SEMANARIO

“La idea de hegemonía era parte de un conjunto de teorías y prácticas revolucionarias”

ENTREVISTA A CRAIG BRANDIST

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Ilustración: Aviador, de Kasimir Malecivh.

“La idea de hegemonía era parte de un conjunto de teorías y prácticas revolucionarias”

Juan Dal Maso

Charlamos con el autor del libro The Dimensions of Hegemony. Language, Culture and Politics in Revolutionary Russia.

Craig Brandist es profesor de teoría cultural e historia intelectual y director del Centro Bajtín de la Universidad de Sheffield, Gran Bretaña, en la que también activa como presidente de la organización sindical de docentes universitarios. Entre otros trabajos, es autor del libro The Dimensions of Hegemony. Language, Culture and Politics in Revolutionary Russia (Las dimensiones de la hegemonía. Lenguaje, cultura y política en la Rusia revolucionaria), publicado por la editorial Brill y HM Book Series en 2014.

Este libro constituye un importante aporte para el estudio de la problemática de la hegemonía en la Unión Soviética durante la década de 1920, en el cual busca delimitar las maneras en que se utilizó esta categoría teórica como parte de un proceso de experimentación social revolucionaria.

Brandist destaca de manera polémica que muchas cuestiones que ciertas corrientes académicas, postmarxistas y postcoloniales presentan como descubrimientos contrarios al marxismo tales como la cuestión colonial, nacional o de las clases subalternas diferentes del proletariado, en realidad fueron parte de la experiencia de la propia Revolución rusa, de la cual resulta inseparable la reflexión sobre la cuestión de la hegemonía desarrollada por Antonio Gramsci en sus Cuadernos de la cárcel.

En esta entrevista conversamos sobre los principales temas tratados en su libro, de recomendable lectura para quienes se interesen por la historia de las ideas y los procesos revolucionarios, y la importancia de sus lecciones para el presente.

En tu libro planteás que la idea de hegemonía jugó un rol central en la URSS hasta 1930. ¿Cuáles son los principales asuntos alrededor de los cuales los bolcheviques usaban este concepto en ese período?

Los bolcheviques necesitaban construir y mantener una alianza popular entre el proletariado, el campesinado y las antiguas minorías nacionales oprimidas. No tenían ilusión alguna de que el proletariado fuera lo suficientemente grande o desarrollado para tomar el poder o mantenerlo sin esa alianza, así que necesitaban desenvolver modos de mantener el liderazgo político y cultural del proletariado por sobre las clases afines mientras reprimían a la burguesía y la antigua aristocracia. La hegemonía fue la cifra de la compleja y mutifacética estrategia y las actividades necesarias para lograr este objetivo. El título de mi libro fue un intento de poner en primer plano la multidimensionalidad del proyecto, que fue simultaneamente económico, político, cultural y lingüístico, y abarcó la relación entre la ciudad, el campo y las antiguas colonias.

Subrayás la importancia que Lenin le dio a a cuestión de las nacionalidades, incluyendo la lengua. ¿Cuál fue la evolución de la política soviética hacia los pueblos anteriormente oprimidos por el zarismo luego de la muerte de Lenin?

Hasta el final de la década de 1920, el Partido hizo un gran esfuerzo por dar lugar y promover las aspiraciones de los no-rusos, transfiriendo recursos del centro metropolitano para facilitar el desarrollo económico, social y cultural. Sin embargo, el alcance de las tareas era enorme, y el desarrollo nacional por regiones era extremadamente variado y desigual. Había además un significativo número de conflictos inter-étnicos que habían sido explotados por el régimen zarista para gobernar, y no eran fáciles de desenmarañar. Mientras la deriva burocrática del régimen afectaba todas las áreas, la cuestión nacional estaba hasta cierto punto aislada de los peores aspectos de aquella debido a la solución de compromiso que surgió del XII Congreso del Partido (1923), que consagró los derechos legales de las minorías.

