Mundo Obrero

PASADO Y PRESENTE DE LA OPOSICIÓN AL SMATA

La historia de lucha de los trabajadores de Mercedes Benz en La Matanza

Virginia Gómez

@mavirginiagomez

Letizia Valeiras

Docente - SUTEBA La Matanza @letiziav83

Jueves 11 de diciembre de 2014 | Edición del día

Fotografía: Imagen del documental "Milagros no hay"

Para contar la historia de Mercedes Benz Argentina, de sus trabajadores más precisamente, hay que ir juntando las piezas de un rompecabezas que el otro protagonista de la historia, una de las empresas más poderosas del mundo, con la gran ayuda de la dictadura militar, se encargó de desarmar porque, como señala Eduardo Fachal, ex trabajador de la empresa en los ’70, en esta entrevista, la burguesía busca romper la línea histórica que existe en la tradición y la lucha del movimiento obrero.

El intento por desarmar esa historia implicó incluso borrar los nombres de sus protagonistas. Hubo durante la dictadura 17 trabajadores secuestrados, y 14 de ellos desaparecidos, parte de otros miles de obreros y obreras secuestrados por una dictadura que tenía la misión histórica de la burguesía a su encargo: la derrota de una generación que intentaba cambiar las reglas de juego y quebrar el poder capitalista, que llegó a enfrentar al peronismo en la Argentina. Pero la historia se rebela y se impone siempre que nuevas generaciones de trabajadores retoman los pasos de sus predecesores y reconstruyen el pasado “lleno del tiempo del ahora”, como señalaba Walter Benjamin en sus Tesis sobre la Filosofía de la Historia, con el objetivo de sacar las conclusiones para esta vez poder vencer.

La continuidad: comisiones internas combativas en Mercedes Benz

Los primeros años de la planta en La Matanza coincidieron con el creciente peso de la izquierda entre los trabajadores de la industria automotriz. Tanto en Córdoba como en Buenos Aires, aparecieron las primeras listas opositoras a la burocracia de la lista Verde de José Rodríguez, en el SMATA, y Mercedes Benz no fue la excepción.

Ya en 1957 la comisión interna inició un reclamo a la gerencia de la planta, por la captura de Eichmann, Teniente Coronel de las SS nazis, responsable directo del genocidio en Polonia y del transporte de deportados a los campos de concentración alemanes, durante la Segunda Guerra Mundial. Eichmann escapó a Argentina donde vivió entre 1950 y 1960, hasta que fue descubierto y trasladado a Israel, donde se realizó el juicio que relata Hanna Arendt en La banalidad del mal. Como varios miembros del partido nazi y las SS, trabajaba en la planta de Mercedes Benz.

Durante el año siguiente se cuentan varias movilizaciones dentro de la planta con la exigencia de mejores condiciones laborales. En el año 1970, los trabajadores se suman al paro nacional convocado por la CGT, el 23 de abril, contra Onganía y son parte del plan de lucha para enfrentar las suspensiones en la industria automotriz. Este tipo de acciones, reclamos salariales, luchas contra despidos y suspensiones, junto con movilizaciones dentro y fuera de la planta, persisten durante los años siguientes.

Entre el ‘73 y el ‘74 empiezan los paros en la planta, en reclamo nuevamente de mejores condiciones laborales. Ese primer año, cuando asume Cámpora, se ocupa la fábrica, en el marco de una oleada de ocupaciones en la Zona Oeste, como la del Hospital Posadas, donde se eligieron de forma directa a sus autoridades (que contaremos en una próxima edición). En el verano del ‘74, se realizó una toma de la fábrica, que incluyó el secuestro del personal jerárquico, en reclamo de la refrigeración en los pabellones ante una ola de calor que hacía inhumano el trabajo en la planta.

Ese mismo año, una lista opositora recupera la comisión interna en manos de la Verde, a lo que la patronal responde despidiendo a la mayoría de sus miembros, en un acuerdo con José Rodríguez, que impugna unos meses después a la nueva interna, y designa una intervención. Hablar de una historia llena del tiempo del ahora significa justamente la llamativa similitud entre el rol de la patronal yanqui Lear y de Pignanelli (del mismo SMATA, de la misma Verde) con el despido ilegal de más de 200 trabajadores y el ataque a la comisión interna combativa de esa automotriz. Son esta vez, los indomables trabajadores de Lear, los que deciden retomar esa historia.

