalismo por todo el globo ha creado un proletariado que también se ha extendido por él y que se ha formado a partir de la inmigración a gran escala pasando por encima de las fronteras nacionales. Si bien las formas de opresión racial fueron mutando con el tiempo, la explotación capitalista se profundiza con la diferenciación racial al interior de la clase trabajadora. Es por esto que la lucha antirracista es indivisible de la lucha anticapitalista. Sin la posibilidad de pensar una estrategia que se proponga terminar de raíz con la relación social general- el capitalismo- que rige la vida de miles de millones personas en el mundo, no hay emancipación verdadera posible.



[1Quijano toma el concepto (también denominado economía-mundo) del sociólogo Immanuel Wallerstein, que lo define una zona espacio-temporal que atraviesa múltiples unidades políticas y culturales, que representa una zona integrada de actividad e instituciones que obedecen a ciertas reglas sistémicas. “Reglas” que surgieron a partir del siglo XVI con la conquista de América y la expansión capitalista.

[2Quijano, Aníbal (2000).Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina. En libro: La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas Latinoamericanas. Edgardo Lander (comp.) CLACSO, Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, Buenos Aires, Argentina.

[3Quijano, A. (2003). Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina. En Lander, E.: La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas latinoamericanas. Buenos Aires: UNESCO-CLACSO

[4Quijano, A. Raza, Etnia y Nación en Mariátegui: Cuestiones abiertas, en R. Forgues (Ed.) José Carlos Mariátegui y Europa. La otra cara del descubrimiento. Editorial Amauta, Lima (págs. 166-187).

[5Marx define en “Los Grundrisse” al trabajador libre en doble sentido: libre de las viejas relaciones de clientelismo, vasallaje y servitud, y libre de todas las pertenencias y posesiones, y de todo tipo material, objetivo, libre de toda propiedad.

[6Por ejemplo, los valores discursivos de los cuales se valieron las revoluciones burguesas por excelencia: en el caso francés, Libertad, igualdad y fraternidad o la Carta de Derechos de los Estados Unidos, que contienen las famosas primeras diez enmiendas que protegen las libertades básicas civiles.

[7Quijano, ¡Qué tal raza!, 1999.

[8Quijano, A. (1991). Colonialidad y modernidad/racionalidad. Perú Indígena, 13(29), 11-20.

[9Andrea Barriga. “Aníbal Quijano y la colonialidad del poder”. Articulo inedito.

[10Grosfoguel, R. (2018). ¿Negros marxistas o marxismos negros?: una mirada descolonial. Tabula Rasa, (28), 11-22.

[11Robinson, Cedric J. (1983). Black Marxism. The making of the black radical tradition. London: Zed Books.

[12Fields, B (1990) Slavery, Race and Ideology in the United States of America.

[13Quijano, A. (2007) Questioning Race. Socialism and Democracy.







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