Sin embargo, el peso político del centro se hizo evidente durante la década de 1920. Esto fue a menudo, pero no siempre, algo que se originó en el centro. Era bastante común que los intelectuales prominentes involucrados en conflictos entre grupos nacionales recurrieran al centro para resolver disputas a su favor y que la burocracia central aprovechara la oportunidad de imponer su propia agenda. Algunos ejemplos: el movimiento alrededor de la latinización de los alfabetos de los pueblos de la URSS, que originalmente se centró en Bakú, pero con iniciativas rivales en otros lugares. Siempre iba a haber tensiones entre el organismo central de planificación económica y la autonomía de varias áreas, y esto se hizo más pronunciado con el tiempo. No fue sino hasta la crisis de la cosecha de granos a fines de la década de 1920 y el llamado "peligro de guerra” que la burocracia se movió decisivamente para subordinar las regiones al centro y tomar el control central del suministro de granos. Esto fue mucho más allá, culminando con la imposición del alfabeto cirílico a los diversos pueblos de la URSS con el fin de acercarlos a Moscú. Esto expresaba que la URSS era reestructurada como una familia de pueblos con Rusia como el “hermano mayor” de todos ellos.

En tu opinión ¿cuáles fueron las principales contribuciones hechas por los lingüistas soviéticos en este periodo?

El estudio, la estandarización y la codificación de una amplia gama de lenguas de Eurasia, el desarrollo de alfabetos, diccionarios y libros de texto para estas lenguas poco estudiadas, y el posterior desarrollo de una cultura impresa. Además, el estudio y la teorización de las dimensiones sociológicas del lenguaje; la política de estandarización y la investigación de las interacciones entre idiomas y grupos sociales no se pueden minimizar. Solo décadas después surgieron movimientos similares en Occidente, y las iniciativas soviéticas quedaron ocultas. En particular, debido al enfoque estrictamente normativo del lenguaje que surgió a raíz de la intervención de Stalin en lingüística en junio de 1950, después de lo cual el enfoque sociológico fue descartado en gran medida junto con los excesos del “marrismo”.

El Proletkult ¿fue un proyecto hegemónico u obrerista?

Ambos. La posición general era obrerista porque suponía que la perspectiva proletaria del mundo era superior debido a la posición sociológica que ocupan los trabajadores. Esto de hecho se convirtió en parte de la idea de Lukács del punto de vista del proletariado, aunque esta posición era filosóficamente un poco diferente debido a su orientación hegeliana.

Lo interesante de la perspectiva del Proletkult es que si bien mantuvo el enfoque marxista de la clase como una relación compartida con los medios de producción, sin embargo fomentó un enfoque antropológico de la clase, que tiene cierta validez. También se centró en las condiciones en las que la perspectiva proletaria podría consolidarse, sistematizarse y obtener apoyo entre las masas no proletarias. Estos son temas claramente importantes para abordar, el problema principal fue cómo los abordaron. Gramsci toma una cantidad considerable de elementos de gente como Bogdanov, Lunacharsky y otros, pero, al menos en su trabajo maduro, no sucumbe al impulso utópico de crear una cultura proletaria “de invernadero”.

La agenda del Proletkult era ambigua, y no debe identificarse con la de los defensores burocráticos de la cultura proletaria que surgieron en la década de 1920, aunque tampoco se la puede absolver de toda responsabilidad sobre esta. En ocasiones predominaba el impulso hacia una cultura de masas, igualitaria y democrática, y en otros un enfoque nihilista, utópico (en sentido negativo) e intolerante. Por supuesto, en condiciones de analfabetismo masivo y niveles de educación muy bajos, los proyectos que propusieron no se pudieron realizar, pero esto no debería inclinarnos a pasar por alto la validez de las preocupaciones que plantearon.

El concepto de hegemonía fue utilizado entre 1924 y 1926 en diferentes escritos de Bujarin, Zinoviev y Stalin para polemizar contra Trotsky y hacer una defensa canónica del "leninismo". ¿Podríamos pensar que hay un uso diferente, más acrítico de la idea de hegemonía, que el analizado en tu libro?

Las perspectivas que mencionás aquí hicieron del mantenimiento de la smychka, la alianza obrero-campesina, un fin en sí mismo y no un medio para un fin: la revolución mundial y el socialismo. Esta disputa estuvo en el centro de la polémica entre Bujarin y Preobrazhensky a mediados de la década de 1920, en la cual este último, como el principal economista de la Oposición de Izquierda, buscó usar la smychka como base para desplazar el peso económico de la NEP [Nueva Política Económica, N. de R.] hacia la clase trabajadora y las ciudades en general, mientras que el primero argumentaba que esto ponía a la smychka en peligro.
Preobrazhensky no dudaba de que su propuesta de aumentar los impuestos sobre el campesino más rico, el kulak, para apoyar la industrialización, pondría a la smychka bajo presión en el corto plazo, pero que a largo plazo la hegemonía del proletariado en esa alianza se fortalecería. Sin este reequilibrio, argumentaba, el peso social se desplazaría inexorablemente hacia el kulak y la hegemonía proletaria se perdería. En efecto, Bujarin y Stalin vieron la smychka y la hegemonía del Partido como sinónimos. Zinoviev se cambió de la línea Bujarin-Stalin a la línea opositora cuando se unió a la Oposición Conjunta.

