Sociedad

DOSSIER / STEPHEN JAY GOULD

La historia y la naturaleza en las teorías de Gould

El pensamiento evolutivo de Gould, reunido en trabajos técnicos, libros y artículos de divulgación, expone la continuidad de sus ideas: cambios bruscos, contingencias, restricciones y la belleza de la vida.

Sábado 20 de mayo | Edición del día

Un "spandrel" (enjunta) de la Catedral de San Marcos

La tarea de explicar claramente y para un público amplio los conceptos claves de la biología evolutiva podría, precisamente, ser calificada de gouldiana. Un primer paso puede ser conectar la teorías científicas con la sociedad donde el científico trabaja, con el zeitgeist, el espíritu de su tiempo. Esa era la aproximación que Stephen Gould prefería y nos conduce a las profundas conexiones entre su pensamiento "académico" y político.

Evolución puntuada

En general, el registro fósil muestra cambios más o menos abruptos, con poca evidencia de cambios graduales entre las distintas formas. La explicación más común es que los fósiles son raros y el registro es muy incompleto, lo que no permite evidenciar la secuencia continua de cambios. En contra de esta opinión, Gould desarrolló, junto a Niles Eldridge, la teoría de los equilibrios puntuados. Postularon que estos cambios bruscos son la norma: larguísimos períodos de tiempo en los cuales no se detectan cambios morfológicos ("estasis") son puntuados por breves (desde el punto de vista geológico) períodos de cambios bruscos en los que se originan las nuevas especies.

Esta propuesta devolvió el vigor a la discusión dentro de la biología evolutiva, generando controversias que aún hoy continúan. Como señalan Richard Levins y Richard Lewontin, colegas de Harvard y miembros de Ciencia para el Pueblo junto a Gould, el parecido de esta teoría con las ideas marxistas es profundo. En 1977, al cumplirse cinco años de la primera publicación de la teoría de los equilibrios puntuados, Gould y Eldridge publicaron un nuevo trabajo en Paleobiology sobre el tema. Una verdadera rareza dentro de la literatura biológica, el artículo incluye toda una sección ("Hacia una filosofía general del cambio") donde citan algunas opiniones de Marx sobre Darwin: "es notable cómo Darwin reconoce entre las bestias y las plantas su sociedad inglesa (...) con su lucha de clases". Esta observación, señalan, no desacredita el trabajo de Darwin, pero muestra cómo aún los mayores logros científicos están enraizados en su contexto cultural.

El gradualismo es parte del contexto social y no necesariamente la de naturaleza. Gould y Eldridge continúan en su artículo: "Otras concepciones del cambio tienen respetables antecedentes. Una ley, enfatizada por Engels, sostiene que el cambio cualitativo emerge de repente, cuando la lenta acumulación de cambios cuantitativos, resistido por mucho tiempo por un sistema estable, finalmente lo fuerza a cambiar de un estado a otro."

Como especifica Gould en su libro La Estructura de la Teoria de la Evolución, ellos no desarrollaron la teoría de los equilibrios puntuados para fomentar su propia agenda política. Por el contrario, él sostiene que exponer las condiciones sociales detrás del origen de las ideas no dicen nada sobre su validez. Ésta debe establecerse por los procedimientos científicos habituales de observación, experimentación y prueba. La misma historia personal de Gould, criado en una familia de izquierda, lo volvió consciente de las alternativas al gradualismo. En todo caso, existe una agenda política implícita: la larga pelea de Gould contra la idea de la ciencia neutral. Idea que, para él, sólo beneficia a las clases dominantes.

Las desventuras del doctor Pangloss

El Doctor Pangloss, personaje de Voltaire en su obra Cándido, personifica el optimismo que cree vivir en "el mejor de los mundos posibles". En un pasaje de la novela, Cándido quiere arrojarse al agua para salvar a Jacobo, que se ha caído del barco. El filósofo Pangloss se lo impide haciéndole ver que la bahía de Lisboa había sido formada ex profeso para que aquel anabaptista se ahogara en ella. De la misma manera, el programa adaptacionista dominó la biología durante décadas, afirmando que la selección natural puede forjar cada uno de los rasgos de un organismo para que desempeñe determinada función.

