Internacional

40 ANIVERSARIO DE LA REVOLUCIÓN NICARAGÜENSE

La estrategia a debate ante la revolución nicaragüense

La revolución de Nicaragua supuso importantes y fuertes discusiones en todas las organizaciones que se reivindicaban de la izquierda: prácticamente ninguna estuvo exenta de los mismas.

Milton D'León

Caracas @MiltonDLeon

Viernes 19 de julio | 14:54

La revolución de Nicaragua supuso importantes y fuertes discusiones en todas las organizaciones que se reivindicaban de la izquierda: prácticamente ninguna estuvo exenta de los mismas. Ellas cruzaron también al movimiento trotskista, llevando tanto a divisiones como a fusiones en el campo internacional. Difícil es dar cuenta de las mismas en todas sus complejidades en un solo artículo, por eso aquí desenvolveremos algunas de ellas en sus líneas centrales.

El proceso revolucionario de Nicaragua ha sido poco estudiado, y en muchos casos se busca reducirlo al papel cumplido por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), cuestión alimentada obviamente por esta misma dirección política no solo a lo interno de Nicaragua sino hacia afuera, construyendo su propio relato.

Aunque claro está, esto se basa en un hecho real: las masas, que se vieron compelidas a actuar por todas las circunstancias objetivas y subjetivas, reconocían en el FSLN su dirección política y en ella plasmaron sus aspiraciones, pero el papel preponderante y central en los acontecimientos fue de aquellas, que encabezaron las insurrecciones, organizaron milicias, levantaron huelgas generales de meses, expropiaron tierras y hasta constituyeron comités en las fábricas. Por eso, desde el inicio, la dirección del FSLN impuso una disciplina férrea en todos los organismos embrionarios de las masas.

Es más que conocido el caso de insurrecciones en lugares donde las masas se habían hecho del control, pero luego eran encuadradas por los comandos regulares del FSLN. Incluso la toma del propio bunker de Somoza no fue una acción de las fuerzas militares regulares del FSLN, sino un resultado de la acción directa de las milicias que, producto de la descomposición de la Guardia Nacional, se habían hecho de armas. No en vano, apenas pocas semanas después de asumir el control del país, el Gobierno de Reconstrucción Nacional procedió al desarme de las milicias, no sin confrontaciones.

La política del Secretariado Unificado

Al calor de este profundo proceso muchas organizaciones que se reivindicaban del trotskismo, no sólo se posicionaron políticamente, sino que decidieron ser parte activa, tal como aconteció con la corriente dirigida por Nahuel Moreno que organizó la Brigada Internacionalista Simón Bolívar, la cual entró en Nicaragua en las semanas previas a la revolución, participando de los combates.

Uno de los puntos nodales para estas organizaciones estaba centrado en qué actitud tener frente al FSLN, tanto antes de llegar al poder, como durante y luego del mismo. Sobre el carácter de esta dirección ya nos hemos explayado con detenimiento en otro artículo.

La corriente que se reclamaba del Secretariado Unificado (autodenominada la Cuarta Internacional) pasó del extremo de no reconocer el papel que venía teniendo la dirección del FSLN previo al 19 de julio –lo que los llevaba a no tener una política activa sino afirmaciones abstractas generales, más allá de fuertes cuestionamientos muchos de ellos correctos–, a un giro de 180 grados expresado en otorgarle apoyo absoluto cuando ya se encontraban en el gobierno compartiendo el poder con los sectores opositores de la burguesía.

En giro brusco, en una declaración de finales de agosto de 1979, firmada por Peter Camejo, Sergio Rodríguez y Fred Murphy, pertenecientes al Secretariado Unificado, se afirmaba: “El poder que existe en Nicaragua es un poder revolucionario. Se ha abierto el camino hacia la instauración de un gobierno obrero y campesino, es decir, un gobierno independiente de las viejas clases dominantes, que movilice el poder de los obreros y sus aliados para implementar medidas sociales progresivas que cuestionen las prerrogativas del capital en forma creciente. Todavía no se ha instaurado un gobierno obrero y campesino. El capitalismo ha sufrido un golpe terrible, pero existe. Los capitalistas y quienes defienden sus intereses siguen siendo un factor en el gobierno. Sin embargo, la dirección sandinista tiende a profundizar la movilización revolucionaria de las masas en defensa de sus intereses.” Para luego agregar: “No hay forma de saber por adelantado hasta dónde o a qué ritmo querrá la dirección sandinista, cambiar el carácter del Estado. No existen garantías. Pero el único camino para los socialistas revolucionarios del mundo que quieren ayudar al avance de la revolución nica, es reconocer la capacidad revolucionaria de esta dirección, identificarse con ella y unir sus fuerzas a ella en la lucha por la defensa y extensión de la revolución.” [1]

