Economía

SITUACIÓN ECONÓMICA

La economía española: un puzzle difícil de resolver

¿A dónde va la economía española? Coyuntura económica e incertidumbre: límites “endógenos” y “exógenos” para una recuperación duradera.

Carlos Muro

Zaragoza | @muro_87

Martes 25 de abril | Edición del día

Las últimas previsiones del FMI sobre la economía española indican que el crecimiento alcanzará el 2,6% en 2017, lo que sigue confirmando una ralentización respecto al 3,2% de 2016. Sin embargo, los datos anuales del FMI los debemos coger siempre “con pinzas”, dado que a lo largo del año se van modificando.
Veamos tan sólo algunos ejemplos que pueden servir de radiografía para pensar la coyuntura actual.

Ventas e inversión en el exterior

La actual coyuntura económica está marcada por la salida de la recesión y de los momentos más críticos de la crisis capitalista internacional. Hasta ahora el pequeño y frágil crecimiento económico español ha sido ayudado por las enormes ganancias del sector del turismo y las exportaciones. En particular, las exportaciones han mantenido su crecimiento amortiguando, a su vez, las dificultades del sector industrial durante la crisis.

A su vez, en los momentos más críticos de la crisis, las empresas -y en particular las que cotizan en el mercado continuo-, vieron reducir sus ventas por el bajón de la demanda interna que trataron de compensar con las ventas al extranjero -representando actualmente el 65,3% del total-. Pero el “desinfle” de regiones económicas como la latinoamericana -que venía de un fuerte crecimiento- y las permanentes crisis de la UE, han puesto límites. Por lo que se ha producido una cierta diversificación de las ventas al exterior: en los países de la Unión Europea sufrieron un importante bajón, 78.543 millones, un 6% menos. La UE aportó el 19,2% de los ingresos del selectivo. También tuvo un comportamiento débil América Latina, que cayó un 6,41% en 2016, hasta situarse en 96.535 millones, el 23,66% de los ingresos totales. El comportamiento regular de estas dos áreas se vio compensado en parte por las ventas en los países de la OCDE. Éstas crecieron un 4,8%, situándose en 91.229 millones, y su peso sobre el total de ingresos escaló hasta suponer el 22,36% frente al 20,72% de un año antes.

Si nos detenemos en la inversión de las multinacionales españolas en el extranjero también vemos un cambio de signo producto de la crisis capitalista. En los últimos 25 años, en paralelo al ingreso del Estado español en la UE, se produjo una expansión de la Inversión Extranjera Directa (IED) de capitales españoles hacia América Latina, aprovechando el proceso neoliberal de privatizaciones y desregulaciones en la región. Entre 1993 y 2000, el 46% de la IED española se dirigió hacia Latinoamérica. En el período siguiente (2001-2008), aunque América Latina se mantuvo como región clave para las inversiones españolas, hubo una reorientación hacia países de la UE. Durante el período más crudo de la crisis (2008-2016), la región se mantuvo sin embargo como segundo destino de las inversiones españolas brutas después de los principales países de la UE.

A pesar de la salida de la recesión, el capitalismo español, mantiene límites estratégicos que le condicionan para tener una recuperación “duradera”. En primer lugar, un límite “exógeno” a una recuperación inmediata y duradera de la economía española. Y este es la permanencia de la crisis capitalista internacional y el aumento de las disputas por reparto del mercado mundial entre las principales potencias, que lleva consigo un aumento de las tensiones geopolíticas. En segundo lugar, la falta de nuevas fuentes “reales” de valorización del capital que permita una acumulación de capital amplia, como fue en épocas de “vacas gordas” el nicho de acumulación que supuso el boom inmobiliario y que la economía capitalista española no puede sustituir por otro sector (productivo o especulativo) al mismo nivel de rendimiento. En tercer lugar, la devaluación salarial y las reformas laborales del PSOE y el PP, que han provocado una disminución de los salarios y del poder adquisitivo, aunque estos sean insuficientes para la sed de ganancia y la “rentabilidad empresarial”.

Reinversión de las ganancias, más especulativas que productivas

Si nos detenemos en las ganancias empresariales, podemos arriesgar dos lecturas. ¿Hay aumento de los beneficios? Sí, claramente. Pero como sostiene en un artículo el economista Joaquín Estefanía “se dedican más excedentes a dividendos, retribuciones, activos líquidos que a inversión”. En efecto, “las empresas obtienen más beneficios, pero no han aumentado al mismo ritmo que estos los niveles de inversión, lo que da lugar a una recuperación económica tan anémica”. Esto significa que las empresas han obtenido ganancias como consecuencia de la bajada en los costes laborales – devaluación salarial-, costes financieros -bajos tipos de interés del BCE-, bajísimos o nulos impuestos para las grandes empresas y por la “oligopolización” de sectores empresariales –es decir, la concentración en pocas manos de capitalistas-.