Las explicaciones adaptatativas han sido muchas veces mal usadas, en especial para intentar explicar elementos de la naturaleza humana. Estas explicaciones van desde lo risueño (los humanos tenemos cejas porque protegen los ojos de la lluvia y del sudor de la frente) hasta lo repulsivo (las violaciones suceden porque los violadores aumentan su éxito reproductivo y el "gen violador" se trasmite a la descendencia).

En 1979 Gould publicó, junto a Richard Lewontin, uno de los trabajos más citados en la literatura biológica: "The Spandrels of San Marco and the Panglossian Paradigm" (Las enjuntas de San Marcos y el paradigma panglossiano). Allí caracterizaron el programa adaptacionista como una forma de pensamiento donde los organismos son innecesariamente atomizados en rasgos, optimizados por la selección natural. De forma más incisiva, señalaron que las historias adaptativas son muy fáciles de crear pero muy difíciles de falsear, característica propia delas malas hipótesis científicas. Su error fatal es no distinguir las funciones actuales de los motivos del origen de un rasgo biológico.

El ataque de Gould y Lewontin a los métodos de algunos biólogos y psicólogos evolutivos puede ser enmarcado en su amplia ofensiva contra el determinismo biológico en general. Surge en simultáneo con el auge de la sociobiología, a partir de la obra de Edward O. Wilson, y con el razonamiento centrado en los genes propuesto por Richard Dawkins en su libro de 1976 El Gen Egoísta. Por supuesto Gould y Lewontin no niegan la acción de la selección natural como origen de muchas de las adaptaciones de los seres vivos, pero señalan que es necesario dejar de lado las explicaciones reduccionistas y tener en cuenta los factores históricos y los procesos de desarrollo que hacen posible la formación de ciertos rasgos.

¿Qué son los "spandrels" de la catedral de San Marcos en Venecia? Los espacios triangulares agudos formados por la intersección de un par de los arcos. Son subproductos necesarios en la arquitectura de una cúpula construida sobre arcos. Aunque uno está tentado a pensar que el hermoso mosaico que los decora es la razón de ser de su existencia, este pensamiento sería "invertir el orden de las cosas" en palabras de Gould. Los adaptacionistas tienden a olvidar que la selección natural es un proceso en dos pasos, donde la selección misma es el segundo. El primero involucra la producción de la variación, un mecanismo donde el azar y la contingencia son preponderantes.

Las restricciones de la historia

Bajo la metáfora de "rebobinar la cinta de la evolución", Gould nos propone un ejercicio mental. Al hacerlo, descubrimos que las probabilidades de que algo remotamente similar a los seres humanos volviera a surgir es infinitamente pequeña. Basta considerar todas las contingencias de la historia de la Tierra, como la caída de un meteorito que hace 65 millones de años acabó con el dominio de los dinosaurios.

Otro ejemplo aún más notable, expuesto en el libro “La vida maravillosa” involucra la diversidad de los “planes corporales” que distinguen a los diferentes grupos de animales. Los 39 grupos actuales son solamente los sobrevivientes de los aproximadamente 60 que pueden reconocerse en los fósiles del período Cámbrico, hace más de 500 millones de años. Es decir, la diversidad de la vida estuvo presente desde mucho tiempo atrás y, para Gould, no existe una tendencia general de la evolución a producir una mayor diversidad de formas. Crítica que se extiende a toda idea de progreso en la historia de la vida, como resabios de un pasado donde se consideraba a los seres humanos (específicamente a los hombres blancos y europeos) como el final de una marcha ascendente.

El juego de la contingencia histórica y las leyes generales (el azar y la necesidad) es la preocupación final de Gould. Un tema de profundas implicanciones no solamente en biología, sino también para la filosofía y la política. Como señalan Richard York y Brett Clark, autores de La ciencia y humanismo de Stephen Jay Gould, no podemos definir esta cuestión basados en nuestras preferencias personales, pero nuestra elección sesgará cómo interpretamos y observamos la naturaleza. “Si la contingencia juega un rol menor en el desarrollo de la historia, si el presente es inevitable, tiene poco sentido cambiar el status quo. Pero, si la contingencia domina la historia, el futuro está abierto y el mundo puede ser de otra manera.”






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