Una posición escandalosa, que embellecía como “revolucionaria” a una dirección que no buscaba la expropiación de los capitalistas, y que los llevó incluso a justificar y apoyar la política del FSLN de expulsar los integrantes de la Brigada Internacionalista Simón Bolívar [2] y ser entregados a la policía panameña, donde fueron hechos prisioneros y torturados, para luego ser expulsados.

En una declaración entregada a comienzos de septiembre de 1979 por dirigentes del Secretariado Unificado y firmada por Charles-André Udry y Peter Camejo se lee: “Defender a esta revolución, es apoyar el combate en cuya vanguardia se encuentra el FSLN. Todas las actividades que traten hoy de crear una división entre las masas movilizadas y el FSLN van en contra de los intereses de la revolución. Éste fue el caso de la actividad concreta de la ‘Brigada Simón Bolívar’.” Agregando que: “[…], la dirección del FSLN tenía razón en exigir a los miembros no nicaragüenses de este grupo, el cual se definía ante todo como una organización militar, que abandonaran el país.” [3]

De allí no fueron más que desbarranques políticos, sobre todo por la política más activamente impulsada desde el Socialist Workers Party (SWP) estadounidense con respecto a la dirección sandinista, todo en el mismo curso que había adoptado este agrupamiento con respecto a la dirección castrista en Cuba. Cada política de la dirección sandinista se justificaba, a la par que se avalaban todas las medidas de la dirección cubana con respecto a Nicaragua.

El papel de la corriente morenista

Por aquel año de 1979 el dirigente trotskista Nahuel Moreno no había desarrollado aún de manera explícita su teoría de la revolución democrática, en clara revisión de la teoría de la revolución permanente de Trotsky. Es más, se constituía aún como uno de los elementos “resistentes” al desbarranque político de otras corrientes que se reclamaban del trotskismo como la del pablismo o la liderada por Ernest Mandel (inspirador del Secretario Unificado), e incluso expresaba elementos puntuales de continuidad de la teoría programa de León Trotsky. Pero esto no implicó que sus posicionamientos políticos durante la revolución en Nicaragua no terminasen cruzados por este tipo concepciones, que luego desarrollara en profundidad, y que tiempo después sus seguidores llevaran al extremo.

El morenismo tuvo su mérito en haber tomado la iniciativa de construcción de la Brigada Internacionalista Simón Bolívar para combatir en la revolución nicaragüense, al adoptar como ejemplo las brigadas internacionales durante la revolución española en la década de 1930. En la misma se enrolaron no sólo colombianos, desde donde se tomó con más fuerza la iniciativa, sino que contó también con voluntarios de Puerto Rico, Costa Rica, México, Argentina, Bolivia y Brasil.

Si bien esta brigada se vio bloqueada de ingresar como columna autónoma por el Frente Sur —en la frontera con Costa Rica—, ya que la dirección del FSLN exigía el ingreso individual de sus integrantes a las formaciones sandinistas —seguramente como un intento claro del encuadramiento político para evitar que desarrollaran una política crítica en el sentido al FSLN—, sí consiguió ocupar, entrando por mar, el puerto de Bluefields (región del Caribe), donde aún no había llegado la revolución. Fue así que encabezó la liberación de ese territorio y luego entró a Managua, durante el derrumbe del somocismo.

