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Mesa de Unidad Democrática

La derecha venezolana y su demagogia “democrática”

El vaciamiento de apoyo popular que ha tenido el gobierno de Maduro, su creciente autoritarismo y deriva represiva, le permiten a la derecha aparecer como abanderados de la “democracia”, pero su historial y propósitos desmienten la pose.

Viernes 12 de mayo | Edición del día

Por la defensa de las libertades democráticas y contra la represión

Los socialistas revolucionarios rechazamos el recorte de libertades democráticas, los giros autoritarios y las represiones provenientes del Estado capitalista, sea cuales sean sus excusas y motivos. Por eso, a diferencia de algunos sectores de la izquierda subordinados al gobierno, que avalan con los más diversos argumentos el giro bonapartista de este y sus medidas represivas, quienes nos reivindicamos anticapitalistas y luchamos por la revolución socialista lo denunciamos en todo momento.

Particularmente desde la LTS hemos prestado especial atención a esta cuestión, no desde ahora, sino desde siempre, incluso cuando en tiempos de Chávez algunas de las corrientes de izquierda que hoy están enfrentadas al gobierno Maduro, y entonces apoyaban a Chávez, no denunciaban estas cuestiones. Campañas agitativas propias o en común, decenas de artículos, volantes y charlas sobre este tema, han sido una constante en nuestra práctica política. Por la importancia que le asignamos a esta cuestión, hemos sido de los primeros en denunciar el estado de excepción apenas se inició su utilización por Maduro, hemos discutido con quienes desde el chavismo lo avalan, rechazado y denunciado la represión de todos estos años, tanto contra luchas obreras como hoy en día contra las marchas de la oposición de derecha. En esa línea también ha fijado posición la agrupación juvenil que impulsamos, Barricada!

Sin embargo, nada de esto implica en lo más mínimo confundir banderas con la oposición de derecha que hace hoy demagogia con las cuestiones democráticas, al contrario, ser consecuentes con la defensa de las libertades democráticas implica precisamente develar la demagogia detrás de la pose, combatir a quienes llevan en su ADN político la antidemocracia y la represión, y se preparan para retornar al poder embaucando al pueblo con su impostura.

Las ventajas que le permite la decadencia del chavismo

El chavismo contó durante mucho tiempo con indiscutible apoyo obrero y popular mayoritario, y es lo que, de hecho, fue decisivo para sostenerse en el gobierno, no solo mediante elecciones sino mediante la movilización ante los intentos de desplazarlo por la fuerza de esta misma oposición, apoyada por el imperialismo estadounidense. El de Chávez fue un ejercicio del gobierno organizado alrededor de un liderazgo fuerte y unipersonal en desmedro de otros mecanismos e instituciones de la propia democracia burguesa, apoyado en el movimiento de masas y en el control logrado en las Fuerzas Armadas, que se legitimaba cada tanto en elecciones, un bonapartismo plebiscitario.

El gobierno de Maduro vino a administrar tanto la gran crisis del capitalismo rentístico dependiente como la propia debacle del chavismo como régimen político, sin poder contar ya con ese baño de legitimidad que significaban para Chávez la mayoría de votos con los cuales periódicamente renovaba y sostenía su hegemonía. Quedó atrás ese bonapartismo plebiscitario, vaciándose velozmente de apoyo popular Maduro acentúa el carácter bonapartista sosteniéndose cada vez más en las FFAA, respondiendo con coacción y represión, lo que alcanza tanto a las marchas de la oposición de derecha como a las luchas propias de trabajadores por sus demandas, o acciones desesperadas de sectores populares (como algunos saqueos).

Solo esta realidad, y no su supuesto “talante democrático”, le permite a la derecha enarbolar hoy el argumento democrático.

Herederos de las represiones y la antidemocracia del puntofijismo

Esta oposición es legítima heredera del pasado represivo del puntofijismo, el baño de sangre con que se aplastó del Caracazo, las masacres de campesinos señalados como “guerrilleros” (El Amparo y los amparitos), de militantes de izquierda desarmados (Yumare), el asesinato de decenas de estudiantes en manifestaciones, la inauguración de la nefasta práctica de los desaparecidos en democracia, el uso de patotas armadas (“los cabilleros” de Acción Democrática) en los sindicatos contra las corrientes obreras de oposición, el allanamiento con el ejército y cierre de universidades para aplastar procesos de lucha, entre otras.

Miles víctimas del terrorismo de Estado dan cuenta de este pasado, del que son responsables directos partidos y dirigentes actuales de la oposición. Además de la propia AD, en los otros principales partidos de la actual oposición (Primero Justicia, Voluntad Popular, Un Nuevo Tiempo) se ubican fácilmente las líneas de descendencia de AD y Copei, los principales partidos de aquel régimen, y para no dejar duda de esta estirpe, el primer presidente de la Asamblea Nacional con mayoría de la Mesa de Unidad Democrática (MUD) fue precisamente un viejo dirigente de ese pasado y actual secretario general del principal partido del puntofijismo: el adeco Ramos Allup.