Hablando de la NEP, ¿en qué medida era una política hegemónica o una realpolitik para sobrevivir? Relacionado con esto, ¿tuvo la orientación de Bujarin de 1923 una connotación más "populista" que un enfoque de hegemonía de los trabajadores?

Es evidente que los bolcheviques tuvieron que encontrar una manera de restablecer y alimentar la relación entre el proletariado y el campesinado, las ciudades y el campo, después de la Guerra Civil. Esto requirió el retorno a un mercado de granos y una transferencia de recursos del centro metropolitano a las áreas más periféricas del Estado. En este sentido, era en verdad ’realpolitik para sobrevivir’, pero eso no significaba un abandono de la agenda revolucionaria tanto en el ámbito nacional como internacional. A medida que avanzaba la década de 1920, sin embargo, las dos orientaciones se volvieron divergentes.

El enfoque de Bujarin era "populista", en el sentido del antiguo movimiento populista ruso (narodniki), solo en la medida en que identificaba el socialismo con el crecimiento de la economía campesina, pero en realidad era una orientación sobre el kulak.

¿Por qué el concepto de hegemonía cayó en desuso despues de 1930 en la URSS?

Bueno, cayó en desuso en lo que concierne a la política interna de la URSS, y no de manera uniforme. El “gran viraje” de Stalin finalmente abandonó la política de ganar al campesinado para la perspectiva del proletariado cuando la burocracia lanzó su propio proyecto para subordinar el desarrollo socio-económico a la competencia militar con los poderes imperiales. La colectivización forzosa y el ataque masivo contra las condiciones de vida y contra los últimos remanentes de poder de la clase trabajadora hicieron del entero proyecto de la hegemonía algo que no venía al caso. Ideológicamente se declaró que se había conquistado el socialismo, que con la eliminación de los kulaks y los capitalistas de la NEP el proletariado y el campesinado habían sido transformados fundamentalmente en grupos sociales análogos.

Hasta que la política cultural fue asimilada por la política general, la idea de que la cultura proletaria estaba aún luchando por la hegemonía persistió entre sus cada vez más beligerantes defensores, pero cuando los agrupamientos fueron disueltos por decreto en 1932 y luego se formuló la estética oficial del “realismo socialista” en 1934, esta idea de hegemonía cayó también en desuso.

El término quedó operativo solamente en la esfera de la política internacional, donde las relaciones entre los movimientos burgueses de liberación nacional y los PC leales a Moscú se mantenía como un asunto importante.

Una parte de tu libro discute sobre las ideas de Nikolai Marr, y decís que es un ejemplo paradigmático de cómo se construyeron teorías apriorísticas y contradictorias en nombre del marxismo. ¿Qué significó esto para el desarrollo del marxismo soviético en las siguientes décadas?

Las ideas de Marr dieron prestigio intelectual a la política de nacionalidades de Stalin en la década de 1930, postulando como inevitable y deseable una convergencia cada vez más estrecha de las sociedades bajo el socialismo. De hecho, Marr y sus seguidores se hicieron eco deliberadamente de los pronunciamientos de Stalin con el fin de consolidar sus posiciones en las instituciones educativas y de investigación soviéticas, donde había considerable oposición entre los académicos. También promovió la idea de que el paradigma dominante en la filología europea era simplemente una legitimación del colonialismo, mientras que su propio contra-paradigma debería formar la base de una ideología soviética. Esta noción de discursos rivales de conocimiento-poder en el sentido foucaultiano permitió a los marristas presentar a sus oponentes como políticamente sospechosos, mientras que la URSS pretendía liderar los movimientos anticoloniales del mundo en las áreas intelectuales y culturales. Esta dicotomía se consolidó institucionalmente durante la Guerra Fría, a pesar de que las ideas específicas de Marr sobre el lenguaje, a menudo fantásticas, habían sido desacreditadas.