Sin embargo, pocos meses después, era expulsada de Nicaragua por el Gobierno de Reconstrucción Nacional, y sus integrantes entregados a la policía del gobierno burgués de Panamá. De acuerdo con declaraciones del propio Nahuel Moreno, “Concretamente, como se informó en la prensa mundial, la Brigada Simón Bolívar fue expulsada por: 1) Organizar sindicatos (unos 80) a través de asambleas democráticas de los trabajadores; 2) promover la ocupación de tierras por los campesinos desposeídos; 3) promover la organización de milicias populares y 4) denunciar como burgueses a algunos miembros de la Junta de Gobierno.” [4]

En este contexto, uno de los puntos centrales de la discusión fue su política con respecto a la dirección del FSLN. Quien expresó de una manera sintética la posición llevada por el morenismo fue Kemel George, dirigente del Partido Socialista de los Trabajadores (PST) de Colombia, del cual Moreno era su inspirador.

Éste escribió en enero de 1980: “La FB [Fracción Bolchevique] operó durante todo el proceso de la revolución nicaragüense tomando en cuenta la complejidad de la lucha que se libraba, combinando las consignas que le permitían intervenir a fondo en ese proceso. Era cierto que el FSLN mantenía un programa de colaboración de clases, y por eso era correcto denunciar este programa. Pero también era cierto que, simultáneamente, la lucha del FSLN conducía objetivamente a dirigir a las masas contra la dictadura, convirtiéndose el FSLN en su vanguardia indiscutida. Por eso, la consigna que más se adecuaba a la etapa concreta era de “un gobierno del FSLN que rompa con la burguesía”, apoyando a fondo la lucha del FSLN contra la dictadura y en último caso, como lo hizo la Fracción Bolchevique, a engrosar el FSLN con combatientes internacionalistas que se colocaran bajo su disciplina, no política, sino militar.

Este conjunto de consignas, como aplicación concreta del Programa de Transición, era complementada con la tarea de unidad de acción con todas las fuerzas antisomocistas, incluyendo a sectores de la burguesía, pero a la vez llamando a las masas y al FSLN a que no brindaran la menor confianza política en ningún sector burgués.” [5]

Esto lo enfatizará luego de desarrollar que la Fracción Bolchevique “previó además que el FSLN iba a jugar un extraordinario papel a la cabeza de este proceso y que a pesar de ser una organización nacionalista revolucionaria pequeñoburguesa y de tener un programa de colaboración de clases, podría convertirse en la vanguardia indiscutida de la lucha antidictatorial, debido a los métodos que venía desarrollando y a la favorable situación internacional.” [6]

Una y otra vez se remarca en dicho documento: “Desde el principio hasta el fin, la Fracción Bolchevique planteó como consigna fundamental de independencia de clase: que el FSLN y las organizaciones de los trabajadores rompan con la burguesía y gobiernen Nicaragua.” [7] A esta consigna se le agregaba un programa a ser levantado por un hipotético gobierno encabezado por la guerrilla sandinista de ruptura con la burguesía. En otras palabras, se trataba de exigir que el FSLN rompiera su política de colaboración de clases, impulsarlo en tanto “vanguardia indiscutida de la lucha dictatorial” (tal como se planteaba en la cita referida) y empujar a que se constituyera un "gobierno obrero y campesino", bajo la forma de "gobierno sandinista sin capitalistas".

El problema que se afrontaba con esta política era que no se articulaba con la lucha por la constitución de organismos de doble poder y el objetivo —de carácter más estratégico— de la construcción de un estado obrero revolucionario. Se desligaba así la táctica de gobierno obrero y campesino de la necesidad de impulsar el surgimiento de organismos democráticos de las masas en lucha (soviets) que en perspectiva se transformen en órganos de poder como base de la dictadura del proletariado.

Hemos observado, y el propio Moreno lo ha relatado en las causas de la expulsión de la Brigada Simón Bolívar, que la política se centraba en la formación de sindicatos semiindependientes del gobierno, promover la ocupación de tierras, así como la organización de milicias populares y denunciar como burgueses a algunos integrantes de la “junta de gobierno”. No se aparece en ningún lado una política activa, que acompañara a la consigna episódica de “un gobierno sandinista sin capitalistas”, el impulso de organismos de doble poder.

