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“La fiesta ajena” o de cómo se sostiene ese delgado equilibrio

El cuento de Liliana Heker nos presenta a Rosaura, una niña de nueve años, hija de una empleada doméstica, invitada al cumpleaños de la hija de la patrona de la madre.

Jueves 25 de agosto de 2016 | Edición del día

Rosaura es tenaz y logra el permiso de Herminia a pesar de que ésta se resiste. En esa resistencia le dice: "lo que pasa es que a usted, m’hijita, le gusta cagar más arriba que el culo"; no le hace ninguna gracia que su hija vaya a esa fiesta, desconfía por propia experiencia de la vida de los ricos. Rosaura no entiende eso, ella quiere ser rica, vivir en una mansión.

Finalmente asiste con su mejor vestido y se siente feliz porque es la única que tiene permiso para entrar a la cocina. La señora Inés le dice que los otros chicos son muy revoltosos y pueden romper algo y le pide que la ayude a repartir los refrescos. Después la ayudó a repartir las salchichitas y luego la torta. Rosaura disfruta de los juegos y el número del mago, ella es muy valiente y los varones la quieren tener en su equipo cuando juegan al delegado. Lo que más le gusta es que el mago le haya dicho: "Muchas gracias, señorita condesa", luego de haberlo asistido con el truco de la desaparición del mono.

Al final de la fiesta, la niña espera ansiosa el regalo que Inés entrega a cada chico cuando se va. Sabe que a las nenas les entrega una pulsera y a los varones un yoyo. Ella prefiere el yoyo, pero no se anima a pedirlo. Cuando su madre la viene a buscar, Rosaura está exultante de satisfacción y mira cómo la madre de su amiguita saca un yoyo para dárselo al gordito que se va. Espera que saque una pulsera de la bolsita rosada, pero Inés mete su mano en su cartera y saca un par de billetes. Su mano se extiende hacia la niña mientras le dice: "esto te lo ganaste en buena ley".

Dejemos los detalles de la fiesta y el final para que los lectores disfruten luego de la lectura completa de este cuento. Detengámonos en lo que subyace en este relato, en la idea de estar asistiendo a una fiesta que no es la nuestra, la de los trabajadores, la de las clases que tienen un lugar asignado por los patrones. Lo interesante es ver de qué maneras tan sutiles, el equilibrio se sostiene gracias a la ingenua idea de pertenecer o de ser favorecidos cuando los patrones nos permiten acceder momentáneamente a los lugares que ocupan.

Pero los patrones, en este caso la señora Inés, saben muy bien ponernos en nuestro lugar cuando aún estamos embriagados por la ilusión. El dinero que se le ofrece a Rosaura, en lugar de un juguete, es la cabal evidencia de que ella es vista solamente como fuerza de trabajo, no como la niña que es.

Es así como siguen sosteniendo el lugar de los privilegios. Es por eso que los funcionarios se ocupan de decirnos todo el tiempo que la fiesta es para la ilusión, que los obreros, los empleados, los pobres, no podemos acceder al consumo de esas cosas que sienten como propias. Es así como se sostiene ese delgado equilibrio.

Podés escuchar el cuento en este audio
“La fiesta ajena” de Liliana Heker







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