Política

PANORAMA POLÍTICO

La furia gorila de Cambiemos

Oficialismo y medios contra el reclamo docente. Macri y un discurso electoral de alcance limitado. La conducción de la CGT y su defensa del empresariado nacional. 6,7,8, miles en las calles.

Eduardo Castilla

@castillaeduardo

Domingo 5 de marzo | 00:00

Los personajes son Alejandro Fantino, Eduardo Feinmann, Fernando Carnota, entre otros. El escenario es el clásico estudio de América donde se emite Animales Sueltos. Las risas sobran, aunque no haya nada de que reír. La escena implica un ataque furibundo contra Roberto Baradel, un ataque que tiene por destino al conjunto de los docentes que mañana irán al paro en todo el país. Lo harán contra los miserables acuerdos salariales propuestos por los Gobiernos provinciales de todo signo político.

La furia gorila de Cambiemos se trasladó a la pantalla. La mediatización del conflicto docente expresó el peso esencial de ese sector en la sociedad, al tiempo que volvió a develar la completa solidaridad de intereses entre el gran empresariado de los medios y el Gobierno nacional. Las “estrellas” del periodismo –con perdón de la profesión- de TN, América y otros medios se convirtieron en escuderos del ataque contra millones de docentes.

Esa furia reaccionaria siguió creciendo esta semana, luego de la escandalosa campaña de los “voluntarios”. Pudo verse en cada resquicio de los discursos de Macri y Vidal en el inicio de las sesiones legislativas ordinarias. Pudo verse también en la previa y a la salida de cada reunión por paritarias entre funcionarios de la provincia de Buenos Aires y los gremios docentes.

El jueves pasado, las palabras sobre la “importancia de la educación pública” y la labor de los docentes -desplegadas con un cinismo de hierro por parte de Vidal-, no fueron más que el acting para la vergonzosa y extorsionadora oferta de entregar $800 en negro a cambio de levantar el paro. Lo que vino después fue la desembozada agresión contra las organizaciones obreras, incluida la amenaza de atacar la personería de los gremios.

Agreguemos, a modo de digresión, que el Gobierno que propagandiza la necesidad de terminar con el trabajo en negro, es el primero en ofrecer sumas bajo esa modalidad.

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Esta prepotencia de la CEOcracia gobernante puede volver a estrellarse contra la relación de fuerzas existente. La amenaza de atacar la personería gremial se lleva mal con el sentido común imperante que indica que el derecho de huelga es un límite que no se puede franquear.

Las risotadas de gorilas mediáticos como Fantino o Feinmann son una cosa. Otra es la realidad material donde el Gobierno debe actuar.

La amenaza contra los gremios –o eventuales medidas- puede así llegar a engrosar el –ya largo- listado de “errores” oficialistas.

Un problema adicional para Cambiemos es que su ataque contra el reclamo docente implica tensiones con el conjunto del arco sindical. La fecha no es propicia para sembrar enemistades. Pasado mañana la CGT volverá a las calles. Lo hará con importantes límites en su programa. De eso se hablará más abajo.

Es preciso añadir que esa furia reaccionaria no se limita solo al plano de los reclamos sindicales. Este sábado se conoció que el Gobierno insistirá con la baja de la edad de imputabilidad “para hechos gravísimos”. Lo hará a pesar de que las mesas de diálogo -convocadas por el mismo Ministerio de Justicia- dejaron en claro la inutilidad completa de esa medida para el objetivo declamado por el oficialismo y sectores que comparten ese programa, como el Frente Renovador de Sergio Massa.

Para el Gobierno que amplió la pobreza en casi dos millones de personas, la juventud humilde es el “problema” de la llamada inseguridad.

Agrietados

En nombre del “futuro” Macri pidió, de manera tácita pero evidente, el apoyo al proyecto político de Cambiemos. El discurso tuvo las marcas de lanzamiento de una campaña electoral, que se promete larga y compleja.

La apelación al futuro es un cliché de la política nacional. La metáfora toma diversas formas. Néstor Kirchner hizo del infierno, el purgatorio y el paraíso la tríada conceptual que justificaba la espera de mejores tiempos. Esa parte del relato era funcional a realizar cuantiosos pagos al FMI o justificar la continuidad del trabajo informal. Como se ve, el macrismo no hace alarde de originalidad.

El discurso de Macri en el Congreso sostuvo, como ya se dijo, el recurso de la grieta con el kirchnerismo. Lo hizo a través de ese concepto fantasmal que viene a representar la “herencia recibida”.