Esta política que era tomada de los ejemplos de la revolución rusa de 1917 o de las políticas de Trotsky para Francia y España en la década de 1930, tampoco tomaba en cuenta un elemento crucial: las características de las direcciones pequeñoburguesas que componían el FSLN y las diferencias sustanciales con los ejemplos invocados. En Rusia, como así también en Francia y España, los "Frentes Populares" estaban integrados por partidos y organizaciones obreras de masas y en Nicaragua el FSLN era un partido-ejército guerrillero de base campesina o de clase media urbana, con débil participación obrera. Esto se agravaba a la luz de considerar la creciente ubicación del FSLN como “vanguardia indiscutida”, sin establecer claramente cuáles serían las consecuencias del carácter de esta dirección sobre el proceso revolucionario, aún en el caso de que el mismo avanzara en la transformación de las relaciones de propiedad.

Como desarrollaron Emilio Albamonte y Fredy Lizarrague polemizando justamente alrededor de esta cuestión: “¿Esto negaba la posibilidad de exigir la ruptura con la burguesía y la toma del poder? Posiblemente no. Pero, como mínimo, condicionaba enormemente esta política (muchísimo más que en Francia y España) pues, en las condiciones de Nicaragua, el "gobierno sandinista sin capitalistas" (que hubiera sido sin lugar a dudas una enorme conquista), para significar una transición a la dictadura del proletariado debía estar acompañado indefectiblemente por la lucha por la hegemonía de la ciudad y por ende del proletariado, sólo posible mediante la lucha por la construcción de organismos de tipo soviético, mayor intervención obrera, quiebre de la disciplina policíaco militar del FSLN, desarrollo del partido revolucionario, etc. En cambio, un "gobierno sandinista sin capitalistas" en el caso hipotético de darle sin estas condiciones, o sea, sólo como subproducto de una enorme presión imperialista hacia la revolución, hubiera significado un gobierno basado en la estructura del FSLN que era la de un partido-ejército pequeñoburgués ultraburocrático.” [8] Es decir, la consigna “por un gobierno sandinista sin capitalistas” aislada del desarrollo de organismos de doble poder y de la lucha por un estado obrero revolucionario era completamente impotente, y por esta vía, capituladora a la dirección del FSLN.

Justamente este es el sentido que le termina dando la corriente morenista. En un extenso trabajo escrito cuando aún no habían pasado ni dos meses del 19 de julio, por Camilo González, dirigente del PST colombiano, titulado “La revolución sandinista y la IV Internacional”, donde discute “las posibilidades de un gobierno obrero y campesino en Nicaragua” señaló que “Las fuerzas objetivas de la revolución mantienen su empuje y el trabajo de contrarrevolución apenas comienza […] La presión objetiva de las masas, durante estas semanas posteriores al triunfo de julio, se ha multiplicado extraordinariamente en la medida en que se ha desarrollado el proceso de organización, e incluso se comienzan a dar algunas movilizaciones en las que los trabajadores chocan con aspectos de la política del GRN o en las que los campesinos desbordan las limitaciones del INRA (Instituto Nacional de Reforma Agraria). Las posibilidades de derrotar los proyectos de la reacción y la política conciliadora de la dirección sandinista están íntimamente relacionados con que se mantenga esa presión de las masas y con que ella adquiera niveles superiores de movilización. De esto depende la continuidad de la revolución para que en Nicaragua se instaure un gobierno obrero y campesino, que inicie la revolución socialista”. [9] Acto seguido pasa a enumerar los factores objetivos que “pueden tornar en socialista la revolución nicaragüense”.

Y por fin Camilo González termina rematando con “El elemento determinante para que se concrete esa posibilidad teórica de un gobierno de los trabajadores en Nicaragua está en que, en consonancia con la situación objetiva, se solucione el problema de la dirección revolucionaria, bien por el surgimiento de una organización revolucionaria que aglutine a todos los sectores clasistas, incluyendo los que surjan dentro del FSLN o bien porque se dé un proceso como el de Cuba, que obligue al FSLN a cambiar su actual política y a adoptar medidas radicales, comenzando por barrer a la burguesía del gobierno [10] (destacados nuestros). Indudablemente, esta una “enorme presión” objetiva hacia la revolución, de darse, como hemos explicado, no llevaría a otro más que a un gobierno basado en la de un partido-ejército sandinista, pues sin el surgimiento de organismos de doble poder, una consigna que no apuntaba más que a ser episódica, termina en el camino de una “estrategia” que está bien lejos de la teoría programa de la revolución permanente.

