Mundo Obrero

TRIBUNA ABIERTA

La dictadura militar y el 1° de Mayo (II)

El 1° de Mayo bajo la dictadura: acciones obreras en Rosario, la CGT y los dos demonios, la postura del Círculo Católico de Obreros.

Leónidas Ceruti

Historiador

Martes 21 de marzo | Edición del día

El panorama en Rosario

La situación no distó de lo que sucedía en el resto del país. La Asociación de Empleados de Comercio fue el gremio más consecuente en esos años en conmemorar la fecha, y el Círculo Católico de Obreros dió a conocer una serie de documentos analizando la situación de la clase obrera. De parte del resto del movimiento obrero se destacaron el documento de 45 gremios emitido el 1º de mayo de 1981, la actitud durante la Guerra de Malvinas, los actos y las numerosas declaraciones en 1983.

A poco más de un mes del golpe, para el primero de mayo de 1976, dado el clima de represión a las organizaciones sindicales y políticas, las manifestaciones públicas fueron casi nulas. Solo las expresiones oficiales, a través del delegado interventor de la Delegación Regional Rosario del Ministerio de Trabajo de la Nación, Mayor Arístides Roque Bonino (también integrante de los “Consejos de Guerra”, actual Director del Museo de Armas de la Nación) (26)(27), informando de los alcances del feriado y del discurso del Ministro de Trabajo, Gral. Liendo. Por su parte, en esos días, los gremialistas Hugo Ortolan, Andrés Poletti y José Pascual informaron que “quedaron en la Central Obrera realizando tareas administrativa, atendiendo el departamento de vivienda, de previsión social, y el banco de sangre”. (10)

El editorial de La Capital llevó por título “Significado del 1º de Mayo”, en el cual se hacía referencia al día de los trabajadores, a la jura de la Constitución y al pronunciamiento de Urquiza. En el mismo diario, el periodista confidente de los militares, Bernardo Neustadt, a través de un artículo analizó la realidad argentina, y luego de elogiar la política económica de Martínez de Hoz, criticar las posiciones “estatistas y populistas” de Rodrigo, Mondelli y Alfredo Gómez Morales, hizo referencia al movimiento obrero expresando que “la intervención gradual a casi todos los gremios y el nuevo plantel militar que ingresó a la CGT, hablan de la profundización que se dará a la tarea de reestructurar un “sector clave” en el porvenir argentino”. (11)

La primer huelga general se realizó días previos a la conmemoración del 1º de Mayo de 1979. Una vez anunciado el paro, fueron detenidos varios dirigentes, e inmediatamente fue solicitada su libertad. Y a la vez los sindicalistas de “los 25” ratificaban la decisión de parar y en el comunicado emitido aludían a “los vínculos de amistad que unen a las FFAA de la Nación con el pueblo” y lamenta que la política económica los lleva a “tomar esta decisión”. Por su parte, el gobierno explicitó que estaba garantizada la libertad de trabajo, a la vez que calificó a la medida como “paro ilegal”.
Luego del paro, el gobierno y la prensa informaron que “hubo normalidad en todo el país. En general las actividades demostraron que las jornadas de protesta no tuvieron el éxito esperado”.

En Rosario, salvo en un sector de los ferroviarios del Mitre y algunos establecimientos fabriles, no se alteraron las actividades fundamentales. No fue acatada por otros sectores, incluso los gremios de la carne y los metalúrgicos, informaron que no habían ordenado ninguna medida de fuerza. Según el Ministerio de Gobierno de la Provincia de Santa Fe, los datos del ausentismo fueron en los Talleres del Ferrocarril Mitre del 98%, en la Planta de Celulosa Argentina en Capitán Bermúdez del 98%, en Electroclor fue del 100%, y en empresas más chicas como Calzado Arroyito del 16%.
Mientras que en 1981 ante la celebración del 1º de mayo se conoció un documento de la CGT, puntualizando que “No aceptaremos argumento alguno que pretenda justificar que todo este esquema económico sea soportado por los trabajadores. Vemos con alegría y esperanza como en muchos lugares de la tierra los trabajadores han logrado acceder a mejores condiciones de vida y también fundamentalmente a un mayor ejercicio de su libertad, pues participan en las grandes decisiones en las que se juega su destino”.

