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La especulación en Vigo, como "pezseto" en el agua

El nuevo proyecto del Ayuntamiento prevé gastar hasta 12,7 millones de euros para reformar la Gran Vía. Instalar pasarelas mecánicas y una escultura floral similar al dinoseto que podría llamarse pezseto.

Jacobo A. García

Vigo | @Jacobscarface

Miércoles 31 de enero | 18:29

Del barco en la rotonda al “dinoseto”, la historia del despilfarro público y la especulación

Abel Caballero, alcalde de Vigo, nos tiene acostumbrados a sus excéntricas obras públicas que suelen tener un elevado coste y generar gran polémica en la ciudad. Su gobierno se basa en la máxima romana de “pan y circo”, sólo que en estos últimos tiempos tenemos más circo que pan.

El gobierno municipal justifica los sobrecostes de estos proyectos porque dice "incentiva el consumo y la actividad económica y embellecen la ciudad". Pero no siempre puede tapar con buenas palabras la realidad de la situación. Como cuando se colocó el barco Bernardo Alfageme en una rotonda del barrio obrero de Coia, con un coste de 300.000 euros, enfrentando una fuerte lucha vecinal que acabó saldándose con una fuerte represión.

Después conocimos el caso de las escaleras mecánicas de la calle Segunda República, con un coste de 755.000 euros, que se averiaron en numerosas ocasiones, así como la implantación del famoso “dinoseto” en la Praza do Rei, que tuvo réplica en la parroquia de Navia, con un “trinoseto” en forma de triceraror, y en otras partes de la ciudad.

Fuera de lo cómico que pueda resultar el asunto, el hecho es que miles de personas siguen pasando hambre, frío y necesidad mientras el ayuntamiento se gasta su superhábit en obras inútiles. Vimos muy claramente esto con el sangrante caso de las luces de Navidad, que supusieron casi un millón de euros de coste, mientras sigue habiendo centenares de personas sin hogar que no pudieron dormir caliente en esta pasadas fiestas.

Un proyecto faraónico en Gran Vía al servicio de los intereses de grandes empresarios

El proyecto de reforma y modernización de la Gran Vía, la principal avenida de Vigo, incluye la instalación de una “escultura floral singular” que “se colocará en el bulevar central, en la intersección con la calle Nicaragua. Esta escultura tendrá forma de pez”. Según recoge el proyecto ésta podría llamarse “pezseto”. El precio de este “pezseto" será de unos 40.000 euros.

Pero allí ya existe una escultura emblemática de Vigo, el “Monumento ao traballo”, también llamado “Os redeiros”, construída en 1991, con diseño del escultor Ramón Conde, que tendrá que ser trasladada a otro emplazamiento. Esta pieza constituye uno de los símbolos de la ciudad, junto con los caballos de Praza de España, o el “Monumento ao Ferreiro”, situado en el medio de la Praza de Eugenio Fadrique, o Praza da Industria, dedicado a los trabajadores metalúrgicos, de 1970, diseñado por Guillermo Steinbrüggen.

Asimismo, se prevén “la instalación de estructuras verticales ajardinadas en varios lugares de la Gran Vía con riego por goteo”, la instalación de 11 rampas mecánicas en cuatro tramos para comunicar Urzaiz y plaza de España (habiendo una gran pendiente) a través de 650 metros de longitud, y no queda claro si se realizará una estatua de fundición de unos 7 metros de alto, y de 68.000 euros de coste, que figura en el proyecto pero que fue desmentida por el alcalde.

Se creará una plaza improvisada con espacios para sentarse, un juego de tecnología y naturaleza, una gran fuente, una escultura y un proceso de obtención de energía con las pisadas. Frente a El Corte Inglés se hará una gran plaza de sesenta metros de ancho y cien de ancho con puntos de encuentro mediante un sistema de ordenación semafórica.

El coste total del proyecto alcanzará entre los 11,7 y 12, 7 millones de euros, de los que 8 o 9 serán con fondos europeos con cargo al plan Vigo Vertical, y los 3,7 restantes con fondos municipales. La obra se prevé terminada para marzo del 2019, según explicó el alcalde, Abel Caballero; dos meses antes de las elecciones municipales.

Todo esto, por supuesto, se planifica desde la Administración sin tener en cuenta la opinión de los habitantes de la ciudad, una prepotencia que es usual en el gobierno actual, que se fundamenta en su mayoría absoluta para realizar monstruosas obras que ofrecen suculentos beneficios a grandes grupos capitalistas. Mientras tanto, la periferia de la ciudad adolece de falta de recursos y no se ve beneficiada por esta falsa “humanización” que se hace en el centro.

Los grandes medios de prensa lo justifican, así como el gobierno municipal tiene una justificación “social” para este gran coste; se trata, dicen, de ayudar a las personas con movilidad reducida y a los más mayores a recorrer una calle con gran pendiente. Pero consideramos que existen, más y mejores soluciones a esta legítima demanda social.

Por ejemplo, la drástica reducción del coste del transporte público, junto con un aumento de las flotas de autobuses urbanos. Una situación que contrasta con el constante aumento del billete, que gestiona la empresa Vitrasa y que donde se generan aglomeraciones en muchas ocasiones, en vehículos con un mal mantenimiento, que ya han tenido que ser evacuados por la quema de motores, como ocurrió con las líneas que van a la Universidad.

Para llevar a cabo esto, sería necesaria la remunicipalización bajo control y gestion de trabajadores y usuarios del transporte público, lo que permitiría obtener mayores ingresos al municipio y mejoraría la calidad del servicio. Una demanda que pensamos debe expandirse a todos los servicios públicos municipales, y que debe ser defendida por la mayor de las movilizaciones sociales, lo que además generaría muchos puestos de trabajo y mejoraría las condiciones laborales.

Un proyecto con el que no podemos evitar recordar los episodios de enero de 2014 en el barrio burgalense de Gamonal, que remataron con la paralización de las obras del bulevar de la calle Vitoria, que tenía un coste estimado de 8,5 millones de euros, debido a la enorme movilización social que generó este insultante proyecto.

Esta y otras luchas vecinales, como la que se vivió en Murcia contra el muro, demuestran que existe una gran oposición popular a la especulación capitalista y la mala planificación urbanística en el Estado español desde la burbuja inmobiliaria hasta la crisis económica que vivimos en la actualidad.

Todo esto cuando vivimos un aumento de la inflación, una bajada de los salarios y seguimos soportando una alta tasa de paro, cuando el astronómico precio de la luz genera que cientos de miles no puedan calentar sus hogares de forma correcta.

Los grandes constructores y empresarios se siguen aprovechando del dinero público, a través de sus relaciones con los partidos políticos, para la realización de megaproyectos que sólo benefician a una pequeña parte de la población. Es por ello que es necesaria una planificación racional del urbanismo en todas las ciudades, que responda a las necesidades reales de la población.






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