Como concluyen Albamonte y Lizarrague: “Intervenir en la revolución nicaragüense con la armazón teórica del trotskismo, que considera las consignas como ¡Romped con la burguesía! ¡Tomad el poder! como armas poderosas, pero sólo episódicas y como parte de una política de conjunto que incluye como aspecto fundamental la lucha porque surjan y se desarrollen organismos de tipo soviético, hubiera permitido no quizás modificar el curso de los acontecimientos (por la débil implantación de los trotskistas) pero sí prepararse para la feroz lucha planteada previendo, por ejemplo, "detalles" como la expulsión de la BSB [Brigada Simón Bolívar].” [11]

El posicionamiento que tuvo la corriente morenista en Nicaragua ya engendraba una revisión de la teoría programa de la revolución permanente de León Trotsky. Luego adquirió el nombre de la teoría de “revolución democrática” explicitada en diversos textos. En esencia Moreno llegó a plantear que “no es obligatorio que sea la clase obrera y el partido marxista revolucionario el que dirija el proceso de la revolución democrática a la socialista". El abandono de la lucha por los organismos de doble poder (soviets) y la transformación de la táctica episódica de "gobierno obrero y campesino", en una estrategia, era solo el comienzo. Luego el mismo Nahuel Moreno acuñó una definición incorrecta para los estados surgidos de estos procesos de "revolución democrática" que no devinieron en socialistas que fue la de estados independientes, y aplicaba para Nicaragua, Irán, Libia y Angola.

La discusión sobre la política hacia el gobierno de Nicaragua y la actitud vergonzante del Secretariado Unificado (SU) de haber apoyado a los sandinistas en la expulsión de la Brigada Simón Bolívar, en su momento llevó a la ruptura de la corriente dirigida por Nahuel Moreno con el SU, en el cual militaban desde hacía dieciséis años. Los acuerdos generales que mantenían en su unificación se hicieron trizas frente a este importante test ácido de la lucha de clases en América Central.

Después de décadas, Nicaragua sigue dejando lecciones para los marxistas revolucionarios, y hoy vemos cómo muy alegremente se siguen repitiendo las mismas políticas aunque cada vez más exacerbadas, ya no a corrientes pequeño burguesas radicalizadas sino directamente burguesas como ha sido el caso del chavismo, donde todas las corrientes del morenismo terminaron apoyando durante toda una gran etapa unas, y ya en la completa debacle otras.



[1The Militant, Vol. 43 No. 32. New York, 24/8/79.

[2Sobre la Brigada Simón Bolívar ver el artículo que forma parte de este dossier sobre Nicaragua.

[3Editorial de Intercontinental Press, Vol. 17 No 31. New York, 3/9/79.

[4Nahuel Moreno, Escuela de Cuadros (Venezuela 1982) Disponible en: http://www.geocities.ws/moreno_nahuel/30_nm.html

[5Nicaragua: ¿Reforma o revolución? Recopilación de artículos y documentos (1980), publicado por el PST de Colombia bajo la coordinación de Carlos Vig. Introducción de Kemel George, p. 24.

[6Ídem, p. 16.

[7Ídem, p. 15.

[8Albamonte, Emilio, Lizarrague, Fredy, con la colaboración de Manolo Romano: “La estrategia soviética en lucha por la República obrera”. Disponible en: http://www.estrategiainternacional.org/La-estrategia-sovietica-en-lucha-por-la-Republica-obrera,5827?lang=es

[9Nicaragua: ¿Reforma o revolución? Recopilación de artículos y documentos (1980), Tomo 2, Publicado por el PST de Colombia bajo la coordinación de Carlos Vig. González, Camilo, La revolución sandinista y la IV Internacional, p. 480-481.

[10Ídem.

[11Albamonte, Emilio, Lizarrague, Fredy, op. cit.







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