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LUCHAS OBRERAS

La huelga de Chapingo, ejemplo de la fuerza de los trabajadores

Tras 16 días de huelga, la base trabajadora del STUACh levantó la huelga, consiguieron la homologación con el STUNAM e importantes aumentos producto de la lucha, queremos analizar las principales conclusiones de este gran ejemplo de combatividad.

Alex Osorio

México

Lunes 5 de marzo | 14:07

El pasado 12 de febrero a media noche los trabajadores de la Universidad Autónoma de Chapingo colocaron las banderas rojinegras. Las demandas eran claras: homologación con los trabajadores de la UNAM, aumento salarial directo del 4.83%, el cese a las violaciones al Contrato Colectivo de Trabajo y la decisión de la base trabajadora fue firme, se comprobó en la masiva votación hacia el estallamiento de la huelga, así como la masividad de las posteriores acciones.

Los trabajadores de Chapingo estallaron la huelga en un contexto signado por el ataque a la educación pública, desde la reforma educativa, hasta el recorte al presupuesto a la educación pública, con más de 5 universidades en quiebra.
Además del duro golpe al bolsillo de los trabajadores gracias al gasolinazo de principio de año de hasta 77 centavos por litro de gasolina y una inflación que en enero llegó al 5.55%, lo que nuevamente encareció los precios de la canasta familiar como la tortilla, dónde se registraron aumentos de hasta 1.5 y tres pesos.

Las autoridades universitarias presentaron la propuesta del 1.5% y el 14 de febrero ofrecieron el 2%, la base se mantuvo firme y continuaron la huelga. Frente a esto, las autoridades endurecieron el ataque hacia el sindicato y el rector afirmó que la huelga era ilegal, esto como un método clásico que desde el gobierno federal se utiliza para presionar a los trabajadores e incluso se llega a legitimar a partir de sus instituciones como la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje.

Pese a esto en Consejos Generales de Huelga y asambleas de base la determinación era continuar la huelga. A 14 días de huelga, los trabajadores decidieron impulsar una movilización a la Ciudad de México hacia la STPS, el objetivo era presionar para que se resolvieran su demandas, tras el mitin en la dependencia una comisión fue recibida por las autoridades, tras horas de espera, la base sindical decidió bloquear el cruce de las avenidas Insurgentes y Reforma, la tarde de ese día la STPS acuerda de palabra la homologación con los trabajadores de la UNAM.

Para el miércoles 28 de febrero auditorio abarrotado de trabajadores escucharon que los logros de ya 16 días de huelga eran la homologación en 2.4%, aumento salarial directo del 3.4% y 1.7% en prestaciones, un bono de 11,700 pesos y el pago 100% de los salarios caídos y los trabajadores decidieron levantar la huelga.

Chapingo ejemplo de combatividad

En esta huelga miles de trabajadores de Chapingo experimentaron la enorme fuerza de una base determinada a la lucha y fue ejemplo para muchos sindicatos, de que con métodos de lucha como la huelga y las movilizaciones es posible arrancar nuestras demandas.

Los trabajadores de Chapingo denunciaron en las páginas de este diario las duras condiciones a las que a diario se enfrentan y mandaron mensajes a otros trabajadores universitarios. Desde estos saludos se comienza a ver que las huelgas alientan en los trabajadores el sentido de unidad entre sus filas e identifican no sólo a las autoridades universitarias, sino al gobierno federal como el culpable de los ataques a sus condiciones laborales y de vida.

En el mitin frente a la STPS, los trabajadores decían que el Sindicato de Trabajadores de la Universidad de Chapingo (STUACh) con la huelga le había declarado la guerra al gobierno federal. Con respecto a la huelga Lenin escribía en 1899 que “En cada huelga crece y se desarrolla en los obreros la conciencia de que el Gobierno es su enemigo y de que la clase obrera debe prepararse para luchar contra él por los derechos del pueblo”. [1]

Las huelgas entonces se van configurando como pequeñas “escuelas de guerra”, donde los trabajadores comienzan a enfrentarse con decenas de eventos y condiciones a lo largo de la lucha que les van imprimiendo conclusiones importantes y van palpando la fuerza que ellos tienen y las que las autoridades tienen, una de las principales conclusiones es la unidad de los trabajadores para pensar en un triunfo.

En este ejercicio es clave que los sindicatos que se reclaman democráticos dejen atrás la formalidad de los discursos y pasen a la solidaridad efectiva, más cuando hay una huelga en curso que limita la posibilidad de vacilaciones.

Es de llamar la atención que pese a la existencia de la Coordinadora Nacional de Sindicatos Universitarios, de Educación Superior, Investigación y Cultura (CNSUECIC) que aglutina a sindicatos importantes como el STUNAM, se haya limitado a circular un desplegado llamando a la solidaridad “de manera económica y moral” con la huelga de Chapingo.

¿Por qué estos sindicatos no realizaron en cada dependencia un boteo para generar un fondo de huelga para los más de 2 mil trabajadores del STUACh? ¿Por qué no llamaron a sus bases a movilizarse en solidaridad con el STUACh? Y aún más importante ¿Qué hubiese pasado si estas direcciones hubiesen acompañado esta huelga de manera combativa?

La huelga del STUACh marca la clara disposición de la base trabajadora del sindicalismo universitario para romper el tope salarial que lamentablemente otras direcciones sindicales, como el STUNAM, imponen al conjunto de los trabajadores, como señalaron varios sindicalizados de base de Chapingo. Esto se combina con el malestar de la base trabajadora de otros sindicatos universitarios.

La propia CNSUECIC había comentado desde enero que irán a un paro nacional para el próximo 31 de enero, sería bueno que las direcciones sindicales recordaran las movilizaciones de los 80s y el potencial que tienen los trabajadores unidos, sacando de la huelga de Chapingo una valiosa conclusión: la enorme fuerza de la base trabajadora organizada.

La principal conclusión de la huelga de Chapingo es que con los métodos de lucha históricos de los trabajadores como la huelga es posible imponer nuestras demandas, lo que se pudo ver en el transcurso de la huelga es el poco compromiso de las direcciones sindicales y de fondo se visibiliza la necesidad de exigir a las mismas un verdadero plan de lucha frente al ataque a la educación pública y las condiciones laborales.

1. "Sobre las huelgas" en V. I. Lenin, Obras Selectas, Tomo uno. Ed. IPS p. 66







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