SEMANARIO

La globalización de la lucha de clases y la utopía del partido revolucionario en un solo país

Matías Maiello

Fotomontaje: Juan Atacho

La globalización de la lucha de clases y la utopía del partido revolucionario en un solo país

Matías Maiello

En artículos anteriores desarrollamos en torno a los procesos actuales la relación entre revuelta y revolución desde diversos ángulos. En estas líneas vamos a abordar la relación entre los diferentes procesos nacionales desde un punto de vista internacional para centrarnos en el significado que adquiere la lucha internacionalista en la actualidad.

La nueva oleada de lucha de clases que hoy recorre el mundo tiene como uno de sus rasgos distintivos, justamente, su gran extensión geográfica. Abarca países de África del Norte, pasando por Medio Oriente, hasta Hong Kong, así como de Europa y América Latina. Los actuales medios de comunicación, las redes y la inmediatez de la información contribuyen de alguna manera a la propagación de los procesos pero la explicación de este fenómeno es mucho más profunda.

Lo que se conoce comúnmente como “globalización” fueron décadas de ofensiva imperialista –desde finales del siglo pasado hasta lo que va de este– que a fuerza de saqueo y mayores niveles de explotación propiciaron un salto en la internacionalización del capital a través de un proceso de desarrollo desigual y combinado que fue dejando, junto a una minoría de “ganadores”, a una gran mayoría de “perdedores”.

La crisis histórica del capitalismo que estalló en 2008 vino a acentuar este escenario. Puso en evidencia la decadencia de un capitalismo incapaz de generar nuevos motores de la economía mundial. Un imperialismo norteamericano decadente y, como única nueva potencia y pulmotor económico de todo el último período, China, que debe su existencia actual a la unificación efectiva del país conquistada por la revolución de 1949 que expropió a la burguesía y avanzó en la planificación (burocrática) de la economía. La burocracia del PCCh sostuvo primero el programa de un “socialismo en un solo país” para luego restaurar el capitalismo y valerse de lo logrado para una “modernización” de la mano del capital internacional. Así, solo gracias a haberse apropiado mediante la restauración capitalista de aquello que se generó en contra suya, la burguesía imperialista logró su principal fuente de desarrollo actual, basada en enormes niveles de explotación y precarización, que poco tienen que envidiarle a los de dos siglos atrás. Pero China no tiene la consistencia histórica para oficiar de nuevo hegemón mundial, de no mediar nuevas guerras a gran escala.

La elección en Gran Bretaña esta semana ejemplificó bien la deriva capitalista. La gran patronal británica que antes se oponía al Brexit, ahora se encolumna detrás del Trump británico, Boris Johnson. La burguesía navega sin rumbo claro al viento de la brutalidad contra los inmigrantes, el nacionalismo y las fake news.

En América Latina, al igual que en el resto de los países dependientes y semicoloniales, hace mucho tiempo que las burguesías abandonaron cualquier pretensión de emancipación nacional. Hincadas a los pies del imperialismo, a lo sumo buscan un lugar como actores de reparto. Ni el neoliberalismo a ultranza como el de los Bolsonaro/Guedes ni el “posneoliberalismo” como el de Alberto y Cristina Fernández se proponen ningún plan de desarrollo autónomo. Para los primeros se trata simplemente de entregar todo lo posible al imperialismo a través del saqueo y avanzar contra la condiciones de vida del pueblo trabajador. Para los segundos, a lo sumo, mitigar ciertos efectos de una estructura socio-económica totalmente subordinada al imperialismo que no se cuestiona, y que condena a las mayorías a padecer catástrofes periódicas. Incluso en las versiones más radicales que dio el “posneoliberalismo”, como el chavismo, este fue incapaz de modificar una estructura dependiente atada a los vaivenes de los precios del petróleo.

Solamente la unidad de la clase trabajadora junto con el pueblo explotado y oprimido de los países latinoamericanos, ligando su lucha a la de la clase trabajadora de los países centrales, puede erigirse como verdadera alternativa, conquistando su propio poder para resolver íntegra y efectivamente los fines democráticos y de la emancipación nacional frente al imperialismo y sus socios locales, y estableciendo un nuevo orden social. La cuestión estratégica es cómo las explosiones de lucha de clases que hoy atraviesan la región y el mundo no se agotan en procesos de presión (inclusive extrema) sino que abren esta perspectiva, que es necesariamente internacional.