Entonces, para responder a la pregunta, el marrismo simultáneamente fue sintomático y jugó un papel formativo en un cambio importante en las instituciones educativas y de investigación de la URSS. Las teorías fueron capaces de ganar predominancia únicamente sobre la base de su apelación a la autoridad estatutaria en lugar de la autoridad científica. Así, junto con las perspicaces –aunque exageradas– observaciones de Marr sobre el entrelazamiento de la filología indoeuropea y la ideología colonial, que fueron aceptadas por muchos académicos en el momento, sus ideas chifladas sobre el lenguaje, que encontraron poco o ningún apoyo entre los investigadores contemporáneos, fueron incorporadas en la currícula. La idea de que todas las palabras en todos los idiomas derivaban de los cuatro fonemas primordiales sal, ber, ion y rosh fue el ejemplo más notorio. Se trataron paradigmas completos como discursos de poder-conocimiento, considerando la evidencia como nada más que conveniencias para promover una orientación particular del poder. El “marxismo” oficial se convertiría en aquello que se adecuaba al liderazgo político de la época.

Decís que no es posible entender a Gramsci ignorando los debates y experiencias sobre la hegemonía en la URSS ¿Por qué?

Principalmente porque gran parte de los Cuadernos de la cárcel de Gramsci es una reflexión en desarrollo sobre las lecciones de la Revolución Rusa y la NEP para la revolución en Italia. Su estadía en Rusia a principios de la década de 1920 es poco conocida, pero fue fundamental en su desarrollo intelectual, sobre todo debido a su participación en los debates vibrantes, los cambios estratégicos y tácticos que estaban teniendo lugar. Peter Thomas y yo estamos preparando un volumen de materiales de archivo, información contextual y análisis sobre esta cuestión. Además, la propia perspectiva italiana de Gramsci y su eliminación del trabajo político activo en el mismo momento en que el movimiento revolucionario sufría su degeneración estalinista lo colocaron en una posición de lo que Bajtín llamó "exterioridad" (vnenakhodimost). Esta es una distancia fenomenológica que le permitió reflexionar sobre su experiencia, involucrarse críticamente con el movimiento y derivar algunos principios importantes. Sacar el trabajo de Gramsci de este nicho particular en lugar de considerarlo y evaluarlo en relación con ellos no es solo distorsionar nuestra comprensión de su trabajo como enunciaciones de un proceso dialógico más amplio, sino también debilitar su fuerza política. Esta es la razón por la cual ideas y términos aislados de los trabajos de Gramsci han sido adoptados por pensadores eurocomunistas, reformistas y liberales. Mi punto era que estas ideas son tan vitales y políticamente efectivas porque son producto de y reflexiones sobre el movimiento revolucionario de principios del siglo XX.

La otra polémica que hacés es contra las posiciones poscoloniales y posmarxistas. ¿Cuáles te parece que son sus debilidades?

Básicamente, el problema es la aceptación generalizada de la teoría postestructuralista del lenguaje y las narrativas autocomplacientes de los posmodernos que buscan justificar su retirada de la política colectiva. La primera es profundamente problemática ya que se basa en una lectura de Saussure que está abierta a una disputa considerable y supone que un punto de vista sobre el lenguaje agota sus múltiples dimensiones. La noción de discurso masivamente sobregeneralizada y subteorizada que encontramos en Foucault es una de sus manifestaciones. La segunda cuestión está relacionada con la primera: la caricatura de la Ilustración como un único "discurso" en lugar de una esfera de combate y disputas, y la presentación del marxismo como un ejemplo extremo de este "discurso" putativo engañó a muchos académicos capaces. La fusión de la Ilustración con el colonialismo tergiversó la interacción compleja entre ellos, mientras que la asimilación del marxismo en esta perspectiva ignoró su dimensión anticolonial.

La noción de hegemonía de Gramsci se asimiló fácilmente en este marco teórico, que en realidad era bastante ajeno al de Gramsci. Mi argumento era, por lo tanto, que la categoría de hegemonía era tan poderosa porque era parte de un conjunto más amplio de teorías y prácticas revolucionarias. Mi libro fue un intento de iluminar la unilateralidad y las distorsiones de los modos en que se ha apropiado la idea y restablecer este conjunto más amplio. Este me parece un trabajo crucial si queremos aprender críticamente las lecciones del intento más importante, aunque trágico, de trascender el capitalismo.

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Juan Dal Maso

juandalmaso@gmail.com
Nacido en Bs. As. en 1977, vive en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén. Integrante del Partido de los Trabajadores Socialistas desde 1997, es autor de los libros El marxismo de Gramsci. Notas de lectura sobre los Cuadernos de la cárcel (Ed.IPS, 2016) y Hegemonía y lucha de clases. Tres ensayos sobre Trotsky, Gramsci y el marxismo (Ed. IPS, 2018), así como de diversos artículos sobre problemas de teoría marxista.
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