Economía

La deuda vuelve a dominar la agenda

Desde hace varias semanas se discute si Argentina ingresó o no en un nuevo default. Al cabo de un mes de intensas negociaciones no hubo arreglo, el gobierno transfirió los fondos para abonar a los bonistas que ingresaron al canje y Griesa mantiene bloqueado el cobro de ese dinero. Se ha creado la inédita situación de un deudor que quiere pagar y no lo dejan.

Jueves 25 de septiembre de 2014 | Edición del día

Los buitres están subiendo la apuesta junto a un juez y un mediador a su entero servicio. Están empeñados en reforzar la extorsión para obtener ganancias millonarias por bonos que compraron a precio vil. Cualquiera sea su grado de senilidad, Griesa mantiene la suficiente lucidez para adoptar todas las medidas que exigen los especuladores.
La negociación del último mes fracasó por la negativa de los buitres a considerar los pedidos del gobierno argentino. Rechazaron la solicitud de reponer la cautelar que permitía continuar con los pagos a los bonistas que ingresaron al canje. Se negaron a blindar las tratativas hasta enero del 2015 frente a eventuales juicios derivados de la aplicación de la clausula RUFO.

Esta intransigencia también obedece a la propia lógica del negocio-buitre, que se basa en incursionar en riesgosos litigios para cobrar sumas siderales, a partir de inversiones insignificantes. Cuando obtienen sentencias favorables exigen la percepción integra del dinero, sin la menor consideración por las consecuencias de su chantaje. Se lanzaron brutalmente a cobrarle al país, cuando percibieron la disposición del gobierno argentino a pagar fortunas a los litigantes del CIADI, REPSOL y el Club de París.

Cualquiera de esas aventuras puede desembocar en problemas financieros internacionales de gran envergadura. Las distintas especies de buitres (fondos de alto riesgo, operadores de derivados, especuladores de acciones) suelen empujar periódicamente al sistema bancario a situaciones muy peligrosas. Por esta razón chocan con los gobiernos y organismos internacionales que intentan regular su actividad. Especialmente el FMI está muy descontento con una actividad, que socava las recientes reestructuraciones de deudas europeas que sucedieron al socorro concedido a los bancos. El conflicto actual con Argentina suscita preocupación en las altas finanzas por haber destapado la ausencia de una norma internacional para gestionar las cesaciones de pagos de economías en quiebra. El litigio pone en peligro el manejo de las deudas conflictivas del mundo.

La crisis en curso confirma que el capitalismo contemporáneo se reproduce confiscando a los trabajadores, a las familias endeudadas y a los países de la periferia. Otra variante de este sistema más proclive a la producción, la inversión o el consumo sólo existe en la imaginación gubernamental.

En las próximas semanas notaremos hacia dónde se encamina la política del gobierno frente a los buitres. No tenía previsto los fallos adversos y afrontó la sentencia con desconcierto e improvisación, denunciando un día la extorsión de los buitres y sugiriendo al otro el desembolso del dinero. Este conflicto obstruye la estrategia implementada desde la devaluación de enero para volver al endeudamiento internacional. La expectativa de lograr créditos externos urgentes para refinanciar la deuda ha quedado bloqueada por la crisis actual. Mientras no haya arreglo con Singer, el crédito externo continuará escaseando o aparecerá a cuentagotas y a tasas impagables. Los préstamos sustitutos acordados con China son limitados y atados a muchas condicionalidades.

El escenario actual altera la decisión del gobierno de continuar actuando como “pagador serial” de la deuda. Nadie sabe cuál será el escenario externo de los próximos meses. Una alternativa del conflicto con los buitres es el comienzo de un limbo judicial, que induzca a demorar todas las decisiones. Pero también cabe la posibilidad opuesta de un vendaval externo, si los bonistas del canje se impacientan por no recibir el dinero. En ese caso podrían exigirle al gobierno el pago total e inmediato de la deuda, a través de un procedimiento denominado “aceleración de los bonos”.

Mucho más importante será dirimir el tenor del escenario interno. Todos los datos económicos indican una coyuntura adversa en materia de recesión, caída del consumo e inflación. La principal incógnita a dilucidar es el carácter acotado o agudo de la crisis en curso, que se verificará en el comportamiento del dólar blue, los bonos o las reservas. Lo ocurrido en diciembre/enero pasado indica que no es tan sencillo patear la pelota hacia adelante.

Una eventual reaparición del escenario crítico de devaluación-inflación en los próximos meses, seguramente mantendría grandes distancias con el derrumbe del 2001. La intensidad de la recesión es inferior, la solvencia de los bancos persiste, los precios internacionales de la soja son menores pero todavía rentables y la deuda pública no tiene aún magnitudes absolutas explosivas.

Sin embargo la erosión del modelo continúa al cabo de tres años de inflación, estancamiento y nula creación de empleo. En la coyuntura actual el consumo se ha contraído, caen las horas extras y contrataciones y aumentan las jubilaciones anticipadas, las suspensiones y los despidos mientras la balanza comercial se deteriora.
El déficit fiscal financiado con emisión se está disparando y a diferencia del 2003-2005, los pagos a los acreedores del exterior ya no ocasionan el principal agujero de la Tesorería. En cualquier caso el margen del gobierno para repetir la política anti-cíclica sin efectos inflacionarios se ha contraído significativamente.

Al cabo de una década el problema de la deuda vuelve a dominar la agenda de la economía. Se proclamó que esta herencia había quedado resuelta con el canje, pero el conflicto con los buitres desmiente esa ilusión. Este problema sólo comenzará a resolverse cuando Argentina opte por no endeudarse. El país tiene suficientes recursos propios para administrar sus gastos si ordena su ahorro e impide el drenaje de excedentes.







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