Contra la utopía –muy extendida por cierto- de que es posible construir un partido (verdaderamente) revolucionario “en un solo país”, aquella lucha plantea un problema clave: la necesidad de un partido revolucionario internacional. Ahora bien, ¿por dónde pasa y en qué consiste hoy la pelea por un partido así?

Una lucha nacional por su forma e internacional por su contenido

Lo que demuestran los procesos actuales de la lucha de clases, con sus especificidades y dinámicas particulares, es que no hay un pasaje automático de la revuelta a la revolución. En este sentido, la pelea por la hegemonía obrera es un punto clave, así como la disputa con las direcciones del nacionalismo burgués, el reformismo y la burocracia.

Como decían Marx y Engels en el Manifiesto Comunista, se trata de luchas que son nacionales por su forma pero internacionales por su contenido. Trotsky destaca a propósito del pensamiento de Lenin, que el internacionalismo “no es en manera alguna una forma de reconciliar verbalmente nacionalismo e internacionalismo, sino una forma de acción revolucionaria internacional”. Y agrega que, en esta concepción, “el mundo […] aparece como un solo campo de combate en que los distintos pueblos y clases sostienen una guerra gigantesca unos contra otros”.

Desde este punto de vista, la lucha internacionalista –y la pelea por construir partidos en cada país– está indisolublemente ligada a la búsqueda de prefigurar, ensayar, en la medida de nuestras fuerzas, la acción de lo que sería un partido revolucionario internacional, ya que una organización así no surgirá sino al calor de los propios combates que este nuevo ciclo de la lucha de clases comienza a poner a la orden del día. Esto buscamos hacer en la FT-CI –organización internacional a la que pertenece el PTS– desde los 14 países donde intervenimos [1], así como desde la Red Internacional de diarios La Izquierda Diario.

Aquella concepción de internacionalismo como “un solo campo de combate” hace a establecer determinados centros de gravedad de la acción de una corriente internacional allí donde los trabajadores están dando su pelea más dura y avanzada. Pero al mismo tiempo implica la intervención simultánea en escenarios nacionales muy diferentes, con diversas relaciones de fuerzas, procesos políticos, etc., que son parte de un mismo teatro de lucha internacional.

Francia y Chile como centros de gravedad de la lucha de clases actual

Actualmente el eje de la intervención de la FT está puesto en Francia, dónde se está dando el enfrentamiento más significativo de la lucha de clases internacional, que de desarrollarse y conquistar el retiro de la reforma jubilatoria podría abrir una nueva situación con repercusiones mucho más allá de sus fronteras, y en Chile que es el principal proceso a escala Latinoamericana.

La gran demostración de fuerzas que viene haciendo la clase trabajadora francesa, nada menos que en el corazón de Europa [2], con sus métodos de huelga, piquetes, e importantes movilizaciones desde hace 10 días, viene a demostrar su potencia cuando en vez de intervenir diluida en “la ciudadanía” en general, pone en juego el control de sus “posiciones estratégicas” y paraliza los colectivos, los subtes, los trenes, los puertos, las refinerías, los aviones, las escuelas, etc. Los anuncios del gobierno de Macron de esta semana sobre la reforma previsional, no tuvieron otro efecto que profundizar y extender la huelga, que cuenta con un gran impulso entre los trabajadores de base, especialmente en sectores como la RATP (transporte metropolitano de París). Mostrando, como señala nuestro compañero Juan Chingo en su libro Gilets jaunes. Le soulèvement (quand le trône a vacillé) [3], un proceso de “giletjaunización” de sectores del movimiento obrero.

Desde luego la burocracia sindical en sus diferentes variantes –que en su momento se encargó de separar a los sindicatos de los Chalecos Amarillos–, lejos de plantear la huelga indefinida hasta derrotar la reforma, no descartó volver a sentarse a negociar. El éxito de la huelga y la lucha de masas, pasa por si esta logra desplegarse con todo como un verdadero movimiento popular (Rosa Luxemburgo) y queda en manos de los propios huelguistas a través de asambleas, comités de huelga y coordinadoras, que a su vez permitan garantizar la paralización y organizar la autodefensa.