Pero el intento de construcción del kirchnerismo como el enemigo de “aquello que estamos construyendo” tiene una limitada potencialidad. Es, por su propia esencia, restringida en términos de porcentajes electorales. La rabia anti-kirchnerista puede sostener un capital político en la Ciudad de Buenos Aires o en la provincia de Córdoba. Pero, en el populoso conurbano bonaerense, tiende a diluir su efecto. Las encuestas de todo origen y color lo confirman con creciente persistencia.

La ventaja política de Cambiemos en las elecciones de 2015 fue capitalizar la oposición a un proyecto político del que molestaban las formas pero también la promesa eterna de un mejoramiento económico y social que, bajo los límites que impone la estructura capitalista argentina, no llegaban y no llegarían.

Cambiemos fue el significante vacío que amalgamó esa unidad entre lo político y lo social. Si el republicanismo –corroído por escándalos como el del Correo- puede sostener parte de esa caudal, los efectos sociales del ajuste erosionan otra parte –no menor- del mismo.

El acecho “populista”

Durante parte de 2016, intelectuales y periodistas afines al kirchnerismo intentaron teorizar la idea de que la continuidad de las organizaciones sindicales y los llamados movimientos sociales, era el reaseguro que ponía límites al ajuste en curso. Esa idea decayó a medida que transcurría el año y se afirmaba la tregua entre esas organizaciones y el Gobierno de Cambiemos.

Precisamente, esa “herencia” en términos organizacionales fue el principal puntal de apoyo del Gobierno para avanzar en el camino del ajuste. Eso tuvo su correlato en las cámaras parlamentarias. Allí el pan-peronismo -expresado en el Frente Renovador, el Bloque Justicialista y el Frente para la Victoria- garantizó el aval a leyes centrales del esquema gubernamental.

El inicio del año electoral puso en escena un cambio de tendencia que alegra las almas de ese progresismo. Quienes en diciembre pasado criticaban rabiosamente a la CGT, hoy pueden reconciliarse y volver la mirada hacia esas mismas organizaciones. No les será fácil, sin embargo. La conducción de la central sindical hace lo humanamente posible para distanciarse de la expresidenta.

Si el macrismo pide mirar el futuro resignando el presente, peronismo y kirchnerismo proclaman el mismo objetivo, pero obviando el pasado inmediato.

Posiblemente eso implique olvidar también la borrada kirchnerista en la dura pelea de los trabajadores de AGR-Clarín, contra casi 400 despidos.

El retorno a las calles que ensayará la CGT este martes estará blindado ante cualquier amenaza de izquierdización. Por un lado, lo hará con un programa que pone en el centro la “reorientación de la política económica” en aras del desarrollo de un “mercado interno fuerte y expansivo”. Por el otro, será de la mano de un peronismo que intenta pavimentar el camino hacia las elecciones de octubre, como paso previo al 2019. A pesar del temor de Cambiemos, el “acecho populista” defiende, sin dudarlo, los intereses del capital.

La diputa oficialismo-oposición se presenta así como dualidad y conflicto entre franjas del empresariado que, sin embargo, no han tenido reparos a la hora de aplaudir la modificación del régimen de las ART- que hace más endeble la protección al trabajador- y en pedir condiciones para aumentar “la productividad”. Léase, en pedir condiciones para incrementar la explotación obrera.

La moderación de la CGT se evidencia en cada declaración periodística. El pedido de “un cambio en la política económica” busca la excusa para desactivar el medio paro convocado aún sin fecha.

Precisamente en el marco del duro ataque contra los docentes por parte del oficialismo, esa medida se hace más que necesaria. Ese conservadurismo político y sindical de la CGT es lo que impuso la necesidad de un bloque claramente diferenciado en la movilización, como el que harán efectivo el sindicalismo combativo y el Frente de Izquierda, entre otras fuerzas.

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La semana que se cerró el viernes puso al desnudo la furia gorila de Cambiemos y su periodismo amigo. La semana que se inicia mañana mostrará a decenas de miles de trabajadores y trabajadoras en las calles. El Paro Internacional de Mujeres y las movilizaciones masivas que los acompañarán serán parte de este retorno activo de la protesta social y política.

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En una suerte de ironía de las fechas y la política, el número 678 quedará ligado a estas jornadas. Si esa cifra fue, hasta ayer nomás, símbolo de un periodismo obsecuente desde otro ángulo político, las masivas movilizaciones de estos días posiblemente pueden darle otro sentido renovado.

En Twitter, Animales Sueltos estuvo en el ojo de la tormenta por brindar información de los hijos de Baradel, recientemente amenazado en el marco de la paritaria.








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