ESPECIAL A 44 AÑOS DEL GOLPE MILITAR

La gran protesta nacional contra la dictadura del 2 y 3 de julio de 1986

La jornada de protesta nacional del 2 y 3 de julio de 1986 se transformó en un hito de lucha contra la dictadura, pero terminó siendo utilizado por la oposición para su estrategia de transición pactada.

Martes 12 de septiembre

La jornada había sido convocada semanas antes, por la Asamblea de la Civilidad, tras haber presentado a la dictadura el documento “Demanda de Chile” y exigido 30 días de plazo para que se le contestara, cosa que por supuesto no ocurrió. La Asamblea buscaba presionar a la dictadura para una apertura democrática, pero representaba y se articulaba con una serie de organizaciones sociales, demostrando la enorme rabia y oposición contra la dictadura.

La presidencia de la Asamblea la ocupaba el democratacristiano Juan Luis González, presidente del Colegio Médico, convocando a estudiantes, trabajadores, pobladores y las organizaciones políticas que se estaban rearticulando, pero evidenciando también como se estaba desplazando el eje político hacia el centro, lugar que iría ocupando progresivamente la Democracia Cristiana.

También el Movimiento Democrático Popular y la Alianza Democrática presentaban sus propias propuestas, todas centradas en que la dictadura terminara lo antes posible.

Esto significó también trasladar la convocatoria desde la Comando Nacional de Trabajadores (CNT) hacia los partidos políticos, lo que comenzaron pronto a embarcarse en las negociaciones con la dictadura, que terminarían en la transición pactada a la democracia, tratando también de desmovilizar a las cientos de miles de personas que cada protesta se expresaban en las calles y con rabia contra Pinochet y sus secuaces.

Luis Corvalán señala en su libro “De lo vivido y lo peleado” que ese año “la mayoría de la población tenía la sensación de que estábamos en la última fase de la lucha contra la dictadura”. A pesar de toda esa gran energía y lucha expresada en miles de acciones como boicot económico, marchas, caceroleos, etc., la oposición prefirió negociar con los militares y sacar a los trabajadores y sectores populares de las calles.

La protesta nacional del 2 y 3 de julio fue una de las más grandes de las jornadas de lucha contra la dictadura, especialmente en ese álgido año 1986 que estuvo lleno de marchas y manifestaciones para lograr derrotar a Pinochet y sus milicos genocidas. Solo en la jornada de mayo habían participado cerca de un millón de personas. Y día a día multitud de pequeñas acciones demostraban el odio contra la dictadura.

Desde Arica hasta Punta Arenas se realizaron manifestaciones, cacerolazos, enfrentamiento con carabineros y militares, caída de torres de alta tensión, barricadas y otras formas de protesta.

El 2 de julio comenzó la protesta. La represión no se hizo esperar. Los militares y carabineros llenaron las calles para golpear, torturar y detener a cualquier manifestante.

Ese día fueron detenidos y quemados vivos por una patrulla militar Rodrigo Rojas Denegri y Carmen Gloria Quintana, evidenciando una vez más la brutalidad de la dictadura y sus métodos represivos. Muchos de los funcionarios de esos años son actuales políticos de la derecha, mostrando los lazos que los unen a la dictadura.

La protesta duró dos días. Gran parte de los dirigentes de la Asamblea y otras organizaciones políticas y sociales fueron detenidos o relegados durante meses. Rodrigo Rojas murió a los pocos días producto de las graves heridas provocadas por las quemaduras, mientras Carmen Gloria sobrevivió con muchas secuelas. Cientos de personas fueron encarceladas y torturadas.

La gran protesta nacional fue también utilizada por la oposición para concentrar su política en los acuerdos pactados con la dictadura. Como señala Cristhoper Manzano en su libro “La Asamblea de la Civilidad”, “es evidente que la DC utilizó una doble estrategia. Que esto fue así, queda demostrado por el hecho de que tras haber aprobado esta unidad en la base social, el partido volvió a insistir en que su estrategia era “aislar a los grupos violentistas de ambos extremos”. Esta ambivalencia no hacía más que mostrar que el partido tuvo que buscar un consenso entre sus posturas conservadoras y progresistas”.

Así, el “año decisivo” se transformó para los partidos opositores en el año en la estrategia de los acuerdos, los pactos con la dictadura y las negociaciones, que permitió a Pinochet, los militares y la derecha, dejar leyes de amarre, la Constitución del 80, la política económica neoliberal que terminó con la educación, la salud y las pensiones y la exclusión de la clase trabajadora, los pobladores, estudiantes, mujeres y jóvenes, de la política.

Para ello contaron también con el apoyo del imperialismo norteamericano y otros organismos internacionales. Todos ellos temían más a la organización obrera, popular y juvenil, por lo que presionaron para que la dictadura se abriera a las negociaciones y se iniciara el camino de la transición.






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