[Foto: Encuentro en Saint-Lazare.]

En este sentido, nuestros compañeros y compañeras de la Corriente Comunista Revolucionaria (CCR), tendencia revolucionaria dentro del NPA, vienen peleando para poner en pie instancias de autoorganización y coordinación reales. Como el encuentro en Saint-Lazare (París) llamado por los trabajadores de RAPT y los de SNCF (compañía de trenes), con trabajadores de colectivos, subte, ferroviarios, docentes, estudiantes, Chalecos Amarillos, etc. Instancias que vienen siendo claves para organizar, por ejemplo, los piquetes para garantizar la huelga. Es parte de una política de impulsar la perspectiva de huelga indefinida hasta derrotar la reforma articulando múltiples sectores de la CGT, SUD, organizaciones estudiantiles, de la izquierda, etc., como quedó reflejado en la declaración publicada en el diario Libération la semana pasada. En estas peleas Anasse Kazib, dirigente ferroviario y miembro de la CCR, viene siendo uno de los principales voceros de la huelga, que recientemente polemizó con el ministro de transporte en un popular programa de televisión, desnudando la hipocresía del gobierno. A su vez, el diario Révolution Permanente, que ya en 2018 se había convertido en un punto de referencia en torno al movimiento de los Gilets Jaunes con más de 2 millones de visitas mensuales, vuelve a cumplir un importante papel en el movimiento actual.

[Video: Anasse Kazib polemiza con el ministro de transporte francés.]

La pelea de fondo, sin embargo, sigue siendo la necesidad de poner en pie un partido revolucionario en Francia. El proceso anterior de los Chalecos Amarillos ya mostró el fracaso tanto de una orientación sindicalista al margen del movimiento (Lutte Ouvrière), como de la construir “partidos amplios” sin un programa ni una estrategia revolucionarios para participar superficialmente en “los movimientos” tal cual son. La CCR viene peleando abiertamente dentro del NPA contra aquella política de “partido amplio” (por eso nunca ha votado los “principios fundadores” del NPA) y por un partido revolucionario unificado de la extrême gauche (LO y NPA) que se proponga nuclear a toda la nueva camada de trabajadores y trabajadoras que están protagonizando los duros combates actuales.

En un escenario muy diferente, como es el caso de Chile, con más de 50 días de intensas jornadas de lucha atravesadas por diferentes coyunturas, nuestros compañeros y compañeras del Partido de Trabajadores Revolucionarios (PTR) vienen interviniendo activamente desde Santiago, Antofagasta, Valparaíso, Arica, Temuco, Puerto Montt, Rancagua y otras de las principales ciudades del país. Luchando por poner en pie organismos de autoorganización, fundamentales para la articulación de los diferentes sectores del movimiento (precarios, efectivos, estudiantes, movimiento de mujeres, etc.), impulsando iniciativas que han cobrado especial importancia como el Comité de Emergencia y Resguardo en Antofagasta, o alrededor del Hospital Barros Luco en Santiago, etc. Enfrentando la represión. Realizando una agitación política sistemática por un programa transicional en cada fábrica, empresa, hospital, escuela, universidad donde intervienen, y desde las páginas de La Izquierda Diario de Chile que ha superado las 4 millones de visitas en menos de dos meses. Peleando por una Asamblea Constituyente verdaderamente libre y soberana sobre las ruinas del régimen y exigiendo la renuncia de Piñera. Por estos planteos, Dauno Tótoro, dirigente del PTR y candidato en Santiago en las municipales de 2017, está acusado por el gobierno bajo la Ley de Seguridad del Estado por “incitación a la subversión”. Piñera busca simbolizar en la persecución política de Dauno la de los miles de jóvenes y trabajadores que luchan por esa misma perspectiva.

[Foto: Acto impulsado por el Comité de Emergencia y Resguardo en Antofagasta.]

