Sociedad

DERECHOS HUMANOS

La familia Kast y la desaparición de campesinos en Paine

El apellido Kast es famoso en Paine, porque se vincula a su familia a unos 70 asesinatos y desapariciones perpetradas a pocos días de instaurada la dictadura pinochetista.

Viernes 28 de julio | 14:55

La represión ejercida en Paine durante la dictadura cívico militar del año 1973, tuvo como resultado la desaparición y ejecución de al menos 70 personas, donde se caracterizó por ser una represión ejercida principalmente por civiles apoyados por militares y carabineros; que dieron ejecución y tortura a campesinos, comerciantes, profesores y estudiantes.

Entre los civiles que colaboraron con la dictadura militar se encontraba la familia Kast, la cual participó mediante el primogénito Miguel Kast, discípulo de Milton Friedmann y quien formó parte de los Chicago Boys. Consultor de la CNI (Dina), Ministro y presidente del Banco Central de Pinochet, se le vincula a millonarias estafas como la Cutufa. Murió un 18 de septiembre, no sin antes legar a Chile la miseria y a su familia el poder y acomodo político que hasta hoy ostentan.

Voces contra la Reforma Agraria

En el Golpe de Estado, la familia Kast no tardó en alinearse contra las reformas sociales y el momento político del momento, cuando su relación hacia la Democracia Cristiana desapareció bajo la amistad que realizó Miguel Kast con Jaime Guzmán. Mientras que en distintas localidades como en Paine, la Reforma Agraria comenzaba a levantarse desde organismos campesinos y sindicatos de obreros agrícolas, en ese periódo la familia Kast habría facilitado los camiones e inclusive sindicado a algunos de los que fueron luego asesinados.

El extracto del de un capítulo del libro de los periodistas Javier Rebolledo y Nancy Guzmán de Los cómplices civiles de la dictadura (Ceibo Editores), en El Mostrador, Christian Kast, hijo del propietario de establecimientos Bavaria, fue citado a declarar por la justicia el 2003. Causa que fue reabierta el año 2002 por la ministra de la Corte de Apelaciones de San Miguel, María Stella Elgarrista, acumulándolas en una sola, denominada “Paine”, producto de que 70 ciudadanos de localidades como Pintué, El Escorial, Chada, Culitrín y Hospital, entre otras, habían sido asesinados o permanecían desaparecidos.

Y es que en esa ocasión tanto Kast como otros civiles interrogados, coincidieron judicialmente en que el objetivo de los préstamos solo fue para el traslado de funcionarios y sus familias hacia la Subcomisaría de Paine. “No recuerdo si estos traslados se hacían también durante la noche, de lo que estoy seguro, es que nunca mi móvil quedó en la comisaría sin el conductor que trabajaba para mí. Carlos, al regresar, me comentaba que efectivamente habían trasladado a los familiares de los funcionarios de Paine”.

Sin embargo, Francisco Luzoro, dueño de camiones y dirigente de la Asociación Gremial de Camioneros –procesado por varios crímenes de Paine– reconoció que “los operativos que realizaba personal de carabineros escoltados por nosotros [los civiles] eran exclusivamente para detener gente en diferentes lugares, los cuales eran trasladados a la Subcomisaría de Paine, sin saber cuál era su destino final (…)”.

Aprovechó, eso sí, de abrir a medias el secreto a voces sobre la participación de otros civiles, sin comprometerse: “Quiero hacer presente que no solo yo estaba prestando colaboración con vehículos a personal de Carabineros, sino que habían otras personas civiles y que además tenían otros vehículos (…) pero no recuerdo quiénes eran, como asimismo había otras camionetas, pero de diferentes colores".

Testimonios de familiares
Diversos han sido los testimonios de familiares y amigos de los detenidos desaparecidos de Paine durante estos últimos años. Desde La Izquierda Diario reproducimos uno de los testimonios de las mujeres que quedaron sin sus compañeros y esposos tras la bota militar y complicidad civil de la dictadura.

"En ese tiempo mi marido era secretario del Sindicato Nuevo Horizonte y presidente de la JAP y aún teniendo acceso a dinero y mercadería nunca jamás guardó ni me dejó algo, yo iba a comprar como todas las personas no más, hacía las colas, él fue siempre muy honrado. Cuando se lo llevaron le ofrecieron irse y él no quiso, dijo “No, que me lleven no más, sino se van a llevar a mi chica y qué va a ser de los niños”. La gente, los trabajadores comentaban que los chiquillos fueron muy valientes, porque se los llevaron y ellos no denunciaron a nadie", Testimonio de Olga Lizama Calderón.






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