Golpistas ayer, demócratas hoy. Golpistas en Honduras y Brasil, demócratas en Venezuela

Esta misma oposición, sin tener mayoría electoral y ante un gobierno con innegable respaldo popular mayoritario, en 2002-2003, lo tumbó por la vía de la fuerza, dio un golpe de Estado instalando una breve dictadura encabezada por un empresario y respaldada por una potencia extranjera (los EE.UU.), eliminando de un plumazo la Asamblea Nacional de aquel entonces –también electa por voto popular, como la de hoy– y demás poderes, desatando una persecución contra todo el que oliese a chavismo o izquierda, es decir, el “voto” y los derechos democráticos les importaban un comino. Volvió con el mismo intento meses después, con el paro patronal y sabotaje petrolero.

Así mismo, ante el golpe que derrocó a Zelaya en Honduras (en 2009), al cual los militares sacaron de su residencia incluso en pijamas, estos demócratas no protestaron ni pegaron el grito en el cielo. Tan reciente como el año pasado, apoyaron entusiastamente el golpe institucional en Brasil mediante el cual el senado desplazó a Dilma Rousseff, elegida por decenas de millones de votos.

Sus aliados “demócratas”: Peña Nieto, Macri, Temer, Santos… Trump

En esa línea, los aliados de la oposición para “luchar por la democracia” en Venezuela son gentes como Peña Nieto, a la cabeza de un Estado que desaparece a miles de personas, incluyendo activistas sociales y estudiantes; Macri, que reprime protestas pacíficas en el marco de un paro nacional convocado por la centrales sindicales, y pone jueces que acaban de fallar a favor de reducir las penas a los militares genocidas de la última dictadura argentina; el golpista Temer, que responde con represión a las movilizaciones de trabajadores; Santos, el presidente del país donde se han encontrado las fosas comunes más grandes de Latinoamérica, donde ser sindicalista, activista, defensor de derechos humanos o luchador campesino puede significar la muerte, solo en 2016 fueron asesinados 117 activistas o dirigentes; y hasta el impresentable Trump.

Estos son los aliados de la oposición a quienes “les preocupa la democracia venezolana”.

Dejando intacto el entramado de leyes que criminalizan las luchas

Otro dato que ha pasado por debajo de la mesa, y que permite abundar en las muestras de la impostura de la MUD, es que en sus muchos intentos de cambiar leyes en la AN, jamás intentó derogar todo el entramado de leyes que criminalizan las luchas obreras y populares, incluyendo lasfuertes restricciones al derecho a huelga, lo cual es parte del legado de Chávez, y gracias al cual ha habido –y hay hoy– decenas de trabajadores enjuiciados, detenidos, presos o castigados bajo régimen de presentación, por participar de alguna huelga, paro, organizar un sindicato, trancar una calle o hasta por repartir un volante. No le interesa a la MUD esta criminalización de derechos democráticos que afecta fundamentalmente las posibilidades de organización y movilización de los trabajadores, campesinos y el pueblo pobre, al contrario, es una legislación antidemocrática que bien podría servirle en un eventual gobierno suyo.

Los “demócratas” quieren un salida militar

En su actual pugna por retomar las riendas del Estado, no deja de apelar constantemente a las FF.AA., con llamados públicos a intervenir en la crisis, empujando, al igual que el gobierno, a que sean los militares quienes tomen las riendas de la situación. ¿Qué tipo de “salida democrática” sería el desplazamiento de Maduro por acción de las FF.AA.? ¿Qué “era democrática” para los trabajadores y el pueblo puede venir de una transición arbitrada por los militares?

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Un programa reaccionario que solo podrá ser impuesto con represión

No menos importante es señalar que las “soluciones” que propone la derecha a los problemas actuales implican mayores ataques a las condiciones de trabajo y de vida de los trabajadores y el pueblo, para lograr por esa vía la “recuperación” de la ganancia y negocios de los empresarios, y el “equilibrio de las cuentas del Estado”. Facilidades para despedir trabajadores, más liberación de precios, mayor devaluación, reducción de subsidios a los servicios públicos, más deuda externa, privatizaciones (que implican también despidos y desmejoras), son parte del repertorio de “soluciones”, las cuales no se impondrán por métodos “pacíficos y democráticos”, sino, como sabe también hacerlo la derecha, con la más lisa y llana represión contra las luchas.

Una defensa consecuente de las libertades democráticas queda en manos de los trabajadores y el pueblo pobre

Nada de lo anterior nos lleva a variar nuestra posición contra la actual represión del Estado, pero es de primer orden desenmascarar la impostura de la derecha, que solo cuestiona las medidas antidemocráticas y la represión en cuanto le obstaculizan su propio camino a retomar el poder político. Porque es la fuerza política que le disputa hoy el poder al gobierno, es quien logra encolumnar tras de sí a amplias franjas de la población descontenta, y quién con el apoyo del imperialismo y los gobiernos de derecha de la región se prepara para volver a gobernar.

Por esto no confundimos banderas ni participamos de las movilizaciones de la derecha “por la democracia”, decimos con toda claridad que no es en esas movilizaciones ni con esa dirigencia donde se puede luchar por una defensa consecuente de las libertades democráticas, sino en las acciones y espacios propios que lleven adelante la clase obrera, los sectores populares, campesinos, jóvenes y las mujeres, con total independencia política tanto del gobierno represor como de esta oposición demagógica. El trabajo de las organizaciones de izquierda revolucionaria es buscar las vías para que en esta difícil situación nacional, que encuentra a los trabajadores y el pueblo pobre tan débiles organizativa y políticamente, esa alternativa emerja y cobre fuerza propia.






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