Si el pasado 12N en Chile el movimiento obrero protagonizó el paro nacional más importante desde la caída de la dictadura que dejó planteado un salto revolucionario en la situación, desmintiendo toda visión facilista el régimen se valió del auxilio del reformismo y la burocracia para combatir esta perspectiva. Desde el engaño del llamado “Acuerdo por la paz social y la nueva constitución”, que incluyó a un sector del Frente Amplio (FA) como protagonista, buscando sacar de las calles a una parte del movimiento. Hasta la ley anti-protesta, votada por la mayoría del FA y con la amplia abstención cómplice del PC, y la escandalosa tregua que sostienen actualmente la CUT y Mesa Unidad Social con el gobierno. Todo esto demuestra lo acuciante de la lucha por poner en pie un partido revolucionario en Chile que está impulsando el PTR.

América Latina y el amplio teatro de lucha internacional

América Latina, donde la FT-CI tiene su mayor concentración militante, viene siendo una de las regiones donde más extendido es el ciclo de levantamientos, pero donde también se expresan diferentes tendencias. Por un lado, la emergencia de la lucha de clases que veíamos con Chile, que su vez se expresó y/o expresa en Colombia, Haití, Honduras, Ecuador, Puerto Rico, y la resistencia en Bolivia. Pero también, por otro lado, las tendencias reaccionarias y bonapartistas, que tienen su más reciente exponente en el golpe en Bolivia, y su principal bastión en el gobierno de Bolsonaro en Brasil, que viene desplegando una ofensiva a gran escala contra los trabajadores y el pueblo (reforma previsional, laboral, privatizaciones, etc.). Las mismas también se muestran en la creciente intervención de los ejércitos en los diferentes países para enfrentar al movimiento de masas.

En este escenario las corrientes reformistas, las “nacionales-populares” y las propias burocracias sindicales agitan la necesidad de amoldarse con el “malmenorismo” bajo el planteo de que hay que evitar el enfrentamiento y la lucha de clases porque sino avanza la derecha, cuando lo que muestra la historia reciente de nuestra región es lo contrario. Brasil es un claro ejemplo. El PT gobernó durante años en beneficio del capital asimilando sus métodos. Frente a la crisis y la irrupción de masas de junio de 2013 –antecedente inmediato del ciclo actual–, respondió con nuevos ataques al pueblo trabajador, contribuyó así a la desmoralización de su propia base social y le allanó el camino a la derecha, sin presentar batalla frente al golpe institucional y ni siquiera frente al encarcelamiento de Lula, todo lo cual terminó abriendo paso al ascenso de Bolsonaro.

Así, en Brasil, los compañeros y compañeras del Movimento Revolucionário de Trabalhadores (MRT) desde hace años vienen luchando por una izquierda independiente que sea una verdadera alternativa, siendo que durante todo este proceso, una parte de ella (PSTU) quedó ubicada en el campo del golpismo institucional, mientras que el principal partido de la izquierda (PSOL) se mantuvo orbitando en torno al PT. Con aquel objetivo, en su momento, el MRT pidió públicamente ingresar al PSOL, planteando abiertamente que quería pelear en sus filas por un programa y una estrategia revolucionarias, por lo cual nunca fue admitido por la dirección mayoritaria. Es desde esta perspectiva que el MRT interviene impulsando la lucha contra los ataques de Bolsonaro y combatiendo la completa pasividad de la burocracia sindical (CUT, CTB) así como estudiantil (UNE) en cada lugar donde está: en San Pablo, Río de Janeiro, Minas Gerais, Rio Grande do Sul, Brasilia, Rio Grande do Norte, Paraíba, entre otros, en cada sindicato, centro de estudiantes, etc. [4]. También desde el diario digital Esquerda Diário que es hoy por hoy la principal publicación de la izquierda brasilera, que durante la crisis del ascenso de Bolsonaro llegó a 6,5 millones de visitas en un mes.

Bolivia plantea otro claro ejemplo de cómo el “malmenorismo” pasivizando y desmoralizando al movimiento de masas deja avanzar a la derecha. Si la respuesta frente al odio de la élite blanca hacia los pueblos originarios mostró –como señala nuestro compañero Javo Ferreira en su libro Comunidad, indigenismo y marxismo– la vitalidad y la fuerza movilizadora que poseen las demandas nacionales indígenas, la traición del MAS legitimando al gobierno de facto de Áñez fue clave para desarticular la lucha contra el golpe, al que se sumó el pasaje de la dirección de la COB al golpismo.