Sin embargo, el documento también adelanta algunos de los argumentos de lo que más tarde sería conocido como teoría de los dos demonios. “En nuestra América, en cambio, el panorama suele presentarse más oscuro, pues nuestros pueblos han visto y ven correr su sangre y dilapidando sus sacrificios por una lucha irracional entre minorías de izquierda y de derecha, ninguna de las cuales representa al verdadero deseo de paz e independencia que en ellas anida, sino el bastardo objetivo de anexarse a uno u otro de los imperios que hoy dirimen su supremacía planetaria. En nuestro país con sus particularidades observamos una situación que guarda similitudes. Los trabajadores hemos sido blanco de las agresiones de los dos extremos, que por encima de sus diferencias ideológicas han visto en los hombres y en las organizaciones sindicales un bastión de resistencia nacional a esas intenciones”. (16)

Ese año se realizó un encuentro de un sector de los sindicatos de Rosario agrupados en la Intersectorial de los 20, con dirigentes nacionales como Jorge Triaca, secretario general del Sindicato de Obreros del Plástico, que fue acompañado por Delfor Jiménez de los Textiles, Otto Calace, de Sanidad y Juan Rachini de Aguas Gaseosas.

En la ocasión, Jorge Triaca, aquel que años después durante el juicio a las Juntas Militares declaró que no sabía nada de los desaparecidos, que no los había en el movimiento obrero, que no recordaba nada de lo sucedido durante los años de la represión, comento ese día con total cinismo que “es importante reivindicar el deterioro que ha tenido el salario real, pero también es mucho más importante que se ponga en marcha el aparato productivo nacional, porque de poco sería beneficioso para nosotros que tuviéramos nominalmente una escala de salarios que pudieran satisfacer nuestras inquietudes y que después no tuviéramos oportunidad de percibirlas. Es decir, en este momento la crisis ha sido tan honda que ha interesado tanto al aparato productivo argentino que evidentemente, nuestra recomposición del salario es fundamental y prioritario, pero tan fundamental y prioritaria como la recomposición de la industria para poder percibir ese salario que reclamamos”. (17)

A la reunión concurrieron delegados de 50 gremios de la zona, que emitieron un documento denominado “1º de Mayo. Día de los trabajadores”, en el cual señalaron que “Con plena conciencia del momento y con la claridad con que siempre nos hemos expresado, reclamamos la urgente rectificación de una filosofía cuyos resultados están a la vista de todo el pueblo argentino. Esa filosofía, que se proclama como un dogma irrevocable, condicionó los derechos de hombres y mujeres que trabajan, a los intereses especulativos que arrastraron al aparato productivo nacional. Ni un solo peso de los 18.000 millones de dólares que forman la deuda financiera interna, se han empleado para mejorar nuestras condiciones de vida. Ni un solo dólar de los 28.000 millones que forman la deuda externa se ha invertido en salarios, viviendas, salud o descanso de los trabajadores argentinos. El país que queremos no es el de Martínez de Hoz, es el de Savio y de Mosconi, capaz de extraer petróleo cuando comprobamos carbón de piedra a los ingleses para mover las usinas eléctricas, capaz de levantar altos hornos siderúrgicos cuando todavía se importaban las cucharitas de café, ya que la única filosofía que no se puede cambiar es la que proyecta un país en grande, dueño de sus fuentes de riqueza, protector de sus fuentes de trabajo, dirigido a ocupar un lugar en el mundo de acorde no sólo con su potencial sino con su cultura y tecnología. Es la filosofía de la Patria Grande, que vive en la decisión de un pueblo que quiere agotar su tiempo histórico con dignidad. El retorno a la normalidad institucional y la recuperación de la libertad sindical serán pasos seguros a quien los da, y tienen el valor de reiniciar la marcha esta vez gobernando con el pueblo. Los trabajadores hemos escuchado hasta el cansancio la exhortación a lograr una paz que merezca ser vivida, pero contemplamos apenados que una rémora para tan elevado propósito es la injusta situación que padece la Sra. María Estela Martínez de Perón, víctima de una absurda persecución que ha despertado sensibles ecos dentro y fuera del país, y que no contribuye en absoluto a serenar los espíritus y mucho menos a lograr para la argentina actual el respeto de la comunidad internacional”.

