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La derecha vuelve al poder en Grecia tras la derrota de Syriza

El líder de la conservadora Nueva Democracia, Kyriakos Mitsotakis, juró este lunes el cargo como nuevo primer ministro de Grecia, tras la derrota de Alexis Tsipras y su formación reformista, Syriza, en las elecciones del domingo.

Juan Andrés Gallardo

@juanagallardo1

Lunes 8 de julio | 08:50

El líder de la conservadora Nueva Democracia, Kyriakos Mitsotakis, juró este lunes el cargo como nuevo primer ministro de Grecia en una ceremonia celebrada tan solo un día después de la victoria alcanzada por su partido en las elecciones anticipadas.

Los griegos acudieron este domingo a las urnas, cuatro años después del referéndum en el que la mayoría del país gritó "oxi" ("no" en griego) a la troika y a la firma del memorandum de ajuste que hundió más en la miseria al país los últimas cuatro años. Los resultados de aquel grito se terminaron de expresar en las urnas con la derrota de Alexis Tsipras, líder de la formación Syriza que a pesar de haber llegado al poder en 2015 con un discurso antiausteridad terminó aplicando a rajatabla los ajustes exigidos por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el FMI.

El programa de reformas de Syriza y Tsipras fue tan parecido al de cualquier Gobierno ajustador que la propia derecha de Nueva Democracia que terminó obteniendo la mayoría, se dio el lujo de hacer campaña con las consignas de bajar los impuestos que había aumentado Syriza y abrir un camino de crecimiento. Esto último teniendo en cuenta que el próximo Gobierno no tendrá el peso de los programas de rescate (aunque si la evaluación y el seguimiento de los organismos financieros).

Con este escenario el conservador Nueva Democracia consiguió algo más del 39 % mientras que Syriza superó el 31 %, seguidos de lejos por el partido de centro Kinal, sucesor del histórico Pasok, que rozó el 8 %.

Los 158 escaños alcanzados por Nueva Democracia en la Cámara sobre un total de 300 suponen su mejor resultado de los últimos doce años.

Syriza se quedó 8 puntos por detrás, pero obtendrá tan solo 86 escaños, una distancia que surge del bonus de 50 escaños que la ley electoral griega otorga al partido ganador -en teoría por última vez en estas elecciones-. Este sistema absolutamente antidemocrático, que de hecho distorsiona el resultado de una elecciones directa hacia una de tipo calificada a favor del que obtenga la mayoría, así sea por un voto, garantiza fortaleza a quién salga primero aunque haya obtenido una elección débil en números absolutos. Esto ha permitido durante años la alternancia entre la centro derecha conservadora de Nueva Democracia y la centroizquierda del Pasok (Partido Socialdemócrata griego), y finalmente coaliciones comunes de gobierno cuando ambos partidos comenzaban a estar cuestionados por los ajustes desde la crisis de 2008.

La pésimos resultados del frente integrado por el Pasok este domingo, con solo 8,1% de los votos y 22 escaños, muestra que ese espacio que dejó bacante la histórica centroizquierda será ocupado por Syriza, que en los últimos cuatro años pasó de ser el partido baluarte del neoreformismo a nivel internacional, a un partido completamente integrado al sistema, encargado de administrar el ajuste de los memorandums con la troika, y a partir de ahora parte de un nuevo bipartidismo con una centroderecha fortalecida.

Luego del Pasok le sigue el Partido Comunista Griego con 5,3% y 15 escaños, un partido nacionalista y populista de derecha con 10 escaños y finalmente la formación del exministro de Finanzas de Syriza, Yanis Varufakis (que renunció en 2015 antes de la aplicación del primer memorandum) y que este domingo obtuvo 9 parlamentarios.

Los neonazis de Amanecer Dorado quedaron sin representación en el Parlamento por primera vez desde su irrupción en 2012 tras quedarse por debajo del mínimo necesario del 3 %.

Un Gobierno de dinastía

Tsipras describió su derrota como "el costo político" de las difíciles decisiones que tuvo que tomar durante estos años antes de saludar a Mitsotakis por su triunfo.

"Nos vamos con la cabeza alta. Hace cuatro años nos encargamos de un país al borde de la quiebra. Hoy dejamos un país libre (de rescates), en crecimiento y con reservas en sus cajas, con el interés de la deuda al mínimo histórico", afirmó Tsipras con un tono calmo de derrota lejano a las arengas de hace cuatro años atrás cuando prometía sacar a los griegos de la miseria, una promesa incumplida en todos los terrenos.