Volviendo, van a ser los activistas y miembros de la interna impugnada, los que participen, junto a las principales metalúrgicas de la zona, de la Coordinadora de La Matanza y de las movilizaciones de junio y julio del ‘75, que dieron a su vez impulso a los trabajadores de la planta, para sacarse de encima la intervención. La excusa fue el rechazo al descuento de un día de trabajo para la caja del SMATA y el reclamo de la indexación del salario según la inflación, la medida: un paro que duró 22 días.

La masiva asamblea que vota el paro, en la puerta de la oficina de la intervención, como símbolo del reclamo tanto a la patronal como a la burocracia, vota también al que será conocido como “Grupo de los 9”, que va a funcionar como comisión interna junto a un cuerpo de delegados por sección, compuesto en total por 60 miembros, con una minoría de militantes de la JTP, del PRT y del PC y una mayoría de independientes. La respuesta de la burocracia a esta organización es una patota armada que intenta copar la asamblea y termina siendo echada a empujones por todos los trabajadores de la planta.

El Ministerio de Trabajo, al mando de Carlos Ruckauf, declaró ilegal la huelga y avaló el despido por parte de la empresa de 117 activistas, entre ellos los integrantes del Grupo de los 9. Los trabajadores respondieron de forma contundente: “los 4000 adentro, los 4000 afuera” y el conflicto pegó un enorme salto, que implicó la organización solidaria de los vecinos de Cañuelas, a partir de la iniciativa de María Luján, esposa de uno de los despedidos, a través de actos, cierre de negocios en apoyo a la huelga, asambleas, fondo de huelga y recolección de alimentos. También recibieron la solidaridad y donaciones de las internas de las empresas que eran parte de la Coordinadora de Oeste, como Lucas Indiel, Santa Rosa, MAN, Grafa, FAPESA, Jabón Federal, entre otras.

Finalmente, los obreros de Mercedes Benz triunfan. La empresa tiene que reincorporar a todos los despedidos, pagar los salarios durante de los 22 días de conflicto, otorgar un aumento salarial y reconocer a los 9 miembros votados en asamblea como la Comisión Interna legítima. Pero luego de este importante triunfo táctico de los trabajadores, se prepara la venganza de la patronal y la burocracia, que empiezan a golpear los cuarteles.

Destruyendo la historia: el ataque de la empresa a los trabajadores

Para empezar por alguno de los tres enemigos que enfrentaron los trabajadores (empresa-dictadura-burocracia), vamos a señalar que el 14 de noviembre del ‘75, el Secretario General del sindicato, José Rodríguez, publica una solicitada donde los acusa de “subversivos”. Como señala Fachal, en esa época “acusar a una persona de agitador y condenarla a muerte, era exactamente lo mismo”. Por actividades como ésta, y otras, el SMATA recibió por parte de la empresa el 1% de las ventas a través de un denominado “fondo social”, que se había incorporado al último convenio firmado.

Ese mismo año, como describe el informe de ECCHR (European Center for Constitutional and Human Rights), fue “el Ministro de Trabajo, Carlos Ruckauf, quien ordenó por escrito a los responsables de la empresa, que eliminaran las fuerzas subversivas existentes en la misma”. La dirección de la empresa también se pronunció, y dejó en claro su predisposición a realizar los esfuerzos necesarios para eliminar los “elementos subversivos de las fábricas”, según el informe que elaboraron sobre el conflicto laboral de 1975 y que envió a la Federación Internacional de Trabajadores de las Industrias Metalúrgicas (FITIM) el 19 de mayo de 1976.

Ya durante la dictadura, la empresa tenía un doble beneficio: por un lado tenía “vía libre” para sacarse de encima (y lo hizo literalmente) a los activistas que era parte clave de todo el proceso de lucha y organización de los trabajadores de la fábrica, y esto le permitía a su vez aumentar la productividad que había perdido con una fábrica que no estaba totalmente bajo su control y hacer negocios con los militares, mucho más cercanos ideológica y políticamente a los directivos de la empresa.