Luego se declaraba la esperanza que no vuelva a producirse otro primero de mayo como el de Chicago de 1866, concluyendo con estos conceptos “que este 1º de Mayo, que el sindicalismo argentino ha engalanado siempre con los colores nacionales, sirva para la meditación para quienes tienen hoy en sus manos la responsabilidad del Estado, la casi totalidad del país, clama por conocer la verdad del destino de miles de millones de dólares que se esfumaron provocando una crisis sin precedentes. Y clama también porque se restituyan a los trabajadores las organizaciones intervenidas militarmente y se establezca la normalización sindical, la recuperación del poder adquisitivo del salario mediante la libre discusión de los convenios y estableciendo también un régimen que lleve tranquilidad definitiva a la clase pasiva”. (18)

La acumulación de la crisis económica, sumado a los problemas internos, al desprestigio generalizado, llevó a los militares a buscar una salida y lograr consenso nacional, al replantear en los hechos y por sorpresa la antigua demanda nacional de la recuperación de las islas Malvinas el 2 de abril de 1982. Durante el tiempo que duró el conflicto armado con Gran Bretaña, se produjo una nueva conmemoración del primero de mayo. Las posturas, actitudes, declaraciones, documentos, tanto desde el gobierno como de los gremios o partidos políticos fueron disímiles y contradictorios.
Por su parte, las posturas de la Iglesia Católica frente a la dictadura militar, mudaron desde la jerarquía que en su gran mayoría fueron quienes apoyaron, colaboraron, y justificaron sus acciones, hasta una minoría de quienes se opusieron denunciando tanto la represión como la política económica. Frente a las distintas conmemoraciones del primero de mayo, se dieron en la ciudad variadas posiciones. En 1977, el Círculo Católico de Obreros reflexionó sobre la situación del movimiento obrero, al afirmar que “En estos momentos en que persiste la inquietud material y espiritual que vive la República, podemos afirmar que se agravia a la justicia con el cuadro de estrechez en que deben ingeniarse los trabajadores para subsistir dignamente y los círculos católicos de obreros se hacen un deber en manifestar su solidaridad cristiana con todos aquellos que no obstante los bajos salarios se sobreponen a estas condiciones de vida solidaridad que se acentúa para con los hogares numerosos que padecen en estos momentos con mayores apremios la situación por que atraviesa la Nación”. “El precario estado económico y social en que continúa viviendo la clase obrera en nuestro país, motivado por factores notorios de distinto orden y que gravitan de manera sensible sobre su condición salarial, incidiendo en su nivel de vida, alerta y sacude a nuestros espíritus de fieles discípulos de Cristo obrero, propaladores de la doctrina social de la iglesia”. “Con honda fe en nuestra pródiga nación que está llena de pujanza y riqueza material, queremos creer en la transitoriedad de estos días y confiamos plenamente en el pronto mejoramiento económico de nuestra disciplinada clase obrera”. “Por ello, para que cese la violencia fratricida y estéril, por una convivencia en paz y por una justicia social en Cristo y restauración de la conciencia y orden moral, bregamos incansablemente y sin claudicaciones a fin de que estos objetivos se cumplan y sean realidad en esta patria nuestra tan necesitada de armonía y amor cristiano”. (19)

Mientras que en 1979, como una forma de adhesión a la fecha se inauguró el nuevo templo en San José Obrero en la zona norte de la ciudad, con una peregrinación y la presencia del Arzobispo de Rosario Guillermo Bolatti. Luego todos los años se concretaba un extenso programa que incluía misa, ofrenda y bendición de los instrumentos de trabajo, de herramientas. Luego almuerzo de confraternidad, y peñas por la noche.