El ganador de la noche Kyriakos Mitsotakis, proviene de una de las tres familias que de alguna y otra manera gobierna Grecia hace un siglo. Vástago de una de las mayores dinastías políticas del país, Mitsotakis recoge así los frutos de una campaña en la que tildó a Tsipras de "traidor" y "mentiroso", dando fuelle al desencanto acumulado durante estos años. Como señala el diario El País "Hijo del primer ministro de los años noventa, Konstantinos Mitsotakis, y familiar de otros relevantes políticos griegos, Kyriakos es heredero de una dinastía política cretense que se remonta a Elefterios Venizelos". A pesar de su apellido, Mitsotakis quiso hacer su carrera como outsider de la política, lo que le dio resultados, y se dio el lujo de ensayar un discurso populista que Tsipras ya no podía nombrar por falta de credibilidad.

Así, Mitsotakis se ha alzado como la nueva esperanza de la clase media con un programa que orbita en torno a la reducción de impuestos y el crecimiento de la economía.

Por su parte, Tsipras no logró convencer a un sector más amplio del electorado con la promesa de tener aún una agenda progresista, tras haber garantizado el ajuste y claudicado ante los acreedores.

La derrota de Syriza

Especialmente tras la derrota en las recientes elecciones europeas y locales, Syriza ha intentado convencer a los griegos de que gracias a su gestión la crisis humanitaria no llegó a más y que, tras tanto esfuerzo, se merecen la oportunidad de gobernar sin corsés. Este intento no dio sus frutos porque en el imaginario del pueblo griego está el pronunciamiento masivo que llevaron adelante en las urnas en julio de 2015, con más de 60% de la población rechazando un nuevo acuerdo con la Troika, un resultado que tan solo una semana después fue descartado por Tsipras que en nombre de la gobernabilidad y de "evitar sufrimientos mayores" dio la espalda al voto mayoritario y selló el acuerdo que terminó de hundir en la miseria a los griegos y que dio lugar a la derrota en las tres elecciones consecutivas que Syriza perdió este año.

Cuando Syriza llegó al poder en 2015, tras seis años de planes de austeridad que afectaban a varios países de Europa luego de la crisis económica del 2008/2009, se presentó como una alternativa por izquierda a los partidos del llamado "extremo centro" (Nueva Democracia y Pasok que se alteraban en el poder para aplicar el mismo programa neoliberal). Es por esto que la llegada de Syriza al poder fue saludada por los gobiernos posneoliberales de América Latina, y todas las formaciones neoreformistas que estaban surgiendo en distintas latitudes (como Podemos en el Estado español) en nombre del triunfo de una formación antiausteridad, que permitiera establecer un "Gobierno de izquierda" por medio de un crecimiento parlamentario evolutivo, sin afectar lo esencial de los negocios y las ganancias capitalistas, ni las relaciones con la Unión Europea y con los principales imperialismos de la región, Alemania y Francia.

Esa ilusión se desmoronó en tan solo un semestre. En junio de 2015, a seis meses de haber asumido, Tsipras expresó su intensión de firmar un nuevo memorandum con la Troika, y llamó al referéndum de julio para plebiscitarlo. A pesar de la derrota en el referéndum, Tsipras decidió seguir adelante con la firma de un nuevo paquete de austeridad, lo que le valió el voto en contra de un tercio de sus parlamentarios, la ruptura de una veintena de ellos para formar una nueva coalición, y la separación de su ministro de Finanzas, Varufakis. La respuesta de Tsipras fue plebiscitarse él mismo llamando a nuevas elecciones, lo que constituyó una verdadera extorsión al pueblo griego y que terminó ganando por un margen menor que nueve meses antes, cerrando una coalición de gobierno con fuerzas nacionalistas y de derecha.

Este derrotero, y las terribles condiciones que sufrió en los años siguientes el pueblo griego, fueron suficientes para hacer naufragar en tiempo récord a la experiencia de neoreformismo que pasó de ser reivindicada, incluso por sectores de la extrema izquierda, a ser convenientemente olvidada por todos ellos. La mayoría de los gobiernos y formaciones que antes reivindicaban a Syriza prefirieron en el último período mirar hacia Portugal y el gobierno de coalición socialdemócrata, que luego de años de austeridad revirtió apenas parcialmente algunos de los ataques del período anterior. Este giro en las "expectativas" de intentar tener políticas antiausteritarias sin tomar medidas anticapitalistas, muestran en primer lugar la derrota del neoreformismo, y en segundo lugar la confirmación de que su estrategia es la de administrar el Estado y los negocios capitalistas, aún cuando eso significa aplicar los mismos planes o aún peores de los que durante años aplicó el "extremo centro". La experiencia fallida de Syriza muestra que no hay magia cuando se trata de tener una política a favor de las mayorías si no se invierten las prioridades y se atacan los intereses de los sectores concentrados y privilegiados, en favor de los intereses de los trabajadores y el pueblo.

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