A pesar de que Joaquín Estefanía sea un social liberal de “tomo y lomo”, acierta en determinar que para el capitalismo es un problema esencial la falta de reinversión productiva de las ganancias obtenidas de la fuerza de trabajo. Nos encontramos pues, con la situación de que hay aumento de beneficios, pero que a su vez los capitalistas no lo reinvierten de manera significativa en capital productivo.

Problemas con la productividad del capital

Lo dicho anteriormente no implica que la composición en la estructura del capital no esté cambiando. En este sentido, el último informe elaborado por el BBVA nos puede dar una idea aproximada. Por ejemplo, la inversión se está desplazando desde la construcción hacia el sector servicios, actividades profesionales, telecomunicaciones y tecnologías de la información. Además, la inversión en maquinaria supera ya a la inversión en vivienda y la inversión en activos inmateriales. Es decir, hay un desplazamiento de la inversión a otros sectores, pero sin “encontrar” aún un nicho que este al mismo nivel -precrisis- de rentabilidad que el sector inmobiliario.
Dado este esquema general de la estructura de capital, hay otro elemento a tener en cuenta: la productividad del capital. Un límite “endógeno” que viene arrastrando la gran patronal española por su baja capitalización por unidad de fuerza de trabajo en comparación con el resto de países de la UE.

Según el informe citado, la productividad del capital en términos absolutos, ha descendido un 27% desde el inicio del siglo XXI, lo que supone una tasa de retroceso anual del 2%. En términos relativos, pierde 12 puntos porcentuales respecto a Estados Unidos y 14 puntos respecto a la Unión Europea.

La sobreinversión improductiva en activos inmobiliarios durante el boom sigue siendo un elemento que pesa en la economía. Como dice un artículo de Expansión, el periódico de las altas finanzas, “buena parte de las inversiones inmobiliarias estuvieron guiadas por la rentabilidad a corto plazo que se esperaba de las revalorizaciones de precios de los activos y no por la productividad de esos capitales a medio y largo plazo. Al llegar la crisis la potencial rentabilidad de muchos activos no se ha hecho efectiva y parte del esfuerzo inversor permanece desaprovechado de manera duradera”.

La productividad de la fuerza de trabajo sube, pero los trabajadores nos empobrecemos

La productividad del trabajo es lo que ha aumentado en el último tiempo, fruto del conjunto de reformas precarizadoras antes y durante la crisis económica. Una situación que ha provocado que segmentos de la población trabajadora se haya empobrecido enormemente, con niveles de precariedad laboral nunca vista hasta el momento.

Para más inri, Christine Lagarde, directora gerente del FMI, decía que hace falta otra “reforma laboral” por el problema de la “dualidad del mercado laboral”, que significa avanzar contra el sector de trabajadores y trabajadoras que mantienen mejores condiciones salariales y sindicales para precarizar sus condiciones y seguir aumentando los beneficios empresariales.

La devaluación salarial y las políticas de ajuste están provocando un incremento vertiginoso de la precariedad laboral, mientras más de 4 millones de personas subsisten a duras penas condenados al paro. La renta media de los hogares se ha reducido un 13% desde 2009 a 2015, habiendo más de 8 millones de trabajadores y trabajadoras que están por debajo del umbral de la pobreza. Casi 700.000 hogares, 1,3 millones de personas, no tienen ningún ingreso -4% de los hogares-. Esta realidad choca, a vista de miles de asalariados, con el enriquecimiento de la patronal, iniciándose en 2017 una pérdida del poder adquisitivo general para los trabajadores unido a los bajísimos pactos salariales acordados entre las patronales y las burocracias sindicales.

Frente a esta situación es necesario defender un programa de defensa de las condiciones de vida elementales de la clase trabajadora. Un programa que debería tener, para empezar, tres consignas básicas: el reparto de horas entre todas las manos disponibles, reduciendo el tiempo de trabajo sin reducción salarial; el establecimiento de una escala móvil de los salarios ligado a un IPC real, elaborado por los propios trabajadores y costeado por los capitalistas; y la defensa de un subsidio de desempleo indefinido hasta encontrar trabajo y ligado a la escala móvil de salarios.








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