El Círculo Católico de Obreros, en 1981, emitió un extenso documento en el cual luego de analizar la revolución industrial, el origen del capitalismo, y las consecuencias sociales del mismo, puntualiza que “la doctrina social de la Iglesia, asegura que el único remedio para estos males es moral, y debe estar basado en el sentimiento de justicia y humanidad por parte de los patronos y de honradez por parte de los trabajadores, siendo otros métodos falsos e incompletos. Y así fue como, sobre la base de la doctrina expuesta en las encíclicas papales de León XIII y Pío XI en forma especial, se ha llegado a un cierto nivel de la fortuna que dejó de ser patrimonio de pequeños núcleos con retención de poder e influencia social, imponiéndose las ideas democráticas con la igualdad de derechos, todo esto merced a las ideas predicadas por el cristianismo, cuyo lema ha sido siempre la igualdad esencial de la criatura humana. Siempre la Iglesia estuvo por la reciprocidad entre pueblos e individuos, de derechos y deberes, por la abolición de la esclavitud y cualquier servidumbre, por la dignidad humana, por la justicia universal y el derecho natural.....”. Posteriormente, destacaba la larga lucha de los obreros por los derechos laborales, manifestando que “Por estos principios han luchado muchos años los obreros y asalariados, años ha, su día de trabajo era la presentación muchas veces tumultuosa, ante las autoridades insensibles a sus peticiones y víctimas de las violencias para acallar justos reclamos. Hoy la legislación social de la mayoría de los pueblos reconoció los derechos que por naturaleza les corresponde, movidos por la autoridad moral de la Iglesia, que en su doctrina social reclama que los derechos sean respetados y acrecentados. La Federación de los Círculos Católicos de Obreros, que debe su existencia a la necesidad de promover y defender el bienestar espiritual y material de la clase trabajadora, de acuerdo con las enseñanzas de la Iglesia Católica, fiel su tesitura a la festividad del Día del Trabajo y de los trabajadores, y de acuerdo a sus principios insiste que se acreciente el respeto a la dignidad de los trabajadores, la distribución equitativa de la riqueza, el ordenamiento integral de la vida económica, social y política, basada en la moral cristiana en la protección de los derechos individuales y el imperio de la justicia social por parte del Estado, el bienestar social de la familia, la consolidación de un salario justo y suficiente, el desarrollo de la producción y la defensa de los consumidores, el pleno goce de la democracia y de la libertad sindical, exenta de cualquier injerencia política”. (20)

Parte I: “La dictadura militar y el 1° de Mayo (I)”
Parte III: “La dictadura militar y el 1° de Mayo (III)”

NOTAS

10.- La Capital, 2 de mayo de 1977, pág. 7.
11.- La Capital, 2 de mayo de 1977, pág. 1-4.
12.- La Capital, miércoles 2 de mayo de 1979, pág. 1.
13.- La Capital, Miércoles 29 de abril de 1981, pág. 3.
14.- La Capital, Jueves 30 de abril de 1981, Pág. 8.
15.- La Capital, Jueves 30 de abril de 1981, Pág. 8.
16.- El País, viernes 29 de abril de 1977, pág. 2.
17.- La Capital, 30 de abril de 1981, pág. 8.
18.- La Capital, 28 de abril de 1983, pág. 5.
19.- La Capital, 30 de abril de 1983, pág. 1.
20.- La Capital, 30 de abril de 1983, pág. 1.






Temas relacionados

1º de Mayo   /    Dictadura cívico-militar   /    Rosario   /    Libertades Democráticas   /    Historia   /    Mundo Obrero

Comentarios

DEJAR COMENTARIO