La heroica lucha de El Alto, el bloqueo en Senkata , mostraron la voluntad de lucha. Los compañeros y compañeras de la LOR-CI, participaron de ella en la medida de sus fuerzas, dando una dura pelea también en los sectores del movimiento obrero que veían con buenos ojos el golpe, buscando contribuir a la organización de la juventud alteña que se niega a “negociar con nuestros muertos” , y agitando un programa independiente desde La Izquierda Diario de Bolivia que fue uno de los únicos medios que reflejó permanentemente la lucha de El Alto. En este escenario, tuvo lugar la completa la bancarrota del POR, el histórico partido de la izquierda boliviana, que se encolumnó con el golpismo. La actual resistencia frente al gobierno golpista, la represión y las persecuciones, va de la mano con la necesidad cada vez más urgente construir una nueva organización revolucionaria en Bolivia.

[Video: Intervención en el Cabildo de Senkata (20-11-19).]

En Argentina, la estrategia de pasivización la vivimos luego de las jornadas de diciembre de 2017. La acción de la burocracia sindical y el kirchnerismo fueron claves para liquidar la perspectiva de lucha de clases, posibilitando a Macri profundizar los ataques (deuda, devaluación, despidos, pobreza, tarifazos, etc.). Una herencia que ahora Alberto Fernández, intentando hacer equilibrio entre las profundas tendencias que atraviesan la región, plantea como punto de partida de su gobierno, sin que los verdaderos ganadores (los bancos, los grandes capitalistas y el agropower) sean llamados a pagar la cuenta para desandar verdaderamente el saqueo.

Cuando a nivel internacional muchas organizaciones de izquierda se pliegan a “frentes antiderecha” o “antineoliberales” o se encolumnan detrás de alguno de los campos en los que se dividen los capitalistas, el Frente de Izquierda – Unidad, expresa un modesto pero importante ejemplo en contrario que ya lleva 8 años. Una alianza electoral principista con un programa claro de independencia de clase, antiimperialista (como se mostró, por ejemplo, en el posicionamiento del FIT contra el golpe en Venezuela) y de lucha por un gobierno de los trabajadores. Atravesado también, como es de esperar en un frente de diversos partidos, por discusiones en aquellos casos donde surgieron diferencias importantes, como por ejemplo, en relación al proceso político en Venezuela o en Brasil, entre otras, así como públicas diferencias en cuanto a la práctica de cada partido.

Sobre esta base, para las tareas que tenemos por delante en el marco del nuevo ciclo de lucha de clases internacional, se hace cada vez más necesaria la propuesta que venimos haciendo desde el PTS de avanzar en la construcción de un partido unificado de la izquierda, de los trabajadores y socialista, claramente delimitado del reformismo y el “anticapitalismo” en general, un partido para la lucha de clases con un programa y una estrategia revolucionarios. El cual no puede más que tener como punto de partida la lucha por la construcción de una Internacional de la revolución socialista.

Red de diarios e internacionalismo

Lenin, concluía el ¿Qué hacer? planteando el objetivo de un periódico que “se difunda regularmente en decenas de millares de ejemplares en toda Rusia”, para tener un medio para llevar adelante el objetivo de transformarse en “tribunos del pueblo” a través de una agitación amplia y sistemática. Cuando planteaba esto, no se hubiera imaginado las posibilidades que hoy tenemos de desarrollar diarios no solo para todo un país, sino para múltiples países y en diversos idiomas, simultáneamente.

Las nuevas tecnologías han potenciado este leninismo y con él también las posibilidades del internacionalismo. El desarrollo de internet, de las redes sociales y plataformas digitales, incluso con los obstáculos que impone su control capitalista y la tiranía del “algoritmo”, plantean nuevas posibilidades para la agitación política revolucionaria, para su masividad, su desarrollo “a tiempo real” y su despliegue nacional e internacional, permitiendo poner las ideas por delante del “aparato” para el desarrollo de corrientes militantes que busquen mantener un diálogo político permanente con sectores de masas.