Según un estudio del SERPAJ, Mercedes Benz se benefició durante la dictadura con la estatización de una deuda que había contraído por 98 millones de dólares, a través del funcionario Domingo Cavallo, quien por entonces era presidente del BCRA, a su vez, el Ejército Argentino era el principal cliente de Mercedes Benz. También se encuentra probado que la empresa, a modo de “devolución” de favores, donó un aparato de neonatología al hospital que funcionaba en Campo de Mayo, donde funcionó una maternidad clandestina en uno de los mayores centros clandestinos de detención. La cadena de favores entre la burocracia, la dictadura y la empresa se vuelve interminable, y varios de los directivos de la empresa están denunciados actualmente como apropiadores de bebés, entre ellos el nefasto Rubén Lavallen, que había sido comisario de la Brigada de San Justo y había participado personalmente en la detención de trabajadores de la planta y luego fue “premiado” con un puesto de Jefe de Seguridad en Mercedes Benz y con la apropiación de Paula Logares, hoy nieta recuperada por Abuelas de Plaza de Mayo.

Fue tan alevoso este acuerdo entre la empresa y la dictadura, que las detenciones se llegaron a producir incluso adentro de la planta. En el documental Milagros No hay Juan José Martín, ex trabajador detenido de Mercedes Benz, cuenta que lo llevaron de la fábrica “mientras estaba haciendo mi trabajo, a mi domicilio, se llevaron pertenencias mías y me llevaron a la comisaría de San Justo, estuve 6 días sin tomar agua ni comer y 19 días detenido, torturado. Mi familia no sabía nada, yo era un desaparecido". La familia va a recibir, un día antes de que lo liberen a partir de la movilización de 1000 trabajadores al regimiento de Tablada (de ahí dijeron que eran los militares que se lo llevaron de la fábrica), un telegrama de la empresa donde dice que se tome 10 días de descanso por todo lo que había pasado. Nadie, supuestamente, sabía lo que le había pasado. Durante el Juicio de la Verdad, uno de los directivos va a confesar que la empresa tenía una red de espionaje propia y que entregó nombres y direcciones de la interna, vinculándolos con la subversión.

Durante el año ‘76 y ‘77 son detenidos y desaparecidos trabajadores de Mercedes Benz; en la fábrica esos meses continuó, a pesar del terror, la resistencia con sabotajes y trabajo a desgano; fueron 17 los detenidos y todavía hoy hay 14 trabajadores desaparecidos. La empresa siguió pagando, durante años, los sueldos de los trabajadores desaparecidos, pero no pudo comprar el silencio de los familiares y de los obreros. Fueron los sobrevivientes, uno de ellos de Campo de Mayo, con la ayuda de periodistas como Gaby Weber (que sintetiza su investigación en el documental “Milagros no hay”, que a la vez da origen a la causa judicial), los que decidieron reconstruir su historia.

Dice Walter Benjamin: “La verdadera imagen del pasado es fugaz. Sólo podemos apropiarnos de él en una forma que destella en el instante en que es reconocible. (...) cada imagen del pasado que no es reconocida por el presente como una de sus propias preocupaciones amenaza con desaparecer irreparablemente. Articular el pasado históricamente no significa descubrir ‘el modo en que fue’ sino apropiarse de la memoria cuando ésta destella en un momento de peligro. El materialismo histórico quiere apropiarse la imagen del pasado que, de repente, se aparece al hombre seleccionado por la historia en un momento de peligro. El peligro afecta tanto al contenido de la tradición como a sus receptores. La misma amenaza pesa sobre ambos: la de convertirse en instrumento de las clases dirigentes. En cada época deben realizarse nuevas tentativas para arrancar a la tradición del conformismo que pretende dominarla. (...) Sólo aquel historiador que esté firmemente convencido de que hasta los muertos no estarán a salvo si el enemigo gana, tendrá el don de alimentar la chispa de esperanza en el pasado”.

Los indomables obreros de Lear y el PTS, pelean desde hace 6 meses, preparación mediante, por reconocer en el presente la imagen del pasado. Son indomables, no sólo por la crisis política que le abrieron al Gobierno, no sólo por el desprestigio que le causaron a la burocracia del SMATA y a las fuerzas represivas, como la Gendarmería, o por mensaje de resistencia a las patronales buitres. Son indomables, también, porque se propusieron ser la continuidad de la tradición de lucha de los opositores al SMATA, lo cual representa toda una venganza de clase histórica. La continuidad no se reduce sólo a tomar como propia lo mejor de aquella experiencia, sino también construir aquello que faltó. Como dijo Rubén Matu (PTS), delegado de Lear, en el acto del 6D, los obreros de Lear que continúan luchando, tienen la convicción de construir “una organización política independiente de los trabajadores, de nuestra clase”.







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