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La elección de Weidel y las trampas del feminismo

La victoria del partido xenófobo y homofóbico Alternativa por Alemania, dirigido por una política abiertamente lesbiana, provoca desazón interrogantes en el feminismo y la izquierda.

Celeste Murillo

@rompe_teclas

Sábado 30 de septiembre | 00:00

La novedad de las elecciones en Alemania fue el ingreso de la extrema derecha al Parlamento. Alternativa por Alemania (AfD) superó los pronósticos y obtuvo cerca del 13% y se transformó en la tercera fuerza política parlamentaria.

La dirigente de AfD, Alice Weidel, fue una de las figuras más llamativas de la ultraderecha en ascenso. Su discurso duro contra los inmigrantes, especialmente su islamofobia, ganó trascendencia cuando el gobierno de Merkel lanzó su política hacia la inmigración.

Pero el dato distintivo no fue su agenda reaccionaria sino su orientación sexual. La presencia de una mujer abiertamente homosexual al frente de una formación política de extrema derecha llamó la atención. La diputada electa del partido homofóbico y opositor al matrimonio entre personas del mismo sexo convive legalmente con su pareja, una cineasta cuya familia es oriunda de Sri Lanka, con quien tiene dos hijos.

Que el género, la identidad y orientación sexual nada tienen que ver con las posiciones políticas es una afirmación que suena obvia. Pero después de décadas de feminismo neoliberal y “agendas de género y diversidad”, sin una sola crítica a las democracias capitalistas, no solo es algo que hay que debatir sino que muestra cómo ha sido allanado el camino para hoy sea la derecha la que se apropia del discurso de la inclusión de mujeres y personas LGBTI.

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La llegada de Weidel al Parlamento generó desazón e interrogantes en el feminismo, el movimiento de mujeres y la izquierda. Quienes defienden la igualdad (aceptando no cuestionar la democracia capitalista) y ven la presencia de las mujeres en las instituciones como garantía de mejores políticas han preferido guardar silencio. Quienes defienden la idea de que existe un carácter contestatario innato de las mujeres y personas LGBT no encuentran palabras para definir a Weidel. Su triunfo plantea preguntas incómodas.

Algunas organizaciones han aprovechado para insistir en su negativa a apoyar la pelea por la paridad de género en las listas electorales, utilizando el ejemplo de Weidel como una comprobación del supuesto “peligro” que conlleva. ¿La existencia de políticas como Margaret Thatcher, Angela Merkel o Alice Weidel es un fundamento para sostener el estatus de ciudadanas de segunda de la mitad de la población? Creemos que no. Con ese mismo argumento, se podría decir que muchas mujeres han votado y votan por partidos de derecha, ¿se hubieran opuesto algunas corrientes de izquierda, entonces, al derecho al voto de las mujeres? ¿Apoyarían hoy los proyectos de reaccionarios trasnochados y liberales desesperados de voto colegiado?

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Es necesario advertir también que las políticas como Weidel no necesitan leyes de paridad ni cupos femeninos. Como representantes de las clases dominantes son elegidas para llevar adelante sus políticas, más o menos reaccionarias. Lo mismo hicieron, sin leyes ni cupos, otras mujeres que, a pesar de los “servicios prestados” siguen siendo minoría en los despachos de empresas, organismos e instituciones. Y si para impulsar políticas reaccionarias es necesario poner al frente del partido a una mujer homosexual, la derecha supo “modernizarse” y contó con un discurso para hacerlo.

Si algo prueba la presencia de Weidel es que la falta de una crítica corrosiva a la cooptación de las democracias capitalistas solo debilita la lucha por la verdadera igualdad, no sólo ante la ley (que siempre será formal) sino también ante la vida (la única igualdad real). Y creemos que en esa lucha no hay que ceder a la clase dominante y sus partidos las banderas de la igualdad, que usarán de forma hipócrita y funcional a sus políticas, como lo hacen con la ley de paridad en Argentina.

¿Feminismo y diversidad de derecha?

Weidel no está sola: Marine Le Pen en Francia, Ivanka Trump en Estados Unidos, incluso Frauke Petry, ayer compañera y hoy enfrentada con la “nueva estrella” de la ultraderecha alemana, son ejemplos similares.

Como sus compañeras, provoca incomodidad entre las feministas (neo)liberales, que durante décadas le otorgaron un valor progresivo a la sola presencia de las mujeres en lugares de poder o le dieron un carácter “universal” a la lucha de las mujeres por romper el “techo de cristal”, que en realidad solo alcanzaba a una minoría de mujeres profesionales, blancas y occidentales. En nombre de esas “batallas”, relegaron la crítica a las democracias que incorporaban a su personal político a ministras, diputadas, presidentas y primeras ministras.

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El perfil de Weidel vuelve a poner en discusión objetivos y estrategias del feminismo y el movimiento LGBTI, y su integración a las democracias capitalistas. Esa integración, condicionada y restringida, ha tenido como contracara la utilización del discurso feminista o la inclusión de personas LGBTI en partidos políticos de derecha, como una forma de “modernizarse” ante el electorado, sin que sea incompatible con la defensa de políticas reaccionarias (incluso contra las mujeres y las personas LGBTI).

¿La presencia de mujeres y personas LGBTI en las filas de la derecha reaccionaria invalida la pelea por conquistar todos los derechos que nos pertenecen y son negados por las democracias capitalistas? En absoluto. Pero son un alerta: aceptar la “tolerancia”, la integración y la “igualdad” restringida a las franjas que pueden “pagar el precio de la libertad” solo abonan el camino que hoy utiliza la derecha. La emancipación de las mujeres necesita una “agenda” urgente que no acepte condiciones, que se apoye en los derechos conquistados para fortalecer nuestra pelea por una sociedad sin opresión alguna.






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