Con la red de diarios La Izquierda Diario –varios de los cuales cuentan con millones o cientos de miles de visitas mensuales– estamos tratando, en la medida de nuestras fuerzas, retomar aquel método “leninista” en estas nuevas condiciones. La red cuenta actualmente con 12 ediciones nacionales y 8 idiomas (castellano, catalán, portugués, alemán, inglés, francés, italiano y una sección en turco). Por un lado, esto permite ir contra la práctica de reducir la agitación política a una cuestión intermitente y exclusivamente “por arriba” durante las elecciones cada dos años. Por otro lado, el carácter internacional y cotidiano de la red de diarios permite una práctica internacional común mucho más allá del método –muy extendido en la izquierda– de acuerdos diplomáticos internacionales entre corrientes que no reflejan ningún acuerdo real en la intervención en lucha de clases.

En la actualidad, existen en diferentes países múltiples corrientes que se reivindican socialistas revolucionarias que cuentan con militancia, cuadros, intelectuales, y recursos (inclusive a partir de la actividad parlamentaria) que perfectamente se podrían proponer desarrollar publicaciones diarias –nacionales e internacionales– para llegar a millones con una agitación revolucionaria. Sin embargo, el rutinarismo electoral y sindical conspira contra esto, así como lo hace también contra cualquier internacionalismo consecuente que no se limite a lo puramente discursivo.

Esto es especialmente agudo en lugares como Argentina, donde la izquierda tiene mayor peso y responsabilidad. No desarrollar medios propios que busquen salir de los estrechos círculos de la izquierda, y depender de la “buena voluntad” de las empresas de medios masivos o limitar la agitación de masas a una práctica intermitente una vez cada dos años es caer en el más craso electoralismo y movimientismo. Por eso es que, desde el PTS, partiendo la base de lo conquistado con LID y la Red de diarios (el programa de radio El Círculo Rojo, el semanario Ideas de Izquierda, las emisiones semanales de “Reperfilando”, el Campus Virtual, los desarrollos en las diferentes redes sociales, etc.) nos proponemos redoblar esta iniciativa en el próximo período, y como parte de una amplia actividad de agitación, propaganda y organización, poner en pie un fuerte multimedio, tanto nacional como internacional con nuestros compañeros y compañeras de la FT-CI, para llegar con nuestras ideas a millones.

La lucha por la reconstrucción de la IV Internacional

En la tradición del movimiento obrero revolucionario, la construcción de partidos revolucionarios a nivel nacional está indisolublemente ligada al internacionalismo. Alrededor de los principales combates de la lucha de clases internacional se forjaron la Asociación Internacional de Trabajadores (Primer Internacional); la II Internacional hasta su bancarrota nacionalista ante el estallido de la Primer Guerra Mundial (1914); la III Internacional, surgida al calor del ascenso que dio lugar a la Revolución Rusa en 1917 y luego burocratizada y liquidada definitivamente por el stalinismo al no presentar combate frente al ascenso de Hitler. En 1938, en lucha contra la burocracia stalinista, sus frentes de colaboración con la burguesía, por la regeneración del poder de los Soviets y por la internacionalización de la revolución contra la “teoría” nacionalista de que el socialismo se podía construir “en un solo país” se funda la IV Internacional encabezada por Trotsky.

La lucha por una internacional de la revolución socialista hoy, parte para nosotros de retomar esas banderas y reconstruir la IV Internacional en un escenario mundial que ha cambiado sustancialmente desde aquel entonces. Ninguna organización de las actualmente existentes que se reclaman revolucionarias puede resolver por sí misma esta tarea de magnitud histórica, que necesariamente será el resultado de la fusión, no solo de alas izquierdas de las organizaciones marxistas revolucionarias sino, sobre todo, de sectores de la vanguardia obrera y juvenil que se orienten hacia la revolución social al calor de la crisis y la lucha de clases.

La FT-CI siempre apostó a este tipo de confluencia. Para ello retomamos el método utilizado por Trotsky en el camino a la formación de la IV Internacional buscando acuerdos frente a las grandes cuestiones estratégicas y programáticas que la crisis capitalista y los nuevos procesos de lucha de clases ponen en debate en la izquierda mundial, así como en la prueba de la práctica política y la lucha de clases. Partimos, como aconsejara Trotsky, de no considerar simplemente “los grandes combates del proletariado solo como acontecimientos objetivos, como expresión de ‘la crisis general del capitalismo’”, sino “como experiencia estratégica del proletariado”. Se trata, justamente, de conquistar acuerdos no diplomáticos, no formales, sino que estén basados en estas lecciones y que sirvan para la acción común [5].

El hecho de que sirvan para la acción no es un capricho, sino que justamente hace a la necesidad de intervención en diferentes combates y situaciones como las que fuimos describiendo sin lo cual no hay ningún internacionalismo práctico. A su vez, no hay práctica revolucionaria sin recrear constantemente una teoría revolucionaria, por lo cual la elaboración teórica cumple un papel fundamental en la actividad de la FT-CI y debería hacerlo en cualquier organización que se precie de socialista revolucionaria, cuestión que desarrollaremos en un próximo artículo.

A 30 años de la caída del muro de Berlín, un nuevo escenario internacional se está delineando. La crisis histórica del capitalismo, el retorno del nacionalismo de las grandes potencias y el ciclo de lucha de clases que recorre el mundo plantean la perspectiva de enfrentamientos mucho más profundos y, con esta, cada vez más agudamente la necesidad de una internacional revolucionaria que esté a la altura de las circunstancias para lucha por un nuevo orden socialista. Ahora bien, el ciclo actual también plantea nuevas y mejores condiciones para la luchar por la reconstrucción de la IV Internacional. De lo que se trata es de aprovecharlas plenamente desde ahora antes de que sea tarde.

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NOTAS AL PIE

[1La FT-CI está integrada por: Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) de Argentina / Movimento Revolucionário de Trabalhadores (MRT) de Brasil / Partido de Trabajadores Revolucionario (PTR) de Chile / Movimiento de los Trabajadores Socialistas (MTS) de México / Liga Obrera Revolucionaria (LOR-CI) de Bolivia / Corriente Revolucionaria de Trabajadoras y Trabajadores (CRT) del Estado Español / Courant Communiste Révolutionnaire (CCR) que forma parte del NPA (Nouveau Parti Anticapitaliste) de Francia / Revolutionäre Internationalistische Organisation (RIO) de Alemania / compañeros y compañeras de Left Voice de Estados Unidos / Liga de Trabajadores por el Socialismo (LTS) de Venezuela / Corriente de Trabajadores Socialistas (CTS) de Uruguay. Y como organizaciones simpatizantes: Frazione Internazionalista Rivoluzionaria (FIR) de Italia / Corriente Socialistas de las y los Trabajadores (CST) de Perú / Organización Socialista de Costa Rica.

[2Europa está atravesada, además de Francia, por la reactivación de la masiva lucha independentista en Cataluña contra el reaccionario régimen monárquico español, en la que vienen interviniendo nuestros compañeros y compañeras de la Corriente Revolucionaria de Trabajadoras y Trabajadores (CRT), tanto en la propia Cataluña como en Madrid, Zaragoza, Vigo, Burgos y otras ciudades, como puede seguirse tanto en Izquierdadiario.es como en su edición en catalán Esquerra Diari. Y por otro lado, por los fenómenos de derecha como pudimos ver esta semana con la contundente victoria electoral Boris Johnson. O en Alemania, donde interviene Revolutionäre Internationalistische Organisation (RIO) de la FT-CI en una situación marcada por el fortalecimiento de la extrema derecha de AfD (Alternativa por Alemania).

[3Chalecos Amarillos. El levantamiento (cuando el trono tambaleó).

[4Recientemente ratificando una importante representación en el cuerpo de delegados del sindicato de trabajadores de la Universidad de San Pablo, y ganando los centros académicos de Letras y de Educación de esa universidad, para esta pelea.

[5Con esta lógica en los últimos años hemos confluido con el grupo italiano FIR, cuyos militantes provienen de la juventud del PCL, también con la CST de Perú, y la Organización Socialista de Costa Rica.
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Matías Maiello

Buenos Aires, 1979. Sociólogo y docente (UBA). Militante del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS). Coautor con Emilio Albamonte del libro Estrategia Socialista y Arte Militar (2017).
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